Por el Psic. Fernando Reyes Baños


¿Mejorar tu memoria? Todo es cuestión de estrategia

¿Qué maestro, al menos una vez, no le ha preguntado al estudiante más desidioso de su clase por qué no toma notas durante el desarrollo de la misma? ¿Cuál es la respuesta que típicamente recibe? ¿No es verdad que algunos de ellos dicen: “Con ponerle atención aprendo” o “Con escucharle retengo esa información hasta el día del examen”? Casos semejantes podrían hacernos pensar, partiendo del desconocimiento total de la experiencia escolar, en una disyuntiva: O que tales maestros son excelentes o que tales alumnos son excelentes. De antemano sospechamos la trampa que parece implicar cualquier intento de elucubrar respecto a este dilema, así que dejándolo al margen, pensamos que abrigaríamos mayor certeza si, partiendo de un conocimiento más amplio de la experiencia escolar, buscáramos una verdad todavía más evidente: que muchas veces, como estudiantes, subestimamos el poder del olvido y sobreestimamos el efecto que tendrá en nosotros el sólo hecho de atender, por ejemplo, al desarrollo de una clase.

Al universitario que diga: “Con la atención me basta y me sobra para memorizar, por tiempo indefinido, cualquier contenido que reciba durante mi formación”, tendríamos que decirle que: “Más te vale ser un estudiante excelso, porque de lo contrario, tus palabras se equiparan a la sentencia de un suicidio académico”. Analicemos algunas situaciones. Si escucharas una conferencia de principio a fin, ¿Es probable que una hora después de haberla presenciado olvides cómo comenzó? Es probable. Si prepararas un tema para exponer en clase, ¿Es probable que, al cabo de una semana, te resultara muy difícil recordar la mayor parte del contenido que presentaste? Muy probable. ¿Podríamos decir algo distinto acerca de los aspectos centrales que llegan a tratarse durante una clase a través de comentarios, ejercicios, trabajos, etc.? ¡No! Y mejor ni hablar de la suma total de contenidos con los que un estudiante universitario puede llegar a trabajar a lo largo de un semestre, un ciclo escolar o toda su carrera. Por todo esto, resulta obvio que la atención es importante, si, pero no suficiente si lo que queremos es recordar, oportunamente, los aspectos más importantes de una experiencia escolar.

Si a ese estudiante desidioso, el mismo que no toma notas en clase porque confía en la retención que logrará exclusivamente gracias a su atención, repentinamente “le cayera el veinte” (insight para los psicólogos), ¿Cómo podríamos expresar éste de manera verbal? Hipotéticamente, traduzcámoslo de la siguiente manera: “¡Me lleva…! Aún cuando pongo atención en clases se me olvidan los temas que en ellas se tratan, ¿Cómo le hago para recordar los contenidos que vea?”. Imaginémonos que, por un instante, pudiéramos ser “la voz de la conciencia” de este estudiante. ¿Qué le diríamos? En su fuero interno, nuestra voz podría manifestarse para decirle algo como esto: “¡Pues vas a tener que construir tus recuerdos mi chavo! ¿Cómo? Primero proponiéndotelo; segundo, teniendo qué recordar (apuntes de clase para empezar); y tercero, usando algunas estrategias que puedan servirte para trabajar tu memoria”. Analicemos, más detenidamente, estas sugerencias:

§ La primera es una cuestión meramente actitudinal, que sólo podrás adoptar si tienes la convicción de que no es suficiente con llegar al salón de clases, sentarse en la butaca y escuchar al profesor, si no que es necesario que hagas algo para que puedas realmente aprender;

§ La segunda se trata de una invitación, un exhorto, para que generes, estratégica y convenientemente, los materiales que puedan servirte posteriormente para estudiar, repasar o hacer tareas (Más adelante hablaremos ampliamente de este tema; por el momento, baste aquí sólo esta brevísima mención); finalmente,

§ La tercera tiene que ver con estrategias que hasta el momento han demostrado su utilidad académica para ejercitar la memoria en torno a contenidos que requieren ser recordados oportunamente en un momento ulterior.

