De los valores...

0

Por Rodrigo Juárez Ortiz


El término valor, casi sin excepción es común relacionarlo por un lado con lo que “vale” material y económicamente una cosa y por otro lado se habla de la valentía o arrojo que tiene una persona frente a un estímulo que pudiera perjudicarle de alguna manera, sin embargo el término valor tiene múltiples acepciones sin perjuicio de que gnoseológicamente hablando existe toda una rama de la filosofía, o sea una ciencia filosófica que se encarga del estudio de los valores o sea la axiología, del griego axios (valor) y logos ( tratado o estudio) y en esa perspectiva, se entiende al valor, axiológicamente considerado como lo que una determinada moral establece como ideal o norma, dicho grosso modo.

De esta suerte y ya dentro del terreno axiológico, encontramos muchas concepciones de lo que el valor o los valores sean y así, al margen de ellas que implican corrientes filosóficas como las subjetivistas o las objetivistas, en ese afán humano de escudriñar hasta las últimas consecuencias para dar el concepto de las mismas, nos encontramos con problemas, en su momento verdaderas aporías, como por ejemplo, en torno a la definición del valor, así como cuáles son las características de los valores, su naturaleza, la distinción existente entre los valores y los bienes, y una parte que al respecto nos parece de trascendental importancia es lo que se llama la “crisis de valores ”. No olvidemos que también en los valores existen sus contrapartes y así tenemos que existen los disvalores, también llamados valores negativos o contra valores

Y ya en esta tesitura, aceptando el concepto de valores sociales, al margen de los valores personales, y sin entrar en discusión sobre su validez universal o no, pero con un contenido histórico, cuando menos en la cultura occidental,en donde abrevamos nuestra forma de pensar, sentir y querer, encontramos como tales los valores de la paz, de la justicia, de la libertad ( entendiendo que no hay mas libertad que la libertad jurídica), de la tolerancia, así como aquellos cuya consecución nos lleva a la superación individual y a los logros que como humanos y en sociedad podemos alcanzar, v.gr.: la honradez, la verdad y todas las susceptibles de que usted pueda aportar.

Resulta obvio, entonces, que ante la aceptación de la existencia de los valores repito, axiológicamente considerados, lo importante es aplicarlos, aterrizarlos, hacerlos efectivos tanto en nuestra conducta personal, como en la colectiva o social, solo que al respecto existe un tremendo, enorme, casi insalvable problema que es precisamente ése, el realizarlos fácticamente, el aplicarlos y en considerarlos con la relevancia trascendental que tienen, para lograr una mejor y mayor calidad de vida, de nuestra vida.

Todo ello viene a colación porque ( lo hemos y se ha dicho muchas veces) actualmente nuestra colectividad y especialmente los jóvenes se encuentran atrapados ante la imperiosa necesidad de “ hacer por la vida”, pero las oportunidades de trabajo son casi nulas y mas cuando se exige experiencia, previa a su contratación y de dónde la van a adquirir. Así mismo la opción de estudiar resulta cuesta arriba en la mayoría de los casos en que el ingreso familiar, (ya no solo el paterno) no alcanza para sufragar sus gastos, dando pauta al término “ ninis” ampliamente conocido, y si a eso le aunamos el bombardeo interminable de los medios de comunicación, en especial del duopolio televisivo, sobre la “conveniencia” de adquirir éste o cualquier producto que le va a satisfacer el antojo, el hambre, el apetito sexual, el bienestar físico, la salud, el éxito social y un sinfín de patrañas, pero todas dedicadas al consumismo, entonces se les está creando una necesidad ficticia la cual solo se satisface con dinero y es ahí donde se deifica al “vellocino de oro”, se hace lo imposible por adquirirlo, no importa la forma ni con quién ni a costa de quién y es entonces que las organizaciones delincuenciales los atraen y los hacen activos en sus actividades, aun a pesar de los riesgos mortales que se corren, sin perjuicio de los graves daños que en todos sentidos, además de a sí mismos, también a sus familias, sus vecinos, y a la sociedad en general.

