Por el Psic. Fernando Reyes Baños


¿Estar con el tiempo o no estar con él? No tenemos opción realmente, ¿Verdad? Mientras vivamos padeceremos su compañía aún cuando no siempre la queramos, ¿Cómo aprovechar mejor entonces su inevitable influencia? Sin afán de complicarnos la vida, a la pregunta ¿qué es el tiempo? podemos contestar, de acuerdo a la definición que nos brinda el diccionario de la Real Academia Española, que éste es una magnitud física con la que medimos la duración de las cosas susceptibles al cambio, útil para ordenar una secuencia de sucesos en términos de un pasado, presente y futuro. Independientemente de cualquier discusión que pudiera derivarse de una enunciación tan simple como la anterior, lo que realmente nos importaría es pensar tantito en torno a la relación entre este concepto y lo que hemos venido discutiendo anteriormente acerca del estudio.

Así pues, si estudiar es una actividad que amerita de estrategias y organización para llevarse a cabo con efectividad, ésta última debe considerar el factor tiempo como primordial para pensar en el plan de trabajo más conveniente para su realización, no sólo en relación con otras actividades, sino también para todo cuanto implica el estudio en sí mismo: esforzarse para dominar cierto tema, repasar, hacer tareas, preparar exámenes, etc. Como quizá hayas sospechado ya, términos como “organización”, “tiempo” y “plan de trabajo” apuntan, efectivamente, a programar las actividades que realizas, semana tras semana, con la única intención de que puedas lograr las metas académicas que te propongas, aprovechando de la manera más conveniente, el tiempo que tengas a disposición.

Es probable que al final de esta última frase te hayan surgido algunas dudas sobre lo que estamos comunicándote. Esperando sean las mismas que apuntaremos a continuación, expondremos las tres que suponemos requieren de una explicación más amplia:

¿Tendré realmente tiempo disponible para ocuparme del estudio?

¿Qué significa exactamente que me proponga una o varias metas académicas?

¿Cómo programar las actividades que realizo semanalmente para lograr eso que han llamado “plan de trabajo”?

Para ir en orden y no olvidar detalle, te proponemos ocuparnos individualmente de cada una de estas preguntas.

Tiempo disponible para el estudio. El año pasado algunos estudiantes de nuevo ingreso, que habían sido seleccionados para tomar un curso por los bajos promedios que traían del bachillerato, se mostraron inconformes ante la idea de ocupar así su tiempo. La razón que daban algunos de ellos era que no tenían tiempo para asistir a éste por el número de materias que tenían ese semestre (que recordemos: era apenas el primero). Lo paradójico de esta situación es que el curso en cuestión sólo involucraba de su tiempo una sola hora a la semana y que la temática que éste trataba giraba en torno, precisamente, de las estrategias de estudio, entre ellas, la concerniente a cómo aprovechar mejor el tiempo para sus cursos semestrales. Esta anécdota nos recuerda a esa historia del hombre de mucha fe que, a punto de encontrar la muerte en medio de un desastre que azotaba el lugar donde vivía, esperaba a que un ser supremo lo salvara. Pacientemente, el personaje de esta historia espero a que un milagro sucediera. Tres veces tuvo la oportunidad de salvarse por la mano del hombre pero, imperturbable, él esperó a ser salvado por el destinatario de sus oraciones. Como eso no sucedió, cuando nuestro personaje acudió con el supremo ser al que le había rezado, le preguntó a éste desesperado por qué no lo había salvado. Éste le respondió: “Hijo mío, ¿no puse a tu disposición, en tres ocasiones distintas, la oportunidad para que te salvaras?” De ambas historias se nos ocurre pensar, al menos, en dos moralejas: una, que a veces para ganar tiempo resulta imprescindible invertir un poco del mismo, antes de empezar cualquier cosa, para saber cómo podemos aprovecharlo mejor una vez que emprendamos algo; y dos, que una oportunidad mal aprovechada para aprender cosas nuevas representa siempre una vital pérdida. ¿Recuerdas cuáles fueron nuestras últimas palabras en la parte uno de esta Guía? Escribimos: “aprender es aprender con los demás”. Y esto implica ya de por sí una oportunidad porque, querámoslo o no, siempre necesitaremos de alguien más para alcanzar cualquier objetivo. Por minúsculo que éste sea. Y así como Roma no se hizo en una sola noche, Roma tampoco se hizo por obra de un sólo hombre, ni siquiera por la intervención de tan sólo dos personajes míticos como Rómulo y Remo. Acéptalo: es difícil que alguien sepa todo sobre todo. Siempre habrá algo que se nos escape. No esperes que una fuerza ultraterrenal venga y te haga el milagrito. Entre tus semejantes habrá, seguramente, quienes tengan valiosas lecciones para ti gracias al saber y a la experiencia que han atesorado con su preparación y actividades profesionales. Juicioso y congruente tendrás que ser para saber identificarlos.

