Por el Psic. Fernando
Reyes Baños



Las comunidades de práctica o aprendizaje, definidas por Stewart (1998) como grupos vinculados informalmente para resolver problemas comunes, pueden ayudar a las universidades a gestionar los conocimientos de la organización y sus docentes, utilizando, compartiendo, desarrollando y administrando éstos, para que sus integrantes puedan ser capaces de alcanzar sus objetivos. Cuando tales comunidades son virtuales, es decir, cuando sus miembros interactúan continuamente entre sí por medio de redes como Internet para intercambiar información, ideas y experiencias, se denominan comunidades virtuales de aprendizaje (Area, 2009).

Para que la universidad se integrara a una de estas redes de colaboración docente, con los propósitos específicos de que sus docentes se autoformaran y aprendieran de forma colaborativa (Area, 2009), resultaría necesario impulsar el “saber en la experiencia” más que el “saber sobre la experiencia” y, principalmente, vencer algunas de las barreras que, al principio, podrían parecer infranqueables, para quienes usar los recursos que brinda Internet sigue siendo todavía un asunto críptico (Gannon-Leary y Fontainha, 2010).

La factibilidad de que la universidad se integre a una red de colaboración docente representa un reto toda vez que sus potencialidades no sean conocidas por quienes tengan la posibilidad de impulsar su integración desde el interior de la institución: expertos, líderes, autoridades, etcétera, lo que afortunadamente no es una condición sine qua non para que su realización sea posible en algún momento, porque ésta puede formarse eventualmente por iniciativa de sus integrantes fundadores, quienes pueden dar cauce a su inicio y subsecuente desarrollo.

La integración de la universidad a estas redes de colaboración docente puede propiciar la comunicación, la comunidad y la cooperación entre sus integrantes, tres ámbitos de operación conocidos como las 3Cs’ (Pineda, 2007), que en conjunto pueden propiciar el desarrollo profesional y personal de los miembros de la comunidad (Gannon-Leary y Fontainha, 2010), incluyendo el caso de los integrantes más noveles que pueden aprender de los que tienen mayor expertise (Area, 2009).

El tiempo y el espacio, gracias a las redes tecnológicas de comunicación, dejan de ser límites infranqueables para la integración de los docentes a tales comunidades de aprendizaje, pues el hecho de que la comunicación sea sincrónica y asincrónica facilita que el sentido de conexión entre sus miembros se desarrolle (Gannon-Leary y Fontainha, 2010), lo que para algunos autores, Siemens (2004) y Downes (2007) por ejemplo, deja entrever maneras alternativas de concebir el aprendizaje que se genera en tales redes.

En internet, la interacción que llega a suscitarse en las redes sociales temáticas, cuyo interés específico es el desarrollo docente, guarda mucha similitud con el trabajo colegiado que busca generarse constantemente en las instituciones de educación superior. La informalidad, el voluntarismo, la horizontalidad y el trabajo colaborativo que las caracteriza brindan una oportunidad de gestionar el conocimiento democráticamente con un sentido de unidad para sus miembros. En lo personal, sitios como Aula21.net, Aulablog21, Aula del blogfesor Paco, Taller de Blogs, Planeta Educativo, Grupo Blogfesores, EduWikis, Web20-Educación, Informática aplicada, red social de profesores peruanos, etcétera, podrían ser un punto de partida para implementar esta clase de proyectos, siempre y cuando fuera posible primero, superar las dificultades inherentes al inicio de semejante actividad. Las ventajas de conseguirlo son muchas, entre ellas, aprender no sólo a partir de la propia experiencia de aprendizaje, sino también a través de la experiencia de los demás (Siemens, 2004), pero también existen desventajas, por ejemplo, que la red virtual no proporcionara experiencias de aprendizaje satisfactorias a los miembros de la misma o que su objetivo inicial se desvirtuara con el tiempo (Area, 2009).

Caracterizadas por Castells et al (1986), Gilbert et al (1992) y Cebrián (1992) por su inmaterialidad, interactividad, instantaneidad, innovación, digitalización, automatización, interconexión y diversidad (citado por Cabero, 1996), las tecnologías de información y comunicación (TIC) facilitan la interacción entre los elementos que integran el ámbito educativo: estudiantes, docentes e, inclusive, materiales, lo que permite el consumo, la producción y la distribución de información, misma que puede ser utilizada sincrónica o diacrónicamente, rompiendo así, según lo afirmara Adell en 1997, “(…) la unidad tiempo-espacio (para crear) ambientes educativos soportados por un sistema de comunicación mediado por la computadora” (citado por Santiago et al, 2007, p. 217).

¿Qué representan las TIC para la formación y operación de las redes virtuales de aprendizaje? Características, cambios y posibilidades en la forma de gestionar el conocimiento, de enseñar y aprender, de interactuar tanto dentro y fuera del espacio físico de la universidad, de experimentar ese sentido de conexión que comentan Gannon-Leary y Fontainha (2010) y que, probablemente, sea ya el antecedente de una manera de aprender más ad hoc con la tecnología que acompaña a muchos de los procesos que se generan en la sociedad actual, permitiendo la creación de entornos de formación caracterizados por la interacción multidireccional entre los participantes, lo que favorece la construcción de aprendizajes y el desarrollo de competencias (Santiago et al, 2007).

Obviamente, a la par de las bondades de interactuar en comunidades de aprendizaje de manera virtual, existen algunas desventajas que ineludiblemente habrá que superar, tales como: la irregular participación de los miembros, la movilidad del foco de atención a lo educativo y que los integrantes de la red experimenten como poco educativas sus experiencias en la misma (Area, 2009), sin mencionar por supuesto, la dificultad implicada con el inicio de esta actividad y en lograr que este tipo de interacción no sólo se vuelva parte de la cotidianidad de los docentes, sino también que su característica permanente sea la innovación y la posibilidad de generar productos que permitan administrar adecuadamente el conocimiento.

