Del olvido...

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Por el Mtro. Rodrigo Juárez Ortiz


El deporte es consustancial a la existencia del ser humano, lo cual no se circunscribe al mero ejercicio físico, sino que requiere de entrenamiento, de constancia y del desarrollo pleno de ciertas peculiares facultades de los seres humanos, básicamente.

Así se han creado disciplinas específicas para desarrollar dichas facultades, tanto como se han creado competencias para estas especialidades como un estímulo para su desarrollo a grados de obtener la excelencia en los diferentes ámbitos de su ejercicio, ya sea local, nacional o internacionalmente considerando el grado o nivel de las diferentes capacidades que los deportistas puedan realizar al respecto.

De esta guisa se organizan torneos, competencias, juegos, olimpíadas, de ciertas especialidades del deporte como son, entre otros, la gimnasia, la natación, el atletismo, la lucha greco-romana, la equitación, la esgrima, el esquí, el patinaje en hielo, el boxeo, y tantos otros mas los cuales han llegado a extremos de realización que implican una constante superación de los deportistas que cada vez se ven rebasados en sus logros por los nuevos adquiridos de parte de las recientes generaciones de deportistas especializados.

Ello implica, como es obvio, un gran estímulo para los deportistas y, en especial, para la niñez y la juventud para actualizar le eterna y sapientísima filosofía del principio clásico de la cultura occidental de mens sana in corpore sano.

Es pues una necesidad básica, elemental, el que nuestra niñez y juventud, especialmente, así como el resto de la población, que se practique el deporte como un medio eficaz para inhibir el deseo de los mas jóvenes por vivir la vida “fácil” de la delincuencia y la drogadicción, que devienen en los grandes males de nuestro tiempo y que es un mal (el de las drogas) que afecta ya no solo a los estadounidenses quienes lo impusieron y los han convertido en el mercado mas grande del mundo y mientras no lo combatan a fondo en sus propias fronteras, muy difícil será abatir el tráfico de estupefacientes hacia su país, aunque de paso ya nos involucraron en el consumo y comercialización de éstos.

De esta guisa la práctica del deporte se convierte en un gran remedio para inhibir las conductas que devienen en delictivas, así como que propicia una mayor y mejor longevidad para quienes lo practican.

Aunado a ello, es menester tener lugares para celebrar y reconocer a quienes se hayan distinguido en las prácticas deportivas de excelencia para que sirvan de ejemplo positivo a las actuales y futuras generaciones, de ahí el acierto de crear salones de la fama para recordar sus hazañas y logros deportivos.

Al respecto, merced a una gentil invitación de la siempre atenta Marva Videgaray, estuve en el Museo y Salón de la Fama del Deporte Guerrerense, sitio en el interior del Centro Cultural Acapulco, dependiente del Instituto del Deporte de Guerrero, en donde atendido por Consuelo Barragán y Marbella Trinidad, tuve acceso a una galería de distinguidos deportistas acapulqueños y guerrerenses con fama internacional la gran mayoría de ellos, que solo por nombrar a algunos, estaban Clemente Mejía Ávila, Marco Morlett Sutter, Carlos E. Turquie, Erubey “Chango Carmona”, Jorge Marrón, Mague Nozari de M., Marcos Villasana, Manuel Romero Urrea, Ma. Luisa Ocampo, Rubén Uriza C., Reynold Méndez S., Alma Vázquez, dentro de 40 exponentes.

Sin embargo no vimos a varios que deberían estar v.gr.: María Eugenia Walls, distinguidísima campeona sobresaliente en natación, así como la falta de elementos característicos de los galardonados, lo que hace ver pobre a dicha exposición, sin perjuicio de la falta total de difusión para que tanto la gente local como los turistas tengan un atractivo mas en este puerto, ya que casi nadie conoce la existencia de este lugar, casi en el olvido. Bien sería incluirlo en las promociones del puerto y, consecuentemente, su enriquecimiento de material de exposición, entre otros, como de nombres que le han dado prez a nuestra entidad en el mundo. O usted, entusiasta lector, ¿qué opina?

La piel que habito

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Por H.A.C.


Sintesis

Robert Ledgard es un médico cirujano plástico muy reconocido que, después de la trágica muerte de su mujer a causa de un incendio, descubre un injerto de piel humana que es más fuerte y resistente al fuego que la piel normal, lo que ha sido posible empero, gracias a un conejillo de indias humano, una joven llamada Vera, que Robert tiene en cautiverio en su hacienda. El porqué y el cómo es que esta chica está ahí es lo que se irá descubriendo el espectador a lo largo de la película, así como muchas otras cosas aún más extrañas del pasado y presente de cada uno de los personajes.

