Por el Psic. Fernando Reyes Baños



El aprendizaje de hoy y ayer.

En muchas universidades del mundo (la Universidad Abierta de Gran Bretaña, la Universidad de British Columbia en Canadá, la Universidad Andina de Bolivia, y en México, el Tecnológico de Monterrey, por citar algunos ejemplos) la percepción que en la actualidad se tiene del aprendizaje comienza a diferenciarse, de manera notable, de la que se tenía antes.

Hace algunos años, por ejemplo, terminar la universidad significaba el final de algo importante. El recién egresado era visto por la universidad que lo preparó y la sociedad en general como un producto terminado. Todavía en algunas universidades de México quienes terminan sus estudios de licenciatura celebran su liberación de las aulas escolares con la famosa “quema de libros”[1]. Sin embargo, cada vez resulta más difícil equiparar el final de la carrera universitaria con el de los estudios y el aprendizaje; de hecho, solo en años recientes ha comenzado a entenderse todo el sentido implicado en afirmar que el aprendizaje es un proceso que acompaña al individuo a lo largo de toda su vida[2]: no es sólo porque el proceso sea permanente, sino también porque siempre hay algo valioso que aprender y ese “algo”, a principios del Siglo XXI, resulta potencialmente asequible para muchas personas en más de un sentido, por ejemplo, a través de Internet.

Hoy, muchas ideas que se tenían acerca de la formación universitaria pasan a ser mitos y muchas ideas, que en aquel entonces se creían impensables, pasan a ser posibilidades más o menos probables. Ahora podemos aceptar, con más o menos renuencia, que las personas pueden aprender sin necesidad de ir a la escuela, que pueden aprender muchas cosas sin necesidad de leer y que pueden ser importantes en su comunidad, aún cuando jamás hayan pisado un aula escolar o leído un libro. Ni siquiera la relación maestro – alumno se salva. Al menos en el ámbito universitario, las situaciones que Guillermo Argandoña Sánchez describe en sus caricaturas no se cumplen al 100% (La classe. La educación después de Auschwitz Partes I y II ). Los docentes universitarios han perdido mucho del respeto que antes, a fuerza de sangre y porrazo, le tenían sus estudiantes. Ahora los estudiantes los tutean, los cuestionan y más de uno, con fundamentos o sin ellos, puede resultar experto en pedagogía cada vez que la situación, a conveniencia de quien levanta la protesta, parece ameritarlo.

Para el Dr. Miguel Ángel López Carrasco[3], docente de la Universidad Iberoamericana Puebla, la forma de aprender está cambiando. Los jóvenes de hoy, afirma, necesitan más de la orientación de sus maestros que de su información porque ésta puede adquirirse en nuestros días con mayor facilidad que antes, y los maestros muchas veces, pueden encontrarse desfasados con relación a la información que sus alumnos pueden conseguir por cuenta propia.

Para muchos maestros estás ideas representan un ataque directo a lo que suponen es su función en las aulas, sobretodo, cuando siguen concibiendo ésta como la mera transmisión de sus conocimientos a los estudiantes. A diferencia de lo que ocurría con las llamadas “vacas sagradas” [4] de antaño, hoy en día una sola persona difícilmente podría abarcar la totalidad del conocimiento que puede haber en torno a una sola área de estudio, lo que además resultaría del todo innecesario, básicamente, por dos razones: una, porque de lo que se trata ahora es que los estudiantes aprendan a aprender por sí mismos y que sean capaces de hacerlo para toda la vida (y no solamente mientras están en la universidad); y dos, porque si mucha de la información ya está al alcance de las personas y de los estudiantes, ¿No debería ser más importante para los docentes enseñarles (y aprender con ellos también) a buscar la información que fuera relevante, por distintos motivos, a sus objetivos de aprendizaje? Quizá ahora sea claro para algunos por qué los conocimientos “transmitidos” a través del método de la cátedra caducan en tan corto tiempo: sencillamente, el trabajo que puede hacer una sola persona ya no responde a lo que la actualidad demanda.

