Por el Psic. Fernando Reyes Baños*


Enmarcadas en el contexto de las Instituciones de Educación Superior (IES), cuyo régimen es privado y de incorporación al sistema educativo de otras universidades nacionales, atiéndase a las siguientes situaciones que, al presentarse de manera recurrente, evidentemente son susceptibles de mejoría:

  1. Un interesado llama por teléfono a la universidad para preguntar por un diplomado que ésta se encuentra promocionando actualmente a través de algún medio, pero el área que lo atiende no sabe nada acerca del diplomado en cuestión. El área transfiere la llamada del interesado a varias instancias y cada una de ellas le responde lo mismo, transfiriéndolo a la siguiente área hasta que la cuarta (¡Por fin el área correcta!), le informa finalmente al interesado sobre el diplomado por el que pregunta.
  2. En la supervisión semestral que un comité universitario realiza para evaluar el desempeño de las Facultades y Centros que integran el área académica de la institución, se encuentra que los formatos que utilizan éstos para mantener actualizados los programas de estudio, correspondientes a diversas incorporaciones, son distintos aún cuando se les ha insistido en la conveniencia (¡y factibilidad!) de homogenizar tales formatos.

Probablemente, aspectos semejantes requieran algunas consideraciones aparte de las que correspondan a los conceptos de capital intelectual y capital social, pero limitando cualquier propuesta de solución a lo que tales conceptos y sus implicaciones teóricas ofrezcan, se revisará a continuación los elementos básicos de cada uno de ellos, atendiendo a los referentes conceptuales que correspondan según el caso y, en un segundo momento, se retornará a las situaciones precedentes para hacer algunas puntualizaciones pertinentes.

Contrario al modelo industrial donde los factores económicos como la tierra, el trabajo y el capital son altamente estimados, las empresas alineadas con la economía basada en el conocimiento son valoradas por sus activos intangibles, Edvinson y Malone en 1997 por ejemplo, afirmaron que: “El conocimiento, la marca, (la) innovación y otros activos invisibles concentran más creación de valor que los factores clásicos de producción en la gran mayoría de los negocios” (Flores, 2001, p. 1).

Habiendo varios tipos de activos (los físicos y los financieros), los activos intangibles son aquellos que no siendo físicos ni financieros representan empero, una enorme capacidad para producir o generar ingreso (Flores, 2001). Tales activos ayudan a la empresa a desarrollar relaciones con los clientes, a introducir productos y servicios innovadores, así como a desarrollar tecnología de información, entre otros beneficios. Tienen su origen en los conocimientos, habilidades, valores y actitudes de las personas, de ahí que las iniciativas en la gestión del conocimiento y la medición del capital intelectual marquen una diferencia notable en el devenir de la era industrial en la economía del conocimiento.

¿Por qué aspectos como los activos intangibles y el conocimiento son tan importantes para las empresas de hoy? Di Domenico y De Bona (2004, p. 3) responden a esta pregunta de manera sucinta y clara: “(…) toda organización, debe crear continuamente nuevos productos o servicios para conservar su competitividad en el mercado, razón por la cual, los conocimientos necesarios para mantener este ritmo de innovación, se están convirtiendo en la llave del éxito (…)”, en otras palabras, las organizaciones que tienen más éxito en el mercado son aquellas que mantienen su competitividad al crear nuevos productos y servicios, lo cual exige cierto ritmo de innovación, que sólo pueden defender si se aseguran de gestionar y administrar el conocimiento adecuadamente. ¿Cómo pueden lograr las organizaciones esto último? Según Di Domenico y De Bona (2004), invirtiendo en conocimientos nuevos y generando éstos a partir de activos intangibles como por ejemplo: la investigación, el desarrollo de habilidades, la formación continua y un creciente dominio de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC).

A medida que el tiempo avance, afirma Flores (2001), la competencia efectiva estará más basada en estrategias de administración del conocimiento, siendo una de sus partes el capital intelectual, debido a lo cual, se expondrá en lo sucesivo algunos puntos concernientes a las partes que lo integran.

