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Por el Mtro. Fernando Reyes Baños


La percepción es, desde un punto de vista antropológico, una apropiación subjetiva de la realidad. Se caracteriza por ser biocultural ya que depende de las sensaciones y estímulos físicos involucrados, siendo las pautas culturales e ideológicas aprendidas desde la infancia las que moldean las experiencias sensoriales, seleccionándolas y organizándolas para su interpretación y asignación de significados, a través de la capacidad para producir pensamiento simbólico, el cual está integrado por estructuras culturales, ideológicas, sociales e históricas, que orientan la apropiación del entorno por parte de los grupos sociales. Además de la formulación de juicios, el reconocimiento de las experiencias cotidianas representa un elemento importante para definir la percepción. Este proceso permite evocar experiencias y conocimientos adquiridos con anterioridad, para compararlos con experiencias nuevas, lo que permite su identificación y aprehensión, facilitando la interacción del sujeto con su entorno.

Con la percepción se clasifica la realidad a través de lo que Vargas (1994) denomina "estructuras significantes", que son los elementos con los que se clasifican las experiencias sensoriales y se organiza la realidad (el entorno percibido). Debe considerarse empero, que los objetos percibidos no son los objetos de la realidad, porque los objetos percibidos no son los objetos mismos, sino una representación parcial de éstos, pero comúnmente se les concibe, casi de manera incuestionable, como si ambos elementos correspondieran entre sí con exactitud, es decir, como si fueran evidencias (del entorno); motivo por el que Vargas (1994) explica que la percepción es, al mismo tiempo, fuente y producto de tales evidencias, ya que las experiencias perceptuales proporcionan la vivencia para su construcción, proceso para el que resulta importante no sólo el contexto físico, cultural e ideológico que lo circunscribe, sino también el aprendizaje social con el que se le confronta y donde el papel de los modelos ideológicos es importante para construir elementos interpretativos que servirán para la constatación de la realidad y sus objetos.

Así pues, cada sociedad crea las evidencias y clasificaciones con las que manifiesta cómo la percepción de sus miembros organiza lo que selecciona, codifica, interpreta, etc., lo que permite marcar, por un lado, hasta dónde pueden variar los cambios físicos del ambiente, y por otro, la manera en que la cultura transforma las condiciones de éste para adecuarlas a la estructura corporal y social de los grupos, demarcaciones que orientan lo que está "permitido" percibir y que sus miembros aprenden implícitamente, para transmitirlas a las generaciones siguientes, reproduciendo así el orden cultural. Con esta apropiación de la información sobre los objetos del entorno, las personas crean y recrean las evidencias de su existencia, elaborando significados acerca de ellos, además de atribuirles cualidades que, a modo de categorías descriptivas, les servirá para entender el mundo desde una perspectiva estructurada con base a valores culturales e ideológicos particulares. Esta es una de las razones, probablemente, de que el concepto de percepción sea confundido con relativa facilidad con otros conceptos vinculados con la cosmovisión y las prácticas sociales, por ejemplo con el de actitud, y es que las fronteras teóricas entre ellos "se traslapan" debido a que "(...) se refieren a conjuntos de estructuras significantes que describen cualitativamente a las vivencias (...)" Vargas (1994, p. 51), proporcionando los referentes a través de los cuales se asignan calificativos a las características que se atribuyen a la realidad.


Referencia

Vargas Melgarejo, L. M. (1994). Sobre el concepto de percepción [Versión impresa]. Alteridades, 4(8), 47-53.

Breve revisión del concepto de actitud

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Por el Mtro. Fernando Reyes Baños


El concepto de actitud es definido por Vargas (2009) como una predisposición para responder o conducirse de manera más o menos favorable hacia algo o alguien en una situación determinada, que depende de la participación de aspectos internos del individuo para generar una evaluación a favor o en contra del objeto percibido y que puede propiciar una conducta coincidente con la actitud que se presenta. Las actitudes, desde el punto de vista de la psicología social, son constructos útiles para explicar el comportamiento, pero también son medios importantes para predecir, inclusive modificar la conducta humana. Rodrigues, Asmar y Jablonski (2002) definen el concepto de actitud de la siguiente manera:

Organización duradera de creencias y cogniciones en general, dotada de carga afectiva a favor o en contra de un objeto social definido, que predispone a una acción coherente con las cogniciones y afectos relativos a dicho objeto (Rodrigues et al., 2002, p. 86).

De la definición anterior es fácil inferir que las actitudes tienen una estructura, que según Whittaker (1990) se encuentra integrada por los siguientes componentes:

- Cognoscitivo. Componente relacionado con las experiencias perceptuales que las personas viven cotidianamente y que consiste en un conjunto de categorías (término relacionado con lo que Vargas denominó en 1994 "estructuras significantes") utilizadas por éstas para nombrar a todos los estímulos. Con las categorías se define el conjunto de características que debe tener un objeto para pertenecer a alguna de ellas. Según Whittaker (1990), toda categoría incluye tres aspectos fundamentales:

  1. Se la puede subdividir en categorías secundarias, donde la cantidad de éstas dependerá de la necesidad que el individuo tenga;
  2. Tendrá cierto grado de “centralidad” para quien la acepta , lo cual dependerá de cuán relacionado esté el individuo con dicha categoría y cuánto apoyo social reciba ésta, de donde se desprende que la centralidad de una categoría estará vinculada con la posibilidad de lograr un cambio en ella, ya que una categoría más central será más difícil de cambiar que una menos central; y
  3. Presentará una serie de características asociadas con la etiqueta específica para esa categoría por lo que, cada vez que se categorice un nuevo estímulo como parte de una categoría específica, por generalización se considerará que tiene las mismas características asociadas con ella; de hecho, este proceso de generalización se encuentra estrechamente relacionado con el origen de los estereotipos sociales.

- Afectivo. Whittaker (1990, p. 244) define este componente como “(…) la respuesta emotiva que va asociada con una categoría cognoscitiva a un objeto de la actitud”, el cual, se forma a partir de los contactos que hayan ocurrido entre la categoría y las circunstancias experimentadas como placenteras o desagradables. Este componente presenta congruencia con el componente cognoscitivo, por lo que si hay cambios en las características asociadas con una categoría, habrán cambios en el significado y, probablemente, también los haya en el componente afectivo.

- Conductual. Es la predisposición conductual que tiene un individuo hacia un objeto de la actitud. Nótese que esta predisposición, que implica que hay una relación entre la actitud y la conducta observable, sólo permite predecir la probabilidad de que ocurra una conducta determinada que tiene como base una actitud con la que se ha categorizado y evaluado positiva o negativamente un objeto en particular.

Cabe señalar que las actitudes no son directamente observables, por lo que son consideradas como variables latentes, es decir, son inferidas a partir de ciertas respuestas mensurables que reflejan una evaluación positiva o negativa hacia el objeto de la actitud (Moya et al., 1994); de ahí que en la actualidad, no sólo existan varios métodos (escalas) para medir actitudes, sino también métodos específicos para medir cada uno de sus componentes estructurales.


Referencias

  • Moya, M., Rebolloso, E., Fernández Dols, J. M., Huici, C., Marques, J., Páez, D., Pérez, J. A. y Turner, J. C. (1994). Psicología social. España: McGraw-Hill.
  • Rodrigues, A., Assmar, E. y Jablonski, B. (2002). Psicología social. México: Trillas.
  • Vargas Melgarejo, L. M. (1994). Sobre el concepto de percepción [Versión impresa]. Alteridades, 4(8), 47-53.
  • Vargas Rubilar, J. A. (2009). Percepción de clima social familiar y actitudes ante situaciones de agravio en la adolescencia tardía [Versión impresa]. Interdisciplinaria, 26(02), 289-316.
  • Whittaker, J. O. (1990). La psicología social en el mundo de hoy. México: Trillas.

