Por Fernando Reyes Baños



El propósito del presente escrito es comentar, de manera fundamentada, dos aspectos en torno a la contabilidad de costos: en primer lugar, qué impacto tiene para la empresa, sobre todo si ésta se trata de una pyme, llevar una mala contabilidad de costos; y en segundo lugar, qué relación tiene la contabilidad de costos con las estrategias fiscales utilizadas por las empresas en lo que respecta, obviamente, al pago de impuestos.


Gracias a los procedimientos contables, las empresas, grandes medianas y pequeñas, pueden detectar los gastos en los que incurren a la hora de producir los productos o desarrollar los servicios que ofrecen. Lo anterior, obviamente, resulta tan importante para cualquier empresa que se encuentre en pleno ejercicio de su actividad económica como para todo proyecto que un emprendedor quiera impulsar para lanzar al mercado determinado producto o servicio; tal es así en este último caso, que los “tiburones” en la ya famosa serie de Sony Entertainment (“Shark Tank”), casi invariablemente preguntan a quienes desean conseguir su inversión cuánto les cuesta producir el producto o desarrollar el servicio que ofrecen y en cuánto lo venden, porque saben que tales datos son imprescindibles para aproximarse a un conocimiento más certero que les permita determinar, entre otras cosas, si el negocio que se les está proponiendo será rentable, cuántos productos o servicios necesitarían vender sus posibles socios para lograr un punto de equilibrio y en cuánto tiempo lograrán recuperar su inversión.

Por lo anterior, que una pyme tenga como herramienta un sistema de contabilidad de costos, con el cual registre la acumulación de éstos en lo que concierne a la producción o servicios que ofrece, le será sumamente ventajoso, ya que podrá contar con información valiosa que podrá ser aprovechada por diferentes personas en la empresa para fines específicos, por ejemplo, por los gerentes, quienes podrán establecer los precios del producto o servicio, llevar un control de cada una de las operaciones que se lleven a cabo en la empresa y desarrollar (los siempre “infaltables”) estados financieros que corresponda para el caso; además de que les será posible determinar también, los costos en los que incurre cada una de las áreas relacionadas directamente con el proceso de producción o prestación del servicio, lo cual les permitirá a su vez controlar y eliminar los costos innecesarios, lo que será muy útil a la hora de considerar los presupuestos que se establezcan para cierto periodo (UnADM, 2017).

Considerándose que la empresa, por el registro de sus procedimientos contables, puede determinar cuánto requiere invertir para producir una sola de las unidades que busca poner a disposición de sus clientes, gracias a lo cual puede tomar decisiones futuras en cuanto al aumento de los niveles de producción, pudiendo visualizar en términos financieros, la aportación monetaria necesaria para alcanzar el nivel de producción propuesto, ¿qué pasaría si no tomara tales registros o, situación análoga, que llevara una mala contabilidad de costos? En términos coloquiales, no sabría cuánto le cuesta producir o brindar, tanto de manera conjunta como individualmente, los productos y servicios respectivamente, que pretende poner a disposición de sus clientes, por lo que tarde o temprano se percataría de que no tiene un punto de equilibrio, es decir, ¿cuánto está gastando?, ¿en qué está gastando más?, ¿cuán rentable está resultándole todo lo que hace?, ¿con cuánto capital cuenta?, etcétera.

Lo anterior hace evidente el por qué la contabilidad de costos, antes de ser concebida solamente como un mero registro de actividades financieras, se identifica ahora como una herramienta informativa utilizada para facilitar el proceso administrativo, así como la toma de decisiones internas y externas por parte de los diferentes departamentos de la empresa que pueden hacer uso de ella (UnADM, 2017).