En esta ocasión, trabajaremos con mayor amplitud esta última recomendación; más específicamente, nos ocuparemos de describir algunas de las estrategias que podrías aplicar para trabajar tu memoria, a saber: El recitado, la práctica distribuida, la clasificación y la visualización mental. Pero antes de entrar en materia quizá resulte conveniente revisar, conceptualmente, de qué trata este asunto de la memoria. Para ello, nos basaremos en algunas ideas que el psicólogo Emilio R. Torres López expuso para un curso de formación docente[1], entre cuyas sesiones de trabajo, abordaba precisamente este tema.

De acuerdo al trabajo de recopilación hecho por Torres López (2004) se denomina memoria “al proceso de recordar contenidos o materiales previamente aprendidos y que se mantienen almacenados para ser utilizados en una etapa posterior”. (Genovard Rosello, Cándido, 2002). Dicho proceso, implica algunas fases que giran en torno a la información que el sujeto recibe, ordena, clasifica y almacena, con el propósito de recuperarla posteriormente cuando la requiera. Observa el siguiente dibujo:



Sin detenernos a examinar de qué trata específicamente cada una de estas etapas, resulta más interesante en cambio, que nos cuestionemos qué implicaciones tiene la totalidad de este proceso para el uso más adecuado de nuestra memoria en los estudios:

§ ¿Atender hasta lograr concentrarnos en lo que estudiamos es importante para memorizar? Definitivamente. Atender equivale a tomar conciencia del contenido que estudiamos para someterlo a un trabajo de reflexión personal.