Reseña

Esta película española, dirigida por Pedro Almodóvar y protagonizada por Antonio Banderas como Robert Ledgard, ha resultado ser toda una revelación. Para empezar, se trata de una película en la cual podemos ver a un Antonio Banderas que, de verdad deja de ser él, para verse de un modo muy diferente a lo que nos tiene acostumbrados con sus interpretaciones, además de que su peso como el actor principal no opaca al resto de los actores o a la película en sí.

La película está llena de sorpresas que harán que el espectador tenga momentos de asombro y espanto. La trama es envolvente, cargada de misterio y está contada de una manera tal, que la película empieza casi al final de la historia, por lo que irá retomando el pasado y el presente de los personajes en una dinámica interesante. Es con tales giros, algunos de cierto impacto, que iremos descubriendo cómo fue que los personajes terminaron estando donde los vemos ahora. Mucha atención a los detalles, los que por cierto, estuvieron muy bien cuidados por el director.

Película muy recomendable, aunque no para todo publico, ya que como propuesta puede ser polémica para algunos espectadores, lo que de cualquier manera no debería extrañarnos de un director como Pedro Almodóvar. Se trata de una película que se disfruta, que resulta muy recomendable para quienes gustan de películas que invitan a adivinar algún misterio o a tratar de saber qué es lo que seguirá en la trama.

9 preguntas (y respuestas) en torno a mi práctica docente

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Por el Mtro. Fernando Reyes Baños


Una de las primeras tareas que realicé en el posgrado que terminé el año pasado (sobre administración de instituciones educativas), consistió en responder algunas preguntas desde mi propia perspectiva, tomando como punto de partida mis conocimientos y experiencias como docente universitario, con el propósito de clarificar la postura que uno como profesor tiene acerca de aspectos que indudablemente resultan torales para todo proceso educativo.

¿Por qué podría ser importante hacer un ejercicio como éste para quienes nos dedicamos, ya sea parcial o totalmente, a dar clases (cualquiera que sea el nivel educativo en el que nos desempeñemos)? Obviamente porque promueve la reflexión en torno a nuestra práctica docente (esto, que podría ser objeto insalvable de varios cuestionamientos, queda plenamente justificado si consideramos que esta actividad requiere, más allá de ejercerla cotidianamente, de altos en el camino y espacios para trabajar con otros docentes, que sirvan para establecer diálogos que tengan como finalidad su profesionalización), pero sobre todo porque nos aproxima a definir con mayor precisión, los términos en los que podría expresarse la intencionalidad que hacemos operativa cotidianamente en las aulas escolares, lo que resulta elemental para seguir evolucionando, en una espiral ascendente (no necesariamente lineal) hacia una mejor práctica docente.

Para responder las preguntas de la tarea en cuestión, se nos solicitó que leyéramos antes un texto que Paulo Freire (1921-1997), uno de los pensadores más influyentes en cuestiones educativas de finales del siglo XX, denominó Pedagogía de la autonomía*. Si bien esta obra puede ser un poderoso incentivo para la reflexión de los docentes en torno a su práctica, sobre todo si se desea hacer énfasis en aspectos como la igualdad, la transformación y la inclusión social de todos los individuos, habría quizá textos alternativos de donde podrían seleccionarse segmentos que serían útiles para este propósito, por ejemplo, los textos de Savater (1997) y de Rugarcía (1999).

Según lo descrito en los párrafos precedentes, las preguntas que debían responderse para elaborar este trabajo reflexivo son las siguientes:

1. ¿Cuál es el rol del profesor?
2. ¿Cuál es el rol del alumno?
3. ¿Cuál es el rol de un investigador educativo?
4. ¿Cuál es la finalidad de enseñar?
5. ¿Cuál es la finalidad de aprender?
6. ¿Cuál es la finalidad de realizar investigación educativa?
7. ¿Qué saberes pones en juego al enseñar?
8. ¿Qué es el aprendizaje?
9. ¿Qué relaciones hay entre profesor-alumno y enseñanza-aprendizaje?

