Psic. Laura Elizabeth Martínez Hernández

El siguiente escrito obedece más a una reflexión sobre la práctica docente, que a un intento de disertación teórica sobre el tema.


En la práctica docente no sólo es importante proyectar la aplicación de los conocimientos adquiridos por años de estudio, sustentados formalmente por uno o varios grados académicos, también es importante que el docente presente una actitud coherente, que se traduzca en la realización de un trabajo organizado, con estructura lógica y acorde a las necesidades académicas de sus alumnos.

En el supuesto de que se ha logrado rebasar actualmente con el modelo educativo antiguo, caracterizado por una relación unidireccional entre el maestro y sus alumnos, se han venido realizando importantes esfuerzos en materia educativa que propician la re-conceptualización del docente, al cual, empieza a considerársele como guía de un alumno participativo en la construcción de sus conocimientos.

De esta manera la responsabilidad de la práctica docente se ve incrementada, tanto en lograr que exista una coherencia en el ordenamiento y programación de los temas a revisar como en la relación docente-alumno dentro y fuera del salón de clases, brindándole esta última como beneficio a los estudiantes que tengan confianza en su formación y en su futuro.

Sin embargo algunos docentes, actuando de forma imperativa, solicitan trabajos que después dejarán de ser consultados por sus estudiantes, sin considerar además si estos cuentan con la preparación necesaria que les permita reflejar en su elaboración un rendimiento óptimo. Esta situación, en consecuencia, provoca que los estudiantes tengan menos posibilidades para alcanzar el llamado aprendizaje significativo y tengan dudas acerca de su futuro.

La coherencia docente es un elemento que debe facilitar el aprendizaje al brindar certeza a los estudiantes de que el curso recibido puede servirles para abordar situaciones y resolverlas o tratar con situaciones que puedan resultarles, en algún momento, preocupantes o interesantes. Los alumnos que tienen a un docente coherente además, pueden llegar a sentirse motivados por su manifiesta actitud profesional y por su forma de conducirse ante ellos.

En su propuesta de una “educación centrada en el alumno”, Carl R. Rogers (1972) planteó que una de las condiciones que requiere el alumno para contar con un ambiente facilitador de su aprendizaje es la coherencia del docente: “Esto significa que aquél debe ser la persona que es, advertir con claridad las actitudes que adopta y aceptar sus propios sentimientos. De esta manera, llega a ser una persona real en su relación con sus alumnos; una persona que puede enojarse, pero también puede ser sensible o simpática. Puesto que acepta sus sentimientos como suyos, no necesita imponerlos a sus alumnos ni tratar de que se sientan del mismo modo. Es una persona, no la materialización sin rostro de una exigencia del programa de estudios, ni un conducto estéril a través del cual se transmiten conocimientos de una generación a otra”.

En éste sentido, más allá del cumplimiento de un programa debidamente organizado y la presentación de clase con el equipo más sofisticado, si un alumno se siente con plena libertad de ser él mismo para poder participar en su proceso de aprendizaje, motivado por una actitud abierta del docente, se podrá garantizar la formación de profesionistas coherentes, propositivos, responsables, con sentido crítico y con un desempeño ético y coherente con las necesidades mismas de su comunidad.

Compañeros docentes, me parece que el reto vale la pena.
Diciembre de 2006

Referencias:

- Carl R. Rogers (1972). “El Proceso de Convertirse en Persona” Editorial Paidós. México.
- www.fmmeducacion.com.ar/Recursos/lacoherenciaprofesional.htm



El contenido plasmado en este blog es producto de la reflexión de su autor, de sus colaboradores y de los pensadores que en él se citan. Cualquier semejanza con la realidad o alguna ficcón literaria, televisiva, psicótica paranoide o de cualquier otra índole es mera coincidencia

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