Cómo iniciar un proyecto de Investigación

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Por el Psic. Fernando Reyes Baños


Para Vero

La investigación científica, según Landero y González (2006), es una herramienta valiosa para la ciencia, pues le permite a ésta trascender las suposiciones del sentido común, motivo por el cual existen notables diferencias, entre afirmar que existe una relación entre dos eventos porque ésta parezca evidente (sin detenerse a realizar observaciones exhaustivas) y explorar sistemáticamente con el propósito de comprender, total o parcialmente, un fenómeno determinado, diferencias que se acentuarán para quienes, noveles en la aplicación de la metodología para realizar trabajos de investigación, pretenden iniciar con un proyecto que les demanda actuar, desde el principio y en cada fase, de manera controlada y crítica (Giroux y Tremblay, 2004).

Cualquiera que sea el enfoque que sea adoptado para su realización (cuantitativo, cualitativo o mixto), todo proyecto de investigación inicia con una idea como punto de partida, pues ésta representa una primera aproximación a la realidad (objetiva o subjetiva) que habrá de investigarse (Hernández, Fernández y Baptista, 2010).

Las fuentes para generar ideas para una investigación son múltiples: experiencias individuales, materiales de diversa índole, contenidos disponibles en distintos medios, etcétera. Sobre tales fuentes debe considerarse empero, que éstas no se relacionan con la calidad de las ideas que propician (la idea que surge por una película en el cine puede ser tan válida como una propiciada por la lectura de un artículo científico), además de que éstas pueden generar ideas por separado o conjuntamente.

Por lo anterior, resulta obvio que las ideas capaces de propiciar un punto de partida para comenzar un proyecto de investigación pueden surgir de numerosas y muy diversas fuentes, entre las que debe incluirse también, las que se relacionan con la solicitud que una persona hace a otra para emprender un estudio dentro de un marco institucional; en cualquier caso, las ideas que se generan para iniciar esta clase de proyectos son generalmente vagas, por lo que resulta imprescindible analizarlas cuidadosamente, para poder transformarlas en planteamientos precisos y estructurados.

En 1981, Labovitz y Hagedorn (citados por Hernández et al., 2010) afirmaron que cuando se desarrolla una idea de investigación es conveniente conocer el campo de conocimiento donde ésta se ubica, para lo cual deben especificarse algunos aspectos que favorezcan familiarizarse con dicho campo de conocimiento, por ejemplo, leer artículos y libros que hablen del tema de interés, buscar sitios en Internet que contengan información útil respecto a éste, entrevistar a investigadores o expertos en ese campo que brinden orientación sobre los aspectos más adecuados a investigar, etcétera.

Conocer los antecedentes del tema seleccionado a través de estudios, investigaciones y trabajos que lo precedan, resulta necesario porque propiciará que la investigación represente un aporte novedoso al evitar temas que han sido muy estudiados con anterioridad, además de que se podrá esbozar con mayor claridad y formalidad lo que se desea investigar.

Cuanto mejor se conozca el tema que se seleccione, más fácilmente resultará afinar la idea de investigación. Conviene tomar en cuenta también que hay temas que han sido más investigados que otros, por lo que su campo de conocimiento se encontrará mejor estructurado y sus planteamientos demandarán un mayor grado de especificidad. ¿Por qué es importante tener presente esto? Porque la abundancia o la escasez de estudios, investigaciones y trabajos que traten sobre el tema que se seleccione dependerá de cuán investigado, estructurado y formalizado esté el campo de conocimiento que le corresponda.

Danhke sugirió en 1986, como una forma de generar ideas productivas de investigación (citado por Hernández et al., 2010), que la idea que el investigador elija para trabajar debe intrigarlo, alentarlo y excitarlo, porque cuanto más se sienta estimulado y motivado por ella, más se involucrará con el estudio que realice. Pero como Cervo y Bervian afirmaron en 1998: no puede haber selección sin criterios de selección, por lo que resultará imprescindible considerar no sólo temas que requieran mejores definiciones o mayor precisión y claridad de la que ya exista sobre ellos, sino también a los que cumplan con criterios como los propuestos por Münch y Ángeles (1998) y que a continuación se describen:

Factibilidad. Deben considerarse los recursos que se tengan disponibles: tiempo para hacer la investigación, acceso a la información, dificultad del estudio, financiamiento, etcétera.

Importancia. El problema a investigar debe ser actual y, siempre que sea posible, aplicable, es decir, que brinde una solución que aporte algo significativo al área de conocimiento correspondiente y a la sociedad.

Precisión. El tema debe ser lo más concreto y específico posible, pues un tema demasiado general, regularmente, conduce a una lamentable pérdida de tiempo, esfuerzo y recursos.

Iniciar con un proyecto vinculado con la investigación científica es un primer gran paso para caminar a través de un proceso caracterizado por la sistematicidad. No es una tarea fácil, pero una vez que se logra seleccionar el tema y delimitarlo, se logran entrever las posibilidades y sus relaciones, cuya cristalización propiciará establecer un planteamiento del problema que servirá de guía, en lo sucesivo, al investigador novel.


Referencias

Cervo, A. L. y Bervian P. A. (1998). Metodología Científica. México: McGraw-Hill.
Giroux, S. y Tremblay, G. (2004). Metodología de las ciencias humanas. México: Fondo de Cultura Económica.
Hernández, R., Fernández, C. y Baptista, P. (2010). Metodología de la investigación. (5ta. ed.). México: McGraw-Hill.
Landero Hernández, R. y González Ramírez, M. T. (2006). Estadística con SPSS y metodología de la investigación. México: Trillas.
Münch Galindo, L. y Ángeles Mejía, E. A. (1998). Métodos y técnicas de investigación. México: Trillas.

El investigador ético

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Por el Psic. Fernando Reyes Baños


Karl Popper (2002), el filósofo austriaco, compartió con sus lectores en cierta ocasión la analogía que podía trazarse entre un investigador y un reflector. Popper afirmó que la observación que hacía un investigador de su objeto de estudio era parecida a la luz que un reflector proyectaba sobre una parte de un objeto tridimensional, iluminando algunas partes de ese objeto, pero dejando en penumbras otras partes de éste; así pues el investigador seleccionará una parcela de la realidad, para estudiarla y comprobar hipótesis de investigación, con lo cual contribuirá a resolver, una problemática vinculada a ese retazo de realidad. La ética implicada con esta analogía y con lo que hace el investigador tiene que ver con todo el proceso: qué aspecto seleccionar (y cuáles no ver), cómo estudiar ese aspecto _que en el caso de las ciencias sociales involucra a personas_ y cómo tener presente, en todo momento, que las personas a las que se estudia son un fin en sí mismo y no un medio, aunque finalmente se ponga el mayor esfuerzo en tratarlas como objetos susceptibles de cifrarse a la hora de ser analizadas matemáticamente o categorizadas para su mejor comprensión. Es un dilema perenne en la investigación, pero tomar racionalmente una decisión al respecto es lo que brinda sentido al hecho de hablar de ética en la actitud del investigador.

Desde el punto de vista de la ética normativa, la cual busca alcanzar estándares morales que regulen la conducta humana como buena o mala, podríamos analizar la actitud de los investigadores de acuerdo con la teoría de las virtudes, que implica el desarrollo de buenos hábitos del carácter. Entre las virtudes que Lozano (2005) refiere acerca de esta teoría están las referidas por Platón (conocidas por el nombre de “virtudes cardinales”): prudencia, fortaleza, templanza y justicia, y las aportadas por los teólogos medievales: fe, esperanza y caridad.