Nunca antes el papel del docente como facilitador fue tan evidente. En la era de la información, el docente facilita los procesos para construir con sus estudiantes el conocimiento. Ya no es suficiente con transmitir “el saber” a los estudiantes como si estos fueran recipientes vacíos a la espera de ser llenados por su mentor. El aprendizaje, afirma el Dr. López Carrasco, tenemos que concebirlo con características distintas a las que antaño tuvo. El aprendizaje ahora es capaz de romper las barreras del tiempo y el espacio, es flexible, autosugestivo, significativo, dialógico, colaborativo y a lo largo de toda la vida.


La Universidad, hoy.

Los cambios que han tenido lugar en la forma de percibir el aprendizaje y que, poco a poco, empiezan a definir “un antes” y “un después” en su conceptualización encuentran su paralelo en los cambios que se han venido dando, de unos años a la fecha, en el modo de caracterizar a las universidades, particularmente, desde “(…) la aparición de Internet y el avance vertiginoso de nuevas tecnologías de la información y la comunicación (…)”[5].

López Carrasco aporta algunas características que están comenzando a predominar en las universidades de nuestro siglo. Según este autor, las universidades de hoy presenta las siguientes características:

1. Pertinencia social (en el sentido que le da Sylvia Schmelkes a esta expresión). En la actualidad, las universidades tienden a presentar un vínculo más estrecho entre la actividad que desarrollan y generan y los problemas de la sociedad a la que sirven (Véase más acerca de este tema en el artículo Retos y Desafíos de las Universidades en el Contexto Social Actual).

2. Sin límites de tiempo y espacio. Esto significa que, al mismo tiempo que las universidades buscan optimizar la formación de sus estudiantes de manera presencial, buscan también innovar alternativas que mejoren o apoyen los esquemas tradicionales, y que les permita además, llegar a estudiantes de otros países sin que estos tengan que desplazarse de sus lugares de residencia _E-learning o aprendizaje asistido por tecnologías de la información, por ejemplo_.

3. Plurales e interculturales. Tienden a reconocer y permitir la expresión, organización y difusión de opiniones diversas [6] y a estar abiertas a la interacción comunicativa que puede producirse entre grupos humanos de diferentes culturas [7].

4. Multidisciplinariedad. Las universidades buscan integrar ahora especialistas de diferentes disciplinas para realizar proyectos que tengan alto impacto social: trabajos de investigación, programas de vinculación, de intervención, etc[8].

5. Flexibilidad y dinamismo. Aspectos presentes en varios niveles de las universidades de ahora y que resultan imprescindibles para su continua evolución dentro de un mundo cada vez más globalizado y cambiante.

Las universidades actuales comienzan a caracterizarse también por ser cooperativas y colaborativas[9], al mismo tiempo que competitivas; por ser formadoras, más que informadoras (o certificadoras); por centrarse más en el aprendizaje de los estudiantes, que en la enseñanza de los docentes; y finalmente, por maximizar el aprendizaje experiencial, el cual, consiste en estructurar para los estudiantes experiencias más prácticas de aprendizaje a través de la resolución de problemas, la elaboración de proyectos y los estudios de caso.

Lo que está ocurriendo en las universidades de ahora está afectando, de manera concomitante, la actividad que los docentes realizan en las aulas escolares. Ayer bastaba con que el docente llegara al salón de clases, y sin más instrumentos que la pizarra y un gis, les enseñara a sus estudiantes lo que había preparado para ese día. Hoy, el docente ocupa cada vez más un papel mediacional entre la información a la que sus estudiantes pueden acceder y los procesos que debe generar para que dichos estudiantes desarrollen competencias y construyan conocimiento. Hoy, el docente puede usar para sus clases varias herramientas más que sólo una pizarra y un gis. Inmersos en un mundo de imágenes y sonidos, los docentes prueban a diario con herramientas que han surgido para resolver las demandas propias del albor de este nuevo siglo (tales como la computadora y el Internet). Lejos de ahorrar la preparación de las clases, tales procesos implican prever con mucha más anticipación una multitud de aspectos cuyo propósito final será enriquecer el aprendizaje de los estudiantes. Desde luego que, ideas como estas no siempre son recibidas con una actitud favorable por todos los docentes. Probablemente sea el caso, por ejemplo, de aquellos que ostentan trayectorias de muchos años de servicio, pero que durante su formación profesional no tuvieron ninguna experiencia que los habilitara en el manejo de las computadoras [10]. Estos, y otros docentes (e instituciones) “resistentes” a usar los recursos que el mundo de hoy gestiona, probablemente continúen por un tiempo más acaparando el papel protagónico en las clases que desarrollan en sus aulas. Tarde o temprano empero, se darán cuenta que están nadando corriente arriba. En las clases de hoy se trata de que la situación que se desarrolle fluya justamente en la dirección opuesta, es decir, que los estudiantes sean el centro de todas las actividades que forman parte del proceso de aprendizaje.

