Por el Psic. Fernando Reyes Baños


Estando en tu casa, durante un día de descanso, llega a tus manos, por razones inexplicables y en extrañas circunstancias, una misteriosa máquina semejante a una bola de cristal, idéntica a las que usan brujas y hechiceros en las caricaturas y películas de terror, con la única diferencia de que ésta tiene, sobre una gran base construida con un material parecido al metal, la inscripción de un largo texto que, palabra por palabra, muestra las siguientes instrucciones:



Filtro universal de poder ilimitado


La máquina que tiene ahora en sus manos está diseñada para filtrar su mundo de acuerdo a sus propios criterios. No tiene que preocuparse por precisar, con exactitud, cómo deben entenderse los criterios que usted elija para el filtrado. La máquina los interpretará, exactamente, como usted los conciba mentalmente.

Para usar este filtro, bastará con que ponga sus manos alrededor de la bola de cristal, decir en voz alta "Quiero que desaparezcan..." y decir qué clase* de seres es la que desea que desaparezca de su mundo, para que su deseo se cumpla.

(El asterisco después de la palabra “clase” no pasa desapercibido por ti, pero decides no interrumpir la lectura del texto y dejarlo para después.)

Dado que el poder del filtro universal es ilimitado puede desaparecer todo lo que usted deseé: clases de personas, animales y seres vivos de cualquier tipo, incluyendo seres microscópicos; clases de cosas, lugares (naturales o artificiales), elementos, partes parciales del planeta en el que radica, cuerpos celestes (no importa tamaño o distancia a la que se encuentren); partes de la realidad abstracta concebida por su especie que afectan la existencia de seres vivos y cosas, tales como la maldad, la bondad, la envidia, la lujuria, etc. Todo, absolutamente todo, puede ser filtrado por la máquina que, justo ahora, tiene usted en sus manos.

Advertencias:

1. Recuerde siempre que esta máquina tiene poder ilimitado, debido a lo cual, cada filtrado que haga afectará a todos los seres vivos o cosas que respondan al criterio que elija.

2. Elija bien porque, aunque el poder del filtro es ilimitado, los efectos de su poder de filtración NO SON REVERSIBLES, y por tal motivo cada vez que filtre una clase de seres vivos o cosas, la desaparición de estos SERÁ PERMANENTE.

3. Derivado de lo anterior, el efecto permanente de cada filtrado repercutirá también en la memoria de todo aquel que haya tenido conocimiento de la clase filtrada, sin importar su cercanía o involucramiento con dicha clase, por ejemplo, si usted pide que desaparezca el color rojo (entiéndase: "todo objeto que tenga la propiedad de la rojez"), todos quienes hayan concebido, conocido, utilizado, contemplado o hecho alguna referencia al color rojo perderán la memoria, permanentemente, acerca de ese color. Sólo en este único caso usted estará exento del efecto colateral de los filtrados, concediéndosele la gracia de conservar intacta su memoria acerca de todo cuanto deseé que desaparezca.

4. Sea cuidadoso con la elección de sus criterios porque usted no está excluido del efecto de filtrado que provoque con sus deseos, es decir, si usted mismo cumple con el criterio que elija para un filtrado, desaparecerá junto con el resto de los seres que, al igual que usted, cumplan con ese criterio.

5. El tiempo que tarda el filtrado en hacer efecto es inmediato.

Costo del servicio

(En este punto te detienes por un instante. No imaginabas que el uso de una máquina tan misteriosa tuviera, al igual que cualquier otra máquina, un costo. Al parecer, la “máquina con poder ilimitado” no es ajena a algo tan mundano como el dinero.)

No necesita dinero para comenzar a gozar de los beneficios que le ofrece el Filtro universal de poder ilimitado.

(Sonríes con ironía, aunque no sabes, con exactitud, cómo tomar estas primeras líneas)

Creemos en la verdadera democracia y pensamos que sería injusto excluir a alguien de esta oportunidad sólo porque no tenga algo que, ordinariamente, está repartido de manera tan desigual. Confiamos en que, llegado el momento, usted valorará la oportunidad que estamos depositando en sus manos.

El costo de cada filtrado es un año de su vida. De antemano estamos seguros que su primera impresión será que el precio por nuestros servicios es algo elevado, pero recuerde que los efectos de los filtrados que haga serán universales y permanentes. Usted tendrá la oportunidad única de moldear su mundo de acuerdo a lo que usted considere debe desaparecer para que, cuando sea el momento adecuado, usted pueda decir sobre lo que quede: ¡Este es el mundo como debió ser siempre!