Comparto a continuación, mis respuestas a tales preguntas. Recuérdese que las respuestas que se elaboren representarán una perspectiva personal sobre la práctica que cada quien tenga como docente, ya que partirán de sus conocimientos y experiencias particulares, además de que variarán, en algún sentido, dependiendo de cuál sea el texto que se utilice como incentivo para la reflexión (precisamente por factores como éstos, resultará importante considerar que no hay respuestas correctas o incorrectas, pero si respuestas más o menos fundamentadas, analíticas o coincidentes con el sistema de creencias de cada docente); en este sentido, mi intención de dar a conocer públicamente mi perspectiva no persigue otro objetivo que el de ejemplificar cómo puede llevarse a cabo tal ejercicio, con la esperanza desde luego de que otros docentes (o instructores con experiencia en formación docente) _que lean y se interesen por leer este artículo_ también lo hagan:

¿Cuál es el rol del profesor? Propiciar las condiciones para que se genere el aprendizaje en los estudiantes a través de la estructuración que éste haga de experiencias dentro del salón de clases y de sus intervenciones como facilitador, coordinador y moderador, sirviéndose de su preparación académica y de su experiencia profesional; esta postura se relaciona parcialmente, con algunas ideas expuestas por Freire (2004) cuando afirma que la función del profesor tiene que ver con “…incitar al alumno para que él, con los materiales que ofrezco, produzca la comprensión del objeto en lugar de recibirla integralmente de mí. Él necesita apropiarse del entendimiento del contenido para que la verdadera relación de comunicación entre él, como alumno, y yo, como profesor, se establezca. Es por eso por lo que… enseñar no es transferir contenidos a alguien, así como aprender no es memorizar el perfil del contenido transferido en el discurso vertical del profesor” (p. 37); como es posible apreciar, las ideas de Freire tienen como foco de atención, por un lado, las condiciones que el profesor necesita implementar para enseñar (no transferir o transmitir), y por otro lado, la responsabilidad que el estudiante tiene, como sujeto activo, dentro del proceso educativo.

¿Cuál es el rol del alumno? Participar activamente en su proceso de aprendizaje personal, responsabilizándose de aprovechar al máximo las condiciones generadas por el profesor y la institución escolar para su beneficio, con el propósito de desarrollar las competencias profesionales que le permitan alcanzar los conocimientos, las habilidades, las destrezas y las actitudes que lo aproximen a cumplir con su plan de vida; en contraste, Freire (2004) afirma que: “En la diferencia y en la ‘distancia’ entre la ingenuidad y la crítica, entre el saber hecho de pura experiencia y el que resulta de los procedimientos metódicamente rigurosos, no hay para mí una ruptura, sino una superación.” (p. 11); por tanto, el rol del alumno debe caracterizarse por la búsqueda de éste por superar esa ingenuidad y ese saber formado meramente por experiencias, de manera activa y responsable, lo que le permitirá alcanzar la criticidad y el rigor metodológico.

¿Cuál es el rol de un investigador educativo? Para efecto de una investigación formal, estudiar una problemática detectada en el contexto de una comunidad determinada con el propósito de entender de qué se trata ésta e, inclusive, de brindar una solución o un aporte que contribuya a su mejoría; para efecto de las clases que todo docente desarrolla frente a grupo, prepararse continuamente para que los contenidos que se trabajen, las estrategias que se utilicen, los medios de que se apoye, etc., se mantengan a la par de los cambios que, día a día, ocurren en la sociedad y que, actualmente, se caracterizan por ocurrir cada vez con mayor velocidad. Freire (2004) expresa estas ideas con mucha mayor claridad: “De allí que sea tan importante conocer el conocimiento existente cuanto saber que estamos abiertos y aptos para la producción del conocimiento aún no existente. Enseñar, aprender e investigar lidian con esos dos momentos del ciclo gnoseológico: aquel en el que se enseña y se aprende el conocimiento ya existente y aquel en el que se trabaja la producción del conocimiento aún no existente. La "dodiscencia" -docencia-discencia- y la investigación, indivisibles, son así prácticas requeridas por estos momentos del ciclo gnoseológico” (p. 10) Enseñar sobre lo que existe y que se conoce, aprender sobre lo que ya existe para poderlo integrar en la enseñanza e, inclusive, investigar para aprender, enseñar y contribuir en la elaboración de nuevo conocimiento, son pautas que no sólo enriquecen al profesor y a sus estudiantes, sino que también sirven para mantener a raya al automatismo, al estancamiento y a lo rutinario.