Quizá uno de ustedes se preguntará: “¿No es una exageración eso de que una oportunidad mal aprovechada para aprender algo nuevo represente una VITAL PERDIDA? Después de todo ninguno de nosotros peligra por la proximidad de un holocausto menor”. A un comentario semejante nosotros lanzaríamos tan sólo el siguiente cuestionamiento: ¿Realmente es así?

Metas académicas. Estudiar sin tener metas académicas es como correr una maratón ignorando hasta dónde queda la meta final. Ahora que estás empezando el semestre es el mejor momento para pensar en ellas. Pensar en ellas y ponerlas por escrito. ¿Por qué? Porque al plasmar en papel tus metas académicas te obligas a pensar con claridad en ellas. Es como cuando te pide el profesor que escribas un ensayo sobre algún tema en particular. Al principio, la idea te parece sencilla porque piensas en ella, y al parecer no encuentras dudas sobre lo que escribirás, pero… ¡Qué diferente es la situación cuando empiezas a trabajar! Lo que antes parecía tan claro ahora es vago e impreciso. De ahí la importancia de escribir tus metas. Al hacerlo, sabrás con exactitud hasta dónde pretendes llegar. Serás como el maratonista que sabe hasta dónde tendrá que correr, y que gracias a este saber sobre su meta, puede planificar anticipadamente cómo logrará lo que se propone.

Programa de actividades. Tu siguiente paso es elaborar un programa de actividades, con el cual puedas ver con regularidad, los tiempos que tú mismo escojas para lograr, paso a paso, tus metas académicas. Como resultará obvio, la idea es mostrarte una estrategia que te sirva para organizar tus actividades, aprovechando al máximo el tiempo que tengas para realizarlas.

Tratar este tema resulta preocupante para muchos estudiantes, porque vislumbran en toda programación que se les proponga, una amenaza para su tiempo libre. Calma. Si tú te cuentas entre quienes aprecian su tiempo libre no tienes porque alarmarte. Descubrirás que planear por anticipado el mejor momento para realizar cada una de tus actividades cotidianas es muy conveniente. ¿Por qué? Porque así sabrás cuándo tienes que trabajar y cuándo no tienes que hacerlo.

Veamos 2 maneras de hacer un programa de actividades:

1.Programación maestra. Incluye, únicamente, las actividades más importantes que realizas durante el día, mismas que generalmente se caracterizan por ser inamovibles. Ejemplo de tales actividades son: las clases, las horas de comer y de dormir, y los compromisos de trabajo. Te sugerimos usar una hoja cuadriculada para su elaboración. En esa hoja haz un cuadro y divídelo de la siguiente forma:

• Un primer renglón por encabezado que contenga los días de la semana,
• Una primera columna (de preferencia a la izquierda), que tenga las horas del día, y
• Una parte central que sirva para que anotes tus actividades de acuerdo a los días de la semana y a las horas del día.

