Por el Psic. Fernando Reyes Baños

Comúnmente nos dicen en la escuela que, dependiendo del propósito que tengamos, podemos hacer diferentes tipos de lecturas que nos servirán en caso de que deseemos informarnos, estudiar o, simplemente, entretenernos; sin embargo también es cierto que existen textos que, por su misma naturaleza, pueden representar alguna dificultad para muchos estudiantes o lectores interesados en su contenido, básicamente, porque demandan ser leídos con mucha atención, paciencia y, frecuentemente, con algún conocimiento previo acerca del tema.

J. M. Mardones y N. Ursua, en su libro Filosofía de las ciencias humanas y sociales (1999), afirman que hay: “…textos para estudiar (y) no (solamente) para leer[1]. Generalmente, cuando nos encontramos con alguno de estos textos, su lectura va acompañada por la exposición de un docente que pretende facilitar en nosotros la comprensión de su contenido, pero… ¿Qué pasa cuando la explicación en clase no es suficiente? ¿Qué pasa cuando el profesor, en lugar de adelantarnos algo de lo que trata el autor, nos deja de tarea afrontar por nuestra cuenta la complejidad de su obra? Más importante aún: ¿Qué pasa cuando requerimos, por alguna razón en particular, comprender el contenido de un texto difícil y no contamos, por el momento, con nadie que nos explique su contenido?

Probablemente a todos nos haya pasado al menos una vez como estudiantes: tarde o temprano llega a nuestro encuentro cierto libro o texto que, por lo denso de su contenido, preferimos hacer a un lado después de varios intentos fallidos, como diciendo ¡Ojalá que pronto salga la película!”, quedándonos con la frustrante sensación de que no somos capaces de avanzar más allá de unas cuantas páginas o, peor aún, de unos cuantos párrafos.

Mardones y Ursua opinan no obstante, que hacer frente a la lectura de estos textos requiere de un proceso de aprendizaje que aumente nuestras probabilidades de abordar CON el autor las ideas que plasma en su escrito. Frank Loveland, académico de la UIA-Golfo Centro, opina inclusive que problemas como éste, entre muchos otros, la mayoría de las veces pueden contrarrestarse desbloqueando y reintroduciendo el deseo de aprender, o como él mismo lo describe, “leer con ganas de aprender”[2].

Por supuesto que todo es más fácil si contamos con el apoyo de una estrategia que nos permita trabajar con esta clase de textos. Los mismos autores de Filosofía de las ciencias humanas y sociales hacen una aportación al respecto, que consiste en leer y formular preguntas en torno al contenido, para identificar a través de ellas (y de sus correspondientes respuestas) las ideas centrales del texto. Sobre tal estrategia, los autores comentan: “Sin preguntas el texto permanece cerrado. Solamente nos habla desde los interrogantes que le lancemos o la expectativa de hallar respuesta a cuestiones que el autor aborda. Aclarar aquellos interrogantes o descubrir el problema e intento de solución del autor tiene que ser, por tanto, las preguntas generales que marquen nuestra actitud y orienten nuestra lectura.”[3]

A continuación citaré las preguntas que Mardones y Ursua proponen, de manera general, para poner en práctica esta estrategia:

  1. ¿Cuáles son los problemas fundamentales planteados por el autor?
  2. ¿Cuál es la cuestión central o tesis que aborda o define el autor?
  3. ¿Cómo fundamenta su tesis?
  4. ¿Qué problemas de comprensión he tenido en la lectura de este texto?
  5. ¿La exposición de la tesis me convence? ¿Dónde se halla la fuerza de su argumentación?
  6. ¿Puedo cuestionar algunas afirmaciones del texto? ¿Cuáles?
  7. ¿Soy capaz de formular y fundamentar alguna tesis contraria a la del autor?
  8. ¿El autor aborda cuestiones importantes que después no desarrolla? ¿Cuáles?
  9. ¿Puedo aportar algo al esclarecimiento de tales cuestiones?
  10. En síntesis: ¿Qué me ha descubierto este texto? ¿En qué relación se encuentran las cuestiones aquí debatidas con mis conocimientos anteriores y con mis concepciones o expectativas?[4]

Mardones y Ursua proponen además, un procedimiento práctico y fácil para la aplicación de esta estrategia:

  1. Se comienza reformulando el texto del autor en forma de interrogantes.
  2. Se vuelve sobre el texto así reformulado en interrogantes. Ahora se trata de articularlo observando las preguntas o cuestiones más importantes y las dependientes de éstas.
  3. Se intenta resumir las cuestiones centrales del texto en no más de 4 o 5 líneas.
  4. Se trata de formular en una frase de una o dos líneas la tesis central del autor.
  5. Se recoge aquel tema o temas que pudiera servir para debate o para un estudio o profundización.[5]

Hasta aquí todo luce muy bien, pero lo importante con estrategias como ésta (o de cualquier otra) es ponerla en práctica, sobretodo, si admitimos que hemos agotado ya los recursos que teníamos a nuestro alcance. De ahí que el primer reto para el estudiante o lector interesado no sea realmente el libro que intenta abordar, sino aplicar un procedimiento “fácil y experimentado” que le permita apropiarse de su contenido.