Tales consideraciones apuntan a dos factores que ya están presentes en muchas universidades alrededor del mundo, y que estemos convencidos o no de su importancia, su influencia se dejará sentir en un futuro próximo con mayor fuerza:

1. Nuevos contextos para aprender y enseñar en las universidades, los cuales, se caracterizan por ser socialmente pertinentes; gestarse en la modalidad presencial, pero también virtual; buscar la pluralidad, interculturalidad y multidisciplinariedad; trabajar de acuerdo a esquemas flexibles y dinámicos; enfatizar en los estudiantes el trabajo colaborativo, competitivo y en equipo; centrar los procesos académicos en lo andragógico más que en lo pedagógico; promover el aprendizaje experiencial; y finalmente, privilegiar la formación por encima de la información. El dilema a resolver ahora para los docentes, ya no es cómo hacer para enseñar y transmitir a los estudiantes los contenidos sobre los cuales se les evaluará, sino cómo hacer para generar los procesos que les permita, de manera permanente, aprender a aprender, a construir conocimientos y a desarrollar habilidades y competencias.

2. Cada vez será más importante poner a trabajar la información que, gracias a las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), se encuentra hoy en día al alcance de muchas personas en el mundo, incluyendo por supuesto a los estudiantes universitarios. El Dr. López Carrasco comenta, por ejemplo, que por Internet ya es posible saber cómo se hace una bomba atómica (un ejemplo de esto es una página de la BBC que nos orienta, a grandes rasgos, sobre su proceso de elaboración). Hallazgos como éste apuntan, precisamente, a la importancia que tiene la orientación de los estudiantes con relación al uso de las TIC, porque el problema no es la información que pueda hallarse en Internet, sino cómo encontrar la información que pueda responder satisfactoriamente a los objetivos educativos que se estén considerando y qué hacer con esa información una vez que logra encontrársele. La idea es que la información que sea trabajada por medio de las TIC, a las cuales pertenece la red de redes, sea un proceso asistido por el docente. Éste, con su experiencia y conocimientos en la materia, viene a desempeñar así una función clave e insustituible en la formación de los estudiantes: la de orientarlos y formarlos; función, que obviamente resulta mucho más compleja, pero también más enriquecedora que sólo informalos.


Tecnología y educación.

¿Tecnología en o para la educación? López Carrasco advierte sobre la distinción, muchas veces inadvertida, que debe hacerse al conjuntar estos términos. El primer caso se refiere a las universidades que, habiendo incorporado ya la tecnología computacional a su trabajo académico, desaprovechan ventajas importantes de tales herramientas, principalmente, porque ignoran cómo explotarlas de lleno para su beneficio; el segundo caso en cambio, representa la situación opuesta: hace alusión a las universidades donde la tecnología, no sólo se ha integrado al trabajo académico, sino también se ha distribuido entre los miembros de su comunidad, debido por lo general a que sus cuerpos administrativo y docente tienen claridad acerca de todo lo qué puede hacerse con ella.