Y como esto cunde como la pólvora, todo mundo (salvo las excepciones de siempre) se afana en tener, en acrecentar bienes de consumo, bienes materiales, olvidándose de poner en práctica lo axiológicamente válido, los valores trascendentales de la cultura occidental, o lo mas grave que es porque no los tienen, porque no los conocen, nunca nadie se los hizo saber y practicar, incluso los adultos, quienes deben enseñar o predicar con el ejemplo les enseñan a los menores a mentir ( si habla o viene fulanito, dile que no estoy), o a entrarle de plano a la corrupción (di una mordida porque así nos evitamos trámites engorrosos) y así por estilo, por eso muchos quieren acceder a puestos políticos porque desde el poder se puede corromper o ser corrompido con enormes dividendos, aun cuando por excepción (por la impunidad imperante) tienen que sufrir las consecuencias que además de la pérdida de la libertad, tienen la pérdida de la honorabilidad y su lugar en su entorno socio económico, pues pesar de su dinero, ya se les ve con desconfianza.

Por eso en las próximas elecciones tenemos que sufragar r-e-s-p-o-n-s-a-b-l-e-m-e-n-t-e- , para no seguir prohijando a estos grillos, mercaderes de la política, que no políticos, pero lo mas importante y verdaderamente trascendental es inculcar, enseñar, predicar con el ejemplo, realizar, llevando como un verdadero apostolado, en el hogar, en la familia, en la escuela, en el trabajo, en nuestras asociaciones, sindicatos, y grupos en general, la existencia de los valores que tanta falta nos hacen para lograr niveles óptimos de existencia en la paz y en el progreso. Tenemos que vivirlos en la solidaridad social. Es un imperativo ineludible. Urge. O usted, positivo lector, ¿qué opina?

De la actualidad...

Leer más

Por Rodrigo Juárez Ortiz


A fuerza de ser congruentes con la realidad, creemos que el ver lo que está pasando en el mundo, en nuestro país y en nuestro estado, implica atender, con una perspectiva de la mayor objetividad posible, los problemas locales o globales que estamos viviendo. Esto puede tomarse desde una perspectiva personal o desde otra mas generalizada que lleve implícitos no solo los planteamientos o la crítica sino las posibles soluciones, discutibles, por cierto, según la óptica con que se les quieratomar.

Ello viene a colación, toda vez que recién, el retropróximo día 5 de los corrientes se celebró un aniversario mas de la promulgación de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917, que reforma la de 5 de Febrero de 1857, documentos fundamentales de nuestra estructura jurídico política que como nación adoptamos, para darle rumbo y destino a una República representativa, democrática, federal, compuesta de Estados libres y soberanos en todo lo concerniente a su régimen interior; pero unidos en una federación establecida según los principios de esta ley fundamental.

Es obvio que en un estado de derecho, es la Constitución la máxima ley del país, jerárquicamente hablando, y que comprende, en nuestro caso la parte dogmática, que contempla los derechos fundamentales de toda persona que esté en nuestro país, y la parte orgánica que se refiere a la estructura, integración y funcionamiento del aparato gubernamental.

De esta suerte, las entidades federativas que comprenden a la república, también tienen la prerrogativa de crear sus propias Constituciones y sus leyes secundarias, pero sin contradecir a la norma fundamental federal y así, se entiende que funciona la relación jurídica entre gobernantes y gobernados, bajo el principio elemental del respeto absoluto, de ambas partes, a lo dispuesto por esta normatividad.

Sin embargo, habida cuenta de los sucesos, muy lamentables que, por lo pronto, están sucediendo en nuestros lares y que acusan con aumentar cada vez mas, nos encontramos en una situación, como gobernados, en un estado total de indefensión en donde no nos es dable encontrar una solución pronta y efectiva ante el acoso de la delincuencia, organizada o no, y por otro lado la omisión gubernamental para detener, acabar o por lo menos menguar este ataque brutal a nuestros derechos fundamentales consagrados, precisamente, en nuestra Carta Magna.

Ya es vox populi que el gobierno tiene los instrumentos jurídicos para detener esta ola de violencia, así como la obligación formal de brindar seguridad a la población en general, sin embargo, en la especie, como gobernados estamos siendo vilipendiados en nuestros derechos mas sagrados, en nuestras garantíasindividuales por aquellos que protestan, (independientemente de la legitimidad de sus reclamos) y que nos convierten en rehenes de sus excesos y conductas incluso delictivas, pero cuando se exige de las autoridades el que brinden protección a nuestros congéneres , no se trata de que actúen con violencia masacrando a los revoltosos, pues para ello hay protocolos, a nivel internacional, consagrados en tratados de los cuales nuestro país es signatario, pero que son obligatorios para poner orden y brindar la seguridad menester para tener una convivencia pacífica y productiva.