De acuerdo a los autores revisados por Flores (2001): Bontis, Sveiby, Edvinson y Malone, así como Roos y Roos, el capital intelectual está integrado por tres elementos:

  1. Capital humano. Son los miembros de una organización que poseen conocimiento y la capacidad de actuar en múltiples situaciones para crear activos. Tiene su origen en las competencias, la actitud y la agilidad intelectual de los individuos. Este tipo de capital, que puede medirse con base al volumen, no pertenece a la empresa, sino que participa dentro de ella.
  2. Capital interno o capital estructural. Se refiere a las relaciones formales e informales que permiten funcionar a la empresa. Su naturaleza estructural es tan importante que sin ella el capital humano no podría convertirse en capital intelectual. Incluye como elementos específicos: la infraestructura, la cultura y los procesos (algunos ejemplos de tales elementos son las bases de datos, los manuales y los estilos de administración). Este tipo de capital, que puede medirse en función de su eficiencia, reconoce su clasificación en otros tipos de capital: organizacional, innovación y proceso.
  3. Capital externo (relacional o cliente). Tiene que ver con las relaciones con los clientes. Antes formaba parte del capital estructural. Incluye marcas, logotipos, imagen y reputación. Este tipo de capital, que puede medirse en función de lealtad, abarca las relaciones con los proveedores, asociados y el gobierno.

Cabe señalar que actualmente es posible medir el capital intelectual a través de modelos que utilizan indicadores vinculados a las actividades más importantes de una empresa. Se usan indicadores debido a la naturaleza intangible que, por definición, es inherente al capital intelectual. Entre tales modelos de medición están el Balance Scorecard, el Business Navigator y el Intangible Assets Monitor.

Hasta aquí parece claro que maximizar el capital humano puede beneficiar el capital intelectual de una empresa, porque contar con individuos que posean conocimientos explícitos, práctica, experiencia, valores y redes sociales aumentará las probabilidades de que la empresa sea más competitiva en el mercado, pero tales aspectos pueden a su vez beneficiarse y ser mejor aprovechados por medio de otro intangible: el capital social. Si el capital humano crea cambios en las personas, haciéndolas más competitivas dentro de un campo productivo específico, el capital social crea cambios en las relaciones entre las personas, facilitando su acción y, por ende, haciéndolas más productivas (Coleman, 1988). Algunos lineamientos derivados de este tipo de capital son los siguientes:

  • Canales de información. Tiene que ver con la información potencial inherente a las relaciones humanas, es decir, al uso de las relaciones sociales como canales para la información que constantemente se genere.
  • Normas y sanciones. Las normas constituyen una forma especial de capital social debido a que implican la renuncia de cada individuo a algo de su propio interés, para actuar en interés de la colectividad. Ocasionalmente, las normas son apoyadas por un sistema de recompensas externas que promueven las acciones altruistas y desaprueban las egoístas.

Otras formas de manifestarse el capital social, particularmente en beneficio del capital humano, tienen que ver con el tiempo y con la calidad de la atención que los individuos dedican a las relaciones sociales en una empresa, con la intención de generar un ambiente de confianza y colaboración.

