Por el Psic. Fernando Reyes Baños


Concentrarse o... perecer como estudiante en el intento

Según Howard C. Warren, concentrarse es el acto de centrar nuestra atención en ciertas partes de una experiencia. Independientemente de que ésta ocurra a nuestro alrededor o en nuestra mente, si al concentrarnos experimentamos con gran viveza los aspectos que nos interesan de ella, es porque al hacerlo involucramos toda nuestra persona. Por ello, concentrarse equivale a enfocar nuestro cuerpo, sentidos y pensamientos en algo. Significa, por ejemplo, ver una película y saber de qué ha tratado hasta el momento o conversar con un amigo en el Chat y saber qué respuesta debemos darle cada vez que nos pregunta “¿Y tú cómo ves?”.

Si todavía hubiera quien dudara sobre la importancia de la concentración, baste con recordar esa escena hollywoodense, casi un cliché ya, en la que dos personajes están tratando de encontrar una solución práctica e infalible a una situación problemática. Uno de ellos está callado y con la vista fija en un lugar indeterminado, quizá con una mano llevada al mentón o con un dedo puesto sobre su sien. El otro está más nervioso. Da vueltas de un lugar a otro y expresa en voz alta su preocupación si no logran hallar una solución. De pronto, el primer personaje explota y le dice al segundo: ¡Cállate y deja de dar vueltas de una buena vez! ¿No ves que estoy tratando de concentrarme? Pregunta (que de tan obvia se antoja estúpida): ¿Para qué quería concentrarse dicho personaje? Respuesta unívoca: Para pensar. Tal es la importancia del tema que nos ocupa ahora. Pensar con claridad precisa, entre otras cosas, de concentración.

El problema de la concentración es que es muy fácil perderla una vez que se está en ella. Walter Pauk dice que por el sólo hecho de darte cuenta de que estás concentrado ya te distrajiste. ¿Por qué? Porque en lugar de pensar en la tarea atiendes al hecho de que estabas concentrándote en ella. Dicho de otra manera: pensar en algo que no sea la tarea en la que te concentras es distraerte, porque tu atención se desvía de ella … ¡Por pensar en tu concentración y no en la tarea en sí!

¿Suena complicado? Que no te distraigan las apariencias. En ésta y la siguiente parte de este artículo podrás darte cuenta que esto de la concentración es sólo cuestión de estrategia. En ambas partes, nos ocuparemos principalmente del tipo de distracciones que pueden romper la concentración y de algunas maneras de cómo poder aumentarla.

Hay dos clases de distracciones: las externas y las internas. Por ahora nos ocuparemos de las que son, aparentemente, las más fáciles de combatir, es decir, las externas.

Cualquier estímulo procedente de nuestro entorno y que disminuya nuestra concentración es una distracción externa. Una plática incesante en el cuarto contiguo, la entrada estrepitosa de una persona en la habitación o la llegada furtiva de un olor considerablemente desagradable, pueden ser ejemplos de esta clase de distracciones. Obviamente, hay diferentes clases de distracciones externas. Están las auditivas, las visuales, las olfativas, las táctiles, las gustativas, y por supuesto, las muchas combinaciones posibles entre cada una de estas. De manera que, estudiar acompañados de la televisión prendida y un plato de palomitas con salsa picante o preparar un examen en condiciones extremas de temperatura no son combinaciones efectivas para estudiar, y menos aún, si nuestra meta es concentrarnos en la tarea que pretendemos llevar a cabo.

¿Hay algo que podamos hacer para no distraernos tanto por esta clase de estímulos? Al respecto, Walter Pauk nos hace cinco sugerencias: Buscar un lugar adecuado, utilizar un asiento cómodo, tener todos los materiales a la mano, contar con una buena iluminación y evitar ruidos. Veamos a continuación, con más detalle, cada una de las sugerencias de este autor:

1. Buscar un lugar adecuado para estudiar.
Ahora que está de moda clasificar cines, programas televisivos y toda suerte de eventos sociales con las siglas VIP (Very Important Person) para distinción de sus destinatarios como personas importantes, inventaremos por nuestra parte siglas parecidas para referirnos a las características que, generalmente, se dice debe tener cualquier lugar que podamos considerar adecuado para el estudio. Estas son las siglas VIT, cuyo significado sería: “Ventilación, Iluminación, Tranquilidad”. Efectivamente, el lugar que elijamos para estudiar debe tener una adecuada ventilación e iluminación, y deberá caracterizarse además, por ser tranquilo y estar alejado del mundanal ruido. Que tales características estén presentes en una proporción adecuada en el lugar donde estudiemos significa: que en dicho lugar no hayan ventarrones, que mientras estemos ahí no sintamos sofocarnos, que la luz sea la necesaria y suficiente para que podamos leer y escribir sin forzarnos la vista innecesariamente y que el ruido (originado por la fuente que sea) no sea motivo para que perdamos la concentración en lo que estemos haciendo.