Expondré a continuación un ejemplo de cómo se aplica el procedimiento propuesto por Mardones y Ursua, esperando que esta aportación sirva de incentivo a los estudiantes o lectores que hayan seguido hasta aquí este artículo, para que lo apliquen en el próximo texto que consideren represente un cierto reto para ellos.

Escogí para ello, un fragmento del capítulo 3 de un texto que yo mismo he preparado para los estudiantes que cursan la materia de Lógica simbólica y semántica en el primer semestre de la carrera, porque suele representar para mis estudiantes un texto difícil de abordar, más aún para quienes no tuvieron ningún curso de lógica en el nivel medio superior y para aquellos que, digámoslo francamente, han desistido fácilmente de hacer un esfuerzo extra a la hora de afrontar un texto, más o menos, especializado.

Veamos de qué se trata:


3. PRINCIPIOS LÓGICOS[6] : En las ciencias hay leyes y hay principios. Una ley es una proposición que enuncia una regularidad, es decir, una relación constante y universal en una determinada área de la naturaleza.

Con la palabra “principio” (del latín primum caput = “el que encabeza”), nos referimos a una proposición que enuncia una regularidad más universal que las leyes, pues sirve a éstas como punto de partida. Los axiomas y los postulados, por ejemplo, pueden considerarse como principios.

Verdad empírica y verdad formal. Existen proposiciones que son verdaderas por su contenido. De ellas se dice que su verdad es de hecho o empírica porque su contenido se relaciona con el comportamiento de la realidad.

Existen otras proposiciones que son verdaderas por su forma. De ellas se dice que su verdad es formal. Si, por ejemplo, la proposición si x entonces x es verdadera, entonces podríamos poner cualquier otra cosa en lugar de x y la proposición seguiría siendo verdadera. A esta clase de proposiciones se les llama verdades lógicas o tautologías porque su verdad es necesaria, evidente y no necesita demostración.

Se llaman principios lógicos aquellas verdades lógicas que se consideran como base de otras verdades lógicas. Una definición para estos principios es la siguiente: son proposiciones de verdad formal, con validez universal y son de utilidad en todas las disciplinas como punto de partida.

Dados a conocer hace más de dos mil trescientos años por Aristóteles, los principios lógicos son los que a continuación se presentan:

Principio de Identidad: x = x, es decir, “todo objeto es idéntico a sí mismo”. Con esta proposición se enuncia una forma que podemos llenar con cualquier contenido, por ejemplo: “Chilpancingo es idéntico a Chilpancingo”. Este principio no está en contra del cambio: los objetos cambian, pero en cada instante cualquier objeto es idéntico a sí mismo. En lógica, este principio suele aplicarse al sustituir, en un razonamiento, a uno de los miembros de la identidad por otro, aún cuando tengan diferente expresión.

Principio de No-contradicción: no es posible x y al mismo tiempo no x, es decir, ningún objeto puede ser y dejar de ser al mismo tiempo lo que es. Esta proposición tiene diferentes lecturas: “No es posible que se dé x y al mismo tiempo no se de x”, “No es posible que algo sea y no sea al mismo tiempo” o “Dos proposiciones contradictorias no pueden ser verdaderas simultáneamente”. Este principio es considerado como la contraparte de la identidad. Si preguntamos por qué debería aceptarse el principio anterior, la respuesta sería que resultaría absurdo que un objeto fuese y no fuese lo que es al mismo tiempo

Principio de Tercero Excluido: x o no x, es decir, un objeto es o no es algo, no cabe un tercer término. Lo que esta proposición significa es que, entre dos posiciones contradictorias no hay una tercera posibilidad; en cambio, cuando dos posiciones son opuestas y no hay contradicción entre ellas, el principio no excluye la posibilidad de una tercera posición, por ejemplo, las posiciones “bueno” y “malo”.

Estos tres principios no son entidades aisladas. Entre ellos existe una correlación que expresa una idea básica: que un primer principio no puede subsistir por sí solo, pues reclama de otro principio que actúa como negación del primero, encontrando ambos su vinculación en un tercero que actúa como síntesis de los dos anteriores.