Pero lejos de ello se nos dice que de ninguna manera se va a actuar que no sea privilegiando el diálogo, con lo cual se está de acuerdo, pero esto solo es posible entre dos o mas interlocutores que estén dispuestos a hacerlo, pero lamentablemente, una de las partes no está dispuesta a dialogar, ya que ha evidenciado una falta total de respeto a las instituciones y al no encontrar quien los detenga, ya ensoberbecidos y conscientes de la impunidad correspondiente, partiendo del seguimiento a sus consignas, es obvio que no se van a sentar en una mesa para el diálogo, sacando cada vez mas, ventajas para su posición intransigente que incluso llega a amenazar el que no van a permitir el que se celebren las elecciones jurídicamente programadas.

Se trata, dicen las autoridades, de que no es oportuno usar la fuerza pública y no lo van a hacer para evitar confrontaciones que pudieran agravar la situación, lo cual es una posición sensata y prudente, sin embargo si no se echan a andar otras alternativas que dicen instrumentarán, entonces la población se mantiene en un estado de indefensión total y a expensas del padecimiento de todos los contratiempos y contrariedades que incluso están afectando al turismo, del cual vivimos en este destino y la pregunta es ¿ Hasta cuando? Y como dicen los clásicos, no hay mal que dure cien años, ni tarugo que los aguante. ¿Y luego?

Es obvio que ya hay que actuar, dentro de la ley, con irrestricto respeto a los derechos fundamentales de las partes, pero ya.

O usted, fastidiado lector, ¿qué opina?

De la PROFECO...

Leer más

Por Rodrigo Juárez Ortiz



Recordar es vivir, como dicen los clásicos y esto incumbe tanto a los buenos como a los malos recuerdos, y tanto a los gratos como a los ingratos momentos, así como a las sensacionales y siniestras vivencias, según haya sido el caso, el quid es que al margen de que cada quien habla de la feria como le fue en ella, lo importante es qué tan bien o mal lo pasamos antaño y para ello no importa que tan atrás nos vayamos, cada quien puede hacerlo al gusto. De esta guisa quiero retrotraerme a los años infantiles de nuestros contemporáneos en los cuales, por pura curiosidad “científica” y solo por aportar algunas cuestiones relativas al tema que abordaremos, los precios de los artículos de consumo tenían sus parámetros congruentes con el principio elemental de la oferta y la demanda.

En efecto, Acapulco vivía ya la afluencia del turismo; un huevo valía veinticinco centavos; una pieza grande de pan de dulce valía diez centavos por lo que con un peso se compraba una bolsa lo suficiente para el consumo de una familia; el litro de leche costaba de ochenta centavos a un peso, según fuera de rancho o embotellada, y ambas producían nata para elaborar pasteles o simplemente degustarla con “ conchas” o “ cocoles de anís”; una bicicleta costaba de ochenta o cien pesos, según la marca y calidad; un par de zapatos costaban cuarenta pesos y así por el estilo estaban los precios, pero uno de los problemas con los que se tenía que batallar, era en la calidad de la ropa, de los juguetes, de herramientas de trabajo, de artículos de tocador, y un sinnúmero de productos y también de prestadores de servicios, quienes además de ser malísimos, cobraban como si fueran médicos, abogados o cualquier otro profesionista y a guisa de explicación que no de justificación, se trataba de personas que apenas se estaban familiarizando con el funcionamiento, por decir algo, de los automóviles o de los aparatos electrodomésticos, en fin que prevalecía la mala calidad en múltiples productos de todo tipo, en cantidad de utensilios, en ropa y todo lo que se le ocurra y lo peor era que ante cualquier reclamación que se hiciera al vendedor, si era ropa que se despintó o se deshilachó a la primera lavada, aducía que no se usó el jabón o detergente adecuado o se talló bruscamente:; en tratándose de juguetes decían que el niño tenía “manos de lumbre” y que por eso el artefacto se había roto o descompuesto, cuando en realidad solo al tocarlo o tratar de usarlo, ya se había descompuesto o roto, en su caso, con la frustración correspondiente del menor.

Entonces lo siniestro es que no había para donde correr. Se estaba en manos de los fabricantes, de los comerciantes, de los prestadores de servicios cuyas deficiencias de sus productos o de sus pésimos servicios no eran sancionados por nadie salvo en los casos en que se recurriera a un abogado a exigir la responsabilidad civil, según lo ameritara el caso y eso resultaba muy costoso, toda proporción guardada.