De lo anterior, surgen algunas preguntas interesantes para los estudiantes:

  • “Si todavía no tengo un lugar fijo donde estudiar, ¿Cómo encontrar un lugar con esas características?”
  • "Y si ya tengo uno, ¿Cómo puedo estar seguro de que éste sea realmente el más adecuado para dicha actividad?”

Aunque para algunos estudiantes responder a estas preguntas no implique ninguna dificultad, el mismo ejercicio puede representar para otros un dilema descomunal. “Intento estudiar en casa, pero no es fácil porque mis familiares siempre están platicando o viendo televisión en el cuarto de a lado”, “intento estudiar en la biblioteca, pero a menudo suele haber ahí mucho movimiento o pláticas de otros estudiantes”, “intento aprovechar los ratos libres en mi trabajo, pero las constantes interrupciones no me dejan concentrarme”, etc., son algunas razones que comúnmente expresan estos estudiantes a la hora de buscar respuestas a interrogantes semejantes.

Tanto si se trata de buscar un lugar adecuado para estudiar como de reconsiderar lo apropiado que resulta el lugar que actualmente se utiliza para ello, parecería esencial que tales estudiantes, para salir de este dilema, debieran evaluar primero la o las opciones que puedan considerar para un caso u otro. Si evaluar es emitir un juicio de valor con el cual se determina si algo es bueno o malo, correcto o incorrecto, conveniente o inconveniente, entonces se trataría de saber:

  • ¿Cuál podría ser mi mejor elección entre las opciones que puedo considerar para elegir un lugar donde estudiar?
  •   El lugar donde actualmente estudio, ¿Es mi mejor elección? ¿Estoy seguro que no hay otra opción que sea aún más conveniente?

Una estrategia muy simple para saber si el lugar que usamos es el más adecuado para estudiar es determinar si se trata de un lugar VIT o no. Sea tu actual lugar de estudio tu casa, la biblioteca de tu universidad, otra biblioteca, el lugar donde trabajas, la casa de un familiar o amigo(a), etc., lo importante será que te preguntes si dicho lugar cumple con la distinción VIT, es decir, si se trata de un lugar con la ventilación, iluminación y tranquilidad que te permitan concentrarte en tus deberes escolares.

Supongamos que tuvieras dudas acerca del lugar donde haz estudiado hasta ahora, y que después de una evaluación concienzuda, llegarás a la conclusión de que éste no reúne los requisitos para clasificarlo como un lugar VIT, digamos, porque se trata del comedor de tu casa, y con demasiada frecuencia, pierdes la concentración debido a que tus hermanitos te interrumpen con sus juegos y gritos. Si llegado a este punto resolvieras buscar un nuevo lugar donde poder estudiar, te encontrarías en la misma situación de aquel estudiante que, habiéndose propuesto evaluar varias opciones, busca elegir la más adecuada, ¿No es cierto? Como es evidente, la pregunta más pertinente después de esta reflexión sería: ¿Y qué hacer ahora?

A esta interrogante podríamos responder con una fórmula sencilla, a saber: Visualizar-Probar-Evaluar-Elegir. Desglosemos ahora lo que implica esta fórmula:

