La opinión de los estudiantes

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Por el Psic. Fernando Reyes Baños


Apenas comenzaban con la mejor parte cuando, quedándose a media frase, el maestro tuvo que interrumpir sus explicaciones debido a dos golpes que sonaron desde la puerta, seguidos casi inmediatamente por el rostro de un hombre que entreabriéndola, se asomó al interior del recinto.


Se trataba del secretario académico, un hombre afable, quien desde su punto de observación le preguntó al docente:

- Tenemos la visita de un supervisor, ¿Podemos pasar?
- Desde luego.

El secretario académico entró de lleno al salón. Lo acompañaba un hombre de mayor edad, que aunque bajito de estatura y regordete guardaba no obstante, una expresión inquisitiva en su semblante, que hacía pensar en la mirada de un halcón a la caza de su presa. Los estudiantes comenzaron a inquietarse. No es que temieran a esta clase de situaciones. No temían a ninguna clase de examinación. Pero la mirada curiosa, que casi parecía escudriñar cada detalle en tal sólo una fracción de segundos, no les parecía la mejor impresión que pudieran tener del recién llegado.

Sin demora, el secretario académico les pidió a los estudiantes que guardaran sus cosas y que prestaran atención a lo que el supervisor les preguntaría. Les explicó también que él y su maestro los dejarían solos con él, pues querían que se sintieran completamente libres de contestar a las preguntas que les hiciera.

Dicho y hecho, el grupo se quedó a solas con el supervisor, quien antes de cualquier intento de interrogarlos, primero los saludó cordialmente para luego explicarles que la información que le facilitaran sería en beneficio de todos en la universidad, debido a lo cual, debían de contestar con mucha sinceridad.

Los estudiantes estuvieron de acuerdo y fue así como el hombre bajito y regordete pero de mirada escrutadora, comenzó su ronda de preguntas. Todo parecía ir de maravilla. El supervisor preguntaba y los estudiantes contestaban. Las palabras fluían de una parte a la otra hasta que… el supervisor les formuló la siguiente pregunta:

- ¿Cuáles dirían ustedes que son los problemas más graves en su universidad?

Los estudiantes no contestaron. Sólo se quedaron mirando unos a otros extrañados.

El supervisor, que esperaba para entonces haberse ganado algo de su confianza, no se preocupó. Ya le había sucedido antes. Todo era cuestión de animarlos un poco. Después de todo, se dijo, hablar de ciertas cosas no siempre resulta fácil, sobretodo cuando se hace pasar por el tamiz de la duda, la funcionalidad del lugar en donde uno estudia. Lo intentó nuevamente. Esta vez usó una estrategia menos directa. Acudir a caminos indirectos para obtener la información que requería no le había fallado hasta ahora en ninguna ocasión. Pero el resultado fue el mismo. Los estudiantes parecían no tener idea de lo que estaba hablando. Intentó otra cosa, luego otra y otra más, pero nada. Los varios rostros que tenía ante sí parecían tan desconcertados como antes. Entonces comenzó a preocuparse. Nunca le había pasado esto y ésta… ésta, no sería la primera vez. Molesto, finalmente les preguntó:

- ¿Van a decirme, que en realidad, no han tenido hasta ahora ninguna clase de problema aquí?

Frustrado, esperó la misma incertidumbre en el semblante de los universitarios, pero sorpresivamente, uno de los estudiantes levantó la mano y le respondió:

- Creo, y supongo que mis compañeros me darán la razón, que hasta ahora el problema más grande que hemos tenido es la interrupción de la clase que teníamos debido a esta charla con usted.

- ¿Van a decirme que nunca han tenido una inconformidad con el trabajo de alguien de la universidad?

- Así es. Respondió otro alumno.

- ¿O con algún profesor, con alguien del personal administrativo, de seguridad o intendencia?

- Con ninguno –, respondió otro_. Afortunadamente, aquí son muy estrictos para seleccionar a los profesores, y en cuanto al resto del personal, todos siempre han sido muy amables. Por lo que he visto además, les dan capacitación todo el tiempo.

- ¿Qué me dicen de quienes dirigen la institución? ¿Van a decirme que siempre hacen lo justo?

- Hasta ahora no habido ningún problema -contestó otro estudiante-. Nos consta, porque aquí todos los estudiantes estamos bien integrados, que todas las carreras que conforman nuestra universidad tienen la misma importancia para quienes la dirigen.

- Creo que eso está excelente. -Continúo otro_ porque así la institución no se pone hablar, por ejemplo de equidad solamente, sino que realmente la pone en práctica.

- Eso sin mencionar otros detalles importantes. Comentó un estudiante más.

- ¿Qué detalles? Le preguntó el supervisor.

- Detalles importantes como la comunicación entre quienes conforman el equipo de trabajo que está detrás de cada carrera y la comunicación entre cada una de estas. También el esfuerzo que se hace todo el tiempo para que seamos más competitivos, tanto dentro de esta universidad como fuera de ella.

- ¿Quieres decir con otras universidades? ¿Los hacen competir con los estudiantes de otras universidades?
- Si. ¿De qué sirve que dentro de estas cuatro paredes te consideren el mejor si todavía no te has medido con los estudiantes que se están preparando en otras universidades?