Ahora, con relación al segundo punto, ¿cómo se relacionan, en el ámbito empresarial, la contabilidad de costos y las estrategias fiscales? Antes que nada, conviene precisar que las estrategias fiscales no son solamente una alternativa para hacer más eficiente el pago de impuestos, sino que representan un derecho del contribuyente cuyo aplicación se encuentra dentro de la legalidad; esto último viene a cuento porque, con cierta frecuencia, la planeación fiscal es conciba como una actividad clandestina que implica prácticas evasivas y fraudulentas, y no es que pueda descartarse la intervención de asesores que promuevan prácticas ilegales, pero, en sentido estricto, implementar estrategias fiscales, de manera transparente y responsable, representa para la empresa utilizar una herramienta que la volverá más eficiente en el cumplimiento de sus obligaciones fiscales (Rizo, 2015).

Ahora bien, podría suponerse que el pago de impuestos en nuestro país representa un procedimiento sencillo, claro y poco gravoso para las empresas mexicanas, pero la triste realidad es que el pago de impuestos, hasta el momento, representa una tarea compleja y a veces injusta para la mayoría de las empresas en México, por lo que su obligación ya no puede limitarse únicamente al pago de impuestos, sino mantener el monto de lo que pagan dentro de un rango que les permita mantener y defender su competitividad en un entorno local, pero también globalizado.

¿Es deber de nuestro gobierno lograr que las tasas tributarias sean competitivas con relación a las de otros países? Sí, pero mientras eso no ocurra (que aun cuando ocurriera, lo que a continuación se dirá no convendría echarlo por la borda así nada más) las empresas deben lograr, como una obligación para sí mismas también, una imposición lo más exacta posible, porque de esa manera podrán destinar mayores recursos a la investigación, el crecimiento y la innovación. En suma, lograr la competitividad de las empresas en nuestro país, que la legislación actual no favorece del todo aun, implica utilizar estrategias fiscales “(…) que eviten al contribuyente llevar a cuestas gravámenes que legalmente no le corresponden pero que sin la planeación y asesoría adecuadas seguramente pagaría” (Rizo, 2015).

Si con la planeación fiscal se busca disminuir, para las empresas, el pago de impuestos de forma legal y eficiente, utilizando herramientas de planeación financiera para el adecuado manejo de flujo de efectivo, programa de compras, presupuesto de gastos etcétera, debido a que este monto afecta, directamente, la utilidad que la empresa pretende obtener a cambio de la producción de productos o la prestación de servicios que busca poner a disposición de sus clientes, resulta claro que la planeación fiscal debe ser parte de la planeación estratégica que la empresa establezca para alcanzar sus objetivos, en virtud de que el aspecto fiscal no puede concebirse como cosa aparte de los procedimientos contables que utilice al empresa para contabilizar sus costos, representando cualquier recurso que logre potenciar en su proceso comercial e industrial una fortaleza para lograr los objetivos que se haya establecido.

A manera de conclusión, me gustaría aportar una experiencia personal. Hace algunos días, como producto final de un diplomado en mercadotecnia digital, mi equipo de trabajo presentó un proyecto que busca impulsar un coworking como parte de una biblioteca universitaria. Para una de nuestras sesiones de trabajo, me pareció pertinente invitar a un experto que nos asesorara sobre asuntos referentes, justamente, a costos, presupuestos y punto de equilibrio (un auditor). Su intervención, breve, pero increíblemente cargada de información, enfrentó al equipo con datos duros acerca de lo que necesitaríamos para echar a andar el proyecto, y aunque para algunos no parecía ser una parte fundamental de éste, al final decidimos incluir en la presentación que se expondría frente al comité evaluador, un apartado completo acerca de este tema, lo cual _lo puedo decir ahora que ya pasó la experiencia_, fue una decisión acertada, ya que muchas de las preguntas que nos hicieron los evaluadores durante la sesión final, casi casi como los tiburones de “Shark Tank”, tuvieron que ver con aspectos contables.


Una experiencia como la anteriormente descrita, si la vínculo con lo visto en esta materia, me hace ver, claramente, que la contabilidad de costos, y el aspecto contable en general, representa aspectos fundamentales de cualquier proyecto empresarial que se desee impulsar o mantener en funcionamiento. Hacerlo mal implica poner entre la espada y la pared lo que se pretenda implementar. No aprovechar cualquier recurso lícito que se tenga a la mano para optimizar el proceso comercial e industrial de la empresa, como es el caso de la planeación fiscal, representa también un problema para el administrador que pretende explotar, en el buen sentido de la palabra, todo lo que tenga a su alcance para alcanzar los objetivos que la empresa se haya fijado. Estar al pendiente, pues, de tales aspectos es toda una responsabilidad para el administrador.


