Por Fernando Reyes Baños


Nora Bär, una periodista argentina, escribió en el diario La Nación, en el año 2013, las siguientes palabras (citado de Esteves y Piccolini, 2017):




“Hace más de 2,200 años, el matemático, astrónomo y geógrafo griego, Eratóstenes logró calcular las dimensiones de la Tierra con un mínimo error. Para llegar a su resultado se basó en la longitud de la sombra proyectada por una vara el mismo día y a la misma hora en dos ciudades diferentes. Sin calculadora ni iPad, la mayoría de los “gigantes” que nos precedieron, desde Newton hasta Copérnico o Einstein, no necesitaron mucho más que lápiz y papel para realizar aportes monumentales al conocimiento humano” (p. 123).

Al respecto, podríamos preguntarnos si realmente necesitamos de la tecnología que actualmente tenemos para ser los gigantes de hoy, pero… ¿y si mejor nos preguntamos que habrían hecho los gigantes de antaño si hubieran contado con la tecnología que tenemos ahora? La verdad es que nunca lo sabremos, pero ante la persistencia de nuestra curiosidad en torno a esta interrogante cabría suponer una obviedad: ni los gigantes del pasado son iguales a los gigantes que pueda haber hoy como tampoco las circunstancias actuales son como las circunstancias que hubo en el pasado. Heraclito, hace más de dos mil años, expresaba muy bien la esencia que tras bambalinas explica, de algún modo, lo anterior: “Todo fluye, todo está en movimiento y nada dura eternamente. Por eso no podemos descender dos veces al mismo río pues cuando desciendo al río por segunda vez, ni el río ni yo somos los mismos”




¿Entonces? La tecnología por sí sola no generará gigantes. En el ámbito educativo, por ejemplo, se requiere mucho más que solo dotar a los alumnos de tabletas y facilitarles el acceso a bibliotecas virtuales y bases de datos, ya que su pertinencia depende de que las escuelas y universidades cuenten con un modelo educativo consistente, entornos propicios y, sobre todo, docentes competentes y actualizados. Pero, habrá que decirlo, la tecnología es la tendencia que caracteriza el mundo de hoy y, ciertamente, habría que tomar esta circunstancia con la actitud correcta, es decir, si bien la tecnología no resolverá todos nuestros problemas, seguramente, si la consideramos nuestra aliada, podría facilitar nuestra búsqueda de soluciones y, con suerte, como lo expresara alguna vez Isaac Newton, con ella “subirnos a hombros de gigantes” para aspirar, quizá, algún día ser uno de ellos.





Referencia

Esteves, F. y Piccolini, P. (2017). La edición de libros en tiempos de cambio. Ciudad de México: Paidós.

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De la ingratitud...

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Por Rodrigo Juárez Ortiz


El ser humano es multifacético. Tiene infinidad de ángulos, ópticas, perspectivas, parámetros desde los cuales se desarrolla y se comunica con sus congéneres.

De ahí que su conducta cuando es aceptada por los usos y costumbres de su entorno, y se encuadra dentro de lo que la sociedad considera aceptable o meritorio, desde luego que crea una escala de valores los cuales sirven como parámetro para saber si alguien va bien o se regresa.

En la especie, en la cultura occidental y en todas las culturas, se ha creado una escala axiológica que sirve como un parámetro válido para nuestro actuar, pensar y sentir, dándose prioridad a todo aquello que consideramos valioso desde ese punto de vista y así vemos que una de las virtudes humanas es la gratitud, entendida como la acción y efecto de agradecer un beneficio o atención recibidos, nos dice el Larousse Ilustrado y, obviamente, la ingratitud no es otra que la conducta contraria.

Así sabemos, por observar conductas que se manifiestan en nuestro ámbito colectivo o en el ámbito mas individual, que personas que han recibido favores, unos verdaderamente notables, inusuales y de entrega total hacia el beneficiario del favor o de la atención recibida, en su caso, no responden, motu proprio, con la misma calidad de la acción recibida, ni manifiestan agradecimiento alguno, sino al revés, actúan con un total desenfado, y en algunas ocasiones con actitudes reprobables, groseras, ya no digamos hasta beligerantes, sin perjuicio de aquellos que olvidan el favor recibido, como si no hubiera existido nunca. Tampoco están obligados por nadie a corresponder el favor, pero se entiende que debe agradecerse, ello para los bien nacidos.