  • Visualizar.- ¿Visualizar qué? Los lugares para estudiar que puedas considerar como opciones viables para elegir entre ellas la mejor. Ciertamente, no se trata de buscar por buscar. Resulta esencial contar primero con un plan para comenzar.
  • Probar.- ¿Probar para qué? Para que sepas cómo te sientes en cada uno de los lugares que hayas elegido como opción. Que digas: “Me sentí bien ahí” equivaldrá aquí, por supuesto, a decir algo como: “Ahí pude concentrarme en lo que estaba haciendo, logré terminar lo que me propuse, no hubo niños jugando y gritando que me distrajeran, al final me sentí satisfecho porque realmente aprendí, etc.
  • Evaluar.- Después de probar cada una de tus opciones es momento de elegir la mejor de ellas. Quizá digas: “En realidad, todos los lugares que elegí tienen algo de ventilación, algo de iluminación y algo de tranquilidad, ¿Por qué es necesario distinguir a uno por encima de los demás?”. A sabiendas que el comentario podría parecerte contradictorio nosotros te diremos que siempre será más conveniente tener más de un lugar donde estudiar en la agenda. Desde luego que esto resultará más fácil si tienes la suerte de vivir en una localidad que te brinde gran diversidad de oportunidades para ello, en cuyo caso podrías alternar incluso, entre uno y otro con periodicidad. Pero… ¿Y si no es así? Mejor recuerda esto: lo importante es elegir la opción que puedas evaluar como la más adecuada para estudiar. Las opciones que no elijas no tienes porque descartarlas así no más. Puedes reservarlas para ocasiones especiales, por ejemplo, cuando la biblioteca que hayas elegido como la mejor opción esté cerrada por un largo tiempo por inventario.
  • Elegir.- Hecha la elección, ¿Hay algo más que pueda decirse? De hecho, si. Se trata de una regla de compromiso para con la opción elegida. Esto significa, simplemente, que resultará más benéfico para tu éxito como estudiante que el lugar que elijas para realizar tus deberes escolares sea exclusivo para tales actividades. Si escogiste un cuarto de tu casa, el espacio de una biblioteca, un establecimiento próximo al lugar donde trabajas o la casa de un familiar o amigo(a), procura: uno, estudiar siempre en ese lugar, y dos, usar ese lugar solamente para estudiar.

¿Por qué? Hay al menos dos razones para explicar tales recomendaciones. Una más evidente que la otra. La primera, porque ya visualizaste, probaste, evaluaste y elegiste cuál es, entre todos los demás, el mejor lugar para estudiar, y la segunda, porque es una manera de programarte automáticamente para iniciar con esa actividad.

2. Utilizar un asiento cómodo.
¿Qué suele recomendarse acerca del asiento que uno debe utilizar para estudiar? En general, se recomienda estar ni demasiado cómodo ni demasiado incómodo. Según este punto de vista, una piedra colosal o la cama más confortable por ejemplo, no serían los asientos más recomendables para estudiar. Si nuestra mejor opción es un asiento que se halle en el punto medio, ¿Qué tipo de asiento debería ser éste entonces?

Si realizáramos una pequeña encuesta, probablemente, la mayoría respondería que la mejor opción sería una silla de respaldo recto. Pero seamos francos y admitamos que después de cierto tiempo de estar sentados en una silla de ese tipo podríamos sentirnos tan a disgusto que por esa misma razón perderíamos, tarde o temprano, nuestra concentración. Por ello, lo mejor es que busquemos una silla confortable, que además de no causarnos malestar después de estar sentados en ella por un buen rato, contribuya a que nos sintamos bien durante nuestro tiempo de estudio. Si te das cuenta, tal y como ocurre con el lugar que eliges para estudiar, ésta es otra clase de asociación.

En lo personal, y si tienes la oportunidad de obtener una, yo te recomendaría cualquier silla que, además de un respaldo confortable, estuviera acojinada, tuviera “descansa brazos” y tuviera ruedas en las patas. ¿Por qué ruedas en las patas? No olvidemos que el estudio es una actividad (intelectual, pero actividad al fin y al cabo). Cuando estudias sigues siendo un ser vivo, y como tal, resultaría completamente artificial que limitáramos al resto de nuestro cuerpo. No significa esto que mientras estudias puedas andar de un lado a otro arriba de tu silla movible… a menos que movimientos semejantes no te distrajeran. Se trata de que puedas darte la oportunidad de experimentar el estudio como una actividad de lo más natural. Además, si de verdad estás concentrado en lo que haces, hundirte un momento en la silla o girar con ella una o dos veces no tendrá para ti ninguna importancia, antes bien, te servirá para ver las cosas desde otra perspectiva, tomarte unos minutos para pensar con mayor profundidad en lo que lees o escribes o simplemente descansar por un instante mientras reanudas tu trabajo con los libros.

Usar una silla con ruedas en las patas para estudiar resultaría mejor, seguramente, para aquellos estudiantes que no pueden evitar hacer alguna clase de movimiento mientras estudian que para aquellos estudiantes que se sienten mejor, exactamente, en la situación contraria, es decir, sentados en una silla con patas fijas. A estos últimos les diría, simplemente… que mejor olvidaran el asunto de las ruedas en las patas.