Según los colaboradores de Wikipedia, compartir información útil para todos, tener con los demás miembros intereses comunes e interactuar activamente para mejorar la comunidad, se relaciona con el software que inspiró el desarrollo tecnológico de las redes sociales online, el cual se basó en la teoría de los seis grados de separación, según la cual, cualquiera puede estar conectado con otra persona alrededor del planeta por medio de una cadena de conocidos que no pasará de cuatro intermediarios. Esta posibilidad de conectarse con otros, con cualquiera que también sea parte de la red, alienta la participación de los miembros en las megacomunidades como también, por razones prácticas, en las redes abiertas para el intercambio de archivos, pero… ¿Qué pasa en las redes temáticas o microcomunidades? En ellas la calidad de la participación entre los miembros pesa más que la cantidad de miembros conectados a la red. Cuando tales redes están formadas por docentes, que dicha participación se caracterice por un principio de comunidad abierta, por su horizontalidad y por vincular a los usuarios en torno a un mismo tema o actividad, brinda la oportunidad de que tales integrantes colaboren fluidamente entre sí, lo cual sería imposible si no hubiera una plataforma web que sirviera de soporte tecnológico y brindara las herramientas necesarias para la interacción (Area, 2009). Ser miembro activo de una comunidad de aprendizaje virtual empero, demanda para los docentes que desearan participar, el desarrollo de una serie de competencias y de aprendizajes importantes, entre ellos:

  • Entender que el aprendizaje informal es cada vez más importante.
  • Aceptar que aprender y colaborar con otros profesores resulta esencial en una época en que el conocimiento evoluciona muy rápidamente (Siemens, 2004).
  • Trabajar con la idea de que muchos de los procesos manejados tradicionalmente por las teorías del aprendizaje ahora pueden ser descargados con el apoyo de la tecnología.
  • Aprender a aprender, a colaborar con los demás, siempre con respeto.

Area (2009) menciona que de unos años a la fecha el uso de las TIC han transformado varios aspectos de la sociedad, al grado que los docentes que actualmente no usan tales tecnologías para impartir sus clases o para ser parte de una red social que represente para su desarrollo personal y profesional una oportunidad para aprender, son vistos cada vez más como “rara avis” en comparación con quienes no sólo son conocidos en su localidad por sus logros profesionales y/o académicos, sino también en internet cada vez que participan en la comunidad de aprendizaje de la cual son parte, produciendo con su comunicación un alud de reacciones que retroalimentan la experiencia, la idea o el conocimiento que está compartiendo.

El reto para las universidades es aprovechar o impulsar esta clase de actividades, buscando la manera de formalizar la experiencia, para reconstruirla y convertirla en un documento u objeto digital, que sirva a otros docentes para innovar su propia práctica, sobre todo cuando resulta necesario admitir que el contraste señalado por Area (2009) entre lo que se veía hace diez años y lo que es posible ver hoy es más complejo de lo que aparenta, pues todavía hay muchos profesores en nuestro país que para lo único que utilizan Internet es para usar el correo electrónico o que proyectan en la clase diapositivas en PowerPoint, pensando que con tal “proeza” están haciendo, aquí y ahora, algo innovador.


Referencias

Area, M. (2009). Las redes sociales como espacio de formación del profesorado. Razón y Palabra, 63. Recuperado el 25 de abril de 2011 en http://www.razonypalabra.org.mx/n63/marea.html.
Cabero Almenara, J. (1996). Nuevas tecnologías, comunicación y educación. Revista Electrónica de Tecnología Educativa, (01). Recuperado el 11 de febrero de 2010 en http://www.uib.es/depart/gte/revelec1.html
Colaboradores de Wikipedia (2008). Red social. Consultado en agosto 29, 2008 en http://es.wikipedia.org/wiki/Red_social.
Downes, S. (2007). What connectivism is. Half an Hour. Recuperado el 9 de septiembre de 2008, de http://halfanhour.blogspot.com/2007/02/what-connectivism-is.html.
Gannon-Leary, P., Fontainha, E. (2010).Communities of Practice and virtual learning communities: benefits, barriers and success factors. Elearningpapers. www.temoa.info.
Pineda Serrano, Blogs (2007). Las 3C's de las redes sociales. Consultado en septiembre 8, 2008 en http://lapautaqueconecta.blogspot.com/2007/05/las-3cs-de-las-redes-sociales.html.
Santiago Castro, Belkys Guzmán y Dayanara Casado (2007). Las TIC en los procesos de enseñanza y aprendizaje. Laurus, 13 (023), 213-234. Recuperado el 12 de febrero de 2010. http://0-redalyc.uaemex.mx.millenium.itesm.mx/src/inicio/ArtPdfRed.jsp?iCve=76102311&iCveNum=8254.
Siemens, G. (2004). Connectivism: A learning theory for the digital age. Recuperado el 18 de septiembre de 2008, de http://www.elearnspace.org/Articles/connectivism.htm.
Stewart, T. (1998). Capítulo 6. El capital humano en La nueva riqueza de las organizaciones: el capital intelectual. Pp. 129-166. Barcelona: Granica. http://www.megaupload.com/?d=F2H4H7HW.



El contenido plasmado en este blog es producto de la reflexión de su autor, de sus colaboradores y de los pensadores que en él se citan. Cualquier semejanza con la realidad o alguna ficcón literaria, televisiva, psicótica paranoide o de cualquier otra índole es mera coincidencia

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