Tony Bates, Director de Distance Education and Technology (British Open University), plantea a propósito de este tema algunas observaciones importantes:

1. Una tecnología nunca salvara una mala enseñanza. Lejos de remediar lo que la universidad aún tenga que resolver y trabajar en el ámbito académico, la tecnología sólo empeorará la situación porque ésta, regularmente, pondrá en evidencia las carencias que estén presentes en tales procesos. Herramientas computacionales como el PowerPoint, los blogs y las wikis lucen, a primera vista, muy llamativas y casi nadie dudaría que están en línea por ahora con nuestras circunstancias actuales, pero el gran detalle de estas y otras herramientas es que llegan hasta nosotros vacías o en blanco. Tales softwares no traen por anticipado la información que el docente trabajará en sus clases. Son los profesores quienes deben llenar esos espacios en blanco con las ideas que suponen detonarán el aprendizaje en sus estudiantes, y obviamente este llenado, más por su valor de guía que por la información que pueda contener, evidenciará y distinguirá a los docentes que están haciendo bien su trabajo de aquellos que no.

2. La interacción humana es fundamental en el uso de la tecnología para la educación. Si el factor humano esta ausente en la tecnología, ésta no sirve absolutamente para nada. En una entrevista para ELPAIS.COM, Joan Carles Ambrojo le preguntó a Tony Bates “¿Qué cara pone un profesor cuando un estudiante puede encontrar toda la información en Google?”, a lo que éste le respondió “Ése es un reto, no hace falta ningún profesor ni universidad para acceder a la información. Pero alguien debe organizarla y decidir cuál es la importante, guiar para manejarla y aplicarla. El rol del profesor cambia y de hecho será más importante que el rol antiguo” [11]. Esta respuesta de Bates, que fue reproducida por Sonia Blanco en su página web espacio fílmica, mereció dos comentarios interesantes de parte de sus lectores. El primero de ellos, escrito por jesúsb, afirma que: “el profe(sor) pone cara de ‘yahoo’ por lo menos. Ahora en serio. En Google no está todo, ni todo lo que está es correcto. De todas formas el mayor reto está en evitar el vulgar copypasting”. El segundo, escrito por Manuel Márquez, sostiene que: “Duro camino, no obstante, el que se vislumbra, y que ha de llevar a la docencia de su actual condición de proveedora (de contenidos) a la de orientadora (sobre los mismos).”[12] Como resultará evidente, usar la tecnología para la educación apunta a que la interacción humana, lejos de convertirse en algo meramente “virtual” y “artificial” (como antaño se pensaba), siga siendo el factor imprescindible que siempre a sido, o más todavía que antes, porque a través del nuevo rol docente se priorizará, finalmente, la formación y la orientación de los estudiantes.

3. Las tecnologías educativas son flexibles, y por lo mismo, intercambiables. Así como Windows no es el único sistema operativo que existe, Internet Explorer tampoco es el único sistema de navegación vigente en la red. ¿Qué significa esta aseveración? Significa que trabajar con las TIC equivale a explorar continuamente, no sólo las opciones disponibles en el mercado en la modalidad de software privado, sino también aquellas que surgen gracias a las necesidades sociales y cuyo uso, muchas veces, no está restringido para el usuario (software libre). Estar en línea con las tecnologías educativas significa entonces, que los estudiantes puedan vincularse con la diversidad de herramientas de software que puedan ayudarles a ampliar su conocimiento sobre su naturaleza y que desarrollen la habilidad de absorber tecnológicamente nuevas herramientas.

Pocos pondrían en tela de juicio que la tecnología tiene o debe ser un soporte para que las universidades de ahora logren alcanzar ciertos fines. Sobre el e-learning, por ejemplo, el mismo Tony Bates declara en la entrevista de Ambrojo que: “(Éste) es una forma de distribuir la educación a distancia. Se pensaba que sería el único modelo de enseñanza, que lo reemplazaría todo, pero ahora se entiende mejor.” Efectivamente, la experiencia ganada en este ámbito relativamente nuevo comienza a brindar grandes lecciones: la tecnología (y todo lo que puede hacerse con ella) es un medio y no un fin en sí mismo. Los fines que se pretendan alcanzar, en tal caso, deberán ser establecidos por cada una de las instituciones.