Acerca de la actitud de los investigadores, ésta, de manera ideal y de acuerdo solamente con las virtudes cardinales, debería caracterizarse de la siguiente manera:

a) Si la prudencia es la relación entre la información, la evaluación de esa información y la acción que procede, entonces tiene mucho que ver con el trabajo que hace un investigador porque, al contrario de cómo lo haría el neófito implicado con una cotidianidad dispar o quienes se ocupan de esparcir rumores, con intenciones amarillistas a través de los mass media para el deleite de una determinada audiencia, lo que el investigador concluye y emite como resultado de su trabajo, además de pasar por el escrutinio de una comunidad científica que vigilará la sistematicidad del proceso, deberá caracterizarse por ser preciso, confiable y válido (Giroux y Treamblay, 2004), pues su responsabilidad tiene que ver con aportar una solución o una serie de recomendaciones útiles para resolver un problema contextualizado en un segmento de la realidad, misma que sólo puede ser accesible a través de la información que logre recabar a través de sus instrumentos y técnicas, información con la cual el investigador estará en posibilidades de proponer, con cierta certeza, un camino viable para la acción.

b) Si la fortaleza es la virtud que nos da el poder de enfrentarnos a los obstáculos que se nos van presentando en la vida, su implicación con la actitud de los investigadores también es estrecha, porque durante el proceso de la investigación pueden presentarse muchos inconvenientes que podrían dificultar o hasta impedir que la investigación prosiga su curso hasta terminar; de ahí que, desde un inicio, se tomen en cuenta las limitaciones que se supone podrían entorpecer su realización, aunque siempre es posible toparse con situaciones imprevistas que requerirán de la fortaleza de quienes investigan.

c) Si la templanza es autodominio, es decir, una fuerza para controlar la tendencia que todos tenemos al placer, en los investigadores es más que evidente su implicación con esta virtud cardinal, así como también en quienes apenas estamos aprendiendo a investigar; efectivamente, ¿qué impide que muchos aprendices, abrumados por el trabajo que representa buscar información, recabar datos o procesar estos últimos para su análisis no quieran pasar por alto algunas de sus fases para facilitarse las cosas, aunque tal sesgo en su procedimiento afecte la sistematicidad de lo que hacen? En algunas ocasiones, la falta de autodominio también afecta a los investigadores ya reconocidos, sobretodo, cuando se busca que sus resultados favorezcan lo que están tratando de comprobar con sus hipótesis de investigación, tal es el caso por ejemplo, del “fraude ignominioso” atribuido a Cyril Burt, discípulo de Ch. Spearmen (Pueyo, 1999) por la manipulación que hizo de datos sobre la heredabilidad de la inteligencia.

d) Finalmente, si la justicia es dar a cada quien lo que le corresponde, siendo conmutativa cuando se manifiesta entre iguales, concierne nuevamente a los investigadores y a quienes integran los comités de deontología ser justos, sobretodo, cuando están de por medio patrocinios, becas y presupuestos considerados para quienes asumen la función de generar conocimientos y contribuir con los avances científicos y tecnológicos de un país. Justicia sería en tales casos evaluar con objetividad el trabajo que cada investigador hace y becar o patrocinar aquellos trabajos que promuevan la originalidad y la solución para problemas importantes de la realidad social. Un caso contrario, por ejemplo, serían los investigadores que, formando parte de un sistema que integra a los mejores investigadores de un país a los cuales se patrocina, acuerden entre ellos citarse mutuamente y “escribir nuevos y originales artículos” que sólo enmascaran para que parezcan innovadores.

El investigador debe actuar de forma tal que sea posible atribuirle una actitud ética con relación a su trabajo; así pues, se esperaría que actuara con:

- Honestidad, sujetándose a los datos que recopiló, al procedimiento que propuso, a los resultados que obtuvo, etcétera;

- Rigor científico, particularmente en el caso de las ciencias humanas, haciendo lo posible para no concernirse con su objeto de estudio;

- Responsabilidad, pensando en las consecuencias que tendría alcanzar ciertos objetivos para él y para los demás (utilitarismo);

- Pertinencia social, es decir, haciéndose consciente de la importancia que su trabajo tiene para resolver problemas reales de su contexto inmediato o mediato:

- Humanismo, pues aunque las consecuencias parezcan un buen criterio para valorar moralmente una acción (consecuencialismo), quizá resulte imprescindible no perder el significado aportado por Kant a través de su imperativo categórico: “Trata a la gente como un fin y nunca como un medio para lograr un fin” (Lozano, 2005, p. 3).

- Tolerancia, respeto, humildad y multiculturalidad.

Tales aspectos se vuelven más importantes cuando se considera además, que el investigador no investiga o no debería hacerlo como encerrado en una especie de torre de marfil desde la cual observa, con cierto aire de superioridad, al resto de los mortales; ocurre pues, que el investigador responde a las expectativas de ciertos intereses, los que dictaminan con la promesa de una retribución monetaria, qué debe investigarse y qué objetivos deben alcanzarse.

Lo interesante aquí es que la investigación, como la ciencia y la tecnología, no representa ningún peligro o beneficio para nadie, porque tales efectos lo propician las personas que hacen investigación y las personas que pagan, conceden o autorizan que se investiguen ciertas cosas (y no otras). Siempre han sido las personas las que hacen todo lo bueno o todo lo malo para los demás. La ciencia, la tecnología y su aspecto dinámico: la investigación (Bunge, 1989), pueden lograr grandes cosas por todos, pero que tales resultados sean positivos o negativos depende de la dirección que marquen las personas relacionadas con tales ámbitos, siendo las últimas palabras de esta frase una verdadera lástima en el caso de México, donde la mayoría de sus habitantes está tan cerca del fútbol, pero tan lejos de la ciencia como en cierta ocasión lo dijera una estudiante ejemplar.


Referencias
  • Andrés Pueyo, A. (1999). Manual de psicología diferencial. España: McGraw-Hill.
  • Bunge, M. (1989). La ciencia, su método y su filosofía. México: Nueva visión.
  • Giroux, S. y Tremblay, G. (2004). Metodología de las ciencias humanas. México: Fondo de Cultura Económica.
  • Lozano, F. (2005). Cómo incorporar la ética a cursos de la Universidad Virtual, El Tintero, Vol 18
  • Popper, Karl R. (2002). La responsabilidad de vivir: escritos sobre política, historia y conocimiento. México: Paidós.

Habilidades del pensamiento en prestadores de servicios turísticos: aprendizaje para mejorar la atención al turista

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Por el Mtro. Jesús José Cedano Galera

El sector turístico es uno de los mas dinámicos en cuanto a captación de divisas, generación de empleos y detonante del desarrollo regional, es el tercer captador de divisas después del petróleo y de las remesas de los connacionales que trabajan en el extranjero, por ello es tan importante que se cuide y se fomente un adecuado crecimiento; además es un sector eminentemente humanista, ya que es una industria de servicios y los servicios son proporcionados por seres humanos, los cuales en la medida que estén capacitados y educados podrán proporcionar mejores servicios.

En su documento “La enseñanza de las habilidades del pensamiento desde una perspectiva constructivista” las doctoras Irene Daniela Muria Vila y Milagros Damián Díaz, ambas catedráticas de la UNAM, analizan el comportamiento de los estudiantes y el perfil de egreso real de los estudiantes de cualquier nivel educativo y manifiestan que las enseñanzas con contenidos declarativos y procedimentales son importantes, pero enfatizan que los contenidos actitudinales son fundamentales para desarrollar los valores, entre ellos: el respeto, la responsabilidad, la honradez, el civismo, el apreciar el trabajo, el servicio y la atención.

Es ahí, donde se requiere que los prestadores de servicios turísticos aprendan estas habilidades del pensamiento, para que se desarrolle en ellos la necesidad de adquirir las actitudes positivas que se requieren dentro del sector, ya que si el trabajador muestra valores nucleares positivos será mejor en el desempeño de sus labores, tendrá contento a su empleador porque le produce más y mejor, se genera mejor ambiente en el trabajo y esa armonía contagia a sus compañeros de trabajo, los cuales adquieren por imitación, las buenas actitudes; también el turista se sentirá mejor en el trato que recibe, ya que las buenas actitudes se perciben haciendo que su estancia en el destino turístico sea más agradable y placentera, motivándolo a permanecer más tiempo y a incrementar su gasto, beneficiando al prestador de servicios y al destino turístico.

Por ello debemos enseñar a los trabajadores del sector turístico a aprender a aprender, entendiendo este concepto como el despertar del potencial que tiene el ser humano de percibir su entorno, asimilarlo, analizarlo y aprovecharlo para su crecimiento, para ello es primordial que el conocimiento salga de los recintos académicos y se enfoque al campo productivo. El fomentar las habilidades del pensamiento nos harían una mejor sociedad y por supuesto mejoraría la calidad del servicio turístico, haciendo a nuestro país más competitivo y con este hecho recibiríamos más turistas y, por consiguiente, más recursos económicos, tan importantes y necesarios en un entorno de recesión económica mundial.
En el reporte de competitividad de viajes y turismo del foro económico mundial de 2008, México se ubica en la posición 55 dentro del índice global de competitividad en turismo; si comparamos su desempeño con algunos otros países latinoamericanos, podemos observar que son 6 los que tienen una mejor posición dentro de este índice global.