3. Tener todos los materiales a la mano. Esto, como resultará evidente, significa tener cerca todo lo que uno pueda necesitar para estudiar o hacer un trabajo escolar. Imagínate que pasaría si te dispusieras a resolver una serie de ejercicios matemáticos que implicaran cálculos complejos sin más compañía que la libreta donde apuntaste estos y un lápiz. Seguramente, tendrías que interrumpir esta difícil labor cada vez que necesitaras de algo más: un sacapuntas, cuando la punta de tu lápiz se rompiera o terminara; una calculadora, que indudablemente sabías la ocuparías pero hasta que comenzaste a trabajar se te ocurrió ir por ella; una tabla de datos contenida en el apéndice de un libro, que ni siquiera tienes porque no tuviste la precaución de fotocopiarla cuando estuviste en la universidad, etc. ¿Cuál sería el resultado de todo esto? Caos. Más específicamente, pérdida de tiempo por cada vez que te levantaras a traer algo, lo cual, desembocaría en una tarea que llevarías al otro día incompleta y que tal vez, en el colmo de las improvisaciones, tratarías de terminar en el salón de clases. Agrégale a esto la frustración por haberte quedado en el intento, la pena de tener que pasar por el papelón de inventar una excusa frente al profesor, o tal vez la triste situación de copiarle a otro compañero sus respuestas, fechoría práctica quizá en el último de los casos, pero inútil e insulsa si te pones a pensar en el beneficio que brindará ésta a tu aprendizaje personal. Moraleja (y entre nuestras estrategias ésta es la más simple que podremos aportar en toda esta guía): organízate, organízate antes de ponerte a trabajar. Date un respiro antes de irte de la universidad para preguntarte si ya no necesitas ningún material que puedas solamente ahí encontrar. Consulta qué tareas tendrás que realizar para el día de mañana y las materias que estudiarás o repasarás esa tarde y verifica si cuentas con todos los materiales que ocuparás. Luego, cuando llegué el momento y estés realmente dispuesto a estudiar, organízate primero y asegúrate que tienes a la mano, de la manera más ordenada posible, todo lo que utilizarás en las próximas horas: plumas, lápices, calculadora, reglas, libros, etc. ¿Verdad que es muy simple? Acuérdate de la vez que quisiste hacer una fiesta, o mejor aún, de la primera cita que tuviste con la que ahora es tu pareja. ¿Si o no, en tales casos, hiciste lo que pudiste por no descuidar ningún detalle? ¿O vas a decir que en semejantes circunstancias te distrajiste y no te esforzaste a lo grande para que las cosas salieran como tú querías que fueran? ¿Sabes qué? No te creo. Y con el estudio pasa algo parecido. La cosa es así de simple: si de verás quieres ponerte a estudiar, repasar o hacer tareas, no boicotees tu buena intención poniéndote escollos tú mismo… ¡Organízate y ponte a trabajar! Sólo entonces descubrirás que tratándose de estudiar, si te organizas primero, las cosas saldrán mejor, e inclusive te darás cuenta que, terminarás con tus deberes escolares más pronto de lo que pudiste imaginar.

4. Iluminación. ¿Puede decirse algo más sobre este tema que no sea la sugerencia de contar con una buena iluminación para estudiar? De hecho si. De inicio, precisamos entender con mayor claridad que significa eso de tener una “buena iluminación”. Ésta se refiere a una iluminación que no produzca brillo, ni contrastes extremos ni parpadeos. ¿Leer con la luz del sol cayendo directamente sobre las páginas del libro es adecuado? No. ¿Escribir con una fuente de luz que por su posición produzca sombras sobre el cuaderno en el que se toma notas es adecuado? Tampoco. ¿Y si… ? Menos. Definitivamente, estudiar en un cuarto con una lámpara o foco que parpadee constantemente no es adecuado. Aunque creemos que las recomendaciones en torno a este punto resultan obvias, haremos una breve descripción de las mismas de cualquier forma. El asunto del brillo, prácticamente, lo tienes resuelto porque casi todas las lámparas tienen una pantalla que evita que la luz llegue a ti de manera directa. Sobre el contraste, Walter Pauk (2002: 23) afirma lo siguiente: “La mejor manera de remediar los contrastes fuertes es tener una segunda luz que disipe las sombras causadas por la primera”. Y sobre el parpadeo, una de dos: o verificas si hace falta apretar bien la bombilla o… quizá sea hora ya de que cambies de foco. Si tal fuera el caso, y nunca te haz puesto a pensar en este detalle aparentemente sin importancia, te sugerimos que antes de cambiarlo te preguntes algo: ¿Qué luz usar, incandescente o fluorescente? Extrañado, quizá te preguntes cuál es la diferencia entre una y otra. Va como sigue: la luz incandescente es parecida a la del atardecer, entre amarilla y naranja, mientras que la luz fluorescente es parecida a la del medio día, entre verde y azul. A muchas personas, la primera, puede llegar a producirles toda clase de sensaciones a la hora de estudiar: sueño, pesadez, nostalgia, etc. La segunda, en cambio, a muchas personas nos hace sentir que estamos temporalmente ubicados en la mañana, aún cuando estemos estudiando en realidad en la noche, lo cual, nos motiva y alienta a seguir adelante con lo que estamos haciendo. Pero, al fin y al cabo, es cuestión de gustos. Lo más importante sería que comprobaras con cuál de los dos tipos de luz te sientes más cómodo, no sólo si se presenta el fastidioso caso de un foco parpadeante, sino también si has utilizado exclusivamente una luz de un tipo o de otro.