Otra de esas grandes lecciones que surgen de la experiencia de implementar la tecnología para la educación es que, si bien la tecnología debe ser un soporte para la universidad que decida implementarla, ésta ineludiblemente deberá concordar con un modelo educativo previamente establecido, que permita su integración y distribución del modo más congruente posible. Si una institución, antes de apostar por la incorporación de la tecnología a su sistema, no tiene definido dicho modelo, ni tampoco tiene claridad sobre su misión, visión, perspectivas a corto, mediano y largo plazo, se arriesga a generar para sí misma un tremendo caos, porque la tecnología vendría siendo sólo una especie de parche con el que pretendería, como se dice aquí en México, tapar el sol con un dedo. Al respecto, Armando Rugarcía Torres señala que: “Antes que dinero o tecnología electrónica, las escuelas, las universidades y cualquier otra institución educativa, necesitan renovar el significado de su educación; necesitan establecer con claridad operativa lo que quiere decir un hombre educado[13]. La tecnología para la educación es un medio importante para potenciar el trabajo académico que las universidades realizan en la actualidad, pero debe surgir como parte integral de los procesos que estas generan como resultado de un modelo educativo que para ellas resulte perfectamente claro y comprensible, o como lo dijera López Carrasco (refiriéndose a las reflexiones de Tony Bates), “(…) la tecnología no es la cuestión, la cuestión es: ¿dónde, cómo y qué quiero que aprendan los estudiantes?”

Integrar y distribuir la tecnología al modelo educativo de una universidad implica también pre-visualizar de qué manera herramientas como la computadora y el Internet pueden promover el desarrollo de competencias en estudiantes y profesores. En el caso de los estudiantes, resulta fundamental que aprendan a utilizar herramientas que les permita dominar habilidades de aprendizaje que en el mundo productivo actual resultan imprescindibles. Una de tales competencias, por ejemplo, es la fluidez computacional, que tiene que ver precisamente con “(…) el interés, la actitud y la habilidad de las personas para utilizar eficazmente las TIC con el objeto de acceder, manejar, integrar y evaluar información; construir nuevos conocimientos y comunicarse con otros con el propósito de ser participantes efectivos en la sociedad.”[14] En cuanto a los docentes, indudablemente, hay algunos escollos más que superar: mayor dificultad para desarrollar tales competencias (entre ellas la fluidez computacional), resistencia a cambiar su método de enseñanza, poca o nula formación tecnológica y desconocimiento teórico acerca del proceso de enseñanza – aprendizaje; todos estos obstáculos no obstante pueden ser superados si TODA la institución educativa se lo propone y está en condiciones de hacer frente al cambio inminente que esta época demanda, porque fuera de eso no hay nada que parezca contradecir al hecho de que los docentes, aún los que cuentan con más años de experiencia, puedan seguir aprendiendo (nunca se es demasiado joven para enseñar algo a alguien; nunca se es demasiado viejo para aprender algo de alguien). Cuando Ambrojo le pregunta por la resistencia al cambio, Bates le responde: “Sí, la gente debe cambiar, no es la tecnología el problema. Requiere tiempo, es un proceso doloroso. Muchos de los que deben cambiar son profesores, pero no se les puede imponer, sino sentarse y hablar con ellos.” Por ello, apostar por la adquisición de nuevas tecnologías es apostar también por la adquisición de nuevas competencias; la tecnología viene siendo un medio, un soporte, que puede facilitar y potenciar su desarrollo.

Integrar las TIC al modelo educativo de una institución escolar demanda que, tarde o temprano, ésta tenga que buscar e implementar nuevos procedimientos académicos y administrativos que favorezcan dicha integración. Tales cambios, si no cuentan con el apoyo del cuerpo administrativo de la institución, muy difícilmente podrán realizarse, aún cuando el cuerpo docente los promueva desde su campo de acción. En la entrevista de Ambrojo, Bates explica que: “Algunos profesores comienzan por su cuenta. Luego la institución les apoya y se implican más profesores. Pero no hay buena calidad y la institución se preocupa porque gasta dinero. Entonces entra en una fase de planeamiento estratégico (…) Se preguntan: (…) ¿qué hacer para apoyar a los instructores? (…) Al comenzar a planificar, a crear servicios centrales, se utiliza(n) más selectivamente y se vuelve sostenible. Pocas universidades lo han conseguido (…)” Pero una vez que las TIC logran ser integradas al modelo educativo de la universidad, su puesta en marcha demanda además que se generen y ejecuten con regularidad procesos de evaluación e investigación, cuyo propósito será determinar si esa tecnología y los nuevos procesos educativos que la acompañan están funcionando o no con relación al tipo de egresado que la universidad desea formar.