El aspecto competitivo más importante para México son los recursos humanos, naturales y culturales, sin embargo nuestras debilidades son los aspectos de seguridad, infraestructura de transportación terrestre, competitividad de precios, afinidad para el turismo, salud, higiene y, por supuesto, la educación y capacitación, que se encuentran en la posición numero 64.

Con esta información nos damos perfectamente cuenta de lo que tenemos que avanzar en la educación, por ello para avanzar en la enseñanza del pensamiento, debemos conocer la teoría de las inteligencias múltiples, de Howard Gardner, el cual define la inteligencia como “un potencial biopsicológico para procesar información que se puede activar en un marco cultural para resolver problemas o crear productos que tienen valor para una cultura”.

De esta definición se entiende que los potenciales neuronales que la inteligencia genera, no son algo tangible ni observable y que se pueden o no activar dependiendo de los valores de una cultura determinada, de las oportunidades que se encuentren disponibles, de las decisiones que tome cada persona, o aquellas involucradas, como la familia, profesores, etc. Yo consideraría que un factor muy importante es el entorno, porque dos individuos, con cultura similar, con los mismos valores e, inclusive, genéticamente iguales, si su entorno es diferente, su inteligencia será diferente, y por supuesto sus actitudes, por ejemplo, dos hermanos nacidos en Acapulco, educados y crecidos en la misma casa con los mismos valores y los mismos estímulos, al ser adultos y dejar su casa, para cada uno formar su propio hogar, en un entorno diferente, el desarrollo de su habilidad cognitiva será distinto y, por supuesto, su respuesta a los estímulos dependerá de sus experiencias previas, por lo que aún en este caso, podemos darnos cuenta de que el proceso educativo es un asunto muy personal y que podemos manejar modelos educativos que sean lo suficientemente flexibles para que los individuos puedan desarrollar su inteligencia, entendiendo ésta: “Como el conjunto de habilidades, talentos o capacidades mentales, que todos los individuos normales poseen estas capacidades en un cierto grado; los individuos difieren en el grado de capacidad y en la naturaleza de la combinación de estas capacidades”(Gardner).

Las inteligencias que propone Gardner, y que serian muy valiosas para los trabajadores turísticos, son: lógico-matemática, lingüística, espacial, interpersonal, musical, cinético-corporal, naturalista y existencial.

En el ámbito turístico, cuando se prepara a un trabajador para dar servicio en un establecimiento, se tienen 4 etapas: el adiestramiento, la capacitación en el trabajo y para el trabajo, la educación formal y empírica y la investigación.

El adiestramiento, que consiste en enseñarles habilidades psicomotoras con las cuales podrán preparar bebidas mezcladas, alimentos preparados, hacer camas, barrer, limpiar, etc., son actividades mecánicas que se aprenden para entrar a trabajar en las áreas básicas de los establecimientos turísticos. Estas habilidades, por lo regular, se enseñan en los sindicatos o en las mismas empresas donde se retoma la figura del aprendiz y los puestos que se les otorgan son cantinero, garrotero, asistente de cocina, lavaplatos, camarista, mozo, etc.

Pero, ¿qué es una habilidad? “Es la facultad que se tiene de aplicar algún tipo de conocimiento procedimental, lo cual implica también evaluar y mejorar lo que se hace y se piensa (…) para desarrollar una habilidad hay que seguir una serie de etapas que son:

  • Conocer y comprender la operación mental que define el proceso.
  • Estar consciente de los pasos que conforman la definición operacional del proceso.
  • Lograr la transferencia del proceso aplicándolo a gran variedad de situaciones y contextos.
  • Generalizar la aplicación del procedimiento.
  • Evaluar y perfeccionar continuamente dicho procedimiento” (Sanchez 2002)

La capacitación para el trabajo consiste en el aprendizaje de ciertos métodos y/o técnicas que le permitirán a la persona ser apta para desempeñar determinada función dentro de del negocio turístico. Los puestos que son otorgados después de la capacitación son: cocinera, recepcionista, cajera, reservacionista, secretaria, mesero, sistemas, mantenimiento, asistentes de ventas, de alimentos y bebidas, compras, contabilidad, botones, etc. Estos cursos son otorgados por instituciones gubernamentales como las secretarias de turismo (en sus 3 ámbitos), del trabajo y de economía (federal y estatal), escuelas técnicas gubernamentales como el CONALEP, CETIS, CEBETIS, CEBETA y escuelas privadas (tipo instituto patrulla).

La capacitación en el trabajo es proporcionada por las mismas empresas prestadoras de servicios turísticos, las cuales piden apoyo a la secretarias del trabajo, de economía y de turismo, con algún porcentaje del costo de los honorarios del instructor, realizando en sus instalaciones los cursos, esto con el fin de que el personal que actualmente labora en la empresa, aprenda nuevas técnicas y, en base a su desempeño, sea ascendido, teniendo la posibilidad de mejorar su sueldo (el nivel de los trabajadores sigue siendo operativo).

Según la Dra. Albertina Mitjans: “En primer lugar encontramos que los cursos hacen énfasis en el desarrollo de operaciones cognitivas básicas. Se basan en que las dificultades del pensamiento radican en la falta de facilidad que tiene el individuo para manejar adecuadamente diferentes procesos cognitivos básicos, por ejemplo: comparación, clasificación e inferencia.”.

La Educación es proporcionada de 2 maneras: la formal, en recintos universitarios; y la informal, que se adquiere a través de los años en la practica de las funciones de las diversas áreas de los negocios turísticos (La llamada escuela de la vida).

En las universidades se enseñan materias enfocadas a satisfacer las necesidades laborales del entorno, con el gran problema de que muchas veces los planes de estudio están desfasados y lo que se adquiere en las aulas es obsoleto y, por consiguiente, los jóvenes que egresan no encuentran trabajo o si lo encuentran no corresponde al nivel de estudios ni a las expectativas de salario que tiene un universitario; regularmente, por la desesperación de tener un ingreso aceptan trabajar en un área operativa o emigran a otros destinos turísticos, fugándose los cerebros y la esperanza de innovación, renovación y fortalecimiento intelectual de la sociedad (el caso de Acapulco). “Los diferentes sistemas educativos, salvo muy contadas experiencias (entre ellas, las desarrolladas siguiendo el esquema Rogeriano y las desarrolladas, por ejemplo, en nuestro país por R. Avendaño y A. Minujin) están diseñados para lograr la adquisición por el alumno de conocimientos, hábitos y habilidades; no para desarrollar integralmente la personalidad, ni para formar individuos creativos” (Dra. Albertina Mitjans).

En el caso de la investigación es lamentable que los pocos esfuerzos que se hacen en el sector gubernamental y en las universidades públicas no sean valorados, ni reciban el apoyo ni la trascendencia para que nuestro país pueda ser considerado como de primer mundo. Es increíble que México, con tantos recursos económicos, naturales, humanos, culturales, no esté considerado como uno de los países más competitivos del mundo y uno de los factores más importantes es la escasa e inadecuada educación.

El primer astronauta mexicano, Rodolfo Nery Vela (guerrerense), mencionó en el marco de la conmemoración del bicentenario que no esperaba que en nuestro país ocurriera la revolución tecnológica ya que, desafortunadamente, se autorizó solamente el 1% del PIB nacional para investigación (aunque por argucias políticas, solo se asignó el 0.25%), mientras que se asignaron 300 millones de dólares americanos a los partidos políticos.

Con estas declaraciones nos damos cuenta de lo cara que es la “democracia” en nuestro país y como la investigación se deja en el rezago. Es increíble que en las cámaras de diputados y senadores la constante sea la ignorancia, la falta de actitudes, hábitos y valores positivos. Estos supuestos representantes sociales se jactan de la falta de educación y es lógico que ésta no sea una de sus prioridades; razón por la cual no se le da el lugar preponderante que, lamentablemente, tanto necesitamos los ciudadanos que creemos que el estudio es la base para tener una vida mejor.

