Por el Psic. Fernando Reyes Baños


Estando en una clase que, a petición de la dirección, el profesor ocupó para hablarles a sus alumnos sobre los reglamentos que la universidad estipula para ellos, 2 estudiantes, quizá interesados en comprender el porqué de tales regulaciones, entablaron con dicho profesor el siguiente diálogo:

Alumno: ¡Son muchas reglas!

Profesor: En efecto, porque la misión de la universidad así lo demanda.

Alumna: ¿Se refiere a lo de “… formar ciudadanos comprometidos con los valores más elevados de la sociedad mexicana… (y a lo de que) Su objetivo final es preparar a sus estudiantes para la vida profesional…” [1]?

Profesor: Sí y de acuerdo a eso habría una serie de características que convendría que los estudiantes universitarios tuvieran.

Alumno: ¿Características?

Profesor: Si, por ejemplo, que el estudiante cumpla con las obligaciones que la universidad establece en sus reglamentos, que se comporte dentro (y fuera) de la universidad de acuerdo con sus normas; que asista regular y puntualmente a sus clases, que esté en el salón de clases cuando llega el profesor; que permanezca en el salón durante su horario de clases, absteniéndose de recibir visitas en horarios de clases…

Alumna: ¿Y si me viene a visitar mi novio?

Profesor: ¡Sobre todo si viene a visitarte tu novio!

Risas

Profesor (continuando con sus ejemplos): ¡Ejem!, y sigo… que no ingiera, use, venda u ofrezca en la universidad (o inmediaciones) bebidas alcohólicas o drogas; que se abstenga de realizar actos contrarios a la moral y a las buenas costumbres; que respete a todos y cada uno de los integrantes de la comunidad universitaria; que cuide su presentación personal atendiendo a las reglas del decoro, etcétera.

Alumno: ¡Uy! Puros estudiantes modelo.

Profesor: Puede ser, pero la idea de plasmar tales características es tener claridad sobre el tipo de estudiante que pretendemos formar.

Alumna: Pero usted en lo personal, ¿cómo describiría al estudiante ideal?

Expectación. Algunos estudiantes del grupo se inclinaron un poco hacía adelante en sus asientos en señal de estar atentos a lo que respondiera el profesor. Los demás guardaron silencio. Después de pensarlo un momento, surgió la respuesta…

Profesor: Bueno, supongo que el estudiante ideal debería tener algunas características que lo identificaran como tal, por ejemplo: que a lo largo de la carrera desarrollara su personalidad de un modo equilibrado y armónico [2]; que su situación familiar se caracterizara por el afecto, por el buen trato y una sólida comunicación con ambos padres; que en el ámbito escolar destacara por su desarrollo de habilidades y competencias…

Alumna: ¡No olvide las TIC! ¿Qué clase de estudiante ideal sería si no supiera aprovechar la tecnología de hoy como herramienta de trabajo?

Alumno: ¡Lo dices porque no sales del Facebook!

Más risas.

Profesor: Pero tiene razón, desarrollar competencias computaciones es ya indispensable hoy… siguiendo con el perfil, diría también que: el estudiante ideal debería aprovechar su tiempo libre para realizar actividades productivas, deportivas y culturales; que, independientemente de la religión que tenga, sea crítico en sus juicios y creativo en su actuar; que sepa valorar el trabajo y que, si tiene que trabajar y estudiar al mismo tiempo, que la conjunción de ambas cosas sea parte integral de su proyecto de vida; que viva su sexualidad con responsabilidad; que la vida en pareja que tenga (noviazgo, matrimonio, hijos, etcétera) se base en el amor, el respeto y la solidaridad; que se prepare buscando su autonomía e independencia, pero sin olvidar sus orígenes; que participe en la sociedad como un ciudadano consciente, responsable y dispuesto a involucrarse en proyectos de servicio social, que valoren problemas de distinto tipo, por ejemplo, ecológico[3]… y, creo que es todo, ¿cómo ven?

Los alumnos se miraron unos a otros y, después de un momento breve, uno de sus interlocutores al fin dijo…

Alumno: “Profe”, ¿le podemos decir ahora lo que pensamos del maestro ideal?


Referencias

[1] Universidad Americana de Acapulco (2008). Legislación universitaria. Acapulco, Guerrero, México: Autor.

[2] Castro, M. E. y Llanes, J. (2007). Desarrollo de habilidades para la vida = prevención. LiberAddictus, 97, p. 113-116. Recuperado el 6 de septiembre de 2010.

[3] INEGI (2000, 30 de noviembre). Encuesta Nacional de la Juventud 2000. Comunicado de prensa 154/2000. Recuperado el 18 de octubre de 2009.

2 Comentarios:

Guillermo E. TibaldO dijo...

Hola Fernando! Muy bueno..

En la teoría muchos sabemos qué es lo correcto, y en qué fallamos.. pero.. cuántos dejan de mirar hacia fuera y se miran así mismos?

Un abrazo grande, me gustó

Suerte!!

Guillermo

fdoreyesb dijo...

¡Hola Guillermo! Muchas gracias por tu comentario. No creas que no estoy, junto con tus demás lectores, a la espera de tu siguiente cuento :D ¡Saludos!



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