A lo largo de este trabajo se ha hecho referencia, explícita o implícitamente, a los retos que las universidades actuales tendrán que superar con relación a las TIC, pero sería ingenuo por nuestra parte no reconocer que las mismas TIC tendrán que superar, a su vez, retos importantes con relación al mundo de hoy y a las diferencias económicas, demográficas y culturales de los países y regiones que lo conforman. Efectivamente, no es suficiente con que la institución educativa tenga la intención de incorporar las TIC a su modelo educativo porque, en este caso, para pasar de la intención a la acción se requiere de una inversión, generalmente, significativa. Al respecto, Lizárraga Celaya y Díaz Martínez (2006) explican: “(…) pensar en comprar software propietario representa una importante inversión financiera, que por otras necesidades no siempre se contempla en los presupuestos ordinarios de las instituciones educativas (…)”. Hasta ahora, los países más desarrollados han tenido una fuerte participación en el aprovechamiento de la tecnología para educar con calidad a sus estudiantes (y de paso, a estudiantes de distintas partes del mundo), pero cuando se trata de los países menos desarrollados, aspectos como el uso de tecnologías procedentes de otras latitudes y la interacción con materiales didácticos escritos en otros idiomas pueden representar un problema. Para América latina, donde existe tanta desigualdad de oportunidades entre las personas, tales aspectos se agravan al grado que, a la par de una marcada división social, puede hablarse también de una división digital entre quienes pueden tener acceso a una educación con la tecnología como medio para potenciarla y los que no cuentan con ese acceso. Al respecto, Acuña Limón, Alejandro (2003) comenta: “(…) En países como (México) las desigualdades sociales son un fenómeno profundamente enraizado en factores económicos, demográficos y culturales; esto no facilita el aprovechamiento de oportunidades no sólo para los países menos desarrollados, sino para grupos menos privilegiados dentro de esos mismos países. La ‘división digital’ marca la diferencia entre aquellos que se benefician de las redes de información y aquellos que no lo hacen (Kelley, 2001). Esta división hace diferencias a través de países, regiones y varias categorías sociales y culturales.”[15]

Atendiendo a lo que está ocurriendo con algunas universidades en México, resulta fácil imaginar que la división digital referida por Acuña Limón pueda aplicarse también a la situación actual de las universidades, y que por esta razón sea posible entrever una línea que divida, de un lado, a las universidades que ya están beneficiándose de las redes de información, y de otro, a las que no lo están haciendo aún; línea que probablemente, a juzgar por la evolución de los acontecimientos hasta el momento, marque diferencias todavía mayores conforme avance el siglo XXI.

Tal es el reto de las TIC, o más bien de todas aquellas personas que, directa o indirectamente, estamos involucradas con su desarrollo, distribución o difusión, al mismo tiempo que podemos estar comprometidos con la educación de las mujeres y los hombres del mañana, hoy.

Refiriéndonos, finalmente, al campo de acción de los docentes, y muy particularmente, al de quienes sientan, a la luz de este escrito, que están digitalmente divididos, cabría buscar la respuesta a un par de preguntas por demás pertinentes: ¿Qué está en nuestras manos aportar? Si el aprendizaje, si las universidades, si el mundo mismo está cambiando, ¿Para dónde, exactamente, es que debe darse el cambio en los docentes? Una respuesta provisional, de parte mía, sería generar alternativas que nos permitieran encontrar procesos orientadores más efectivos para nuestros estudiantes, los cuales definitivamente, no son los mismos de antes.

