Claroscuro

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Por el Psic. Fernando Reyes Baños


A veces es difícil contenerlo. Casi siempre habita en calma debajo de mi piel, detrás de mis palabras o cubierto por la tinta oscura de mis letras. En tales circunstancias resulta fácil invocarlo a voluntad. Mansamente se deja embelesar por mi creatividad. Juega conmigo a ser lo que yo quiera. Se transforma en una fiera cuando el enemigo acecha, en una rosa cuando el amor espera, en un circo cuando el aburrimiento reina, en una hoguera cuando el frío se presenta, en un haz de luz cuando la oscuridad es lo único que se aprecia o en la esperanza cuando la soledad es lo único que aguarda. Es su compañía, junto con algunas otras, algo de lo que nunca podría dudar más allá de lo que yo mismo creo en mi persona. Sé que me es vital ser su amigo. Sé que llegarme a considerar por sólo una vez su celador o su tirano cuando las circunstancias parezcan oportunas resulta pretencioso a más no poder, pues… ¿Qué tirano podría ser tan poderoso que pudiera domar su irrefrenable actitud? No obstante… casi siempre tranquilo se haya, quedándose solamente al nivel de una sensación que me eriza la piel, volcándose al exterior como una bella expresión que pretende seducir los oídos de alguien más o transformándose en una oración escrita en una servilleta o en una hoja de papel, para acabar en Internet como un poema exhibiéndose en una página web. Así es como nace el deseo, las palabras sugestivamente articuladas, y los poemas que pretenden plasmar por escrito, la esencia de aquello que desde un inicio les dio vida y sentido. Pero a veces es difícil contenerlo, y cuando sólo un poco me descuido, brota desde algún lugar por detrás de mis ojos y se desparrama en todas direcciones más allá de mi persona. Entonces la realidad que percibo se distorsiona. Sufren sus bien amarradas articulaciones un desgarre brutal, sus partes se repelen unas a otras, y donde antes hubo lo que siempre ha habido, queda el vacío, un vacío tan absoluto que no hay posibilidad ni para la posibilidad misma. Sin embargo, esta vacuidad sólo dura un abrir y cerrar de ojos, porque cuando todo parece perdido, cosas que proceden de ningún lugar comienzan a ocupar el lugar de las que estaban originalmente. Sustituyen lo que había y transforman la realidad por un panorama diferente. Lunas multicolores, montañas voladoras, extrañas naves comienzan a desfilar en derredor. Cosas imposibles ahora reales y acciones impensables ahora factibles son de pronto la regla y no una improbable excepción. Volar a vertiginosas velocidades a lugares insospechados es ahora lo habitual. Sacar al conejo del sombrero deja de ser un truco de malabaristas visuales simplemente porque ahora es magia de verdad. Nada es imposible, todo es alcanzable y no hay límite para lo imaginable. El mundo se convierte en lo que quiero, y por primera vez, puedo verlo como realmente creo que es correcto. Las reglas son mis reglas. No hay cabida para la maldad, el prejuicio, el egoísmo, la mentira o la desconsideración. Nada hay que no sea lo que mis adentros pusieron. Todo es tal y como espero. Puedo contemplarme a mí mismo viendo el mundo que he creado desde el pico más alto y gritar triunfante: ahora por fin el mundo en el que vivo es perfecto y bello. Puedo estirar mis brazos y rehacerlo en su totalidad una y otra vez si así lo deseo. Puedo hacer de él lo que mi fantasía decida. No hay límites… al menos hasta que vuelvo a despertar de mi ensueño y decepcionado puedo darme cuenta de que la realidad, tal cual la hemos conocido siempre, sigue ahí, y que lo único que ocurrió realmente es que mi mundo interior, por sólo un instante, se sobrepuso a lo que hay afuera de mí. Sólo eso. Un momento sobrecogedor, un momento para experimentarse como hacedor de mundos diferentes, un momento privado para vivenciar la seductora complicidad con Dios, un momento para soñar despierto. Sólo eso. A veces mi mundo interior es difícil de contener en su lugar. A veces se me escapa y se plasma sobre la realidad, la hace vibrar y colapsarse por algunos instantes, para luego retirarse y regresar nuevamente a mi interior. Un ensueño nada más, pero… ¿Qué puedo decir? Si no fuera por el amor, los días de quincena y esos instantes para soñar despierto, la cotidianidad podría ser algo menos interesante. Bienvenida sea pues la locura momentánea, el imperio de la lógica más loca por voluntad impuesta y la risa espontánea provocada por la máxima simpleza hecha, porque sin tales elementos no habría mundos futuros por lo que luchar, los que antes de hacerse realidad, primero en sueños deben de reinar.

2 Comentarios:

Anónimo dijo...

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