Hay personas que creen o sienten que se lo merecen todo y de ahí que todo lo que se haga por ellas, es un claro reconocimiento a su, gran valía, entre comillas y esa perspectiva, a todas luces equivocada, los hace perder piso y no hacen gala de un sentimiento universalmente aceptado como es el agradecimiento que todos sabemos que implica el corresponder con gratitud a un favor y los favores se dan de diferente jaez, de diversos tamaños, de múltiples valías y valores, en fin, son altamente apreciados cuando se dan espontáneamente, de corazón, en beneficio de alguien o algunos, sin pedir nada a cambio, solo se hace por la satisfacción de poder ayudar a alguien que lo necesita, pero cuando esta acción no se agradece, entonces estamos frente a una falta absoluta de bondad, de educación, de formación ética, de formación moral, de generosidad y, en su caso, de un conocimiento elemental de lo que es el derecho.

Cuando un pueblo no agradece o ignora a sus héroes, cuando los hijos no agradecen los grandes sacrificios que los padres hacen por ellos, cuando los educandos en los centros escolares de todos los grados no agradecen el esfuerzo de los docentes para transmitirles el conocimiento, cuando en las jerarquías laborales no existe el agradecimiento de parte de los empleadores hacia los trabajadores o viceversa, o en los órganos administrativos o políticos no se reconoce o agradece el trabajo de los subordinados, cuando entre amigos no se valora el esfuerzo de un favor otorgado a uno de ellos o a todo el grupo, es obvio que estamos frente a casos lamentables, penosos, degradantes, faltos de sensibilidad, de visión, de pertenencia y, sobre todo, faltos de lo mas elemental de lo que llamamos educación.

Aun cuando no se tenga la obligación de resarcir el favor, a pesar de que no es reclamable, sí se tiene la obligación moral de agradecerlo, en cualquiera de sus formas, siendo la mas elemental el decir ¡gracias¡ Es lo mínimo deseable. O usted, agradecido lector, ¿Qué opina?

Del desorden...

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Por Rodrigo Juárez Ortiz


Ya sabemos que el orden, en términos generales significa la organización y disposición armoniosa de las cosas, así como las normas o reglas que constituyen a una sociedad, y a contrario sensu, el desorden es precisamente la falta de orden lo cual crea confusión, vamos, los excesos y abusos, en su caso, de algunas personas.

De esta guisa existen bípedos implumes que abusan de los demás en la primera ocasión que tienen al usar mal o indebidamente de una cosa o aprovecharse de una situación de necesidad.

Es el caso que últimamente se han sucedido hechos que motivan este comentario toda vez que han afectado a una gran parte de la ciudadanía causando agravios, molestias y desaguisados pero que, lamentablemente no son nuevos ni únicos, sino que se repiten ad nauseam cada vez que las ocasiones lo propician o los crean motu proprio.

En efecto, el retropróximo día 9 de los corrientes choferes de camiones urbanos paralizaron, por horas, la Costera, principal avenida turística del puerto exigiendo con ello una entrevista con el gobernador del estado aduciendo que ya la habían solicitado con anterioridad pero no les habían hecho caso, en donde solicitaban ( ahora exigiendo) la solución de la saturación de rutas, así como créditos para mejorar el servicio de transporte, y terminar con “ el pirataje” y la inseguridad. Todos sabemos que las autoridades no obedecen a chantajes ni a presiones de ningún tipo, sea de quien sea, pero en la especie al no recibir respuesta de las autoridades exigieron lo suyo sin importarles un cacahuate las molestias y trastornos que le causaron a la ciudadanía y a los turistas y lograron con ello ser recibidos por el titular del Ejecutivo estatal el lunes siguiente.

Así las cosas, con motivo de las lluvias recientes los kamikazes pilotos de los autos colectivos amarillos, una vez mas, por sus pistolas aumentaron el costo de las “dejadas” de 12 a 25 pesos, aduciendo que los charcos y la intensidad del tráfico lo justificaban. Ya sabemos que a la menor provocación estos choferes aumentan sus tarifas aduciendo que el precio de los combustibles ha aumentado y, como siempre, que tienen que llevar el pan para sus familias. Lo triste del asunto es que quienes protestan o se niegan a dicho “ asalto” son bajados del vehículo o no los transportan y NADIE resuelve esa situación pues los “próceres” aducen que la gente denuncie a los infractores para sancionarlos, pero quién es “ el guapo” que se atreve a meterse en broncas de tramitología, con la pérdida de tiempo para llegar a su destino y finalmente no resolver nada. Tampoco se organizan para hacer un gran esfuerzo y no abordar estos taxis colectivos los días que sean necesarios hasta que dejen de subir arbitrariamente sus tarifas, para lo cual se requiere de decisión y voluntad para proteger sus intereses.