Los niños ya no van a comprar estampitas de Miguel Hidalgo y Costilla a las papelerías, como antaño hacían, cada vez que el maestro les dejaba de tarea hacer una monografía. Ahora bajan la información de Internet. Como dirían muchos de mis paisanos: “La misma vaca, pero revolcada”. Pero la culpa no la tiene el Internet, sino los profesores que siguen pidiendo las mismas tareas que nos pidieron a nosotros. ¿No debería esto preocuparnos debido al tremendo rezago que a todas luces representa? Es un problema mayúsculo porque está implicando que muchas de nuestras prácticas educativas no han evolucionado ni se han puesto a la par de lo que está ocurriendo hoy en día con nuestros estudiantes. Ya es un avance que el correo electrónico nos haya hecho escribir. Lo triste es que muchos docentes sólo ocupen o sepan aprovechar esa aplicación de Internet, cuando éste tiene muchas cosas más que ofrecer.


Notas

[1] Sobre la expresión “quema de libros” en el blog de Jorge Martí¬nez Mauricio “Toro´s blog.” (http://www.ymipollo.com/~ToRo/20552.quema-del-libro-en-chapingo.html), un cibernauta comenta el post “Quema del libro en Chapingo” con las siguientes palabras: “(…) Yo me imaginaba a un montón de estudiantes dementes y ebrios danzando alrededor de una pila de libros quemándose (…)”; luego agrega: “Después descubrí que sólo eran un montón de estudiantes dementes y ebrios danzando (…)”. Haciendo la aclaración de que los adjetivos “dementes” y “ebrios” reflejan un estado extremo, y regularmente clandestino, de esta clase de eventos, la “quema de libros” en México (aunque no sabría asegurar que sólo se realice en este país) es el nombre que se le da a la fiesta que organizan los estudiantes universitarios una vez que terminan sus estudios. Efectivamente, no se supone que deban quemarse libros durante el festejo (ni tampoco beber o ponerse como locos); de ahí que esta “quema de libros” no sea equiparable a la connotación más difundida que tiene esta expresión y que tiene que ver, según lo explica la Enciclopedia Wikipedia, con “la práctica de oficialmente destruir una o más copias de un libro u otro material escrito”, cuyo representante más famoso probablemente sea la quema de libros efectuada por los nazis en 1933 (u “bibliocausto nazi” según la denominara Fernando Báez de la Universidad de Los Andes). La “quema de libros” como fiesta estudiantil, que simbólicamente representa el final de un periodo de preparación, por lo general implica elementos característicos: comida, música, baile y fuegos pirotécnicos. En: Quema de libros. (2007, 8) de mayo. Wikipedia, La enciclopedia libre. Fecha de consulta: 16:40, julio 9, 2007 from http://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Quema_de_libros&oldid=8640684 y Báez, Fernando (2006). El bibliocausto nazi. Consultado en julio 9, 2007 en http://elortiba.galeon.com/quelib.html.

[2] Iztueta Azkue, Anjeles (2004). Libro Blanco del Aprendizaje a lo largo de la Vida. Consultado en julio 11, 2007 en http://www.hezkuntza.ejgv.euskadi.net/r43-644/es/contenidos/informacion/aprendic_permanente/es_1965/epa_c.html.

[3] Conferencia impartida por el Dr. Miguel Ángel López Carrasco en la Universidad Loyola del Pacífico en el año 2005: “Nuevas alternativas para el aprendizaje: a educación on-line en las clases presenciales”

[4] Docentes considerados por la comunidad universitaria como intocables e inmunes a la crítica

[5]
Universidad. (2007, 8) de julio. Wikipedia, La enciclopedia libre. Fecha de consulta: 23:47, julio 9, 2007 from http://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Universidad&oldid=9926823.

[6]
Pluralismo. (2006, 29) de diciembre. Wikipedia, La enciclopedia libre. Fecha de consulta: 20:05, julio 10, 2007 from http://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Pluralismo&oldid=6248761.

[7]
Austin M., Tomás (2000). Comunicación intercultural, fundamentos y sugerencias. 2a. parte. Página del profe, Tomás Austin. Consultado en julio 10, 2007 en http://www.angelfire.com/emo/tomaustin/intercult/comintdos.htm.