Referencias

Y así partimos

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Por Fernando Reyes Baños


"En algún lugar hay un competidor, desconocido o por nacer, que hará obsoleta tu empresa. No puedes detener la bala, tienes que disparar primero. Tienes que innovar más rápido que los innovadores."

Dr. Gary Hamel, experto mundial en innovación



Hoy me levanté optimista. Un nuevo día, una aventura que retomar, una historia cuya trama se teje poco a poco, siempre en un camino ascendente, no exento de dificultades (aunque yo, en lo personal, prefiero llamarles desafíos), pero siempre un camino que representa un aliciente transitar, porque está concurrido por personas nuevas y personas ya conocidas, puntos de luz que convergen en un mismo punto más luminoso que cualquiera de las luminiscencias que lo integran.

Me levanto, libro la dura faena de ponerme presentable (bañándome y vistiéndome para salir), desayuno y, guardando en la cajuela las cosas que habitualmente llevo para trabajar y entrenar a la hora de la comida, me dispongo a manejar rumbo a la universidad.

Mientras circulo por calles que pululan de autos, peatones y uno que otro can, pienso en los desafíos que antaño tuvimos que sortear con tal de lograr lo que ahora tenemos: la incertidumbre, el desconocimiento y el miedo, fantasmas todos ellos completamente comprensibles a la luz de lo nuevo, lo que está más allá del área conocida y de lo que parece manifestarse, casi, como el intento de caminar en el agua cuando todas las ataduras con el pasado parecen apuntar, justamente, en la dirección contraria: “¡No des ese paso! Te caerás. Recuerda: mejor viejo por conocido, que nuevo por conocer”. Si, todo principio es difícil y éste no fue la excepción.

Recuerdo el principal detonante para que todo esto fuera posible: aquel diplomado de marketing digital que cursamos hace casi dos años, por cuyos requisitos de acreditación, nos esforzamos por presentar un proyecto que fuera innovador, rentable, socialmente útil y, sobre todo, viable. Frases como "el cerebro evita pensar, prefiere repetir", "una mente programada para sobrevivir rechaza el cambio" y "una mente que no cambia rechaza el riesgo", procedentes del primer módulo del diplomado en cuestión, resuenan en mi cabeza como el eco perpetuo de aquello que hay que evitar junto con un axioma ineludible: lo único seguro en este mundo es que no hay nada seguro o, dicho de otra manera, la única constante con la que podemos contar, aunque parezca paradójico, es el cambio mismo. Así pues, conceptos como CMS, CTR, benchmark, KPI´s, SMART, UTM, keyword, adwords, CRM, landing page, pixel, branding, user experience, E-business E-commers, E-Selling, impromtu, engagement, brief y un largo etcétera desfilaron para quienes tuvimos la fortuna de ser parte de un proceso académico que duró algunos meses hasta que llegó el día de presentar nuestro proyecto. ¿Cómo olvidar ese viernes por la tarde cuando mi equipo de trabajo y un servidor estábamos por pasar? Éramos, como se dice en corto, un manojo de nervios. Afortunadamente, todo salió bien. Pudimos hacer una presentación de altura y libramos, decentemente, la sesión de preguntas y respuestas de parte del jurado. Al final, con diploma en mano, nos fuimos a celebrar y, por segunda vez esa semana, rompí mi dieta comiendo tacos grasosos, pero sabrosos. ¡Qué remedio! Si pusimos parte de nuestro corazón y cerebro en ese proyecto, ¿por qué no recompensarnos con algo rico y una celebración que hiciera de ese momento algo inolvidable?





