De María Ascensión Rivera Serván

Llevaba varias horas vagando sin rumbo fijo, con una sola idea martilleándole en la cabeza: ¡no fumar! ¡No fumar!

En su bolsillo, el dinero para pagar el piso y comprar cosas a su pequeño.

Al pasar por la calle donde se concentraban los yonquis, cerró los ojos y corrió varios metros, chocando, trastabillando con los coches aparcados. Doscientos metros, cien metros le quedaban hasta llegar a su casa y ya no saldría, lo habría conseguido ese día.

La saliva se le espesaba en la boca, un nudo en la garganta le impedía tragar. Se encontraba mal, lo necesitaba pero no podía, no debía… De repente, a cuatro pasos de su portal, giró en redondo y corrió, corrió con todas sus fuerzas, sacó el dinero a empujones, tirándolo con su impaciencia y, en su loco desvarío, cedió.

Cuando despertó eran las cinco de la madrugada. Todo estaba oscuro a su alrededor. Estaba tendido en el suelo y solo. Los demás se habían ido. Ni siquiera se había dado cuenta. Cada vez necesitaba más cantidad de droga para sentirse vivo, ¿o quizá estuviera muerto? Ya incluso mezclaba varias sustancias para sentirla entrar mejor. Miró hacia arriba y no vio en el cielo ninguna estrella. Sintió miedo. Se levantó despacio y caminó pesadamente hacia su casa, con un poco de suerte le diría a su mujer que había estado trabajando toda la noche, pero… una sorpresa le aguardaba al entrar; ni su mujer ni su hijo le esperaban.

Una nota tirada en el suelo con rabia, decía estas escuetas palabras: “¡Te dejo! ¡Ya no puedo más!”.

El texto anterior es un fragmento de la novela Tocando fondo de María Ascensión Rivera Serván, escritora española cuya obra fuera publicada en el año 2007 por la editorial El tercer nombre de Madrid, quien desde el año pasado nos ha concedido el honor de participar en nuestro blog con sus emotivos y siempre gratificantes poemas y que, en esta ocasión, nos brinda la oportunidad de conocer su obra más a fondo.

Al respecto su autora comenta:

Una vez leída esta novela, la reflexión profunda que puede hacerse es que el mundo de las drogas es devastador y que si no se tiene la fuerza de voluntad suficiente, el tesón necesario, el apoyo suficiente por parte de la familia, esposa e incluso hijos, el drogadicto no podrá jamás abandonarlas. Si por propia voluntad no puede hacerlo a pesar de este gran apoyo entonces se debe buscar una ayuda especializada por parte de Psicólogos o terapeutas e incluso internarse en algún Centro especializado para drogodependientes.

Para que una persona pueda abandonar las drogas tiene que apartarse también del entorno relacionado con el consumo de las mismas.

La familia y todo lo que rodea a la vida de los drogodependientes se destruye en el intento de curación y, sobre todo, si son ayudados por terapias salen a la luz sentimientos difíciles de expresar y todas las carencias afectivas que ha causado la convivencia en la familia con padres y hermanos, esposa e hijos y no todos los miembros de una unidad familiar son capaces de afrontar este proceso o no están preparados para ello influyendo muchísimo la propia educación y cultura que se tenga sobre la droga.

No hay que olvidar jamás y esto es lo más importante que un drogadicto es un “enfermo” y como tal hay que tratarle.

Tocando fondo es una novela “real, valiente y dura” cuyo contenido, a consideración de quienes la han leído y comentado en la red, despierta consciencia, provoca la reflexión y el sentir del lector, siendo capaz incluso de incentivar en quienes se internan en sus páginas el cambio en su forma de ver el mundo de las drogas; de manera sucinta, Tocando fondo narra la siguiente historia:

Miguel es adicto a las drogas desde pequeño. Tras casarse con Lidia y nacer su hijo, su adicción alcanza límites que ya no puede controlar. Ella lo abandona y es entonces cuando su familia interviene. Las sospechas que ya tenían algunos de sus hermanos se convierten en la certeza de una cruel realidad. ¡Miguel es un drogadicto!

Sus padres y hermanos se reúnen y cogen por sorpresa a Miguel que, viéndose atrapado y sin salida, decide aceptar la ayuda y el apoyo que le prestan. A cambio debe ingresar en un Centro de Desintoxicación. El ha recorrido ya sin resultado alguno, toda clase de centros que utilizaban la metadona como base de su tratamiento.