Como demostración, le invitamos a pedir su primer filtrado completamente gratis.

¿Desea que ya no haya más hambrientos, políticos corruptos o gente malvada en el mundo? ¡Haga la prueba! ¿Vale unos cuantos años de su vida hacer de este mundo, su mundo, un lugar mejor, un lugar feliz, un lugar sin lágrimas, sufrimiento u odio? Esta es su oportunidad de cambiar, realmente cambiar, las cosas. Haga la diferencia ahora mismo y empiece a decir "Quiero que desaparezcan...", ¿qué espera?

Te quedas absorto por un momento, simplemente, contemplando la bola de cristal que tienes ante ti. Piensas que es una broma muy tonta. A un niño, pasa, pero hacértela a ti, quien desde hace años dejó esa etapa de credulidad, te resulta hasta un poco ofensivo porque alguien, la o las personas que te quieren ver la cara, están suponiendo que eres un ingenuo y que, fácilmente, caerás víctima de algo tan fantasioso y poco racional.

Repentinamente, recuerdas que en el texto había un asterisco y que, en ese momento, preferiste omitir leer la nota correspondiente. Buscas en la parte inferior de la inscripción y te topas con el siguiente contenido: El Filtro universal de poder ilimitado sólo funciona para desaparecer clases de seres, cualquiera que sea la naturaleza de estos. No funciona, en cambio, para desaparecer seres singulares ni tampoco para desaparecer clases haciendo excepciones de algún elemento contenido en esa clase. No puede pedir, por ejemplo, que desaparezcan las personas nacidas un 29 de febrero y pedir, al mismo tiempo, que usted no desaparezca junto con ellas si usted también nació en esa fecha; lo mejor en tal caso, sería que cambiará su deseo. Otro ejemplo sería pedir que desapareciera su vecino de al lado, ya que por ser éste un ser singular, el filtrado no procedería y el deseo, sin habérsele cumplido, sí se le cobraría. Lo mejor, en tal caso, sería desear un filtrado que afectara a una clase que involucrara a su vecino y que, desde luego, no lo involucrara a usted o a un ser querido o importante para usted.

Y eso era todo.

¡Tenía que ser una broma y tú un tonto si cayeras en un juego tan infantil! Siquiera considerar, mínimamente, la posibilidad de que no fuera una broma resultaba absurdo. La máquina, efectivamente, llegó a ti por razones inexplicables y en circunstancias extrañas, pero eso no es un antecedente fiable para pensar que el contenido de la inscripción fuera verdadero, aún cuando éste resulte tan insólito como el hecho mismo de que la máquina esté, justo en ese momento, frente a ti. Simplemente no es posible. ¿O qué, esperan que al pedir el primer filtrado, deseo o como se llame, hagas algo estúpido o reacciones molesto al comprobar lo que ya sabías desde el principio: que se trataba, simplemente, de una entupida broma infantil?

¡Bien! Sigámosles la broma entonces...

Miras a tu alrededor y buscas algún objeto que sea de utilidad para probar (o probarles) que la bromita, con todo el trabajo que debió costarle(s) conseguir la supuesta máquina y hacértela llegar, había terminado. Te diviertes pensando que, tan pronto sepas quién (o quiénes) son los responsables, buscarás la forma de desquitarte por hacerte perder tu tiempo de manera tan miserable. Tu vista se detiene en el primer objeto que sale a su encuentro: una manzana que, inocentemente, descansa a un brazo de distancia de ti, sobre la misma mesa donde está la máquina "todo poderosa". Bien _piensas decidido_ que sean las manzanas lo primero en desaparecer de este mundo. Con exageración y solemnidad a la vez, como el director de orquesta que dirige el movimiento más importante de una pieza musical, pones las manos sobre la bola de cristal y sonriendo, imaginándote cuán ridículo deberás verte siguiendo las instrucciones de la máquina, dices: "Quiero que desaparezcan las manzanas".

