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De los jóvenes...

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Por el Mtro. Rodrigo Juárez Ortiz


Los jóvenes, la juventud, lo juvenil, tienen una connotación etimológica y semántica similar.

Joven significa relativo a la juventud, que tiene poca edad; juventud significa edad entre la pubertad y la edad adulta, conjunto de jóvenes, condición de jóvenes; juvenil, a su vez, significa relativo a la juventud, dícese de la categoría en que se engloban los deportistas de edad entre los 15 y los 18 años en fin, que al respecto podemos enunciar multiplicidad de enunciados, pero todos tienen un denominador común que es la cronología característica de los miembros que la componen.

Se puede hablar de jóvenes que piensan, sienten y quieren como adultos, que reflejan madurez, equilibrio, sensatez, responsabilidad, características normalmente adjudicadas a los adultos, y viceversa, adultos que hacen lo propio en condición de arrojo, de entusiasmo, de idealismo, de confianza y de espontaneidad entre tantas otras cosas propias de amabas categorías de seres humanos y no privativas de los jóvenes o los adultos, en su caso.

Una de las características tradicionales en los jóvenes es su resistencia a la adaptación al status quo al que quieren someterlos los adultos, en la intención de adaptarlos a lo que llaman la realidad de la vida y conducirlos a aceptar los convencionalismos de su entorno para que se dé una convivencia que permita el desarrollo de todas las potencialidades que integran a los seres humanos.

Desde siempre la humanidad se ha quejado de las actitudes que los jóvenes adoptan por cuanto a su adaptación o inadaptación a lo establecido y en algunas ocasiones, tiempos y lugares se logra merced al autoritarismo, a la intransigencia y a la cerrazón de los adultos.

En nuestro país, el cual ha sido escenario de grandes transformaciones sociales merced a movimientos trascendentales que han cambiado algunas estructuras convencionales, los jóvenes han tenido últimamente un papel poco participativo en actividades enriquecedoras para nuestra condición humana; se han manifestado con cierto conformismo respecto a todo su entorno, lo cual ha creado extremos como los 7 millones de “ninis” que se dice existen en el país; lo cual, a su vez, ha propiciado su reclutamiento por los bandas delictivas; es evidente la cantidad de deserciones en las escuelas de nivel básico y medio; han proliferado los “ fans” de grupos musicales impuestos por el duopolio televisivo, que carecen del todo de valor artístico, en suma, poco constructivo se ha visto al respecto.

De ahí que llame poderosamente la atención el despertar de jóvenes que iniciado en una universidad privada, haya transmitido sus inquietudes a otras similares, básicamente en contra de la manipulación de los medios y en especial de televisa, para imponer candidaturas, como gustos musicales, así como los programas ramplones, populacheros y faltos de calidad y fondo en sus mensajes.

Es el caso que se siente un aire vivificante por parte de estos jóvenes universitarios que ya no han soportado el autoritarismo imperante, la violencia, la corrupción y la impunidad que resulta, en casi todos los renglones de nuestra vida, tanto la pública como la privada. Han iniciado un movimiento que al parecer no está manipulado (esperando así se conserve), al parecer sin dirección, sin compromisos, totalmente espontáneo, pero que manifiesta una rebeldía sana en contra de lo que llaman imposiciones de los medios al manipular, a conveniencia, la información, haciendo nugatoria la actitud crítica de una sociedad integrada mayoritariamente por jóvenes, como la nuestra.

Ojalá esto sea el inicio de un aire vivificante para nuestro país y de enriquecimiento para nuestra vida democrática. Por cierto ayer fue el Día del Estudiante. Felicidades. O usted, juvenil lector, ¿qué opina?

Nota informativa y reflexiva en torno al bullying

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Por el Mtro. Fernando Reyes Baños


Recuerdo que en la escuela conocí a varios acosadores. Su abuso podía ocurrir en cualquier parte (salones de clase, pasillos, áreas de recreo y cafeterías), a cualquier hora de la jornada escolar y sin que nadie, absolutamente nadie, interviniera para evitarlo (a excepción, quizá, de algún otro compañero que estaba dispuesto “a jugársela” para defender a un amigo o familiar). Varias veces fui víctima de algunos de esos niños y adolescentes bravucones, abusivos y pendencieros. Al cabo de los años recuerdo sus palabras, sus golpes y sus humillaciones y me pregunto: ¿por qué ningún profesor de aquel entonces hizo algo para evitar mi sufrimiento? Peor aún: algunos de esos profesores no sólo se “hacían de la vista gorda” cuando ocurría el acoso, sino que terminaban sumándose a éste al apoyar la causa del acosador (¿qué causa?, eso, al parecer, era lo que menos importaba). ¡Que estúpidos, ignorantes y mal preparados eran algunos de los profesores(as) de mis años de secundaria y preparatoria! Ellos tenían el deber de evitar esa clase de abusos entre los estudiantes, porque se supone que su misión como educadores no sólo es informar a sus estudiantes, sino formar personas. ¡Que curioso! Años después, como parte de esos temas académicos que se ponen de moda, de pronto sé que esas vivencias tienen un nombre: acoso escolar o bullying.