- Pero seguro que no siempre será fácil, ¿Verdad? Apuesto a que no siempre se les puede preparar como otras universidades lo hacen con sus estudiantes. Otras instituciones tienen, por ejemplo, sofisticados laboratorios, buenos y suficientes equipos de cómputo, máquinas, entre otras cosas, ¿No?

- Tampoco eso es un problema aquí. Dijo otra voz.

- ¿Qué me dicen de la información con la que se promociona? ¿Me van a decir que todo ha sido claro?

- Cristalino -dijo otro estudiante-. La universidad siempre ha sido clara con nosotros en todo. Con las becas, por ejemplo, desde el principio se nos habló de los pros y los contras para obtener una, incluyendo el promedio que debemos mantener para conservarla.

El supervisor dejó de preguntar. En silencio aceptó que ya no tenía ninguna razón para estar ahí. Respiró hondo. ¡Que extraño! Con tanto empeño se había puesto a buscar algo malo (sólo por el hecho de que hasta ahora siempre había sido así en las otras universidades) que no se había dado cuenta de que en realidad debía sentirse satisfecho por no encontrar problemas aquí. Y doble error además, pues en realidad debía haberle bastado con escuchar la convicción con que hablaban estos muchachos de su universidad, para habérselo creído casi desde el principio. Ahora se sentía mejor. Gracias a estos jóvenes podía decir ahora que había universidades así.

Sin más demora, felicitó a los estudiantes, se despidió de ellos y ágil como un rayo salió a informar al secretario académico que había terminado. Lo encontró en su oficina, platicando con el profesor que había estado dando la clase a los estudiantes antes de interrogarlos. Se deshizo en felicitaciones a ellos y también se disculpó con el maestro por haber interrumpido su clase. Tan contento estaba que, al momento de revisar por última vez los documentos de la institución, omitió alguno que otro papel importante que debía llevarse. Finalmente, volvió a felicitarlos y se despidió de ellos. El profesor y el secretario académico creyeron escuchar, que el supervisor tarareaba una canción mientras se retiraba, pero con la puerta cerrándose tras sus espaldas no podrían asegurarlo.

El secretario académico se dejó caer plácidamente sobre el respaldo de su silla reclinable. Había una expresión de satisfacción en su semblante. Es más: comenzaba a dibujarse una sonrisa en sus labios, que hacía sospechar que pronto se convertiría en una sonrisa aún más amplia. Permaneció así, mirando a un punto indeterminado, como si se hallara solo en aquel recinto.

El profesor entonces le dijo:

- Realmente lo estás disfrutando en esta ocasión, ¿Verdad?

- Así es.

- Pero es una lástima que estas cosas no duren demasiado.

El secretario académico respiro hondamente. No quería que terminara todavía.

- Pero es gratis, ¿No? Y no tienes que mover un dedo para estar en ello.

- Pero…

- Basta -le dijo molesto- lo que menos necesito ahora es que mi consciencia me fastidie.


El profesor, literalmente, se esfumó en el aire entonces y el secretario académico se quedo solo en la oficina. ¡Caray!, pensó, ya ni con uno mismo puede estarse tranquilo. Trató de relajarse. Cerró los ojos y comenzó a concentrarse otra vez. Estaba decidido a pasársela bien todavía. Después de todo aún faltaba mucho para que la jornada terminara y resultaba fácil disimular. Una pared artificial, una mirada furtiva ante cualquier ruido que desde la puerta llegara y una actitud del que todo lo sabe, eran detalles que obraban maravillas. Pero dejaría en paz por ahora los asuntos académicos. Nada de trabajo en este diálogo onírico con sus más altas expectativas. Quién sabe, se preguntó, tal vez ahora le tocaba el turno a su novia compartir con él estas libertades. Enfocó su atención: ahí estaba el escenario, los personajes y la situación. Ahora sólo era cuestión de comenzar a soñar otra vez.

5 Comentarios:

Sergio Amaya dijo...

Hola Fernando:
No entiendo muy bien, ¿Este trabajo es "La opinión de los estudiantes? o es lo que tú desearías que fuese; mas bien me parece un cuento de una extraña ficción, pero espero que refleje la realidad.
Saludos
Sergio Amaya

F dijo...

Hola Sergio: contesto a tu pregunta remitiéndote a la etiqueta en la cual se encuentra "este trabajo", o mejor dicho, cuento. Saludos y gracias por tu comentario.

Anónimo dijo...

Creo que Sergio no entendió de qué se trataba este relato, ¿verdad?

zaid dijo...

Había hecho el comentario y se me borro, vuelvo a decirle doctor que lo suyo me encanto, el vuelo de la imaginacion no tiene techo, imposible es criticar esto, sólo puedo elogir, me imaginé muchisimos finales, menos este, es la mente la que a veces hace que disfrutemos un poco mas de la vida o cumplamos aunque sea en sueños con nuestras preferencias o ideales
bellisimo
zaidena

Fdo. R. Baños dijo...

Zaidena: ¡Muchas gracias por tu comentario! Me alegra que la perseverancia haya logrado que nos compartieras aquí tu valiosísima opinión. Te cuento que "este cuento" nació como una forma de transmitir, irónicamente, un diálogo que ocurrió en la realidad entre un grupo de estudiantes y yo. Las ideas expresadas eran relevantes, pero un tanto subversivas para plasmarlas tal cual eran en un medio que, como éste, les otorgaría además permanencia virtual. ¿La solución? El cuento que acabas de leer ;) Me alegro que te haya gustado. Salu2



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