§ ¿Estudiar de manera ordenada los contenidos correspondientes a las distintas materias que estemos cursando propiciará que los memoricemos más fácilmente? Absolutamente. Si imaginamos, por un momento, que la memoria es una especie de archivero, entonces resultará evidente que la forma de guardar la información que queramos almacenar es por demás importante. ¿Lo mismo vale si usamos como metáfora lo que muchos hemos vivido cuando guardamos una cantidad enorme de archivos en el disco duro de una computadora o de un CD? Por supuesto. La recuperación fácil y rápida de la información que guardemos dependerá de que hayamos establecido, anticipadamente y con claridad, las rutas de acceso a cada uno de esos archivos. ¿Cuál es la forma más eficiente de guardar información en un archivero o en un equipo de cómputo? Guardando esa información de manera ordenada, es decir, ubicándola en los fólderes o carpetas que corresponda y estableciendo un sistema que nos permita clasificar la totalidad de la información por categorías. Pero… ¿Cómo se traduce todo esto para quien ha tomado la decisión de estudiar con orden? Todo empieza con la planificación de nuestras sesiones de estudio (cuestión que ya revisamos cuando te propusimos algunas estrategias para evitar las distracciones internas): Qué estudiarás, cuánto tiempo deberás invertir, cómo trabajarás los contenidos que vas a ocupar y cuál es la meta que te propondrás alcanzar son preguntas cuya respuesta deberás tener antes de ponerte a trabajar. Considera desde ya, que tales aspectos son los puntos cardinales que guiarán con orden tu manera de estudiar. No es lo mismo estudiar cómo se determina, estadísticamente, el coeficiente de confiabilidad para una prueba psicológica con n reactivos que sintetizar el capítulo de un libro para la materia de filosofía, para lo cual, nos piden que propongamos, a través de un esquema acompañado por breves anotaciones, cuál creemos que sea la estructura del mismo. En el primer caso, el qué podría ser el procedimiento por medio del cual podemos determinar dicho coeficiente, el tiempo que requeriremos estará en función de lo que creamos nos llevará entender el procedimiento en cuestión y practicarlo, un cómo adecuado podría ser practicar y resolver los ejercicios y ejemplos que tengamos a la mano, y la meta podría ser recordar, al final de la sesión de estudio, los pasos que se deben seguir para ejecutar con precisión el procedimiento que se está estudiando; en el segundo caso en cambio, resulta evidente que el contenido es el capítulo del libro que en la materia de filosofía nos piden sintetizar, cuánto tiempo podríamos invertir depende de nuestras estimaciones respecto a las diferentes acciones que tendremos que poner en práctica para cumplir con lo que se nos pide: Leer, seleccionar ideas importantes, vislumbrar las partes que integran el texto, etc., el cómo podríamos determinarlo basándonos en nuestras respuestas a dos preguntas trascendentales: ¿Cómo leer para seleccionar del capítulo lo más importante y sintetizar su contenido? y ¿Cómo diseñar el esquema que se solicita partiendo de la síntesis ya hecha para lograr que éste sea, al mismo tiempo, lo más breve y explicativo posible?, y la meta probablemente, sería nuestra propuesta del esquema, acompañado por breves anotaciones, que se nos pidió hacer en lugar de la síntesis convencional. Para ambos casos podríamos sospechar, desde un principio, que será imprescindible invertir una sesión larga de trabajo, con algunas pausas breves entre una hora y otra, para llevar a buen término las metas que hayamos establecido. Sin embargo, estudiar con orden no es nada más preguntarnos qué contenidos vamos a estudiar, cuánto tiempo vamos a invertir, qué métodos vamos a usar y cuáles son las metas que aspiramos cumplir. Se trata de que, por cada sesión de trabajo regular que nos propongamos hacer, nos preguntemos también si la integración de cada uno de estos elementos es la adecuada o no. Por esa razón procuramos explicarte con mayor detalle los ejemplos que acabamos de presentarte. No, no es lo mismo estudiar estadística que filosofía, economía que psicología, historia que arquitectura, etc. De ahí que la reflexión, que sobre estos cuatro puntos cardinales te proponemos hacer, te la sugiramos para el momento en que planees tus sesiones de estudio. De tu planificación deben salir respuestas a preguntas como estas: Si tengo varias cosas que hacer, ¿Con cuál empezaré primero?, ¿Con cuál seguiré después?, ¿Es suficiente el tiempo que pienso dedicarle a lo que tengo que estudiar para este día?, ¿Cuál será la mejor manera de trabajar este contenido en particular?, ¿Qué debo lograr al final de esta sesión de estudio?, etc. Sobre este rubro una última anotación: si de lo que establezcas en tu planificación no pasas a la acción, es decir, a la ejecución de lo que planeaste, entonces… ¿Qué sentido tiene planificar? Recuerda: Tú elijes hasta donde llegar, pero tienes que trabajar por ello. Nadie lo hará por ti, y si alguien lo hiciera, ¿Cuánto valdría realmente lo que al final salieras ganando tú?

Veamos ahora algunas estrategias que podrías aplicar para trabajar tu memoria en la universidad.


El recitado

Cuando estudiaba la universidad viví por un tiempo en una casa de huéspedes en la que me tocó ver un curioso acontecimiento, y cuya narración servirá para ilustrar, una de las estrategias más comunes para memorizar.

Se trataba de un estudiante de preparatoria que, dando vueltas de un lado a otro en el patio de aquella casa, sostenía un cuaderno en una mano mientras que con la otra hacía extraños ademanes como si discutiera enérgicamente con un interlocutor invisible.

De lejos parecía tratarse de un acto histriónico silencioso, pero una vez que logré acercarme a donde el preparatoriano caminaba en círculos irregulares, pude dame cuenta de que sus palabras llenaban el espacio del patio con perfecta claridad. Por momentos, el estudiante leía una parte de sus anotaciones, después apartaba el cuaderno de su vista y trataba de repetir, oralmente, lo que había leído, para luego renovar nuevamente este proceso cada vez que avanzaba con otra parte de sus apuntes. Probablemente, sus ademanes respondían también al hecho de que lo que recitara concordara o no con lo que tenía escrito en su libreta porque los movimientos de sus manos a veces parecían expresar algo como “¡Yes, soy lo máximo!” o “¡hijole, ya la regué!”.

¿Aquel estudiante estaba fumándose algo raro, deschavetado o algo semejante? ¡No! Simplemente estaba estudiando, y poniendo en práctica al mismo tiempo, una de las estrategias más comunes entre los estudiantes de nivel medio superior: el recitado, útil para memorizar cierta clase de contenidos escolares, como pueden ser por ejemplo, las notas de clase.