En el marco de un mundo globalizado la tecnología nos abre nuevos horizontes, hay diversas herramientas de comunicación electrónica que nos permite alcanzar nuevos espacios y, por supuesto, más cantidad de personas, a las cuales podemos alcanzar en base a reconstruir la naturaleza pedagógica de nuestras experiencias como docentes, “Creando una comunidad de enseñanza–aprendizaje, que nos permita vincular a las personas entre ellas mismas, actividades y al mundo a lo largo del tiempo y en relación con otras comunidades de practica, la cual es: una condición intrínseca de la existencia del conocimiento, participar en ella nos acerca a su misma naturaleza y herencia cultural, y participar en estas practicas culturales en la que todo conocimiento existe, constituye el principio epistemológico del aprendizaje” (Edith Litwin, Mariana Magio y Marilina Lipsman)

En base a esta aportación de la tecnología y ante la necesidad de establecer puentes de comunicación con los estudiantes y con la comunidad, el objetivo debería ser sensibilizar a la población en general sobre la importancia del turismo para generar buenas actitudes, para posteriormente iniciar un proceso de enseñanza–aprendizaje que produzca buenos hábitos, los cuales aportarán nuevos valores a la comunidad, siendo estos positivos para mejorar la calidez y la calidad del servicio que se ofrece a los turistas.

Tenemos la gran oportunidad de generar cambios positivos en nuestra comunidad, al ser docentes podemos influir en las vidas de nuestros estudiantes y es nuestro deber como facilitadores del aprendizaje aprovechar todas las técnicas, teorías y tecnologías disponibles para construir conocimientos que sean los adecuados para garantizar la subsistencia, pero al mismo tiempo enseñarles la condición humana, con el propósito de que se ubiquen en el universo propio y puedan encontrar el fin que todo ser humano persigue, el de la felicidad.

Los seres humanos no pueden dar lo que no tienen, si queremos prestadores de servicios turísticos de excelencia, que hagan las cosas bien a la primera y en el tiempo en que se lo piden, que sonrían y que se muestren felices y gustosos de proporcionar un servicio, debemos procurar por todos los medios posibles que sean felices de manera integral para que se formen un espíritu de servicio y cuando ofrezcan éste sea genuino, natural, creando actitudes, hábitos y valores encaminados a mejorar la percepción de los servicios turísticos, generando mayor afluencia de visitantes, por supuesto mayor derrama económica y creando un estado de bienestar económico y social que se convertirá en un ciclo virtuoso donde las relaciones que se den a partir de éste serán de ganar-ganar.


PROPUESTA. Actualmente, el gobierno del estado publicó una cartilla turística la cual, desde mi punto de vista, ha tenido muy poca difusión y está sesgada desde el punto de vista de las habilidades del pensamiento, ésta debe incluir la metodología didáctica que incluya las modalidades de enseñanza, estrategias de enseñanza-aprendizaje y clima psicológico (Vigotsky), estableciendo una interacción del facilitador con los estudiantes para que exista el intercambio y, con éste, el enriquecimiento del conocimiento.


BIBLIOGRAFIA

  • La enseñanza de las habilidades del pensamiento desde una perspectiva constructivista. Autoras, Irene Daniela Muria Vila (Facultad de psicología) Milagros Damián Díaz (FES Iztacala) UNAM.
  • Tecnologías en las aulas. Autoras, Edith Litwin, Mariana Maggio y Marilina Lipsman, Amorrortu editores.
  • Constructivismo y educación. Autor Mario Carretero, editorial Aique.
  • Creatividad, personalidad y educación. Autora, Dra. Albertina Mitjans Martínez, Editorial pueblo y educación.
  • The travel & tourism competitiveness report 2008. World economic fórum
  • Cartilla turística de Acapulco, para sexto año de primaria. Gobierno del estado de Guerrero, Secretaria de Educación.


ANEXOS

[1], [2], [3], [4] y [5]
(Para ver los anexos hacer clíc en cada número)

El sentido de vida después de un diagnóstico de cáncer

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Por la Psic. Rocío Legorreta Nogueda

Una palabra que genera miedo nada más con pronunciarla es “cáncer”. El temor que induce por tratarse de algo desconocido, incontrolable y capaz de deshacer la vida es tal, que huimos de todo lo que nos lo pueda recordar.

La experiencia propia o de alguien cercano suele traernos imágenes de sufrimiento, de dolor y de muerte, de tratamientos agresivos, de soledad, desamparo e impotencia. La caída del pelo, los vómitos, las radiaciones, las secuelas de operaciones, todos los efectos secundarios parecen un alto precio a pagar para un resultado incierto.

A través de mi experiencia en el trabajo y el contacto directo con pacientes con cáncer, he observado una necesidad imperante de fortalecer su convicción de luchar por adaptarse, de vivir cada día de su enfermedad de la mejor manera posible y puedan ser capaces de enfrentar así, los retos que podrían presentárseles; asimismo es importante reconocer, la necesidad de utilizar la psicoterapia a través de un enfoque logoterapéutico para asistir al paciente oncológico, tomando en cuenta que otras escuelas y enfoques psicológicos apoyarían también la evolución del paciente.

La Logoterapia busca elevar el espíritu mediante la ubicación del paciente en su realidad, haciéndolo consciente de su problema y orientándolo con ello hacia una aceptación, que lo hará sentirse capaz de reconocer dicho problema y de proponerse a sí mismo alternativas con las que logrará darle a su existencia un nuevo motivo para vivir, evitando así experimentar un vacío existencial.

La relación paciente-terapeuta debe estar enmarcada en la noción de encuentro, que supone algunas diferencias con relación a otras terapias; una de ellas, por ejemplo, es no pasar por un análisis racional o saltar por sobre los hechos con interpretaciones (estas vendrán en un segundo momento), sino poder detenerse en un tema en el que se advierte posibilidad de sentido, colocándose junto al paciente y reflexionando con él; “ponerse en sus zapatos”, tratando de entender la posición que ha tomado frente a lo que le pasa; captando sus pensamientos, sentimientos, emociones, impulsos, etc.; experimentando el peso existencial de la situación, actitud fenomenológica fundamental que pone en movimiento a la persona del paciente y a la persona del terapeuta.

De esta forma, encuentro y sentido de vida se hacen uno; es el comienzo de la revalorización de la vida, ser protagonista de la propia existencia, aún en situaciones límites como el sufrimiento, el dolor y la muerte.

Y termino esto como dijo Viktor Frankl: “no soy yo quien le pregunta a la vida, es la vida quien me cuestiona a mí, y yo elijo cómo responder”.

Índices y costos en la construcción

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Por el Ing. Sergio Amaya Santamaria


El estudio de costos en la industria de la construcción, es un tema sumamente dinámico, que no se agota en las partidas de albañilería o acabados, pues los avances tecnológicos nos mantienen en constante análisis de nuevos materiales. Estos mismos avances, nos llevan a la especialización de los trabajadores, lo que hace crecer nuestro catálogo de Mano de Obra, aunque de manera tradicional, en las obras pequeñas y precisamente por ello, un buen albañil hace las labores del fierrero, carpintero y colocador de pisos y azulejos. En términos generales, aún se conserva en esas pequeñas obras el trabajo del yesero, cuando se requiere y el del pintor, que a su vez es también pastero.

Es recomendable que el Analista de Precios Unitarios haya tenido una buena experiencia en campo, pues eso le ayudará a considerar los rendimientos, pero también es importante la imaginación lógica y la evaluación de tiempos y movimientos sin estar presente en el evento, aunque siempre es recomendable que se hagan los estudios de campo. Hablo de la imaginación lógica y me refiero expresamente a situaciones afines; p. ej. Si el Analista ha visto la colocación de un tubo de cobre, no necesariamente necesita ver cómo se instala un codo o una conexión X, pues con la experiencia del tubo, imaginará de forma lógica los tiempos de colocación para cualquier pieza.