Lo demás, como dicen, es historia. Hacer realidad lo proyectado fue complicado, estresante y sumamente agotador. Tuvieron que resolverse muchos detalles que, en principio, el equipo solo podía entrever, pero que a la hora de implementar el proyecto, resultaba necesario solucionar. Hubo un momento en que todo parecía perdido, pero afortunadamente, conforme se iban superado los desafíos y las piezas del rompecabezas se iban acomodando una tras otra, el proyecto se puso en marcha y lo que hasta entonces solo existía en nuestras cabezas, primero con lentitud y después con mayor rapidez, comenzó a funcionar y a generar resultados.

Interrumpo mis recuerdos ahora: he llegado a la universidad, por lo que resuelvo estacionarme y dirigirme al lugar donde se encuentra ubicado lo que hace casi dos años existía solamente como una serie de diapositivas en PowerPoint. Abro una puerta de cristal y ahí está, frente a mis ojos, el proyecto de mi equipo y un servidor hecho realidad. La recepcionista me saluda amistosamente y me pregunta cómo me encuentro hoy y, al comentarle que me sentía de maravilla, ella sonríe y me invita a pasar. Me comenta que una de mis colaboradoras llegó desde temprano y que, quizá, sería una buena idea acompañarla con una taza de café, porque parece que anda con una nueva idea en la cabeza que desea presentar ante el equipo para su posible implementación. Le contesto que con gusto y me dirijo al área donde se encuentran las máquinas dispensadoras de café, té y agua. Mientras me sirvo, miro alrededor y veo que, siendo apenas las 9 de la mañana, ya hay mucha actividad: dos jóvenes, sentados en el área común, trabajan en sus computadoras mientras discuten sobre sus próximos movimientos empresariales; un grupo de 4 profesionistas están ubicados en el área de juntas mientras uno de ellos les presenta estadísticas en una diapositiva y, finalmente, un egresado se encuentra con su asesor en el área recreativa, tomándose un break, por mientras se ponen a trabajar otra vez. Falta todavía para “la hora pico”, así que me siento satisfecho porque las cosas vayan, como dicen, viento en popa.

Miro mi café recién preparado y me es imposible pensar: “¡Cielos! Ya sé que, por ahora, solo es el relato de un sueño, de una posibilidad que podría ocurrir (o no) en un futuro próximo… así que, si hay momentos para pensar que con esfuerzo, dedicación, inteligencia, creatividad y trabajo colaborativo todo es posible, me gustaría pensar que aquí es el mejor lugar y ahora es el mejor momento para hacerlo”.





Pensando que, llegado a este punto, lo que realmente estoy haciendo es viajar en el tiempo para vivir virtualmente lo que, en años venideros, viviré en la realidad, me dirijo a buscar a mi colaboradora para saber de qué se trata esa idea que, desde ya, me tiene sumamente intrigado.

Narraciones que dejan huella

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Por Fernando Reyes Baños




Recuerdo que hace muchos años, buscando información para una clase que impartiría dentro de poco en el IPN, me topé en la Biblioteca de México con un pequeño libro que, ocupándose del tema que estaba buscando (lógica matemática), comenzaba con una anécdota que captó inmediatamente mi atención, tanto así que, buscando un lugar donde sentame, me dispuse a leer para saber de qué iba la cosa.

El autor describía una situación planteada por Miguel de Cervantes (capítulo LI de la segunda parte del Quijote) en la que sancho Panza, siendo gobernante de la Ínsula Barataria, debía tomar una decisión sobre un problema que le fue planteado por un forastero cuya resolución implicaba, inevitablemente, un juicio de vida o muerte.

La situación es la siguiente:

"Un caudaloso río dividía dos términos de un mismo señorío… sobre este río había un puente y a cada lado del puente estaban instaladas una horca y una especie de Audiencia, en la cual, habitualmente, había cuatro jueces que juzgaban el cumplimiento de la ley que dispuso el dueño del río, de la puente y del señorío. La ley decía:

Si alguno pasare por esta puente de una parte a otra, ha de jurar primero adónde y a qué va; y si jurare verdad, déjenle pasar, y si dijere mentira, muera por ello ahorcado en la horca sin remisión alguna.

