Por la Psic. Laura Elizabeth Martínez Hernández



En el ejercicio de la construcción de nuestras relaciones interpersonales, los seres humanos nos vemos ante una tarea fuertemente influenciada por muy diversos factores: interviene el temperamento como factor hereditario, nuestras experiencias cotidianas, pero sobretodo el contexto cultural, con el cual, se ha desarrollado nuestra dinámica familiar de origen.

Es en familia donde vivimos nuestras primeras experiencias sobre lo que es pedirle al otro lo que necesitamos, la expresión de los afectos, la comunicación de lo que sentimos, el sentido de pertenencia, entre otros, pero particularmente, la forma de resolver conflictos.

Aunque los conflictos son oportunidades de crecimiento, en la cultura mexicana aun existe el mito de que en las familias debe guardarse la intimidad de los conflictos en casa (la ropa sucia _dice el conocido adagio_ se lava en casa). Sin embargo, cada familia adopta su forma característica de afrontar los conflictos cotidianos, a veces para resolverlos y otras para enmascararlos o agrandarlos, en un sistema en el que permanecen tintes patriarcales, pero sobretodo, haciendo uso del poder ante el conflicto.

Es en la familia donde tenemos las primeras lecciones respecto a la forma en que “se deben resolver los problemas”: con nuestros padres, como modelo, aprendimos a resolver conflictos en torno a la relación de pareja y con nuestros hermanos, en relación de pares, aprendimos a resolver conflictos con nuestros semejantes.

Las alternativas para resolver los conflictos pueden considerarse en tres categorías: por medio de la imposición, por medio del ceder y por medio de la negociación, mismas que en el transcurso de nuestras vidas pueden ser utilizadas de forma única, o en diversas ocasiones según sea el caso. La imposición se refiere a tomar decisiones sin consultar al otro, arrebatando, por medio de conductas agresivas, manipulatorias y/o chantajistas, mientras que el ceder implica el lado contrario, de quien permite que sean rebasados sus límites, que no sean respetados sus derechos y dejando de satisfacer sus propias necesidades.

La alternativa más viable en la resolución de conflictos es la negociación, pero para ello se requiere que la persona logre reconocer la posibilidad, en sí misma, del uso de la violencia como alternativa ante el conflicto, en el uso de la imposición o del ceder en sus relaciones interpersonales, o inclusive, en el uso de ambas dependiendo de la situación. En la medida en que nos podamos permitir reconocer nuestras pautas controladoras ante los demás, será más fácil romper con dichos patrones de imposición o de sumisión, abriendo paso a la comunicación positiva para llegar a acuerdos “parejos”.

Hablando acerca de la negociación, Clara Coria (1996) la define como: “Todas aquellas tratativas con las que intentamos lograr acuerdos cuando se producen divergencias de intereses y disparidad de deseos.” *

Coria enfatiza entonces que estos diferendos suelen ser mucho más conflictivos cuando surgen en situaciones donde los afectos ocupan un lugar destacado, lo cual, sucede con mayor frecuencia en el ámbito privado.

Así que cuando están de por medio los afectos, nos puede resultar más complicado resolver los conflictos por temor a vulnerar una relación importante para nosotros afectivamente. Las negociaciones denuncian que los diferendos existen y con ello rompen una ilusión (entre otras): la ilusión de semejanza y afinidad total con aquellos a quienes amamos. Atreverse a romper este mito permitirá hacer uso de la negociación como alternativa real de resolver efectivamente un conflicto.

Pero entonces, ¿cómo poder llevar a cabo una negociación de forma eficaz? Existen diversas propuestas al respecto. Una de ellas, útil para todo tipo de relación, se llama automediación, la cual, propone la posibilidad de que sea uno mismo quien maneje la negociación, sin la necesidad de intermediarios. La automediación consiste en los siguientes pasos:

Paso 1. BUSCAR TIEMPO PARA CONVERSAR: Las personas necesitan comunicarse para manejar todas sus diferencias.

Paso 2. PLANIFICAR EL CONTEXTO: El Diálogo tendrá éxito en la medida en que usted escoja el momento, el sitio y el ambiente indicados.

Paso 3. DIALOGAR:

La Introducción
  • Manifestar aprecio
  • Manifestar optimismo
  • Recordatorios: las Reglas Cardinales
  • Plantear la cuestión

La Invitación

El Diálogo
  • Primera tarea: No apartarse del Proceso Esencial
  • Segunda tarea: Apoyar los gestos Conciliatorios

El Desarme.
  • Cuando las personas realizan estas TAREAS durante el DIÁLOGO especial, en un CONTEXTO apropiado, abren la posibilidad de cambiar una actitud de enfrentamiento por una de cooperación. Este cambio es una oportunidad para establecer un CONVENIO que beneficie a ambas parte.

Paso 4. ESTABLECER UN CONVENIO: a) Equilibrado, b) Específico en cuanto a la conducta y c) Por escrito

En base a esta propuesta que sistematiza los pasos que garantizan un ambiente adecuado para gestar una negociación, ésta última ofrece posibilidades de acuerdos que contemplen las necesidades de las partes y que puedan llegar a concretarse dentro de un marco de solidaridad.

Es así como Clara Coria enfatiza su propuesta en términos del reconocimiento de los afectos inmersos en la relación, en el reconocimiento de las necesidades y derechos legítimos de ambos y en la negociación en términos reales desde el aseguramiento de la paridad en la relación, para así asegurar acuerdos óptimos para ambos y lograr, en consecuencia, el crecimiento de la relación, proponiendo el desarrollo de las siguientes habilidades para la negociación:

  1. Conectarse con los deseos propios y reconocer los intereses personales.
  2. Legitimar en la propia subjetividad el derecho a defender esos deseos e intereses personales.
  3. Establecer alguna situación de paridad (económica, afectiva legal y/o política), sin la cual, la negociación es inevitable.
  4. Disponer de recursos genuinos.
  5. Proponerse un objetivo y sostenerlo.
  6. Ser capaz de emitir un “no” y tolerar recibirlo.

La pregunta consecuente sería: ¿Cómo lograr el desarrollo de cada una de estas habilidades si venimos de dinámicas familiares violentas, manipuladoras, con falta de expresión o reconocimiento de las necesidades afectivas? Se propone entonces realizar un trabajo de revisión personal, de sensibilización y de amplitud de conciencia de uno mismo, por medio de la psicoterapia, en grupos de autoayuda, en talleres de desarrollo humano, aunque algunas veces puede bastar con atreverse a verse en un espejo y reconocer, ante uno mismo, el precio que se ha pagado por mantener una aparente “estabilidad” en una relación en la que nos vivimos infelices o inconformes. Pero eso depende de uno mismo, la alternativa está frente a nosotros.


Referencia

* Clara Coria (1996). Las negociaciones nuestras de cada día. México: Paidós.

2 Comentarios:

Anónimo dijo...

el nombre de la autora es Clara Coria, no claudia

Fdo. R. Baños dijo...

Anónimo: Gracias por la observación. Ya hicimos la corrección. ¡Saludos!



El contenido plasmado en este blog es producto de la reflexión de su autor, de sus colaboradores y de los pensadores que en él se citan. Cualquier semejanza con la realidad o alguna ficcón literaria, televisiva, psicótica paranoide o de cualquier otra índole es mera coincidencia

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