En la vida profesional, es frecuente que escuchemos a un trabajador de cualquier especialidad, a quien se le pregunta en cuánto hace el m2 de tal o cual colocación y nos da una cifra, para él válida, pero sin tener una base cierta de cómo la obtuvo, solamente deja ver la cantidad que cree le satisfaga sus requerimientos diarios. No debemos caer en ese tipo de situaciones, pues en primer lugar, debemos partir de los rendimientos razonables, con el personal y equipo que se requiera y sólo entonces estaremos seguros de la cantidad que podremos pagar al operario. No olvidemos que ese precio dista mucho de ser el Precio Unitario, pues deberá contemplar los Indirectos a la Mano de Obra, el Mando Intermedio, la Herramienta y demás elementos que lo complementarán, de acuerdo a las características del Presupuesto que se pretenda.

Es conveniente tener un Catálogo General de Precios Unitarios, y es recomendable utilizar los mismos precios para obras distintas, solamente irás adecuando en ciertos detalles, particularmente en el caso de obras mayores, pues nos toparemos con situaciones que podrían hacer variar nuestros rendimientos, es por ello que se recomienda hacer un buen estudio de las condiciones en que se realizará la obra y ya con este conocimiento, adecuar las matrices existentes y/o hacer los análisis nuevos que sean necesarios. Un ejemplo claro de esto, serían los rendimientos de colocadores de tabique en una casa habitación, donde sus muros podrán tener una longitud máxima de siete a ocho metros y su altura podría estar entre dos metros con diez centímetros, a dos metros con cincuenta, altura a la que se colarán los cerramientos para puertas y ventanas. En estas condiciones, el rendimiento de la pareja puede estar entre ocho a diez metros cuadrados por jornada. A ese mismo albañil dale tramo en una barda que tenga tres metros de altura en longitudes mayores a los cincuenta metros y verás que su rendimiento mejorará notablemente. Los rendimientos regulares están dados por la media de rendimiento hasta una altura de tres metros, utilizando un andamio después de un metro de altura. Todos estos pequeños detalles son los que habrá que cuidar al momento de analizar los precios de una obra.

En el estudio de los Análisis de Precios Unitarios, es muy importante saber analizar el COSTO HORARIO de la maquinaria, pues en todas las obras usamos diferentes equipos, unas veces propiedad de la empresa y otras rentados por tiempos determinados, pero siempre serán determinantes los precios que utilicemos para el cobro de estos conceptos.

Los costos, que en el caso de un Contador son cuestión de historia, pues los analiza a evento ocurrido, para el Ingeniero analista es casi cuestión de adivinación, no obstante conocer rendimientos y precios, tanto en lo referente a la mano de obra, como a los materiales y es que ya en la práctica pueden surgir situaciones que hagan variar los rendimientos propuestos en el presupuesto. Tal podría ser, en el caso de cimentaciones, que en algún momento se encuentre uno con una corriente de agua; esta situación, en el caso de ser pequeña, podrá ocasionar retrasos en los rendimientos de los trabajadores, en caso mayor, tal vez debamos interrumpir las labores para eventualmente bombear el agua y tratar de controlar los escurrimientos mediante alguna obra extraordinaria, por ejemplo, una galería filtrante o una obra adicional que nos permita trabajar en seco; en fin, las cuestiones extraordinarias pueden ser muy diversas.

Por tanto y a fin de dejar la adivinación para los magos, tendremos el cuidado de estar lo mas enterados de las condiciones en que se hará la obra. Casi de manera general, nuestros análisis de Precios deberán ser avalados por otras personas, quienes pretenderán pagar menos por el mismo trabajo, así es que deberemos ir bien armados con los conocimientos relativos para convencer, o cuando menos negociar el precio de la manera mas conveniente para nuestra causa

De suma importancia es el estudio de los Costos Indirectos, tanto en lo referente a la Mano de Obra, como al Indirecto Empresarial, pues un descuido en estos rubros puede ocasionar pérdidas irreparables, especialmente cuando el Presupuesto fue utilizado para concursar en una licitación, pública o privada, pues en el caso de obtener el Contrato, no habrá manera de subsanar este error. Para una mejor determinación de estos Costos Indirectos, deberemos estar en contacto con la parte Contable y Administrativa de la empresa, pues ellos tendrán los datos mas confiables para determinar nuestros indirectos; estos indirectos multiplicarán a las cantidades obtenidas por Mano de Obra, y el correspondiente multiplicará a nuestro Costo Directo, a fin de obtener el Precio de Venta. Finalmente y ya con el conocimiento pleno de los gastos y costos reales, se pueden hacer las adecuaciones que se requieran a fin de obtener la cifra final que se someterá a la licitación.

Debido a que los Precios Unitarios se basan en las actividades de una obra de construcción, el Catálogo de Conceptos deberá seguir, en lo posible, dicho orden de actividades. Nuestras hojas de análisis empezarán por una serie de precios denominados PRIMARIOS, en éstos estarán incluidos los Costos Horarios de equipos y maquinaria, posteriormente analizaremos los Precios PRELIMINARES, que ya son actividades dentro de la obra. P. ej. Trazo y nivelación: Si vamos a definir una poligonal y dentro de ella localizaremos una o varias estructuras, requeriremos de una brigada de topografía, quien obtendrá el trazo y hará la nivelación; previamente habremos hecho la Matriz de Costo Horario, donde habremos incluido el costo de los equipos y los rendimientos de las personas que conforman la brigada, ya con esos datos, podremos proponer el precios por unidad dentro del Presupuesto.

Otros ejemplos los podremos tener en excavaciones, rellenos, acarreos, fabricación de morteros y concretos, etc., primero tendremos que analizar los Costos Horarios de la maquinaria para poder realizar estas actividades de obra.

Entrando en detalle, para la determinación del Costo Horario de los trabajadores, si consideramos que la jornada laboral es de 8 horas, el Costo Horario de un trabajador que gane $ 1,500.00 semanales, será: 1,500.00/7= $ 214.29 por día. 214.29/8= $26.79 Hora, mas el indirecto a la mano de obra que analizaremos mas adelante; pero con este costo perderíamos dinero con cada hora cobrada, pues en la realidad, el empleado trabaja 6.8 horas diarias, el resto del tiempo lo dedica a cambiarse de ropa, a preparar su equipo, a comentar trivialidades con sus compañeros, a tomar agua o fumar un cigarrillo, etc. Por tanto, si le pagamos $ 214.29 por día, entre 6.8 = $ 31.51 por hora.

En el caso de la maquinaria, se consideran 200 horas por mes, es decir, 8 horas diarias por 25 días al mes y ya dependerá, en el caso de tener maquinaria propia, del tiempo de depreciación que consideremos. Es conveniente hacer una buena investigación del mercado de maquinaria de la localidad en que se construirá, tanto de maquinaria nueva, como de equipos en renta, pues en las dos modalidades podremos utilizar los datos, y tanto unos como otros, deberán ser congruentes.

Tomando en consideración que estaremos analizando lo necesario para una obra mediana, tendremos necesidad de varios equipos: Revolvedora, vibrador de concreto, tanto eléctrico, como de combustión interna, retroexcavadora con cargador frontal, malacate, etc.

Vistas estas generalidades y entendiendo que, el estudioso de la materia siempre tendrá suficiente literatura de técnicos prestigiados que han dedicado sus vidas a este importante trabajo que da soporte a la industria de la construcción, se invita al lector interesado en este tema al blog Curso Práctico de Análisis de Precios Unitarios, donde podrá continuar con su revisión a través de capítulos que, de manera clara y precisa, pondrán a disposición de estudiantes, profesionista y docentes relacionados con la inductria de la construcción importantes conocimientos.


Análisis estadístico de reactivos en pruebas de rendimiento escolar

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Por el Psic. Fernando Reyes Baños

Analizar las respuestas que un grupo de sujetos da a los reactivos de una prueba tiene la función de ayudar a mejorar ésta, debido a que con la revisión de sus reactivos puede determinarse cuán efectivos son cada uno de ellos para medir el atributo que la prueba pretende medir como un todo.