De pronto, como si la bola de cristal se hubiera vuelto incandescente, quitas las manos de la máquina lo más rápido que puedes y, sin apartar la mirada, te acercas lentamente al lugar donde hace apenas un segundo estaba la manzana y que ahora, desde que terminaras de pronunciar su nombre en plural, ya no estaba. Sin saber que pensar y como si ésta sólo se hubiera vuelto invisible, exploras con tus manos el lugar donde antes estaba. No, el problema no era que ya no pudieras verla. El problema era que dónde antes estaba la manzana, ahora sólo quedaba un espacio vacío. ¡No era posible! Buscas debajo de la mesa suponiendo que, con toda seguridad, ésta se había caído debido a... ¿Otra extraña circunstancia? Y además... ¿Precisamente cuando tú acababas de pronunciar las palabras que tenían como propósito desaparecerlas? Miras, remiras y vuelves a mirar: nada, absolutamente nada. Consideras que es un buen momento para volverse a sentar y tomarse las cosas con calma. ¿Era posible? La pregunta arrastró detrás de sí un eco que parecía no tener fin. El propósito de la máquina, sus advertencias, el costo por usarla, el poder de cambiar las cosas desapareciendo algunas de ellas, todo... ¿Era entonces posible? ¡Espera! _te advierte con prontitud el adulto que llevas dentro de ti_ Si es verdad que todas las manzanas del mundo han desaparecido, eso significará que no podrás hallar rastro de ninguna, ni siquiera una, por más que lo intentes. No importa cuán ingenioso pudiera ser un bromista con tal de salirse con la suya, sencillamente, no podría evitar que encontraras rastros de aquello que, supuestamente, desapareciste. ¡Las manzanas que tienes guardadas en el refrigerador! ¡Seguramente todavía están ahí! Nadie más que tú podría tener acceso a ellas. Hacer que la manzana desapareciera frente a tus ojos fue un buen truco, pero... ¿Qué sentido tendría llevar las cosas más lejos? Te levantas y, confiado en que las cosas son como siempre han sido y que nada fuera de lo común ha sucedido realmente, te diriges al refrigerador, pensando "¿Qué estás haciendo? Primero el teatrito con la bola de cristal, ¿y ahora esto?". Medio sonriendo, abres la puerta del refrigerador y buscas las manzanas. ¿Dónde exactamente fue que las guardaste? ¿Abajo? Buscas abajo y, al no encontrarlas, sacas las cosas para poder hallarlas sin ningún estorbo. Buscas arriba y continuas, sin éxito, sacando cosas. Cuando decides buscas en medio ya no quedan vestigios de la sonrisa a medias que llevabas al principio. Cuando al fin decides detenerte, te das cuenta que el refrigerador se ha quedado vacío. Todas las cosas que estaban adentro yacen ahora en una mesa próxima. ¡Maldición! ¿Para qué engañarse? Si desde el principio sabías que las manzanas estaban en la alacena de abajo, junto a los recipientes donde guardas las verduras. ¿Era posible? ¿Tendría sentido seguir pensando que todo era obra de un bromista?

Pero, como dicen, eres un hueso duro de roer y piensas que sería imprudente precipitarse y creer en magia sólo por la ejecución impecable de un par de trucos. ¿Creer tan fácilmente que las manzanas habían dejado de existir sólo porque una máquina decía poder conceder esa clase de deseos y porque, con increíble sincronía y oportunidad, las manzanas que tenías en la casa habían desaparecido? ¡Ja! No serías quien eres: una persona realista, objetiva y pensante. Las manzanas que tenías estaban ahora "fuera de tu vista" y no "desaparecidas". Había una gran diferencia entre ambas circunstancias. Sólo tenías que comprobar que todo lo que había pasado era producto de una mala pasada o de una muy buena broma, para que al final pudieras reírte recordándolo, ya fuera porque terminaras encontrando las dichosas manzanas o porque encontraras la manera de desquitarte del o los bromistas.