Regresando nuevamente a las situaciones expuestas al inicio de este trabajo, queda claro que ambas situaciones podrían mejorar si la universidad que las enmarca atendiera mejor los conceptos aquí revisados: en el primer caso, la situación tiene que ver con el capital externo, pues es el cliente el que se ve afectado por la falta de información (o insuficiente atención a la misma en caso de que ésta, efectivamente, hubiera sido dada a conocer en la promoción que detonó la llamada), lo que en cualquier caso, crea una mala imagen en la percepción del cliente acerca de la seriedad con que la institución responde a su petición de un dato certero; en el segundo caso, la situación se vincula con el capital interno o estructural, ya que el problema en cuestión, susceptible de medirse en términos de eficiencia, tiene que ver con las relaciones entre quienes integran ciertas áreas de la universidad y su dificultad para lograr que todos manejen los mismos formatos, es decir, que todos se organicen de acuerdo a esa directriz, lo que probablemente tenga que ver, hasta cierto punto, con el capital social, ya que probablemente no sólo se trate de un problema de desorganización, sino también de un problema en las relaciones sociales entre quienes dirigen las áreas involucradas (habiéndose descartado ya, por supuesto, el problema de que dicha homogenización en los formatos resultará incompatible debido a las distintas propuestas provenientes de las diversas incorporaciones). ¿Otra posibilidad? Casi inconcebible, pero válida: es probable que algunas áreas desconozcan algunos elementos o procedimientos que deben tomarse en cuenta a la hora de homogenizar los formatos utilizados, lo que implicaría además trabajar el capital humano en los integrantes correspondientes, es decir, con sus conocimientos sobre diseño curricular involucrados en tal empresa.

Hace algún tiempo entre algunos docentes existía el dilema de si una IES debería ser considerada como una institución educativa o una empresa y, casi siempre, el villano de esta discordia dicotómica terminaba siendo la segunda opción: ¡No se debe comerciar con la educación decían!, decían.

Al margen del posible dilema ético que implique este cuestionamiento, hoy al escribir estas líneas, me pregunto: ¿exactamente qué querían decir esos profesores cuando defendían que una universidad debería ser concebida como una institución educativa? Sin caer en polarizaciones, resulta innegable la congruencia vertida en los conceptos y argumentaciones de los autores revisados con anterioridad.

Irrefutable es que el capital humano de cada quien es cada vez más importante en un mundo globalizado como el que vivimos en la actualidad, que el capital intelectual de las organizaciones y las empresas, sean con fines de lucro o no, también lo es y que el capital social resulta esencial, dado que las organizaciones de ahora, por más eficientes que puedan llegar a ser, como la metáfora mecánica que utilizó Gordillo (2008) del 4x4, no podrán descartar tampoco esa otra metáfora naturalista del autor anteriormente citado, es decir, la de que una empresa deberá parecerse a un organismo viviente, a una red de cerebros que trabajan juntos y aprenden, particularmente cuando cada persona, quiéralo o no, es parte o va a ser parte, tarde o temprano, de alguna institución, organización o empresa.


Referencias

Coleman, J. (1988). Social Capital in the Creation of Human Capital. En The American Journal of Sociology. Pp. 95-120.
Flores, P. (2001). Capital Intelectual: Conceptos y Herramientas.
Di Doménico & De Dona (2010) Activos intangibles en organizaciones de educación superior: medición e indicadores del capital intelectual.
Gordillo, A., Licona, D., Acosta, E. (2008). Capítulo 1. Las organizaciones que aprenden. En Desarrollo y Aprendizaje Organizacional (Pp. 9-35). México: Trillas: https://www.yousendit.com/download/bFlIV285NmNGR0h2Wmc9PQ.


* El presente escrito fue generado a partir de una tarea que elaboré dentro del posgrado que actualmente estoy estudiando, específicamente, para la materia de Desarrollo de capital social e intelectual.



El contenido plasmado en este blog es producto de la reflexión de su autor, de sus colaboradores y de los pensadores que en él se citan. Cualquier semejanza con la realidad o alguna ficcón literaria, televisiva, psicótica paranoide o de cualquier otra índole es mera coincidencia

Periplos en red busca crear espacios intelectuales donde los universitarios y académicos expresen sus inquietudes en torno a diferentes temas, motivo por el cual, las opiniones e ideas que expresan los autores no reflejan necesariamente las de Periplos en red , porque son responsabilidad de quienes colaboran para el blog escribiendo sus artículos.



Periplos en Red

Grab this Headline Animator

 
Ir Abajo Ir Arriba