Pero he aquí que, por fin, en el año de 1976 se promulgó la Ley Federal de Protección al Consumidor (LFPC) y surgió PROFECO (acrónimo de Procuraduría Federal del Consumidor), un organismo encargado de defender los derechos de los consumidores, prevenir abusos y garantizar relaciones justasde consumo. De esta guisa, en 1982 esta institución ya contaba con 32 delegaciones en las principales ciudades del país, y ahora ya se aumentaron 19 subdelegaciones, dando un resultado de 51 oficinas a nivel nacional.

En este contexto Acapulco cuenta ya, desde hace mucho, con una delegación federal del ramo y resulta halagüeño escuchar, a través de su delegado el Mtro. Fermín Alvarado Arroyo los resultados obtenidos en el año retropróximo, v.gr.: aumentaron la capacidad operativa de Verificación y Vigilancia, con lo cual se tuvo que imponer, a los infractores, multas por cuatro millones , ochocientos cuatro mil pesos que aunados a las multas del área de quejas, suman 13 millones, 194 mil pesos; qué esperanzas que en aquél ido tempore se hubiera dado semejante sanción a los abusivos e irresponsables; pero sigue la mata dando, y resulta que este delegado, haciendo valer la ley, actúa en defensa de los consumidores, suspendiendo y multando a empresas que antes parecían intocables, como es el caso de C.F.E, Iusacell, Cablemas, Nextel, Telcel, Movistar, Elektra, Coppel, gasolineras, gaseras, grúas, Aeroméxico, Interjet, Viva Aerobús, Chedraui, Aurrerá, Sam´s, Walmart, Soriana, Comercial Mexicana, Estrella de Oro, Costa Line, Futura, Nissan, Ford Acapulco, entre otras no menos importantes.

Entre estas empresas hay quienes se llevan las palmas de las multas e infracciones, como la C.F.E., C.A.P.A.M.A. yde los 10 proveedores con mayor número de quejas, 6 son de telecomunicaciones, tal es el caso de Telmex, Iusacel, Cablemas, Nextel, Radio Móvil Dipsa o Telcel, Comercializadora de Frecuencias Satelitales o Dish; destacándose que incrementan quejas, C.F.E., Iusacel, CAPAMA e Hidrogas, y solo superadas, en quejas, Cablemas, Telcel, Dish y GEO Guerrero, disminuyendo quejas, Telmex y Nextel.

Todo esto es posible utilizando la tecnología adecuada y actualizada, sin perjuicio de la utilización de los nuevos instrumentos legales, aumentando la capacitación de educación para el consumo( rubro muy importante) y aumentando la capacidad operativa en monitoreo e investigación de precios, lo cual resulta de gran valor para los consumidores. De todo esto debemos de congratularnos, pues además de la normatividad vigente al respecto, que resulta tuitiva para el consumidor, es de vital relevancia que estas y todas las instituciones estén manejadas con capacidad directiva, administrativa y operativa, con transparencia y verticalidad como creemos que lo está haciendo el Mtro. Fermín Alvarado Arroyo. Es lo deseable. O usted, convencido lector, ¿qué opina?

De la expectativa...

Leer más

Por Rodrigo Juárez Ortiz



La expectativa, como dicen los clásicos, es la esperanza de conseguir una cosa, y estar a la expectativa implica mantenerse sin actuar hasta ver qué pasa o sea, estar atento para enterarse de algo cuando ocurra y obrar en consecuencia.

Esta postura desde luego que dentro de las circunstancias que se viven actualmente, de violencia extrema y galopante, de inseguridad, de falta de resultados de las fuerzas del orden y de los tres niveles de gobierno, así como de la execrable corrupción aunada a la desquiciante impunidad de que gozan los pillos y toda suerte de maleantes de todo nivel socioeconómico, es muy cómoda y aparentemente segura, solo que merced a ello, todas las vicisitudes que estamos padeciendo se han intensificado a partir de la inamovilidad de la población, a partir del miedo, a partir de la zozobra, de la falta de protección, de todo lo cual se produce una profunda incertidumbre y cuando se tiene la iniciativa de denunciar tropelías y delitos varios, la población se encuentra, en ocasiones, con la ineptitud o protección de las autoridades correspondientes, merced a elementos de complicidad con quienes cometen los actos delictivos.