Ésta, como cualquier otra estrategia que persiga el mismo propósito, pretende facilitarnos la transferencia de la información que aprendamos de la memoria de trabajo (información en la que uno puede concentrarse en un momento determinado) a la de largo plazo (almacén permanente de conocimientos). ¿Por qué nos conviene que ocurra esto? Porque los contenidos que almacenemos en la memoria a largo plazo serán menos susceptibles al olvido, y por lo mismo, los recordaremos por mucho más tiempo a diferencia de los que guardemos tan solo en la memoria de trabajo.

¿Cómo se memoriza información con el recitado? Revisemos a continuación algunas sugerencias para ponerlo en práctica:

1. Divide en partes más pequeñas el contenido que desees memorizar;
2. Lee atentamente el contenido correspondiente a la primera de tales partes y trata después de repetirlo en voz alta sin regresar a verlo;
3. Repite el paso anterior hasta que seas capaz de recitar por ti mismo dicho contenido;
4. Repite el mismo procedimiento con las partes que sigan.

El recitado es ideal para memorizar apuntes, más o menos breves, que contengan información precisa y datos específicos. También puede auxiliarte para preparar contenidos que debas presentar oralmente: exponer un tema en clase, participar en concursos de oratoria y/o declamación o presentar un discurso en ocasiones solemnes.

Cabe señalar que, no siempre resulta necesario que memorices los contenidos al pie de la letra. Dependiendo de las circunstancias, tú mismo tendrás que decidir hasta que punto es necesario hacer esto. En una exposición, por ejemplo, quizá no sea imprescindible decir las cosas tal cual las tengas escritas. Bastará con que comprendas lo esencial de cada idea que consideres presentar y que memorices, únicamente, lo más importante de cada una de ellas. Si eres estudiante de derecho, en cambio, y vas a presentar un examen cuyas preguntas demandan que las respondas textualmente, seguramente deberás ocuparte de memorizar el contenido que estudies con la mayor exactitud que te sea posible.


Práctica distribuida

No es otra cosa, y ya lo hemos explicado antes, que dividir el tiempo que dediques al estudio en sesiones más cortas. Estudiar en sesiones maratónicas sigue probando diariamente, para la “mala suerte” de los muchos universitarios que insisten con llevar a la práctica esta fórmula, ser poco eficaz para memorizar contenidos escolares, entre otros factores, porque limita el tiempo que puede emplearse para trabajar con todos y cada uno de los materiales. Una pausa de diez minutos por cada hora de estudio o trabajo escolar, dentro de una sesión de tres o más horas, serán suficientes para memorizar con éxito los contenidos que tengas que preparar.


Clasificación

Cuando requieres memorizar largas listas de vocabulario para tu clase de idiomas o una serie de conceptos que guardan cierta relación entre sí, quizá te convenga más utilizar esta estrategia. Clasificar consiste en agrupar los términos que tengas que memorizar en diferentes apartados, de modo que la ubicación de estos en uno u otro grupo, te permita manejarlos y memorizarlos con mayor facilidad. Por supuesto que, para que esta estrategia te funcione mejor, debes cuidar que los conceptos agrupados tengan una mayor relación entre sí que con los términos que pertenezcan a otros apartados. Veamos un ejemplo. Observa la siguiente lista de palabras en inglés:



Probablemente, podría resultarte más fácil memorizar estas palabras si las agruparas y formaras listas más cortas:



Todavía podrías facilitarte aún más las cosas si, además de agruparlas tan solo, número uno, reubicaras cada término en un grupo en particular según la relación que pueda haber entre uno y otro, y número dos, asignaras un nombre a cada categoría que formes. En nuestro caso, las lecturas de donde obtuvimos estas palabras (Pavlik, Robert y Richard G. Ramsey, 2000) podrían auxiliarnos para identificar, con una etiqueta, cada uno de nuestros grupos. Una posible clasificación sería la siguiente:



Ample, terrain y serene (amplio, terreno y plácido, respectivamente) son palabras que, por su relación con el encabezado con el que titulamos la categoría que las precede (en español, osos) podemos memorizar por separado como primer grupo, para después continuar con las palabras que pertenezcan a la siguiente categoría y así sucesivamente hasta terminar.