¿Cuál es la finalidad de enseñar? Informar y formar a quienes deciden estudiar para hacerse de las competencias que les sirvan para desarrollarse en un ámbito profesional, lo cual implica no sólo trabajar aspectos académicos, sino también aspectos cuya adquisición implica el desarrollo integral de los estudiantes. Para Freire (2004), la enseñanza tiene más de una finalidad, entre ellas, que el estudiante aprenda a pensar correctamente, particularmente, porque “Pensar acertadamente… implica tanto el respeto al sentido común en el proceso de su necesaria superación como el respeto y el estímulo a la capacidad creadora del educando.” (p. 10); aprenda, en sus relaciones con los demás, a asumirse “…como ser social e histórico, como ser pensante, comunicante, transformador, creador, realizador de sueños, capaz de sentir rabia porque es capaz de amar.” (p. 14); además de aspirar a otras cualidades: curiosidad epistemológica, rigor metodológico, ética, etc.

¿Cuál es la finalidad de aprender? Saber, saber hacer y saber ser, en otras palabras, se aprende con la finalidad de adquirir conocimientos, desarrollar habilidades y destrezas, y consolidar actitudes y valores, que no sólo propician que la persona que aprende sea un profesionista más competente para el trabajo y para la vida, sino también un mejor ciudadano. Acerca de este último punto, Freire (2004) tiene ideas que complementan esta respuesta; así pues, cuando reflexiona y dice: “…mi presencia en el mundo no es la de quien se adapta a él, sino la de quien se inserta en él. Es la posición de quien lucha para no ser tan sólo un objeto, sino también un sujeto de la Historia.” (p. 18); dicho de otra manera, una finalidad importante del aprendizaje, más allá del consabido (sin restarle ningún mérito por supuesto) discurso sobre las competencias, es promover en los estudiantes la posibilidad del cambio, la posibilidad de que éste pueda ocurrir a través de su intervención en el mundo y, de forma más inmediata, en el contexto en el cual están circunscritos, siempre y cuando se asuman claro está como sujetos activos, como sujetos con esperanza, como sujetos éticos con una responsabilidad para con su libertad de elegir.

¿Cuál es la finalidad de realizar investigación educativa? Entender una problemática determinada para brindar opciones que, de algún modo, aporten una mejoría o enriquezcan la situación estudiada y que, por lo general, guarda relación con los agentes que intervienen en el proceso educativo: la institución escolar, los trabajadores de la educación, los estudiantes y los padres de familia; en contraste y haciendo referencia a la relación entre investigación y enseñanza, Freire (2004) afirma que: “No hay enseñanza sin investigación ni investigación sin enseñanza. Esos quehaceres se encuentran cada uno en el cuerpo del otro. Mientras enseño continúo buscando, indagando. Enseño porque busco, porque indagué, porque indago y me indago. Investigo para comprobar, comprobando intervengo, interviniendo educo y me educo. Investigo para conocer lo que aún no conozco y comunicar o anunciar la novedad” (p. 10); en suma, si enseño sin investigar continuamente, me estanco, me rezago y lo que aporte, lejos de significar algún beneficio para alguien, perjudicará a quienes, por el momento, me sigan viendo como alguna clase de autoridad. Por eso Freire (2004) comenta: “…la práctica docente… me pone en la situación que debo estimular de que se me formulen diferentes preguntas, necesito prepararme al máximo para continuar sin mentir a los alumnos, para no tener que afirmar una y otra vez que no sé.” (p. 30)

¿Qué saberes pones en juego al enseñar? La formación académica, la experiencia profesional, lo que se ha investigado al paso del tiempo sobre la materia que se imparte, experiencias pasadas con otros grupos y materias que se han dado, la preparación del curso que se hace al iniciar el semestre y el plan de clase que se tenga que dar en ese momento. Freire, por su parte, comenta: “En cuanto presencia no puedo ser una omisión sino un sujeto de opciones. Debo revelar a los alumnos mi capacidad de analizar, de comparar, de evaluar, de decidir, de optar, de romper. Mi capacidad de hacer justicia, de no faltar a la verdad. Mi testimonio tiene que ser, por eso mismo, ético.” (Freire, 2004, p. 31)

¿Qué es el aprendizaje? Siempre se ha dicho que aprender es cambiar, ¿qué es exactamente lo que se cambia? Si cambiar es cambiar “una cosa por otra”, en primera persona, puede afirmarse que: “si antes no sabía algo, si no sabía hacer alguna actividad con ese algo o mi actitud, ante mi desconocimiento, implicaba una predisposición de determinadas características, ahora que lo sé puedo explicarlo, entenderlo, tener en claro de qué se trata, y además puedo hacer algo con ese conocimiento y puedo adoptar una actitud distinta, que no podía ser otra antes de que supiera de eso”. Freire agrega que: “lo fundamental en el aprendizaje del contenido es la construcción de la responsabilidad de la libertad que se asume.” (Freire, 2004, p. 30)