[8]
Galindo Cáceres, Jesús (Coordinador) (1998). Técnicas de investigación en sociedad, cultura y comunicación. México: C. N. C. A y Adisson Wesley Longman.

[9]
Tony Bates señala una diferencia entre los términos “cooperar” y “colaborar” al referirse a la elaboración de trabajos escolares en equipo. Tomando como punto de partida las ideas del Miembro fundador de la British Open University diremos que: mientras que un trabajo hecho en cooperación con otros tiene que ver con la división y distribución de los contenidos del mismo entre los miembros del equipo para que cada uno haga su parte por cuenta propia, un trabajo hecho en colaboración con otros implica, sí una división y distribución del trabajo, pero no de los contenidos que lo conformarán sino de tareas esenciales para su elaboración: búsqueda de información, parafraseo y síntesis de ideas útiles que se ocuparán, estructuración lógica de los contenidos que se incluirán, entre otras; teniendo como aspecto medular que todas las actividades se realicen, de principio a fin, en estrecha relación con los miembros del equipo para garantizar la coherencia e integridad del trabajo a entregar. Los resultados de trabajar en cooperación y en colaboración, evidentemente, son diferentes: un trabajo hecho en cooperación delata, por lo general, que ha sido redactado por diferentes personas; mientras que un trabajo hecho en colaboración tiene más probabilidades de presentarse como si hubiera sido escrito por una sola persona, en este caso, un equipo de trabajo. Un dato esencial es que para trabajar en cooperación con otros no se requiere, de manera imprescindible, que haya empatía y homogeneidad intelectual entre los miembros del equipo; para trabajar en las mismas condiciones pero de manera colaborativa, en cambio, tales aspectos resultan esenciales. En: Bates, Tony (2002). Aspectos culturales y éticos en la educación internacional a distancia. Consultado en julio 9. 2007 en http://www.uoc.es/web/esp/art/uoc/bates1201/bates1201.html.

[10]
López Carrasco, Miguel Ángel (2002). Psicología. Con aplicaciones de habla hispana (4ta. Ed.). México: Mc Graw-Hill.

[11]
Ambrojo, Joan Carles (2005). Entrevista: Tony Bates: "La enseñanza por Internet es un proceso". Consultado en julio 12, 2007 en http://www.elpais.com/articulo/red/Tony/Bates/ensenanza/Internet/proceso/elpeputec/20051229elpcibenr_2/Tes.

[12]
Blanco, Sonia (2006). Tony Bates en 'El País'. Reflexiones sobre medios audiovisuales y comunicación. Consultado en julio 16, 2007 en http://www.filmica.com/sonia_blanco/archivos/002969.html.

[13]
Rugarcía Torres, Armando (2005). Educación virtual: ¿nueva educación?. Consultado en julio 16, 2007 en http://www.congresoretosyexpectativas.udg.mx/Congreso%201/Mesa%20A/mesa-a_9.pdf.

[14]
Según los autores de la cita, esta definición va más allá de una simple competencia técnica porque se hace acompañar de habilidades intelectuales de orden superior como el pensamiento crítico y el uso inteligente y ético de las TIC. Lizárraga Celaya, Carlos y Sara Lorelí Díaz Martínez (2006). Uso de software libre como herramientas de apoyo para el aprendizajehgyyuugftghrrr. Consultado en julio 5, 2007 en http://somi.cinstrum.unam.mx/virtualeduca2006/pdf/108-CLC.pdf. (Alternativa: http://64.233.179.104/scholar?hl=es&lr=&q=cache:k-NZIp8DH7wJ:somi.cinstrum.unam.mx/virtualeduca2006/pdf/108-CLC.pdf+software+libre+y+cuatro+principios+y+herramientas+mente)

[15]
Acuña Limón, Alejandro (2003). Las tecnologías de la información y comunicación para la educación en Latinoamérica: retos en el presente y el futuro. Didac, No. 41, 12 - 16.



El contenido plasmado en este blog es producto de la reflexión de su autor, de sus colaboradores y de los pensadores que en él se citan. Cualquier semejanza con la realidad o alguna ficcón literaria, televisiva, psicótica paranoide o de cualquier otra índole es mera coincidencia

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