Entremos en materia: en lo que sigue explicaré, brevemente, qué es el bullying, cómo se presenta, cuáles son sus consecuencias, la importancia que tiene que la familia y la escuela se ocupen de su prevención y atención y, como punto final, haré algunas puntualizaciones sobre este tema.

El bullying o acoso escolar se refiere a la intimidación o maltrato que se produce entre escolares de forma reiterada a lo largo de un tiempo determinado. Puede ser psicológico, verbal o físico, siendo el tipo más común el emocional. Suele presentarse en las aulas y en los patios de las escuelas. Los casos de acoso escolar, por lo general, son niños que están por entrar en la adolescencia (alrededor de los12 o 13 años de edad). Existen diferentes motivos que pueden propiciar su aparición: desde factores personales y/o familiares hasta por influencia de los medios masivos de comunicación con contenido violento.

Siempre hay dos protagonistas: el niño acosador, que ejerce su poder sobre otro para buscar su dominio y que suele relacionarse con un grupo de niños que se limitan a observar los episodios de acoso escolar; y el niño acosado, que al ser puesto en una situación de inferioridad, se convierte en víctima del acoso.

Los niños víctimas del bullying presentan, con alguna frecuencia, cierto rasgo personal que los caracteriza. Por lo general, son tímidos y poco sociables. El acoso constante los hace sentirse angustiados, tensos y con mucho miedo. A largo plazo, las consecuencias del bullying son: baja autoestima, actitudes pasivas, pérdida de interés por los estudios, etc.

En la prevención contra el bullying la familia representa una pieza fundamental, porque en su seno es donde los niños aprenden a socializar, a comportarse de acuerdo a valores y normas que les permitirá coexistir armoniosamente con sus semejantes, por lo que resultará importante que los padres eviten, con paciencia, dedicación, honestidad y ejemplo constante, que el hogar se convierta en un escenario hostil o, por el contrario, demasiado permisivo.

Ante el bullying, la familia comparte la misma responsabilidad que la escuela: debe mantenerse informada constantemente sobre el tema. La escuela es un espacio clave para prevenir el bullying, razón por la cual, la disciplina en las aulas y en los patios es fundamental para fomentar una buena conducta entre los alumnos. Lo anterior se concreta, con acciones que buscan prevenir cualquier episodio de acoso escolar, entre las cuales, se pueden mencionar:

  • La supervisión de los alumnos dentro y fuera de los salones.
  • Establecimiento de reglas claras sobre el comportamiento en la escuela.
  • La respuesta rápida y efectiva en caso de que haya alguna sospecha de acoso escolar en contra de algún estudiante.
  • Un programa de valores consolidado que busca que los estudiantes aprehendan valores y refuercen actitudes que les permita relacionarse armoniosamente con sus semejantes y con su entorno.
  • Conferencias para padres y maestros donde se trate el tema de la prevención y atención al bullying.

Reflexión (a manera de conclusión): que las instituciones educativas se comprometan con una cultura de la prevención y que asuman responsablemente su contribución para que nuestra sociedad sea cada vez mejor, es decir: más armoniosa, más equilibrada y más justa, son aspectos que representan, hoy y siempre, un asunto prioritario (más aún si tales aspectos se valoran en términos de su pertinencia social), lo que en la práctica se traducirá en el trato respetuoso, cordial y responsable que a todos, a cada uno de nosotros, debe interesarnos se fomente, desde muy temprana edad, en todas las personas (y no solamente en quienes están dentro de un sistema de educación formal), pero no solamente por medio de la palabra, sino también del ejemplo, del acto que refleje lo que a veces, con demasiada laxitud, hemos denominado humanidad, porque lo que interesa finalmente es que los nuevos ciudadanos sean cada vez más congruentes; por supuesto que el respeto hacia los demás no es asunto que competa con exclusividad a los estudiantes porque, por extensión, involucra también al resto de los grupos relacionados con ellos: maestros, padres de familia e, inevitablemente, la sociedad en general, ¿por qué?, por una razón muy simple: todos somos, en cierta medida, aprendices y enseñantes de algo, todos somos entes culturales, razón de más para preocuparnos y ocuparnos de que fenómenos como el bullying (tan abundante como siempre, pero más estudiado en años recientes) no tenga cabida ya en las escuelas de nuestra sociedad.