Sucedió un día, que tomaron juramento a un hombre sobre a dónde se dirigía y que es lo que iba a hacer al otro lado del puente, el hombre juró y dijo que lo que había venido a hacer era morir en la horca que allí había y no a otra cosa.

Los jueces analizaron el juramento y observaron que aplicando la ley no podían decidir qué hacer con el forastero, ya que consideraron que:

Si a ese hombre lo dejaban pasa libremente, había mentido en su juramento y, conforme a la ley, debía morir ahorcado; pero, si lo mandaban ahorcar, entonces, como él había jurado que iba a morir en aquella horca, y, había jurado la verdad, por la misma ley debía ser puesto en libertad."

Obviamente, la intención de los jueces que enviaron al forastero ante el gobernador de la Ínsula Barataria era la de ver cómo demonios le haría Sancho Panza para resolver este dilema que, por lo que implicaba, rebasaba la cuestión meramente legal.

Sancho Panza, primero, verificó si había comprendido bien el problema y, cuando entendió por qué no podía ser resuelto según la ley dispuesta por el mismo dueño del río, de la puente y del señorío, propuso una sentencia salomónica:

“Digo yo, pues, … que aquella parte del hombre que juró verdad la dejen pasar, y la que dijo mentira la ahorquen, y de esta manera se cumplirá al pie de la letra la condición del pasaje… —y replicó el preguntador— será necesario que el tal hombre se divida en partes, mentirosa y verdadera; y, si se divide, por fuerza ha de morir, y de ese modo no se consigue …lo que la ley pide, y es de necesidad expresa que se cumpla con ella”.

Fue entonces, ante la imposibilidad de recurrir al auxilio de la lógica, cuando Sancho Panza, haciendo acopio de las enseñanzas de su amo, propuso la que podría ser, a todas luces, una forma de desatorar este escollo, ya que dijo al forastero.

“… este pasajero que decís, o yo soy un porro o él tiene la misma razón para morir que para vivir y pasar la puente, porque si la verdad le salva, la mentira le condena igualmente; y siendo esto así, como lo es, soy de parecer que…, pues están en un fil las razones de condenarle o absolverlo, que le dejen pasar libremente, pues siempre es alabado más el hacer bien que mal."

La situación planteada se trataba de lo que, comúnmente, llamamos paradoja y la "solución" propuesta por Sancho Panza no fue ni legal ni lógica, sino ética: "pues siempre es alabado más el hacer bien que mal".

¿Cómo se llamaba el libro? ¿Quién era su autor? ¡Ah como quisiera recordar tales datos! Sin duda, el resto del libro debía ser muy interesante, pero... ¿saben qué? No lo recuerdo o, con mayor precisión, no recuerdo que otros pasajes llamaran tanto mi atención como ese pasaje que acabo de describir. De lo anterior se infiere que: lo que no capta nuestra atención difícilmente logrará pervivir mucho tiempo en nuestra memoria. ¿Cómo podría darse ese recuerdo si el resto de su contenido, que seguramente debía ser más importante que la anécdota narrada por el autor al principio, no tenía el gancho narrativo que pescara la atención del lector? Pero, ¿saben?, lo anterior no es tan malo tampoco. Al menos recuerdo un libro escrito por alguien que empezó un tema tan complicado como es la lógica matemática con una anécdota del Quijote. Es un referente y también una pista para que, quizá, con voluntad, paciencia y mucha pericia computacional, pueda rastrearse el título de ese texto y su contenido rescatado del pasado (o encontrado solamente, porque no hay una evidencia fehaciente, a priori, de que éste pueda encontrarse olvidado). De ahí la importancia de las narraciones, de saber contar la historia de algo, pudiendo ser éste un libro, una marca o una empresa.

Recuerdo que un rato después dejé el libro en un estante y sigue mi búsqueda de información.

Coworking Now!