Como esta clase de programa te será útil como marco básico, principalmente para tus actividades escolares, te sugerimos elaborarlo al principio de tus cursos semestrales.

Como la programación maestra se ocupa solamente de las actividades más importantes e inamovibles que realizas semanalmente, al elaborarla seguramente te quedarán muchos espacios vacíos entre una actividad y otra. Una forma útil de aprovechar estos espacios vacíos es llenarlos con las actividades no contempladas por la programación maestra, es decir, aquellas que varían semana tras semana. Para ello te recomendamos:

• Sacarle varias copias a tu programación maestra, una por cada semana de clases, y
• Usar por semana una copia, llenando los espacios vacíos de la programación maestra, con las actividades que hayas planificado para esos 7 días.

Desde luego que, hay algunas sugerencias que podrías tomar en cuenta a la hora de llenar tu programación maestra semanal:

• Lo único que no puede haber en tu programación son las llamadas “horas muertas”. ¿Por qué? Porque no hay lapso tan breve que no puedas utilizarlo de algún modo.
• Aunque te resistas… acéptalo: Es más efectivo usar las horas del día para estudiar que las de la noche.
• Contempla en tu programación tiempo para repasar antes y después de las clases. Lo primero, porque es mejor que estés preparado en caso de que el maestro te escoja para hablar en clase, y lo segundo, porque retendrás mejor el contenido de la clase.
• Se dice que lo más recomendable es estudiar en lapsos de una hora y descansar 10 minutos por cada hora de estudio, lo que significa que diariamente puedes estudiar más de una hora y no solamente una (que es lo que muchos estudiantes desearían que se les recomendara).

2. Hoja de programación diaria. Hay una segunda alternativa para hacer un programa de actividades. Se llama hoja de programación diaria. Es más breve que las que vimos anteriormente y más fácil de elaborar. Se trata de una simple hoja de papel en la que se enlistan las cosas que hay que hacer para el siguiente día.
Alguno de ustedes se preguntará en este momento “si utilizo para esta nueva alternativa una simple hoja de papel, ¿no será más fácil que se me pierda? Probablemente sí. Por ello, resultará más conveniente que utilices una agenda personal para esta clase de programación. Además, éstas ya vienen con sus hojas organizadas según los días y los meses del año. Esto te facilitará enlistar con regularidad tus actividades diarias.

Si optas por usar una agenda, ten en cuenta que siempre deberás llevarla contigo. Llévala siempre en tu mochila y considérala desde ya como uno más de tus útiles escolares. Así como un diccionario es esencial para no quedarte con dudas sobre alguna palabra, la agenda que utilices para programar diariamente tus actividades será la guía que te recordará, de manera organizada, lo que tienes que hacer cotidianamente.

El mejor momento para programar tus actividades del día siguiente es en la noche, justo antes de dormir. Podría objetar alguno de ustedes, “¿No sería preferible irse a dormir sin preocupaciones?” Por el contrario, programar tu próximo día antes de dormir te salvará de que te pre-ocupes innecesariamente por lo que pasará mañana. Se trata de que organices por anticipado las cosas en las que te ocuparás después. Ya no te acostarás preocupado por tus deberes de mañana o pensando de más en lo que aún tienes pendiente, porque todo en lo que te ocuparás estará escrito por anticipado y estará ahí cuando lo necesites.

Es lo mismo que arreglar en la noche la ropa que nos pondremos al otro día. Optamos hacerlo así para no tener que pensar en ello cuando nos levantemos, especialmente, si tenemos que hacerlo desde muy temprano. Es cosa de alargar la mano al otro día y comenzar a vestirnos con lo que preparamos. Eso es, justamente, la programación diaria. Es levantarse en la mañana con una idea clara acerca de las actividades que programamos anticipadamente para ese día.