Fuentes útiles en línea:

- Consejería de Educación, universidades, cultura y deportes (2006). Guía para el profesorado sobre acoso escolar: detección, identificación, intervención y prevención. Servicio Prevención y Ayuda Contra el Acoso Escolar del Gobierno de Canarias. Consultado el 16 de diciembre del 2011 en http://www.gobiernodecanarias.org/educacion/dgoie/publicace/docsup/guia_acoso.pdf
- Gobierno del Estado de Guerrero (s. f). ¿Qué es el bullying o Acoso Escolar? Consultado el 16 de diciembre del 2011 en  http://guerrero.gob.mx/articulos/%C2%BFque-es-el-bullying-o-acoso-escolar/

Psicologia del desarrollo de John W. Santrock en mapas conceptuales

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Por el Psic. Fernando Reyes Baños


Se presentan a continuación dos mapas conceptuales con los que se busca sintetizar, de manera gráfica, los capítulos 2 y 14 del libro Psicología del Desarrollo: El ciclo vital de J. W. Santrock en su 10° edición, publicada en 2006 por McGraw –Hill/Interamericana de España.

La intención de este artículo es, por un lado, exponer algunas reflexiones en torno a las teorías del desarrollo y el ciclo vital, concernientes sobre todo a los años que coinciden con los años en que suelen hacerse los estudios universitarios; y por otro lado, ejemplificar el uso que los mapas conceptuales tienen para optimizar la lectura y la mejor comprensión de un tema académico a través de su diseño y fundamentación (cabe mencionar acerca de este último punto, que actualmente existen varias opciones informáticas disponibles en Internet que facilitan la elaboración, tanto de mapas conceptuales como de mapas mentales).

El mapa del capítulo 2 se ocupa de las teorías del desarrollo e incluye las teorías del psicoanálisis, las cognitivas, las conductistas y cognitivo-sociales, las etológicas y las ecológicas, así como los autores, las aportaciones y las críticas de cada una de ellas (véase Figura 1).

Figura 1. Mapa Conceptual del Capítulo 2 de Santrock (2006)
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El mapa del capítulo 14 atiende a 5 aspectos fundamentales del desarrollo vital, especialmente, de los años correspondientes a la juventud, a saber: la transición entre la adolescencia y la adultez, el desarrollo físico, la sexualidad, el desarrollo cognitivo, así como la trayectoria profesional y el trabajo; en este mapa, se buscó plasmar los conceptos más importantes acerca de estos temas (véase Figura 2).

Figura 2. Mapa Conceptual del Capítulo 14 de Santrock (2006)
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Después de revisar los textos de Santrock (2006) seleccionados, caben algunas reflexiones acerca de las teorías del desarrollo y de los estudios que se han hecho hasta el momento sobre el ciclo vital, particularmente, de aquellos aspectos que se relacionan con el desarrollo y con las vivencias de los estudiantes universitarios:

  1. El docente que no sabe cómo manejar los conflictos que se han presentado entre un grupo de estudiantes y dos de sus miembros con una orientación sexual diferente al resto, la directora que solicita a un instructor que capacite a sus profesores para sensibilizarlos más en tormo a las necesidades y al trato que deben darle a sus alumnos o el docente que evalúa a sus estudiantes de primer semestre de licenciatura con la misma exigencia que aplicaría a estudiantes de semestres más avanzados e, inclusive, a profesionales con la misma trayectoria profesional que él, son ejemplos de la importancia que tiene para los docentes, directivos y administrativos de una institución de educación superior conocer las teorías del desarrollo y los estudios más recientes sobre el ciclo vital, porque este conocimiento les permitirá caracterizar las etapas de desarrollo por las que estén pasando sus estudiantes en ese momento y actuar en concordancia con éstas, entender por qué algunos se comportan de un modo muy distinto a otros, sensibilizarse con algunos aspectos que durante esos años son fuentes importantes de estrés para los universitarios, guiarlos de forma paralela a sus clases con el propósito no sólo de prepararlos e informarles de sus carreras, sino también de contribuir a su desarrollo y formación, etcétera.