El principio de razón suficiente: todo objeto debe tener una razón suficiente que lo explique. El cuarto principio admitido por la lógica tradicional fue descubierto por Guillermo Leibniz en el siglo XVII, según el cual, toda proposición para ser verdadera necesita una razón suficiente. Se ha considerado que este principio, a diferencia de los tres anteriores, no es lógico, y que por lo mismo, no es una verdad formal, porque se refiere a la condición general que debe tener una proposición empírica para ser verdadera. No obstante puede afirmarse que el enunciado con el que se expresa este principio, representa la síntesis de los tres primeros porque implica una tarea de fundamentación, que consiste en descubrir las ideas en que descansa el pensamiento.


Dada una primera revisión al texto seleccionado, aplicaremos el procedimiento propuesto por Mardones y Ursua, para aproximarnos al asunto que en él se expone.

1. Reformularemos el texto en forma de preguntas:

  • ¿Qué es una ley?
  • ¿Qué es un principio?
  • ¿Cuál es la relación entre las leyes y los principios?
  • ¿Cuándo se dice que una proposición tiene verdad empírica?
  • ¿Cuándo se dice que una proposición tiene verdad formal?
  • ¿Por qué a las proposiciones con verdad formal también se les denomina “verdades lógicas” o “tautologías”?
  • ¿Qué son los principios lógicos? ¿Cómo se les define?
  • ¿Quién dio a conocer los principios lógicos?
  • ¿Cuál es el primer principio lógico? ¿Con qué enunciado se expresa éste?
  • ¿Por qué el principio de identidad no está en contra del cambio?
  • ¿Cómo se aplica en lógica este principio?
  • ¿Cuál es el segundo principio lógico? ¿Con qué enunciado se expresa éste?
  • ¿Qué tipo de lecturas alternativas admite la proposición con que se expresa el principio de no-contradicción?
  • ¿Por qué el principio de no-contradicción es considerado como la contraparte del principio de identidad?
  • ¿Cuál es el tercer principio lógico? ¿Con qué enunciado se expresa éste?
  • ¿Qué significa la proposición con que se expresa el principio de tercer excluido?
  • ¿Cuál es la diferencia entre las proposiciones contradictorias y opuestas?
  • ¿Cuál es la relación entre los principios de identidad, de no-contradicción y de tercer excluido?
  • ¿Cuál es el cuarto principio lógico? ¿Con qué enunciado se expresa éste?
  • ¿Quién dio a conocer este principio? ¿En qué siglo lo hizo?
  • ¿Por qué el principio de razón suficiente, a diferencia de los 3 anteriores, no es considerado como un principio lógico?
  • ¿Por qué se considera que el principio de razón suficiente es una síntesis de los 3 principios anteriores?

2. Articularemos ahora el texto reformulado en interrogantes de modo tal que podamos identificar cuáles preguntas son las más importantes y cuáles dependen de éstas, para lo cual reproduciremos nuevamente las preguntas formuladas, escribiendo de color negro las preguntas principales y de color gris las preguntas, digamos, secundarias. En nuestro caso, omitiremos repetir las preguntas que consideramos poco necesarias. En papel, desde luego, basta con volver a las preguntas que se hayan formulado por primera vez para llevar a cabo este segundo paso:

  • ¿Qué es un principio?
  • ¿Cuál es la relación entre las leyes y los principios?
  • ¿Cuándo se dice que una proposición tiene verdad formal?
  • ¿Cuál es la diferencia entre las proposiciones con verdad formal y las proposiciones con verdad empírica?
  • ¿Cuándo se dice que una proposición tiene verdad empírica?
  • ¿Por qué a las proposiciones con verdad formal también se les denomina “verdades lógicas” o “tautologías”?
  • ¿Qué son los principios lógicos? ¿Cómo se les define?
  • ¿Cuál es el primer principio lógico? ¿Con qué enunciado se expresa éste?
  • ¿Por qué el principio de identidad no está en contra del cambio?
  • ¿Cómo se aplica en lógica este principio?
  • ¿Cuál es el segundo principio lógico? ¿Con qué enunciado se expresa éste?
  • ¿Qué tipo de lecturas alternativas admite la proposición con que se expresa el principio de no-contradicción?
  • ¿Por qué el principio de no-contradicción es considerado como la contraparte del principio de identidad?
  • ¿Cuál es el tercer principio lógico? ¿Con qué enunciado se expresa éste?
  • ¿Qué significa la proposición con que se expresa el principio de tercer excluido?
  • ¿Cuál es la diferencia entre las proposiciones contradictorias y opuestas?
  • ¿Cuál es la relación entre los principios de identidad, de no-contradicción y de tercer excluido?
  • ¿Cuál es el cuarto principio lógico? ¿Con qué enunciado se expresa éste?
  • ¿Por qué el principio de razón suficiente, a diferencia de los 3 anteriores, no es considerado como un principio lógico?
  • ¿Por qué se considera que el principio de razón suficiente es una síntesis de los 3 principios anteriores?