¿Qué relaciones hay entre profesor-alumno y enseñanza-aprendizaje? Son agentes y procesos que se complementan mutuamente, aunque entre ellos pueden producirse aspectos que, en la práctica, puede hacerlos parecer elementos aislados en algunos casos, por ejemplo, el profesor que no atiende al aprendizaje de sus estudiantes, que no constata que haya éste, puede estar haciendo presente en el salón de clases la enseñanza, pero no necesariamente al aprendizaje, por otra parte, los estudiantes que no se responsabilizan de su propio proceso de aprendizaje, que esperan que todo suceda sólo por estar sentados en sus butacas, probablemente no aprendan, aún cuando el docente pueda ser el mejor enseñando algo o, incluso, generando el aprendizaje en los alumnos. Freire (2004) aporta el siguiente comentario: “Enseñar y aprender tienen que ver con el esfuerzo metódicamente crítico del profesor por desvelar la comprensión de algo y con el empeño igualmente crítico del alumno de ir entrando como sujeto en aprendizaje, en el proceso de desvelamiento que el profesor o profesora debe desatar. Eso no tiene nada que ver con la transferencia de contenidos y se refiere a la dificultad pero, al mismo tiempo, a la belleza de la docencia y de la discencia.” (p. 37)


Referencia

Freire, Paulo (2004). Pedagogía de la autonomía. Sao Paulo: Paz e Terra S.A.
Rugarcía Torres, A. (1999). Hacia el mejoramiento de la educación universitaria. México: Trillas.
Savater, F. (1997). El valor de educar. México: Ariel.

[*] Puede consultarse el texto en Internet en el siguiente enlace: http://www.fum.edu.co/snies/inst/programas/educacionPreescolar/doc_dimplom/Freire%20Pedagog%C3%9Da%20de%20la%20autonom%C3%9Da.pdf

Del avance...

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Por el Mtro. Rodrigo Juárez Ortiz


Avanzar, dar un paso adelante, lo entendemos como un modo de ir en el camino correcto, a contrario de retroceder, atrasarse o ir en el camino equivocado.

Cuando alguien o algo está atorado, cuando se mantiene en un solo lugar, cuando no da la posibilidad de dejar entrar aires renovadores, vivificantes, entonces se anquilosa, se pasma, se autodestruye, entendido en términos generales.

Sin embargo se dan casos en que gracias al mantenimiento en una postura fija o inamovible, contra viento y marea, le dan solidez y permanencia a personas e instituciones, siempre y cuando no haya elementos auto destructores que socaven esa aparente solidez.

El comentario viene a colación porque nos muestra un ejemplo clásico que tenemos en la iglesia católica, toda vez que su estructura y hegemonía se ha sabido conservar durante dos milenios, que se dice fácil pero que para lograrlo implica una ortodoxia y una dogmática extremas en el actuar. Sin embargo también es cierto que durante estos dos milenios se han cometido excesos verdaderamente execrables y extremos de tal jaez que el papa anterior, consciente de ello pidió perdón al mundo por aquellos excesos de dicha ortodoxia manifestados, por decir algo, en el actuar del Tribunal del Santo Oficio, mejor conocido como la Santa Inquisición, en donde se cometieron los crímenes y abusos verdaderamente atentatorios en contra de los infelices que caían en sus manos, para culparlos de herejías y faltas sin fin.

Esos y otros extremos le han ido quitando fieles en el transcurso de los años, pero ahora con los cambios en la protección de los derechos fundamentales del hombre y con la obligatoriedad que existe merced a los tratados internacionales, la gente ya se atreve a denunciar los abusos de quienes son sus victimarios. Así, se ha dado amplia publicidad en los medios del abuso cometido en contra de menores por parte de sacerdotes católicos en el ejercicio de sus funciones Se ha creado un verdadero escándalo al respecto y no es para menos, situación que implica una permanencia, de siglos atrás, de este crimen de lesa humanidad, pero que ahora la gente ya se atreve a denunciar, como lo sucedido en Irlanda, en Alemania, en México con el caso, entre otros, del fundador de los Legionarios de Cristo, el siniestro “padre” Maciel, o en EUA, en donde han sido demandados y condenados a pagar sumas extraordinarias con motivo de la reparación del daño, como si esto fuera reparable en el alma de las inocentes víctimas de estos degenerados pedófilos.