  2. Al revisar las teorías del desarrollo expuestas por Santrock (2006) en el capítulo 2, resulta inevitable observar las diferentes formas en que cada autor estudió el desarrollo humano, es decir, autores como Freud y Erikson abarcaron periodos distintos del ciclo vital para explicar con sus teorías los aspectos más importantes de éste, Piaget y Vygotsky acentuaron aspectos distintos para explicar desde sus teorías el desarrollo cognitivo, Lorenz y Bronfenbrenner por estudiar un aspecto del desarrollo desatendieron otro, entre otros ejemplos que podrán citarse. Santrock (2006), sensatamente, propone asumir una orientación ecléctica frente a este complejo panorama, pero esta actitud conciliatoria, aunque resuelva por ahora el problema de la aplicabilidad de tales teorías: “¡Muchas teorías! ¿Cuál adoptar? ¡Ah, lo mejor de todas ellas!”, deja sin resolver el avance y la evolución del corpus teórico de la disciplina en cuestión, por lo que una actitud que procurara la sistematización, que propusiera un modelo integrador que explicara la mayor parte del desarrollo humano, basándose en más de una perspectiva teórica, sería también una exhortación aceptable, aunque en definitiva no sería más fácil que la primera.

  3. Los cinco temas del capítulo 14 de Santrock (2006), que podrían recategorizarse en sólo tres temas principales, a saber: Transición Adolescencia-Adultez (introducción), Desarrollo físico, sexual y cognitivo (cuerpo) y Trayectoria Profesional y Trabajo (conclusión), en cierto sentido, implican una analogía con la tarea de acompañamiento que la institución educativa y sus miembros deben realizar para contribuir con la preparación y el desarrollo de los estudiantes que la integran, quienes a pesar de estar en ella por algunos años solamente, vivirán en ese lapso experiencias que los preparará para el resto de sus vidas como adultos, como profesionistas, como parte de una familia y como miembros de una sociedad; por tanto, la universidad debe brindar el andamiaje necesario y suficiente para que, desde el momento en que el estudiante ingresa hasta el momento en que este egrese y/o se titule, éste se sienta asistido, orientado y apoyado, todo lo cual por supuesto, tiene que ser producto del esfuerzo de la universidad para que las cosas ocurran así.

Referencia

Santrock, J. W. (2006). Psicología del Desarrollo: El ciclo vital (10 ed.). Madrid, España: McGraw –Hill/Interamericana de España.

Modelo de consulta y enfoques del counseling en mi practica profesional

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Por el Psic. Fernando Reyes Baños

Los estudiantes que entran a la universidad, que estudian por años en ella, para luego terminar y entrar al medio laboral están expuestos a presiones de distinta índole, que no se limitan únicamente a su rendimiento escolar, sino que abarcan aspectos que van desde su transición a la educación superior, pasando por su desarrollo físico y sexual, hasta el tipo de actividad laboral que definirá su trayectoria como profesionista (Santrock, 2006).

Este trayecto suele ser acompañado por la universidad a través de programas que facilitan su ajuste a la vida universitaria, al mismo tiempo que los involucra en actividades que tienen como propósito fomentar su desarrollo integral y potencializar sus capacidades en diferentes ámbitos; algunos de estos programas buscan además, ayudar a los estudiantes a resolver diferentes tipos de dificultades, ya sean académicas, personales o familiares, dificultades que suelen ser atendidas por tutores o por un orientador.

Algunas de las funciones que desempeño en la universidad donde laboro tienen que ver, justamente, con la puesta en práctica de algunos de estos últimos programas, entre los cuales están: orientación vocacional, atención psicológica y asesorías académicas.

El objetivo del presente artículo es describir y justificar la aplicación de cuatro formas de intervención: el modelo de consulta, un enfoque del counseling, la tutoría y el asesoramiento, a través de su revisión conceptual, razón por la cual se comentan y se citan, las aportaciones teóricas de autores como Bisquerra (2006), Ariza y Ocampo (2005), y López (2008), ocupándose como guía los siguientes elementos: concepto y definición, aspectos útiles o aplicables a mi vida laboral y justificación de los aspectos elegidos; este penúltimo elemento (escrito en cursivas) y desde antes el título que encabeza esta entrega señalan, evidentemente, que las reflexiones que se hagan a lo largo de ésta estarán enmarcadas por mi experiencia acumulada en la institución educativa donde laboro*.