La incompetencia de las partes gubernamentales en sus tres niveles se ha demostrado ad nauseam, díganlo si no los hechos delictivos que cotidianamente se escenifican en nuestras ciudades y pueblos en donde es mas que obvio el estado de indefensión en que se encuentran los gobernados, quienes son víctimas de asaltos en la vía pública ( tanto en el centro de la ciudad, como en casas habitación), de robos de vehículos con violencia (los cuales han aumentado considerablemente ), de violaciones, de chantajes, de extorsiones, de desapariciones forzadas, de secuestros, de amenazas, de cobros de derecho de piso a comerciantes, incluyendo a los ambulantes (quienes dicen que no les pagan al ayuntamiento los permisos, sino a la delincuencia organizada, y la lista sería interminable y todo ello a pesar de los anuncios de las cantidades de elementos que se manejan respecto a las fuerzas de seguridad que pululan en la región y específicamente en nuestro puerto y que están para dar seguridad a la población y, en especial, a nuestros visitantes ( a los turistas que siguen prefiriendo las maravillas naturales y los servicios que se ofrecen en el puerto), todo lo cual se presenta de una manera polarizada respecto a la información, habida cuenta de que por un lado los medios magnifican los hechos delictivos (en especial los de sangre, porque eso vende), aduciendo la libertad de imprenta , lo cual es muy legítimo, pero que presenta una imagen minusvaluada de nuestra entidad y de nuestro puerto y que se ha extendido a todo el mundo merced a las redes sociales de la internet y por el otro lado, nuestros “próceres” nos hablan de los avances y disminución en las cifras delictivas, aduciendo lo positivo de su intervención en la lucha contra la delincuencia.

Sin embargo, ahora que están abiertas las posibilidades para aspirar a puestos de elección popular (lo cual es legítimo), muchos de los “próceres” se creen estar en la posibilidad (y algunos se creen con la seguridad) de acceder a esos puestos y se apuntan para las pre-campañas y ser los abanderados de sus partidos para tal efecto, a pesar de dejar inconclusos sus compromisos de campaña y se los endilgan a sus suplentes para que rindan cuentas al respecto. Y a pesar de ello, todavía tienen el arresto de presentarse ante los posibles electores con renovadas energías y renovadas promesas de luchar por el bienestar del pueblo y de su progreso y de su… bla, bla, bla.

Ante este patético y espeluznante panorama en donde cotidianamente nos enteramos de la toma de las casetas de peaje de carreteras federales por parte de vándalos encapuchados y que ahora ya no las bloquean, solo cobran una cuota de 50 pesos por vehículo, así como de los robos de combustible a camiones de pasajeros y de carga, así como el propio robo de los autobuses para su traslado a sus diferentes actividades, todo ello ante la presencia de las fuerzas de seguridad estatales y federales quienes en seguimiento de la órdenes de no confrontarse con estos delincuentes para no provocar mayores desgracias, los dejan vejar y extorsionar a la población inerte y cautiva, que no tiene para donde correr. Y sí es cierto que hay que privilegiar el diálogo (como medida plausible de entendimiento entre los seres humanos), pero para esto cada parte debe ceder en algunas de sus pretensiones para concluir en acuerdos sobre las coincidencias y eliminar las discrepancias, solo que en la especie, se está ante gente que actúa por consigna y que aprovecha un movimiento explicable a todas luces, para pretender la desestabilización de las instituciones como el querer impedir las elecciones próximas en la entidad, por ejemplo.

De ahí que el quid del asunto está en que la población en su conjunto, haga conciencia de sus derechos (que se tienen y se debe exigir su guarda y protección), y se exija a las autoridades competentes que cumplan con la obligación constitucional que adquirieron en su toma de protesta de sus cargos, de cumplir y hacer cumplir la Constitución federal, la local y las leyes que de ambas emanan, para hacer efectivo el Estado de Derecho, el cual nos heredaron nuestros auténticos próceres y tenemos la obligación formal de cumplir con nuestros compromisos ciudadanos, políticos y jurídicos para nuestro bienestar y progreso como nación.

Es imperativo ineludible cumplir, por parte de gobernantes y gobernados con las normas de derecho, con el respeto a las instituciones que de ellas emanan, con el valor que las mismas protegen y denunciar, en su caso, a las autoridades que no cumplan con este elemental cometido, a sabiendas de que la población, en su conjunto, no solo aplaudirá tales actuaciones, sino que las alabará como pertinentes para su paso a la historia. O usted, decidido lector, ¿qué opina?

De lo ruidoso...