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Por Fernando Reyes Baños




Los espacios de coworking representan ya un movimiento global que está cambiando el modo de trabajar y la forma de interactuar en los espacios de trabajo. Checa el dato: el número de espacios de este tipo casi se duplica año con año en todo el mundo, siendo ya más de 1,500 sitios en varios países (Zona CoWorking, 2012).

¿Qué es coworking? Un espacio físico en el que se reúnen profesionales, emprendedores y empresarios para trabajar en sus propios proyectos. El prefijo “co” constituye la esencia de este concepto porque la idea es pertenecer a una comunidad de individuos que estén abiertos a intercambiar ideas, proyectos y conocimientos (a colaborar, pues), por lo que este tipo de espacios fomenta las relaciones estables entre personas procedentes de diferentes sectores, ofreciendo una solución para el problema de aislamiento que supone para muchos trabajadores independientes, la experiencia de trabajar en casa o en un café.


Un espacio de coworking, desde luego, ofrece una infraestructura mucho más competitiva que la que tendríamos trabajando en nuestra casa o en un café: área común, opción de oficina fija, sala de juntas, línea telefónica, impresora, lockers, cafetería/cocina, mensajería, domicilio fiscal, etcétera; incluso, se busca que el espacio y la decoración salgan del esquema convencional de una oficina, apostando más bien por un lugar que sea multifuncional como también útil para desarrollar otro tipo de actividades culturales (Fangaloka, 2016).




Es importante hacer notar que un espacio de coworking no es lo mismo que una oficina virtual en renta. Ambos espacios ofrecen servicios similares, pero el enfoque es distinto: el primero apuesta a las pymes, startups, freelancers y emprendedores, que tienen menores ingresos, razón por la cual, busca ganar por volumen; la segunda en cambio, busca ser un espacio de apoyo para empresas de mayores ingresos, que preferentemente tengan una oficina principal ya establecida, por lo que buscan ahorrar costos de traslado a los empleados (Ruiz, 2016). El diseño de espacios hace evidente el contraste descrito: mientras que en el coworking, se adaptan espacios ya existentes (el piso de un edificio de oficinas o casas amplias) en las oficinas virtuales se construyen espacios especialmente diseñados para esa actividad (lo que termina repercutiendo en los costos).

Por todo lo descrito, apostar por los espacios de coworking parece lo de ahora o, como lo dirían los gringos: Coworking Now!


Referencias

Zona CoWorking (2012). ¿Qué es coworking? Recuperado de http://www.zonacoworking.es/que-es-coworking/
Fangaloka (2016). ¿Qué es coworking? Una nueva forma de trabajar. Recuperado de https://fangaloka.es/coworking-que-es-coworking/
Ruiz, A. (2016). Coworking: los 12 mejores espacios en la CDMX. Ciudad de México, México: Entrepreneur. Recuperado de https://www.entrepreneur.com/article/275881

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Por Fernando Reyes Baños


Porque es una de tantas… pero al encarnarla desde que tengo memoria, me atañe solamente a mí; quizá empero, desees proseguir, pero te advierto: terminarás como empezaste, es decir, preguntándote: ¡¿Qué carajos leí?!

Cuando niño, entre las trifulcas con hermanos mayores y sobrinos menores, recuerdo como una hermosa incógnita, los versos de Xavier Villaurrutia: “Tengo miedo de mi voz / y busco mi sombra en vano. / ¿Será mía aquella sombra / sin cuerpo que va pasando? / ¿Y mía la voz perdida / que va la calle incendiando?”. ¡Ah, palabras de fuego escritas en la piel de mi espíritu fueron! Y, de algún modo, sigo en la búsqueda, esperando un encuentro y la respuesta a la gran pregunta.