Dispuesto a encontrar respuestas, sales de casa y te diriges al supermercado más cercano. Tan pronto llegas, te diriges al lugar donde sabes encontrarás las manzanas. No tienes ni la más mínima duda de que estas estarán ahí, como siempre, aguardándote. Llegas al área de frutas y verduras. Las buscas en el lugar donde casi parece una tradición nacional que se encuentren. Ni rastro de ellas. En su lugar están las peras que, impasibles, parecen burlarse de ti como diciéndote: "¡Te lo dije!". Se te ocurre preguntarle entonces a los empleados que, según, están para atenderte. Le preguntas a tres y los tres, invariablemente, se te quedan viendo con ojos muy chiquitos como si les hubieras preguntado por un producto... ¿Inexistente? ¡¿Es qué no conocen las manzanas?!, los cuestionas. "M-a-n-z-a-n-a-s", le repites al último pronunciando, casi deletreando, su nombre. Pero el muchacho, como salido de una estúpida serie gringa de televisión, sólo te dice: "No tenemos eso que usted dice, pero tenemos peras y están en oferta". Sales de ahí. Empiezas a preocuparte. Regresas a casa. Una vecina, casualmente, pasa por la calle. La saludas y te pones a platicar con ella de cosas sin importancia. Poco a poco, pasas de los chismes del día a los precios en el súper hasta que, finalmente, le comentas sobre lo caro que están las manzanas. La vecina se te queda viendo con la misma cara de mono estreñido que los empleados del supermercado. Disculpe, pero... ¿Qué es eso?, te pregunta. No dándote por vencido, le respondes de la mejor manera que puedes y le preguntas que cómo era posible que no las conociera. Ella niega haber conocido antes algo parecido: "En estos tiempos modernos _agrega_ ya ni saben que inventar". Terminas la plática lo más rápido que puedes y entras a tu casa.

Dos palabras de la vecina logran filtrarse al interior de tu casa, repitiéndose en tu cabeza como segundo eco del día: "...tiempos modernos...". Si las personas te habían fallado, ¿Te fallaría un invento de los tiempos modernos como la Internet? ¿Sería posible que Google, Yahoo o MSN desconocieran también las manzanas que, desde la época antigua, habían acompañado al hombre en su conflictivo andar por la Tierra? Te apresuras a llegar a tu computadora. Esperas a que se inicie el sistema operativo. Los segundos que tarda la serie de pequeñas barras en pasar de izquierda a derecha en la parte central del fondo negro del monitor parecen interminables. Cuando al fin tienes acceso a Internet buscas cualquier cosa que sirva de indicio de que las manzanas, las benditas manzanas (que ya comienzas a extrañar), existan. Después de un buen rato de buscar, página tras página, y de consultar toda clase de sitios en la red de redes no tienes más remedio que desistir. Aparentemente, nadie sabe nada acerca de las malditas manzanas.

¿Dónde no haz buscado todavía? ¿En qué sitio se les ha tenido siempre en cuenta como algo importante? ¿En dónde se habla de ellas como objeto de tentación? ¿Qué fuente de información, leída por muchos, las ha expuesto como parte del mito de la creación? La Biblia, tu última esperanza. De entre los católicos no eres el más devoto, pero afortunadamente casi todo el mundo tiene siempre una Biblia en casa. La buscas. Hace mucho que no la lees. La encuentras donde la guardaste la última vez. Huele a polvo. Quizá después de comprobar lo que estás seguro encontrarás en ella retomes la lectura de algunos pasajes. Buscas en el libro del Génesis el relato de Adán y Eva y... ¡¿Una pera?! El libro cae sobre tus piernas como si de pronto se hubiera vuelto de piedra. ¡El objeto de tentación con el que la serpiente tienta a Eva y Eva a Adán es una pera! La palabra "pera", impresa en una hoja de coloración más amarilla que blanca, parece burlarse de ti otra vez. El "te lo dije", que antes les escucharas a sus hermanas no impresas en el supermercado, parece retumbar con fuerza en tu cabeza.

Entonces, al fin de cuentas, no era una broma. El "Filtro universal de poder ilimitado" era real, como también sus advertencias, el costo por usarlo y su extraño poder de cambiar al mundo, haciendo posible que las cosas malas por fin desaparecieran y de preservar, únicamente, las buenas, aquellas en las que habías soñado toda tu vida y que nunca habías podido disfrutar a la perfección porque tenías que tolerar siempre otras cosas que, brutalmente, te demostraban que todo era perfectible, incluyéndote… y ese poder infinito… estaba ahora en tus manos...

Aguardas a que otro eco se esparza dentro de tu cabeza, un par de palabras que te sirvan de pista para saber lo que pasará a partir de este momento, pero... nada. Por primera vez, desde que comenzara este embrollo, en tu mente no hay cabida más que para tus propios pensamientos, y estos no tardan en hacerse escuchar, formulándote la pregunta más evidente ahora: ¿Qué es lo que harás?