Leer más

Por Rodrigo Juárez Ortiz



Todos tenemos la noción de lo que es el sonido, así como también lo que significa el ruido, que Larousse nos lo define como sonido o fenómeno acústico, mas o menos irregular, confuso y no armonioso, pero cuando esto se magnifica estamos en la presencia de lo ruidoso, o sea, que causa mucho ruido, es decir, algo desagradable, molesto, incómodo y, en su caso, verdaderamente insoportable e, incluso, productor de daños en la salud ya que causa trastornos auditivos, sociales y nerviosos cuando supera los niveles soportables de los oídos, siendo causante, también, de estrés, insomnio, faltas de atención, irritabilidad nerviosa, así como alteración en la audición.

Este fenómeno que estamos padeciendo en la actualidad nos afecta especialmente a quienes vivimos en las zonas urbanas, habida cuenta de que estamos inmersos en un mundo cubierto por la tecnología con la cual se producen artefactos de toda índole a cual mas ruidoso, díganlo, si no, los electrodomésticos (licuadoras, lavadoras, etc.), sin perjuicio de los automotores y los aviones, así como toda clase de maquinaria industrial y los que recuerde o conozca.

Solo por curiosidad científica recordemos que el oído capta el sonido y lo transmite en una señal nerviosa que capta el cerebro. Y los niveles de presión sonora se miden en decibeles (dB) y otro parámetro es la frecuencia (No de vibraciones por segundo, en el aire a través del cual se propaga y se mide en hertz, Hz). Cuando mayor es la potencia de un sonido, menor es el tiempo que se puede soportar.

De esta suerte, la O.M.S. dice que los sonidos soportables son los que no superan los 80 dB, y los sonidos ambientales no deben superar los 55 dB en el día y 45 en la noche. De esta guisa, sepamos que, por ejemplo, un taladro neumático produce 100 dB; un claxon 120 dB; un concierto de rock de 90 a 130 dB y que respecto a los auriculares no deben superar los 85 dB por mas de una hora ininterrumpida de audición.

Con estos parámetros dígame si es válido que en nuestro entorno vivamos en medio de un ruido ensordecedor producido por todos los taxistas y operarios de vehículos del servicio público, quienes en busca de pasaje tocan el claxon para llamar la atención de sus posibles clientes, ya no digamos lo infernal de esta execrable práctica de los operadores de los colectivos amarillos y por los particulares; que los expendedores del gas en tanques circulen por las calles tocando las cornetas de aire, intermitentemente (como si fueran la llorona gimiendo por sus hijos) y si alguien quisiera comprarles, no es posible pues siguen su camino y no voltean ni oyen los llamados de sus clientes; lo mismo pasa con, ahora, los vendedores de tortillas que lo hacen en motocicletas, a cual mas ruidosas y tocando el agudo claxon, también intermitentemente por todo su recorrido, sin escuchar a alguien que los haya llamado; y como cerezota del pastel, el ruido infernal que producen los aparatos de sonido que “amenizan” las fiestas de todo jaez, con bocinas inmensas y que los operadores ( me imagino son sordos) las ponen A TODO VOLUMEN, a pesar de algunos conscientes que ruegan por que les bajen el volumen, pero no hacen el menor caso y ante ello lo suben mas; ya no digamos en los restaurantes y en especial los jueves pozoleros en donde el escándalo es verdaderamente demencial y es que imaginan que si en las discotecas los decibeles son altísimos, ellos también pueden hacerlo, solo que la diferencia es que en los antros corre la especie de que a mayor sonido, mayores son las ganas de bailar y a mayor baile, la sed es mayor y, por ende, el consumo de bebidas se agranda, pero en los restaurantes en donde la gente se reúne para platicar y entrar en comunicación verbal, simplemente no puede porque a uno o varios babosos crónicos se les ocurre poner sus sonidos a todo lo que dan y lo grave es que los parroquianos no solo no se quejan, sino que piden mas volumen. Me doy.

Estamos en un mundo en donde la sordera y las consecuencias del ruido, son palpables. Los jóvenes que son la mayoría de los que abusan de los sonidos muy altos, cada vez requieren mas volumen porque, en serio, están perdiendo su capacidad auditiva y quienes tienen una audición normal deben de pagar las consecuencias de la galopante sordera de los mas, lo cual se traduce en que vivimos en ciudades totalmente invadidas por la contaminación no solo del aire, sino del agua, la lumínica, y ahora la del sonido.

Seamos conscientes del deterioro ambiental que estamos produciendo por nuestra insensatez, a pesar de las normas que protegen a nuestro entorno, pero lo importante es respetarlas y que nuestros “próceres” las hagan respetar. Urge. O usted, ecologista lector, ¿qué opina?

 
Ir Abajo Ir Arriba