3. Se trata ahora de resumir las preguntas centrales del texto en unas pocas líneas (no más de 5):

Los principios lógicos son proposiciones con verdad formal, que tienen validez universal y son de utilidad como punto de partida en cualquier disciplina. Son 4 principios: De identidad (X = X), De no-contradicción (No es posible X y al mismo tiempo no X), De tercer excluido (X o no X) y De razón suficiente (Todo objeto debe tener una razón suficiente que lo explique).

Como es posible apreciar, para elaborar este resumen no sólo nos valimos de las preguntas que identificamos como las más importantes del texto, sino también de las respuestas que corresponderían a la mayoría de ellas.


4. El penúltimo paso, de acuerdo al procedimiento descrito por Mardones y Ursua, consiste en formular en una frase de una o dos líneas el asunto central (tesis) del texto trabajado:

Los principios lógicos, proposiciones con verdad formal y validez universal, son 4: De identidad, De no-contradicción, De tercer excluido y De razón suficiente.


5. Finalmente, se propone algún tema que sirva para debatir o estudiar con mayor profundidad el texto en cuestión:

Aplicación de los principios lógicos en las ciencias y en la vida cotidiana.

Sólo resta hacer algunas puntualizaciones:

1) Esta estrategia, probablemente, funcione mejor para textos circunscritos a las ciencias sociales y humanidades, por ejemplo, textos de psicología, filosofía, sociología, política, etc., lo cual no debería hacernos descartar tajantemente, su aplicación en textos pertenecientes a otras áreas del conocimiento; y

2) Ocurre con cierta frecuencia que el texto, efectivamente, demanda recursos que no tenemos en ese momento con nosotros, generalmente, conocimientos previos concernientes a la tesis que expone el autor o al área de conocimiento dentro de la cual está circunscrita la obra; en otras palabras, dicho texto resulta muy elevado para nosotros y, probablemente, la aplicación de la presente estrategia nos sirva sólo hasta cierto punto para vencer ese reto; por ello, resulta importante reconocer en qué momento nos encontramos en una situación semejante para acudir a otra clase de opciones, por ejemplo, buscar otras fuentes que traten el mismo tema de un modo más accesible; lo que no debemos hacer en cambio, es pensar que nos encontramos ante un libro semejante solamente porque “nos atoramos” tras hacer unos cuantos intentos.

De fondo, la idea es no darnos por vencidos antes de tiempo cuando nos enfrentemos a textos que aparenten representar un reto para nuestro intelecto. Asegurémonos de que podemos hacerlo por nosotros mismos, poniendo toda la atención que podamos. Pongo en tus manos ahora una estrategia que te facilitará el proceso. Como ésta hay muchas. Recuerda que el primer gran reto es ponerlas en práctica.


Notas:

[1] Mardones, J. M. y N. Ursua (1999). Filosofía de las ciencias humanas y sociales. México: Ediciones Coyoacán S. A. de C. V.
[2] Loveland, Frank (1996). Literatura, periodismo y universidad. Magistralis, V, 141 y 142.
[3] Mardones, J. M. y N. Ursua, Op. cit., págs. 9.
[4] Ídem., págs. 9 y 10.
[5] Ídem., pág. 10.
[6] Reyes Baños, Fernando (2005). A, B, C de lógica tradicional. México: Apuntes de clase de la materia Lógica simbólica y semántica para la Carrera de Psicología en la Universidad Americana de Acapulco (inédito).

3 Comentarios:

Anónimo dijo...

HOLA QUERO PREGUNTAS PARA ESTUDIAR EN LA ESCUELA EN INGLES Y ESPANOL

Anónimo dijo...

HOLA QUERO PREGUNTAS PARA ESTUDIAR EN LA ESCUELA EN INGLES Y ESPANOL

Fdo. R. Baños dijo...

Hola: No me queda muy clara tu petición. Esta estrategia, que resulta útil para comprender mejor textos con cierto grado de dificultad, puede emplearse en cualquier idioma, ya que su aplicación no está restringida a personas que sólo hablan inglés, español, ruso, etc. Una situación diferente es emplear preguntas para verificar la comprensión de un texto en determinado idioma, lo cual se relaciona más con un método empleado en el aprendizaje de lenguas extranjeras _en donde lo importante es la comprensión de un idioma en sí_ que con la comprensión de un texto, independientemente del idioma en que esté escrito, o con una estrategia que sirve para ese propósito. Mi sugerencia es que busques métodos para aprender un idioma determinado, en este caso el inglés, que incluyan la comprensión del idioma a partir de lecturas y de preguntas sobre las mismas; seguramente, hallarás varias opciones en Internet que se ocupen, específicamente, de este asunto. En caso de que tu petición no vaya por ahí y, realmente, se relacione con el contenido del presente artículo, por favor, escríbenos y trataremos de orientarte en la medida que nos sea posible. Gracias por tu comentario. ¡Saludos!



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