Para las pruebas de rendimiento escolar (los exámenes que se aplican en el salón de clases) no hay, generalmente, criterios con los cuales poder determinar la validez de los reactivos (que implicaría, como es de suponerse, la correlación entre el porcentaje de sujetos que contestan correctamente cada reactivo con alguna medida de criterio externo), motivo por el cual, se utiliza un procedimiento denominado de consistencia interna con el que se sustituye el criterio externo por las calificaciones totales de la misma.

El propósito de analizar los reactivos de una prueba de rendimiento escolar es que los reactivos que se seleccionen para su versión definitiva sean indicadores adecuados de lo que la prueba mide como un todo; para ello, cada uno de los reactivos que integran la prueba deberá evaluarse para determinar cuán difíciles son y en qué grado sirven para diferenciar entre quienes presentan un rendimiento alto y bajo en la prueba, lo cual será posible, gracias al cálculo de sus índices de dificultad y de discriminación.


Índices de dificultad (Idf) y de discriminación (Idc) [1]

Mientras que Idf señala la proporción de personas que respondieron correctamente el reactivo de una prueba, Idc indica qué tan bien discrimina cada reactivo de la prueba entre las personas con un buen desempeño general en ella y aquellas que tuvieron un desempeño deficiente. Veamos a continuación, más detenidamente, cada uno de estos índices.

Idf tiene un rango de 0.00 a 1.00. Cuando el Idf de un reactivo es igual a 0.00 significa que ningún sujeto lo contestó correctamente, mientras que si el Idf de un reactivo es igual a 1.00, significa que éste fue respondido por todos los sujetos correctamente. ¿Cuál es el valor óptimo de Idf? Eso depende, principalmente, de dos factores: los propósitos de la prueba y la cantidad de opciones de respuesta de sus reactivos. Por ejemplo: si la prueba busca identificar un porcentaje reducido de estudiantes que represente a quienes tuvieron el mejor aprovechamiento durante un curso escolar, entonces la prueba debe tener un grado de dificultad tal que Idf tenga un valor medio bajo; en cambio si el propósito de la prueba es abarcar también a un reducido porcentaje de quienes obtuvieron un aprovechamiento por debajo de la media, entonces convendría que Idf tuviera un valor más elevado. Otro ejemplo: dependiendo de la cantidad de opciones de respuesta que tengan los reactivos, estos serán más o menos difíciles, o para decirlo con mayor precisión: “a mayor número de opciones de respuesta, mayor grado de dificultad del reactivo”; por ello, si un reactivo tiene sólo dos opciones de respuesta tendrá, en promedio, 0.85 de dificultad, uno con tres opciones tendrá 0.77 de dificultad, uno de cuatro opciones 0.74, uno de cinco 0.69, etc.

Idc mide la efectividad de un reactivo para discriminar entre quienes obtienen calificaciones altas y bajas en una prueba. Cuanto mayor sea Idc, mayor será la efectividad del reactivo para discriminar entre los estudiantes con calificaciones altas y bajas en la prueba como un todo, de manera que cuando Idc vale 1 (situación, ciertamente, muy improbable), significa que todos los estudiantes del grupo con mejor rendimiento en las calificaciones totales de la prueba y ninguno del grupo con el más bajo rendimiento respondió el reactivo correctamente. Pero, ¿cuál es el valor óptimo de Idc? Generalmente, se considera que un reactivo tiene un valor adecuado de Idc si éste es igual o mayor a 0.30; hay que considerar, no obstante, que Idf y Idc no son índices independientes y que el valor mínimo aceptable de Idc variará según sea el valor de Idf. Respecto al valor que puede adoptar Idc se han propuesto diferentes clasificaciones de rangos para interpretar la efectividad que presentan los reactivos de una prueba para discriminar. La Tabla 1 es un ejemplo de estas clasificaciones:


Idc = de .60 a 1.00

Muy buena discriminación

Idc = de .40 a .59

Buena discriminación

Idc = de .20 a .39

Moderada discriminación (Debe mejorarse el reactivo)

Idc = de - .19 a .19

No discrimina (El reactivo debe mejorarse o eliminarse)

Idc = de -.20 a -1.00

Fuerte discriminación negativa (Es necesario revisar el reactivo para identificar problemas: ¿Está mal la clave?, ¿Permite dos respuestas correctas?, etc.



Un caso práctico

Como parte de las prácticas que realizamos a nivel universitario en una materia donde se revisa, principalmente, el aspecto técnico de los instrumentos de medición en psicología y educación se solicita a los estudiantes analizar los índices de dificultad y de discriminación de algunas pruebas de rendimiento escolar con el propósito de valorar, desde el punto de vista estadístico, en qué casos los reactivos de esta clase de pruebas deben ser aceptados, rechazados o revisarse, nuevamente, para su mejora.

A continuación se presenta, paso a paso, cómo se calcula Idf y Idc para una prueba de rendimiento escolar de 9 reactivos [2] aplicada a 14 estudiantes, tomando como materia prima el ejercicio realizado por los alumnos Ana Iris Bello Acevedo, Vannessa del Rocío Hernández Manzanarez y Ricardo Alberto Islas Páez, todos ellos alumnos de la carrera de psicología de la UAA.

1. Con una matriz como la que se muestra en la Tabla 1, se anota el puntaje que los estudiantes obtuvieron en cada uno de los 9 reactivos, asignando 1 a las respuestas correctas y 0 a las respuestas incorrectas y procurando que la posición que ocupen los sujetos se ordene, de forma descendente, de acuerdo al total de respuestas correctas que cada uno obtuvo en la prueba, de tal suerte que el sujeto A sea quien tenga el mayor puntaje, en este caso 9 (equivalente al total de reactivos de la prueba), el sujeto B quien tenga el mismo o menor puntaje, y así sucesivamente, hasta llegar al sujeto N, con un puntaje de 2, el cual, lo posiciona en el último lugar de la matriz. Nótese que en la Tabla 2 estamos incluyendo una columna con “TP” [3] (Total Puntaje) como encabezado, para anotar el total de respuestas correctas que cada estudiante obtuvo en los 9 reactivos.

SUJETOS

REACTIVOS

TP

1

2

3

4

5

6

7

8

9

A

1

1

1

1

1

1

1

1

1

9

B

1

1

1

1

1

1

1

1

1

9

C

1

1

1

1

1

1

1

1

1

9

D

1

1

1

1

1

1

1

1

1

9

E

1

1

1

1

1

1

1

1

1

9

F

1

1

1

1

1

1

1

1

1

9

G

1

1

1

1

1

1

1

1

0

8

H

0

1

1

1

1

1

1

1

1

8

I

0

0

1

1

1

1

1

1

0

6

J

1

1

1

0

1

1

1

0

0

6

K

1

1

0

0

1

1

1

1

0

6

L

0

1

1

0

1

1

0

0

1

5

M

1

0

0

0

1

1

0

0

0

3

N

0

0

1

0

1

0

0

0

0

2

Tabla 2



2. Una vez que vaciamos, contabilizamos y ordenamos esta información en la matriz, debemos dividir la población que contestó los reactivos de la prueba en 3 grupos: a) El grupo superior, constituido por quienes obtuvieron el mayor número de respuestas correctas en la prueba; b) El grupo intermedio, formado por quienes tuvieron un rendimiento promedio en la prueba; y c) El grupo inferior, compuesto por quienes obtuvieron el menor número de respuestas correctas en la prueba; para hacer esta división y obtener estos tres grupos, se sugiere aplicar la siguiente fórmula: N x 27 / 100, donde N es el número total de sujetos que presentaron la prueba y 27 equivale al porcentaje que, de manera convencional, suele darse a los grupos superior e inferior.

En el caso que nos ocupa ahora, la población que contestó los reactivos de la prueba está integrada por 14 sujetos, siendo el resultado igual a 4, porque 14 x 27 / 100 = 3.78, que redondeado es igual a 4; por tanto, nuestros grupos superior e inferior están constituidos por los 4 primeros estudiantes de la matriz (sujetos A, B, C y D) y por los últimos 4 estudiantes (sujetos K, L, M y N), respectivamente. Pero, ¿qué pasa con el grupo intermedio? Para la obtención de Idf y Idc no necesitamos utilizar el 46% restante, correspondiente a quienes obtuvieron un rendimiento promedio, porque lo que nos interesa es discriminar entre quienes obtuvieron calificaciones altas y bajas en la prueba como un todo.