Es el caso también, que en Cruz Grande, en la Costa Chica, en el nuevo mercadolas locatarias piden sanciones para las vendedoras de pescado que se salen de sus locales a vender su mercancía en la entrada del mercado, con las desventajas que esto ocasiona a las demás, solo por mencionar otros

Se entiende que la situación económica que priva en el país es grave. Que tenemos millones de mexicanos en el umbral del hambre y que todo mundo lucha ya no solo por la vida, sino solo por la supervivencia y nuestros “ próceres” están haciendo hasta lo “imposible” por siquiera paliar la situación, ya no por resolverla, salvo aquellos corruptos que gozan de impunidad para sus fechorías, todolo cual requiere de una auténtica solidaridad social, de una urgente empatía y desterrar el egoísmo y el abuso del que se aprovechan muchos en tiempos de crisis.

O usted, organizado lector, ¿ Qué opina?

De los ¿irredentos?...

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Por Rodrigo Juárez Ortiz


Los irredentos son aquellos que permanecen sin redimir, ya sea porque no quieren o porque no pueden hacerlo, entendiendo por redimir, entre otras acepciones, poner fin a una vejación, penuria, dolor, etc.

Todos sabemos de las características de toda índole de la cual estamos revestidos como pueblo, tenemos personas geniales, inteligentes, brillantes, creativas, fuertes, generosas, virtuosas, honorables, confiables, decentes, estudiosas, constantes, piadosas, educadas, y un larguísimo etcétera, sin embargo también tenemos una realidad incontrovertible y en la especie nos referimos a otra parte de nuestro mismo pueblo el cual sigue sumido, en una gran mayoría, en la ignorancia, el hambre, la pobreza y la explotación, en su caso.

Ello trae como consecuencia, una serie de calamidades como el analfabetismo, la delincuencia, la violencia, la corrupción y la impunidad, entre otras, que se han estado paliando, otras veces tratando y otras tantas resolviendo.

Es el caso, sin embargo, que hay una tendencia execrable hacia el extranjerismo, especialmente hacia el vecino del norte, así todos los anuncios que pretenden tener impacto como algo superior, de clase, se escriben, hablan, pintan, retratan o se propalan en inglés o en cualquier otro idioma, Las copias de usos, estilos, nombres y etc., abundan en ejemplos y se está, lamentablemente, inmersos en usos, costumbres, estilos, actividades y otro largo etcétera, en la copia de ello, sin embargo existen cosas valiosas en el extranjero que no se copian como la puntualidad, el orden( en su caso), el respeto a las instituciones, la limpieza de sus calles, ríos, lagos y mares que nos impactan de tal suerte que abundan los comentarios nacionales al respecto, v.gr.: el conocidísimo ejemplo de que un mexicano cuando llega a EUA no tira ni un alfiler en la calle, o colilla o desecho de cualquier índole, habida cuenta de que sabe que si lo hiciera tendría de inmediato una multa ( y llegan a ser muy altas) y sin posibilidad de tratar de corromper al policía que intervenga pues complicaría mas su situación, sin embargo, el deporte nacional aquí es tirar basura en la vía pública salvo el caso de honrosísimas excepciones de ciudades que en términos generales se presentan muy limpias y pulcras como algunas en el Bajío y en el centro de México, en el sureste y el norte.

Al respecto, con motivo de esta temporada, ya sabemos que el anfiteatro de la bahía hace que naturalmente el agua de lluvia se deslice hacia el mar y toda vez que el drenaje pluvial se colapsa por la gran avenida de lluvia que se suscita en el trópico, éste no es suficiente para resolver el problema y así, el agua corre por superficie buscando sus cauces naturales llevándose consigo una cantidad impresionante de desechos, basura y todo tipo de desperdicios que “ naturalmente” la gente arroja en las calles. Tal cantidad de basura ( mezcla de desperdicios orgánicos e inorgánicos) tapa las coladeras, colapsa la vialidad, inunda calles y casas, y finalmente va a dar al mar en donde parte de éstos desechos el mar los devuelve a la playa y es cuando nos enteramos de las toneladas de basura que se tienen que recolectar, sin perjuicio de los cientos de toneladas de ésta que dejan tanto en las playas como en las calles nuestros selectos turistas que nos visitan los fines de semana.

Agreguemos las descargas de aguas residuales en los cauces naturales de arroyos y ríos que la gente vierte sin ningún recato y que contamina altamente nuestro entorno que requiere ya una planeación profesional que permita cuidar nuestro medio ambiente con medidas sustentables en beneficio de todos. Es URGENTE emprender una campaña permanente dirigida a toda la población para concienciarla y que sea sancionable el arrojar basura en la vía pública. Es de previo y especial pronunciamiento. ¿Es que somos irredentos? O usted, concienciado lector, ¿Qué opina?

 
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