Pero… ¿Qué aspecto puede tener una página de la programación diaria? Observa el siguiente ejemplo:




Antes de terminar este tema de tu guía vital como estudiante universitario, tenemos dos recomendaciones que podrían serte de mucha utilidad:

Ni hablar, los fines de semana no son periodos en el limbo u oportunidades para visitar alguna dimensión desconocida, por lo menos en lo que respecta a tus estudios. Son dos días en los que, definitivamente puedes pasártela de maravilla, pero que también puedes aprovechar a tu favor como estudiante. La siguiente es una propuesta en tres pasos de cómo puedes hacerlo:

Paso 1. Los viernes aprovecha algunas horas de la tarde para repasar y terminar cualquier tarea escolar que tengas pendiente. Después podrás aprovechar el tiempo para relajarte despreocupadamente.

Paso 2. La mañana de los sábados no te levantes tan tarde y dedica algunas horas antes de la hora de comer para estudiar. Así, el resto del día lo tendrás para divertirte.

Paso 3. Reserva el tiempo que tengas después de tu cena dominical para dar un repaso a las clases que tengas el lunes.

Lo anterior, así como todo lo que hemos dicho hasta aquí sobre la forma adecuada de administrar tu tiempo de estudio, te parecerá sencillo de realizar. Ciertamente lo es: Basta con escoger entre la programación maestra o la programación diaria para sentarse a poner por escrito la que nos parezca la más conveniente. Pero el verdadero reto será llevar a la práctica la programación que establezcas para tus actividades cotidianas. Sin acción, no importará cuán bellas intenciones parezcan haber en las metas académicas y en la programación que escribas en alguna agenda. Sencillamente, no ocurrirá nada. Por ello, haz que suceda. Y no esperes que alguien lo haga por ti. Tampoco creas que por escribir hasta dónde vas a llegar y cómo lo vas hacer, mágicamente, las cosas ocurran como lo estás plasmando en papel. Si eso fuera posible, entonces bastaría también con fotocopiar las hojas de un libro para que aprendiéramos automáticamente su contenido. Pero eso no es posible aún. Así que si de veras quieres estudiar, y que hacerlo no te haga las cosas más difíciles de lo que realmente son, lleva a la acción lo que por escrito te comprometas hacer por ti mismo y para tu propio beneficio.

4 Comentarios:

Guillermo E. TibaldO dijo...

Hola Fernando! Una muy buena guía para comenzar los estudios como corresponde. Yo tuve este año, en mi ingreso a Medicina Veterinaria un cursillo parecido, de orientación.

Y puedo corroborar que lo que mencionas es más que cierto, y te permite organizar las actividades para que el estudio por más de interesante no termine por ser un fastidio

Un abrazo y suerte!

Guille

fdoreyesb dijo...

Mi estimado Guillermo: dicen aquí en México que "todo cabe en un jarrito sabiéndolo acomodar", lo cual no sólo vale para la necesaria administración del tiempo que puede eficientar el estudio, sino también para todo lo que hagamos, en el ámbito que sea, por la sencilla razón de que, querrámoslo o no, vivimos en el tiempo (y vivimos por un tiempo), lo que debería hacernos reflexionar de vez en cuando, que vivir es una oportunidad que no puede desaprovecharse. ¡Gracias por tu comentario y mucho éxito en tus estudios! Salu2

Vero dijo...

Excelente artículo, aparte de estar administrando el tiempo de manera optima, se trabaja paralelamente la autoestima con el cumplimiento de metas diarias. :)

fdoreyesb dijo...

Vero: ¡Muchas gracias por tu comentario! Tienes toda la razón al relacionar la autoestima con la administración del tiempo, pues es en el tiempo (y entre cada una de las unidades que el hombre ha usado para medirlo) cuando reflejamos a través de nuestras acciones (y omisiones) cuánto valoramos realmente lo que somos y lo que los demás significan para nosotros. ¡Salu2!



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