Te diriges a la habitación donde está la máquina. No te extraña que ésta se encuentre en el mismo lugar dónde la dejaste. El no haberla hallado ahí habría significado... ¿Una crueldad o un alivio? Lo que fuera, creada ya la expectativa de tenerla, el vacío que hubiera dejado su ausencia habría sido demasiado. ¿Su presencia era entonces, la mejor prueba de que todo esto iba en serio? Te sientas frente al Filtro universal de poder ilimitado. Estás tan cerca de él que bastaría con levantar sólo un poco las manos para pedir tu siguiente deseo.

¿Qué harás ahora? Lees, nuevamente, el texto inscrito en la base de aspecto metálico de la máquina y, de todas las instrucciones contenidas en él, te das cuenta que una resalta por encima de las demás:

Usted tendrá la oportunidad única de moldear su mundo de acuerdo a lo que usted considere debe desaparecer para que, cuando sea el momento adecuado, usted pueda decir sobre lo que quede: ¡Este es el mundo tal y como debió ser siempre!

¿Qué cosas desaparecer para que al final sólo quede lo que, a tu parecer, debía quedar? ¿Cómo saber como debía ser, exactamente, este mundo? ¿Cuántos años de tu propia vida estarías dispuesto a sacrificar a costa de cambiar las cosas? ¿Cómo saber qué cosas es correcto desaparecer? ¿Era válido que sólo de ti dependiera cambiar las cosas, desapareciendo aquello que consideraras debía dejar de existir? ¿Y si te equivocaras? Si una vez filtradas un par de cosas te dieras cuenta que estabas haciendo mal las cosas, ¿Cómo podrías vivir con eso en tu conciencia? ¿Desearías que desaparecieran los remordimientos y la conciencia también? ¿Cuántas veces podrías ejercer tu poder para desaparecer cosas en este mundo con tal de moldearlo antes de que, incluyéndote por accidente en aquello que filtraras, tú mismo desaparecieras?

Absorto en estos cuestionamientos descubres, desconcertado, que tus manos han resuelto por sí solas un par de cuestionamientos más: las descubres ya puestas sobre la bola de cristal, listas para colaborar, ansiosas por intervenir en la acción más importante de tu vida. No, tus manos no tienen voluntad propia. Sólo han seguido, automáticamente, tus deseos más vulnerables al poder de seducción que la máquina, sigilosamente, ha ejercido sobre ti. La manzana, que en el pasaje bíblico tentara a Adán, se había transformado ahora no en una pera, sino en una máquina parecida a la bola de cristal que en las caricaturas y películas de terror usaban hechiceros y brujas.

Desde lo más profundo de tu ser escuchas, con la emoción que tu propia voz podría proferir en este momento si lo dijeras en voz alta, un último y entusiasmado eco: ésta es tu oportunidad de cambiar realmente las cosas. ¡El mundo como tú crees que debe ser, como debió haber sido siempre! ¿Qué esperas? Sólo tienes que decir "Quiero que desaparezcan...".

Sólo tienes que decirlo.

3 Comentarios:

Sergio Amaya dijo...

Un cuento realmente interesante, pues es una idea que, sin temor a equivocarme, hemos tenido, tenemos o tendremos en algún momento, todos los seres humanos: La posibilidad de cambiar algunas cosas que nos molestan, son inagotables las posibilidades que tendría una máquina de estas. ¿Se imagina alguien pedir que desaparezca la clase política corrupta? Lo que no imaginamos son los efectos colaterales que traería semejante acción. Es aterrador siquiera pensarlo, pero si preguntamos a algún ciudadano medianamente enterado de las intenciones de nuestros "legisladores", con minúscula, como ellos mismos, ¿no se les hace tentadora la posibilidad de desaparecerlos?
Felicidades Fernando Reyes, pues cuando menos en el mundo de la fantasía nos permites saborear una posibilidad.

Anónimo dijo...

¡Muy, pero muy bueno!, me mantuvo en ascuas todo el tiempo, me encanta su forma de escribir, de expresarse, y de contar las cosas.
felicitaciones es muy poco
un beso enorme
zaidena

Fdo. R. Baños dijo...

Sergio (perdón por contestarte hasta ahora _a veces los mensajes se me pierden en mi bandeja de entrada :$_) y Zaidena: ¡Muchas gracias por sus comentarios! :) Parecería que no, pero que comenten tus escritos (hasta cuando no son del todo positivos), te motiva y te reactiva nuevamente ;). ¡Saludos!



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