Fugas del que “marcha detrás de las hileras”

Tardes de primavera, montañas y techos de casas, un mundo allá afuera y mis instintos enjaulados dando vueltas, casi como el Ulises de Homero pintado muchos siglos después por James Draper, enmarcaron mi infancia y adolescencia, además de circunstancias que parecían eternas (¡Pobre iluso que después comprendería lo efímero que los minutos y las horas son!), mismas que caracterizarían mi travesía por la escuela. Un “San Juan Bautista de La Salle” y un “Ruega por nosotros” anunciarían, al despuntar el alba, las clases, seguidas por un recreo y después más clases, para después cambiar de rutina a una más hogareña, pero tanto o más formativa que la primera. Por mientras, justo dentro de las hendiduras imposibles de eclipsar por la normalidad que aterra, captaba mi atención la existencia de personajes entrañables plasmados en letra impresa: el “a lo pecho, pecho” de Patricia Highsmith, el wendigo de stephen King, los hombres de gris de Michael Ende, por mencionar algunos de ellos, acompañados por la canción de Limahl, que ahora como entonces, siempre me hace recordar los años que se fueron, el tiempo que transcurre, y lo que por añadidura, quede.




Mis seis nortes y la tierra prometida con sabor agridulce

Salir del yugo familiar representó per se una aventura, pero ay no fue fácil migrar a la jungla interminable de cemento ni tampoco vivir durante algunos años entre huestes de carros, edificios y chilangos, por lo que agradezco mis seis nortes que en aquel momento fueron mi brújula, siendo yo el séptimo elemento de una ecuación insólita que conjuntó personalidades por demás disímbolas: un guerrero, dos princesitas, una del pueblo, un soldado y un embajador del barrio bravo de Tepito. Juntos, pero no revueltos, nuestros pasos recorrieron las aulas y corredores de la UAM hasta que, un día, cada quien comenzó a forjar su camino en la profesión elegida. Así fue que, a escasos días de haber terminado la carrera de psicología, comencé a trabajar en el ipn, y teniendo casi la misma edad que mis alumnos, comencé una carrera en el ámbito educativo. Un par de años después, ante la oportunidad que parecía representar regresar a la tierra que me vio nacer, desande el camino que otrora recorrí, pero entonces aprendí que en este mundo lo único seguro es que no hay nada seguro, por lo que desde cero comencé a trabajar en diferentes colegios, después en varias universidades, mientras seguía preparándome, estudiando primero algunos diplomados y después estudios de maestría.



Como un río: sin principio o fin, solamente presente; antes y después, solo presente

Hermann Hesse, en boca de su personaje Vasudeva (en Siddhartha, escrita en 1922), plasmó una maravillosa reflexión en torno al río, al agua que fluye de su cauce, sobre todo, por el aprendizaje que puede extraerse de él, si se procura comprender que éste no tiene un antes o un después, porque no importa dónde te ubiques a lo largo del río: siempre será el mismo río, es decir, éste, antes o después, es, fue y será el mismo. No es que ahora diga que entienda la profundidad de semejante lección (algunas cosas no basta con solo entenderlas con el raciocinio), solo digo que ahora, justo en este momento y lugar, soy el que soy, así como soy el que fui y lo que seré, en otras palabras, quiero creer, lo intento hacer con todas mis fuerzas, que mi yo de hoy es el mismo que el yo que fui antes y el yo que seré después, como si la vida (al menos en nuestro caso) tuviera la función de integrar, de fusionar, cada uno de los yos que fuimos, cada una de esas piezas de las que habla Torcuato Luca de Tena al referirse a su personaje Sebastián, para hacerlas una sola, para hacernos uno con todo lo demás. Por eso, ahora que trabajo como docente y administrativo en una universidad privada de mi ciudad natal, como guardián directivo de una unidad académica, miro hacia atrás y contemplo el camino que he recorrido, mis aciertos y mis desaciertos, todo en conjunto y lo acepto, sin juzgarme a mí mismo por lo que no he logrado, y diciéndome en cambio que, aquí y ahora, sigo vivo, por lo que tengo la preciosa oportunidad de seguir caminando, de seguir fluyendo, por lo que pienso que debo sentirme agradecido. Así pues, seguiremos adelante, por los que todavía están con nosotros y por los que se han ido, y siguen, de alguna forma, entre nosotros.

¡Hasta la próxima!

 
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