5. Evitar ruidos. Lo más sano que podríamos recomendarte con relación a este punto es buscar un lugar tranquilo donde estudiar. No obstante, muchos estudiantes afirman que para concentrarse necesitan oír música mientras estudian. Si admitimos que algunos estudiantes pueden concentrarse de esta manera, tendríamos que preguntarnos si, una vez concentrados, escuchan la música que oyen. Este juego de palabras parece albergar alguna clase de trampa, pero no es así. Tales estudiantes, estén concentrados o no, siempre oirán la música que pongan a la hora de estudiar. La cuestión es que, una vez que se concentran en lo que estudian, dejan de atender a la música. Siguen oyéndola, definitivamente, pero su atención se concentra en lo que estudian y la música pasa a ser, como lo dijera en los años ochenta Miguel Ríos, ruido de fondo únicamente. Casi resultaría tentador hacer la prueba con esos estudiantes y bajar, poco a poco, el volumen de la música que oyen mientras están estudiando hasta quitarla por completo para ver si es cierto que en realidad no la están escuchando. Apuesto que en más de una ocasión te llevarías una sorpresa. Pero admitámoslo: la música puede ser una fuente importante de distracción mientras estudias, y si algunos estudiantes están habituados a esta práctica, lo más probable es que no sea del todo funcional para la mayoría, y menos aún, para quienes tienen que superar grandes retos académicos a lo largo de su carrera. Nuestra recomendación, por tanto, sigue siendo válida. Pero, ¿Qué ocurre cuando en el lugar donde estudiamos existe un silencio total? En donde, digamos, hasta la caída de un lápiz podría representar una terrible distracción. Te diré que es más fácil que te acostumbres a un ambiente como este que a uno donde haya ruido constantemente. Y si… nuestra recomendación sigue siendo válida. Así que adelante. A buscar la tranquilidad para estudiar.

2 Comentarios:

acapulcocasas56 dijo...

Este artículo es excelente, bueno tiene las claves para vencer las distracciones, ahora solo hay que hacerlo continuamente y se volvera un buen habito

fdoreyesb dijo...

Hola acapulcocasas56: ¡Muchas gracias por tu comentario! Diste en el clavo: la idea es que los estudiantes lo hagan, que prueben una primera vez, que sigan probando, que vean que funciona, que puede ser benéfico para ellos y que, una vez que se convenzan que les será útil, que no lo dejen de hacer, que lo hagan continuamente, que lo vuelvan un hábito; todo ello para su propio beneficio, que es lo más importante a tomar en cuenta. ¡Nuevamente gracias y saludos!



El contenido plasmado en este blog es producto de la reflexión de su autor, de sus colaboradores y de los pensadores que en él se citan. Cualquier semejanza con la realidad o alguna ficcón literaria, televisiva, psicótica paranoide o de cualquier otra índole es mera coincidencia

Periplos en red busca crear espacios intelectuales donde los universitarios y académicos expresen sus inquietudes en torno a diferentes temas, motivo por el cual, las opiniones e ideas que expresan los autores no reflejan necesariamente las de Periplos en red , porque son responsabilidad de quienes colaboran para el blog escribiendo sus artículos.



Periplos en Red

Grab this Headline Animator

 
Ir Abajo Ir Arriba