Visualización mental

Consiste en representar gráficamente la información que quieras memorizar. ¿Que no sabes dibujar? ¡No importa! No se trata de que produzcas obras magnánimas. La creatividad que uses siempre podrá compensar tu falta de habilidad pictórica. Lo que de veras importa es la relación que establezcas entre la información que vayas a memorizar y el dibujo con el que intentes representarla.

Veamos un ejemplo. Sea la información a memorizar la siguiente:

“En mayo de 1845 Santa Anna abordó el vapor inglés Midway rumbo a Cuba. Uno de sus acompañantes era Alejandro Atocha”.

¿Cómo representarías gráficamente dicha información? Ésta podría ser una de muchísimas formas de hacerlo:



Como podrás darte cuenta, el dibujo que hagas, basándote en esta estrategia, no tiene porque reproducir la totalidad de los elementos que contenga el material que pretendas memorizar. Recuerda: se trata de usar nuestra creatividad a conveniencia de lo que deseemos memorizar. En nuestro ejemplo: En lugar de escribir “Santa Anna” preferimos sustituir la palabra “santa” por una cruz y ocupar, únicamente, la palabra “Anna” en medio de ésta; en lugar de haber dibujado, digamos, la bandera de cuba o el contorno de ese país preferimos utilizar la imagen de una “cuba” (bebida), en lugar de escribir “Alejandro Atocha” dibujamos objetos que pudiéramos asociar con su nombre (“A” con “Alejandro” y una “antorcha” con “Atocha”), y finalmente, aunque nuestro barco pueda no parecerse en absoluto con un vapor inglés, el dibujo deja en claro que el medio de transporte que sirvió a Santa Anna y a Alejandro Atocha para dirigirse a Cuba fue marítimo, o en otras palabras, una embarcación que los llevo por mar hasta esa isla.

Hasta aquí, nuestra revisión sobre las estrategias que te sugerimos usar para mejorar tu memoria en la universidad. Existen otros recursos por supuesto. La mnemotecnia, por ejemplo, ofrece una gama de procedimientos sistemáticos de asociación que persiguen el mismo propósito (Woolfolk, Anita E., 1999). Algunos de estos procedimientos son: el método de los loci (asociación de objetos y hechos con lugares conocidos), el método de anagramas y siglas (uso de la primera letra de cada palabra a memorizar para formar una palabra nueva que pueda recordarse) y el método de palabras clave (asociación de palabras o conceptos nuevos con palabras clave de sonido similar). Si te interesa saber más sobre tales procedimientos (conocidos en psicología cognoscitiva como mnemónicos), te sugerimos acudir a tu biblioteca y/o consultar en páginas de Internet textos que, por tratar con mayor detalle y profundidad sobre estos y otros recursos, podrían brindarte estrategias, métodos y tips que podrían facilitar tu recuerdo de los contenidos escolares que debes estudiar diariamente.



Bibliografía

Pavlik, Robert y Richard G. Ramsey (2000). Reading and writing Sourcebook. United States of America: Great Source Education Group.
Genovard Roselló, Cándido (2002). Consejo y orientación psicológica [4ª ed.]. Madrid: UNED.
Woolfolk, Anita E. (1999). Psicología educativa [7ª ed.] México: Prentice Hall

[1] Curso Estrategias de aprendizaje para docentes de educación superior aplicado de marzo a junio de 2004 por la Facultad de Psicología en la Universidad Americana de Acapulco bajo la coordinación del Psic. Fernando Reyes Baños.



El contenido plasmado en este blog es producto de la reflexión de su autor, de sus colaboradores y de los pensadores que en él se citan. Cualquier semejanza con la realidad o alguna ficcón literaria, televisiva, psicótica paranoide o de cualquier otra índole es mera coincidencia

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