Pero el requisito imprescindible para poder entrar en éste es “pasar el mono” sólo, sin tranquilizantes ni relajantes. Miguel no lo soporta y tienen que llevarle a urgencias. Su vida corre peligro sin ayuda médica. Respaldado por el informe del Hospital es aceptado en el Centro.

Las terapias son muy duras. Para poder curarse tiene que averiguar por qué ha llegado a consumir toda clase de sustancias. Comienza entonces un largo y desconcertante viaje hacia su interior en el que se encuentra con sentimientos hacia su familia a la que él ama, tan dispares entre sí como el odio, envidia, celos, desconfianza, inseguridad, rechazo y abandono. Tampoco se acepta a sí mismo como un enfermo. Se siente cruel e irresponsable. El mayor dolor es no ver crecer a su hijo. No puede soportarlo, abandona el Centro y vuelve a consumir.

Durante ese tiempo la enfermedad de su padre, José, se agrava. Miguel decide volver de nuevo y continuar la terapia y, estando allí, su padre muere. Ahora se ve miserable y ruin. El peso de su culpabilidad lo aplasta y nuevamente abandona. Más tarde intenta de nuevo la lucha en la unidad de desintoxicación de un Hospital pero tampoco lo puede aguantar porque ya no le queda nada por lo que luchar.

Solo y abatido, sin dinero para regresar, perdido en sus pensamientos, hundido en la desesperación de sus propios reproches, Miguel llora. Un anciano se le acerca y le da dinero para una llamada telefónica y le infunde valor. Sin saber por qué le recuerda a su padre.

A partir de aquí inicia el regreso hacia su recuperación. Este recorrido es duro para él y en el camino sufre la tiranía de su hermano Darío, que se convierte en su peor enemigo. Pero Miguel encuentra la fuerza para luchar buscando una luz en la oscuridad del túnel que le rodea. La palabra libertad es para él ahora su única meta.

La palabra “libertad”, que a veces utilizamos de manera tan trivial sin darnos cuenta de todo lo que puede implicar realmente, adquiere tal importancia en la obra de María Ascensión Rivera Serván que, en las últimas páginas de Tocando fondo, aparece en una significativa nota final:

He acabado esta historia y no veo a Miguel totalmente desenganchado de las drogas, pero veo en sus ojos la luz de la esperanza y leo a veces en sus labios la palabra “voluntad”.

Continúa con esa gran impaciencia y ansiedad que nunca ha sabido controlar y que hace que no termine nada, pero tengo la confianza de que le sirva para llevar a cabo buenas cosas y, sobre todo, para reconstruir su felicidad. ¡Lo más importante de todo es que quiere luchar!

No consume cocaína. Bebe poco y ya casi ha dejado de fumar. Ha vuelto con su mujer y su hijo, que hará su Primera Comunión dentro de poco. Ese niño ha cambiado su sonrisa triste por un brillo especial en la mirada porque tiene a su padre a su lado.

En un principio dediqué este libro a José y a Miguel, y es el fruto de una promesa que he cumplido, pero también va dirigido a todos aquellos que, como él, por una u otra razón, han vivido, viven o puedan vivir en el atormentado mundo de las drogas.

A todos ellos quiero decirles que jamás olviden la palabra ¡LIBERTAD!

Para el lector interesado en saber más sobre Tocando fondo de María Ascensión Rivera Serván, puede consultar la página donde la editorial El tercer nombre la colocó en la red y en donde además podrá adquirir la obra*; incluimos también un vínculo donde el lector interesado podrá ver una entrevista a la autora sobre su libro.

* Nota:  Los beneficios de esta novela son donados íntegros para la lucha contra la drogodependencia

1 Comentario:

Anónimo dijo...

http://www.nollegaremosalaedaddenuestrosabuelos.com otra novela sobre drogas contundente



El contenido plasmado en este blog es producto de la reflexión de su autor, de sus colaboradores y de los pensadores que en él se citan. Cualquier semejanza con la realidad o alguna ficcón literaria, televisiva, psicótica paranoide o de cualquier otra índole es mera coincidencia

Periplos en red busca crear espacios intelectuales donde los universitarios y académicos expresen sus inquietudes en torno a diferentes temas, motivo por el cual, las opiniones e ideas que expresan los autores no reflejan necesariamente las de Periplos en red, porque son responsabilidad de quienes colaboran para el blog escribiendo sus artículos.



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