La matriz, después de determinarse los grupos superior e inferior de la población que contestó los reactivos, debe quedar como se demuestra en la Tabla 3:


Sujetos

Reactivos

PC

Grupos

1

2

3

4

5

6

7

8

9

A

1

1

1

1

1

1

1

1

1

9

SUPERIOR

B

1

1

1

1

1

1

1

1

1

9

C

1

1

1

1

1

1

1

1

1

9

D

1

1

1

1

1

1

1

1

1

9

E

1

1

1

1

1

1

1

1

1

9


F

1

1

1

1

1

1

1

1

1

9


G

1

1

1

1

1

1

1

1

0

8


H

0

1

1

1

1

1

1

1

1

8


I

0

0

1

1

1

1

1

1

0

6


J

1

1

1

0

1

1

1

0

0

6


K

1

1

0

0

1

1

1

1

0

6

INFERIOR

L

0

1

1

0

1

1

0

0

1

5

M

1

0

0

0

1

1

0

0

0

3

N

0

0

1

0

1

0

0

0

0

2

Tabla 3




3. Para determinar Idf, se recomienda aplicar la siguiente fórmula:

(A + B) / N

Donde:

A es el número de respuestas incorrectas del grupo superior en un reactivo,
B es el número de respuestas incorrectas del grupo inferior en un reactivo y
N es el número total de sujetos que integran el grupo superior e inferior.

Para saber qué reactivo será aceptado, rechazado o considerado como candidato para otra revisión, cada reactivo deberá ser valorado de acuerdo a un criterio de aceptación determinado, que en nuestro caso (por ser una prueba de rendimiento escolar), un criterio adecuado sería: si el resultado se encuentra entre 0.20 y 0.80, entonces el reactivo será aceptado.

En nuestro caso, la aplicación de la fórmula (A - B) / N en cada reactivo de la prueba y la valoración de los mismos de acuerdo al criterio de aceptación establecido arrojaría como resultado una matriz como la que se muestra en la Tabla 4:


Índices de dificultad (Idf)

Reactivos

Fórmula para calcular el Idf

¿Cumple con el criterio (0.20-0.80)?

1

(0 + 2) / 8 = 0.25

SI

2

(0 + 2) / 8 = 0.25

SI

3

(0 + 2) / 8 = 0.25

SI

4

(0 + 4) / 8 = 0.5

SI

5

(0 + 0) / 8 = 0

NO

6

(0 + 1) / 8 = 0.125

NO

7

(0 + 3) / 8 = 0.375

SI

8

(0 + 3) / 8 = 0.375

SI

9

(0 + 3) / 8 = 0.375

SI

Tabla 4




4. Para determinar Idc, se recomienda aplicar la siguiente fórmula:

(A - B) / (N / 2)

Donde

A es el número de respuestas correctas del grupo superior en un reactivo,
B es el número de respuestas correctas del grupo inferior en un reactivo y
N es el número total de sujetos pertenecientes a los grupos superior e inferior.

Nuevamente, cada reactivo deberá ser valorado de acuerdo a un criterio de aceptación determinado. El criterio para valorar cada reactivo y determinar si debemos aceptarlo, rechazarlo o considerarlo candidato para otra revisión será, en nuestro caso, que el valor de Idc sea, en cada reactivo, superior a 0.

La matriz que presentamos en la Tabla 5 es el resultado de aplicar la fórmula (A - B) / (N / 2) a cada reactivo de la prueba y de valorar estos de acuerdo al criterio de aceptación que establecimos en esta ocasión:


Índices de discriminación (Idc)

Reactivos

Fórmula para calcular el Idc

¿Cumple con el criterio (Superior a 0)?

1

(4 - 2) / (8 / 2) = 0.5

SI

2

(4 - 2) / (8 / 2) = 0.5

SI

3

(4 - 2) / (8 / 2) = 0.5

SI

4

(4 - 0) / (8 / 2) = 1

SI

5

(4 - 4) / (8 / 2) = 0

NO

6

(4 - 3) / (8 / 2) = 0.25

SI

7

(4 - 1) / (8 / 2) = 0.75

SI

8

(4 - 1) / (8 / 2) = 0.75

SI

9

(4 - 1) / (8 / 2) = 0.75

SI

Tabla 5



5. Falta todavía lo más importante. Hasta ahora sólo hemos hecho, por separado, el cálculo de Idf y Idc y la valoración de acuerdo a un criterio de aceptación para cada uno de los reactivos de la prueba, pero falta que comparemos los resultados que obtuvimos con ambos índices y las valoraciones que hicimos de cada reactivo según el criterio de aceptación que elegimos, con el propósito final de determinar si cada reactivo es un buen indicador del atributo que la prueba mide como un todo. Para ello basta con posicionar, uno junto a otro, los resultados que obtuvimos y decidir si aceptamos, rechazamos o consideramos que deben volverse a revisar cada uno de los reactivos de la prueba, de acuerdo a las siguientes consideraciones:

SI + SI = SI, el reactivo se acepta
SI + NO o NO + SI = NO, el reactivo debe revisarse nuevamente
NO + NO = NO, el reactivo se rechaza

La Tabla 6 muestra cómo queda está última etapa en el caso que hemos estado revisando:


Reactivos

Idf y valoración

Idc y valoración

Valoración final

1

0.25

SI

0.5

SI

SI

2

0.25

SI

0.5

SI

SI

3

0.25

SI

0.5

SI

SI

4

0.5

SI

1

SI

SI

5

0

NO

0

NO

NO

6

0.125

NO

0.25

SI

NO

7

0.375

SI

0.75

SI

SI

8

0.375

SI

0.75

SI

SI

9

0.375

SI

0.75

SI

SI

Tabla 6



De acuerdo a los resultados que tenemos en la tabla anterior, podemos concluir que de los reactivos analizados:

a) Los reactivos 1, 2, 3, 4, 7, 8 y 9 podemos aceptarlos porque cumplen con los criterios que establecimos con relación al grado de dificultad y de discriminación que tales reactivos deben tener.
b) El reactivo 5, en cambio, debemos rechazarlo porque no cumple con tales criterios de acuerdo a los resultados que obtuvimos en el análisis final
c) Finalmente el reactivo 6, por el análisis efectuado, debe revisarse nuevamente si queremos incluirlo, posteriormente, entre los reactivos con un nivel aceptable de dificultad y de discriminación.


Analizar, estadísticamente, los reactivos de una prueba de rendimiento escolar permite mejorar la prueba en cuanto al grado de dificultad y fineza discriminativa que resulta conveniente que ésta posea, pero, evidentemente, estos procedimientos atienden solamente a un aspecto de la construcción más adecuada de esta clase de instrumentos. Para tener una visión más general acerca de este proceso se sugiere al lector consultar el artículo La examinación escolar: teoría y práctica para su aplicación normal, publicado en este mismo blog.


Notas

[1] En algunos casos Idf y Idc pueden encontrarse como p y D, respectivamente.
[2] Es necesario aclarar que los 9 reactivos correspondientes a esta “prueba”, originalmente, formaban parte de una prueba más extensa (de 40 reactivos) que, para fines prácticos y didácticos, fue dividida y sus partes distribuidas entre varios equipos para su análisis estadístico. El análisis que se presenta en este artículo es el resultado de uno de esos trabajos.
[3] Originalmente, en lugar de “TP”, teníamos “PC”, es decir, Puntaje Crudo, que en psicometría hace referencia a las calificaciones que se obtienen, directamente, de las pruebas después de su aplicación, sin someterlas a ninguna clase de transformación estadística, como por ejemplo, convertirlas a puntajes z, Z, T, etc.


Referencias
  • Canudas González, Matilde (2005). Manual para el Curso-taller Estrategias para la Evaluación en la Educación Superior. México: Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior.
  • Aiken, Lewis R. (1996). Tests psicológicos y evaluación. México: Prentice Hall.
  • Anastasi, A. (1998). Tests psicológicos. Madrid: Aguilar.
  • Brown F. (1998). Principios de la medición en psicología y educación. México: El Manual Moderno.

 
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