Por el Psic. Fernando Reyes Baños


Recién egresado de una preparatoria en Acapulco, Gro., ingresé a la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) a estudiar psicología, correspondiendo los primeros tres trimestres a lo que en la UAM llamaban tronco común de la carrera, motivo por el cual, los compañeros con los que conviví pertenecían a diferentes carreras del área de las ciencias sociales y humanidades.

Yo, con apenas algunos meses de vivir en la Ciudad de México, me sentía ajeno a mi entorno social, es decir, aunque en las clases no tenía problemas para seguir el ritmo de los demás, la gente que me rodeaba me parecía tan diferente a lo que conocía que no hallaba referentes que me sirvieran para vincularme con otras personas. En una ciudad tan grande y poblada como en la que estaba, me sentía aislado y desconectado de todo cuanto me rodeaba.

Lo más curioso es que la primera persona con la que establecí un contacto significativo en la Ciudad de México y que me ayudó a ver con mayor familiaridad cuanto me rodeaba no era originaria de ahí.

En la segunda semana de clases del segundo trimestre, entró al salón un alumno nuevo: se trataba de un muchacho que, de alguna manera, detecté enseguida venía de provincia, casualmente del mismo Estado que yo venía: Guerrero. Después supe que ese era uno de los pocos aspectos que teníamos en común, pues resultó que nuestra forma de ser era bastante dispar: yo, reservado, serio, responsable y estudioso; y él, extrovertido, sociable, inquieto y desidioso. A pesar de nuestras personalidades contrastantes, decidimos trabajar en equipo por el resto del trimestre para realizar un proyecto que estaba solicitando el docente para el fin de curso.

El proyecto en cuestión consistía en hacer una monografía de algún suceso acaecido en el Siglo XX. Yo no tenía muy en claro qué suceso podríamos abordar para nuestro tema, pero mi compañero de equipo, llamado Luis, no dudó ni un instante en cuál podría ser: La guerra de Vietnam. Aunque lo relacionado con ese tema no llamaba mucho mi atención, al final coincidí con él, sobretodo porque el motivo con el que Luis defendía su elección, me pareció lo suficientemente válido: ni él ni yo conocíamos mucho acerca del por qué ocurrió esa guerra y, en este sentido, elegir este o cualquier tema que tampoco tuviéramos muy en claro resultaba igualmente válido.

Durante los dos meses que siguieron nos ocupamos de hacer el trabajo: mucho leer, mucho escribir y mucho llamarle la atención a Luis para que no se distrajera, pero afortunadamente no todo era estudio, porque también hubo la oportunidad de salir: íbamos y, maravillado, conocía nuevos lugares donde comer, donde pasear, donde distraerme y hasta donde estudiar, con lo que poco a poco empecé a ganar confianza para moverme por cuenta propia a esos y otros lugares, como si fuera un residente más. Si al principio Luis fue sólo un compañero de trabajo escolar y una especie de guía personal de la selva de concreto que hasta entonces veía tan ajena a mí, para cuando terminó esa segunda parte del tronco común, se convirtió en mi primer y mejor amigo de la Ciudad de México.

¿Y el trabajo sobre La guerra de Vietnam? Pudimos terminarlo desde luego. Recuerdo que casi el último día de clases fuimos hasta el cubículo del docente, el buen Dr. Ricardo A. Yocelevzky R., para recibir su evaluación. Yocelevzky, un señor serio y muy formal, nos hizo buenos comentarios acerca de lo que hicimos al punto que, según me juró Luis después de que salimos, cuando se refirió a los últimos acontecimientos que describíamos, dijo: “¡…hasta que los votaron a la chingada!”. A mí no me consta, porque no recuerdo habérselo escuchado decir, pero… a fin de cuentas, ¿por qué tendría que dudar de la palabra de mi mejor amigo?

2 Comentarios:

Anónimo dijo...

hey otra vez como ya tiempo atras me gustaria dejar plasmado mi interes por ..... ocupar su pagina "maistro" para subir alguno de mis textos..... que se que no tienen nada que ver pero en la pestaña de !poesia" ya que esta en tan venevolente que has nos perdona los horrores hortograficos!!!!! seria capas de dejarme publicar en ella que dice... seria un punto de vista alterno a la vida no creee? att. poncho el que aun deve su materia y que promete pasarla en este 2011 ahi sea que tenga que escribir desentemente en esta pagina desde ayuda con estratejias a estudiantes hasta bellos versos deseosos de mi bienaventurado BENEDETTI!!!! saludos profe!!!!

fdoreyesb dijo...

Estimado Poncho: admito con sinceridad que por la ortografía y redacción de tu comentario casi tuve ganas de vomitar, ya que te viste como todo un "hexttudianthe" (¿o debo decir un "hejrrezhadou"?), pero espero (digo, la esperanza es lo último que muere) que tus poemas sean un portento tan excelso que la RAE tenga que admitir a regañadientes neologismos como el de la serendipia (o serendipity) en su diccionario. Bueno, ya hablando en serio: muchas gracias por comentar en el blog y, por supuesto, que espero me envíes tus poemas para su revisión y posible publicación (mi correo o las formas de ponerte en contacto conmigo son varias y todas ellas las encontrarás en la sidebar de esta página). Siempre me es grato estimular el deseo de escribir. ¡Feliz año y mucha suerte en tus proyectos para éste y los siguientes años! Saludos



El contenido plasmado en este blog es producto de la reflexión de su autor, de sus colaboradores y de los pensadores que en él se citan. Cualquier semejanza con la realidad o alguna ficcón literaria, televisiva, psicótica paranoide o de cualquier otra índole es mera coincidencia

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