Sin embargo, así como en los alcohólicos el hecho de admitir su enfermedad es un paso adelante para iniciar su curación, así recién, el Pontífice actual acaba de lanzar una cruzada contra abusos sexuales cometidos por sacerdotes, en el marco del Simposio Internacional “Hacia la curación y la renovación” que hoy concluye y en cuyo contexto las víctimas deben ser la preocupación prioritaria, además de una mayor prevención, una nueva cultura también para los líderes de la iglesia y un ambiente espiritual y humano que tutele a los niños y a los adultos mas vulnerables. Asimismo pide “una profunda renovación de la iglesia a todos los niveles”, renovación absolutamente necesaria ya que en los últimos 10 años la Congregación para la Doctrina de la Fe ha recibido mas de 4 mil indicaciones – mas una al día- de casos de abusos cometidos por miembros del clero que antes no se reconocían y ocultaban a pesar de las acusaciones probadas en su contra. Así el mensaje dice: “No debemos perder de vista la gravedad de estos crímenes” y “las heridas y el dolor que han causado profundamente”, todo ello en la necesaria colaboración con las autoridades civiles para no evadir la acción de la justicia.

Evidentemente se trata de un reconocimiento que implica un grandísimo avance en la iglesia católica, sin embargo, en nuestra opinión mas se avanzaría, de fondo y muy profundamente, si abolieran el celibato, una de las causas básicas de estas desviaciones en el clero. Elemental. O usted, expectante lector, ¿qué opina?

La chica del dragón tatuado

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Por H.A.C.


Síntesis

Esta cinta es la versión hollywoodense de la primera parte de la trilogía sueca “Milenium”, basada en las novelas policíacas de Stieg Larsson en la que se ve a Lisbeth Salander, una joven investigadora cibernética, investigando a Mikael Blomkvist, quien está envuelto en un escándalo político.

Reseña

La verdad esta versión americana deja mucho que desear con respecto a la versión original noruega.

Para empezar, el personaje de Mikael, interpretado por Daniel Craig, tiene mucho peso por tratarse del actor de que se trata, tanto así que de repente me sentí viendo una película de James Bond, sobre todo, con esa introducción innecesariamente larga y muy al estilo de la s películas de 007; además, la trama termina girando alrededor de él y casi no se atiende al personaje de Lisbeth, que de repente termina en un segundo plano y tomando un papel de chica Bond (que al final queda prendando de Mikael).

Nada de lo descrito anteriormente ocurre en la novela o en la película noruega, cuyo nombre original es “Los hombres que no amaban a las mujeres”.

Entre otros detalles de esta cinta, el dragón tatuado de Lisbeth no tiene ninguna notoriedad ni tiene el peso que le dan en la versión original, en la que puede apreciarse el impresionante tatuaje de un dragón que parece querer salir de la espalda del personaje para desgarrarla, en la versión gringa en cambio, solo se ve el tatuaje estilizado de un pequeño dragón, que apenas y cubre la espalda de Lisbeth.

La personalidad de este mismo personaje adquiere matices distintos en esta versión. Presenta, por ejemplo, una personalidad más emo, sospecho que por decisión del director, que al ver el aspecto del personaje de Lisbeth la encasilló así. Otra diferencia es que el personaje no presenta la dificultad para relacionarse con otras personas que en la versión original refleja tan marcadamente. También la forma en que Lisbeth se integra a la investigación de Mikael es diferente, porque le quitan importancia a las pistas que Lisbeth le daba a Mikael para no afectar (una vez más) al personaje interpretado por Daniel Craig. Finalmente, en la serie original el personaje que acaba emocionalmente más prendado en la relación que se da es Mikael, pero en esta versión es al revés: Lisbeth queda prendada de Mikael, claro está porque dicho personaje es Daniel Craig, descuidando en consecuencia partes de la trama en las que Lisbeth y Mikael refuerzan su relación afectiva mientras están investigando, relación que el director intenta retomar después a fuerzas con un encuentro sexual con poco sentido, a menos claro que estuviéramos ante una película de James Bond.

La película no es mala, pero si deja muchos huecos y el peso del actor afecta mucho a la historia, tanto que para la continuación dejaron muchos cabos sueltos. Esperemos que los gringos mejoren sus intentos por copiar lo que otros han sabido hacer mejor y que le den a la protagonista, Lisbeth, el peso que le corresponde en la cinta. En conclusión, si eres fan de la novela o de la saga de películas originales no es para ti esta película, pero si eres fan de Daniel Craig te gustara.

 
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