Modelo de consulta. Relación entre profesionales en la que uno, el consultor, ayuda a otro, el consultante, a resolver un problema con el cliente (individuo, grupo, centro educativo, etc.), estableciéndose una tríada en la que el consultante desempeña el papel de mediador al intervenir directamente con el cliente, mientras que el consultor ayuda al cliente de manera indirecta, controlando y supervisando el proceso de la consulta, con la intención de maximizar la competencia del mediador, para que éste sea capaz de resolver ese, o cualquier otro problema semejante, con el cliente; aplicando esta definición al contexto educativo se tiene que, por lo general, el consultor es el orientador, en tanto que el consultante es el profesor (aunque también puede serlo un tutor o, inclusive, el director de una facultad o centro) y el cliente es el alumno.

Sin ser necesariamente una consulta colaborativa, un aspecto que busco incluir las veces que sea posible en mi vida laboral es la particular relación que se establece en el modelo de consulta, es decir, el acuerdo entre profesionales con estatus similares quienes, en el ejercicio de sus funciones, aceptan trabajar juntos para resolver un problema de maneras más o menos directas (Bisquerra, 2006); sin embargo no siempre resulta fácil implementar un proceso de solución de problemas así, debido a la dificultad que puede haber por la falta de cooperación entre algunas áreas, lo cual dificulta la realización de varias acciones que, de otra manera, serían más viables (situación que, probablemente, ameritaría por sí sola un trabajo de consultoría).

En mi caso existen mecanismos empero, que me permiten trabajar algunas actividades de acuerdo con el modelo de consulta descrito anteriormente. Algunas de estas actividades son:

  1. Cursos de formación docente que tienen como propósito brindar estrategias de enseñanza y aprendizaje para trabajar aspectos específicos de los estudiantes.
  2. Capacitación a docentes y alumnos que van a ser tutores, así como sesiones para la consulta que cualquiera de ellos requiera a lo largo del semestre, con el propósito de trabajar sus dudas y buscar alternativas útiles para sus tutelados.

Enfoques del counseling. Diferenciándose de la consulta por su carácter más propiamente terapéutico (Bisquerra, 2006), el counseling (término manejado de forma equivalente por el mismo autor citado al de “asesoramiento”) implica la relación entre personas con distinto estatus: orientador – sujeto. Bisquerra lo define de la siguiente manera (2006, p. 472):

…relación «vis a vis» entre dos personas, en la que un especialista de la orientación ayuda a otra persona a conocerse mejor a sí misma y su circunstancia, de tal manera que pueda utilizar los recursos disponibles (personales y ambientales) de forma satisfactoria para él y beneficiosa para la sociedad, al mismo tiempo que aprende el modo de solucionar sus necesidades futuras.

Un enfoque del counseling que utilizo con frecuencia es el de rasgos y factores, el cual obviamente, se encuentra estrechamente vinculado con la teoría de rasgos, la psicometría y, en la práctica, con la aplicación de tests; dicho enfoque, se basa en el supuesto de que cada individuo re – presenta una configuración particular de los mismos rasgos y factores que, al ser mensurables, hacen posible la búsqueda de los perfiles profesiográficos correspondientes a los rasgos y factores que resultan (Andrés, 1996; Valdés, 2000).

Aunque el papel característico del asesor en este enfoque sea activo y, en concordancia con él, hayan funciones que se espera realice (y limiten su quehacer), tales como la de diagnosticar, la de informar, la de esclarecer, etc., en actividades como la orientación vocacional, donde el uso de los tests y las funciones de diagnosticar e informar son importantes, el asesoramiento (o counseling) involucra aspectos que buscan ayudar al asesorado a pensar con mayor claridad, a tomar en cuenta alternativas que no había considerado hasta ahora y, por supuesto, a resolver un problema que muchas veces desemboca en una toma de decisión acerca de su futuro.

Tutoría. Labor de acompañamiento, generalmente desempeñada por los docentes de una institución educativa, que busca apoyar los procesos que se generan en ésta no sólo con actividades académicas, sino también “…abordando al individuo en sus diferentes facetas, acompañando sus procesos de toma de decisiones desde lo puramente académico hasta lo personal, brindando modelos y alternativas para aprovechar mejor su experiencia educativa…” Ariza y Ocampo (2005, p. 32).

El docente como tutor, papel contrapuesto a la idea de la mera transmisión de conocimientos, no se limita a observar que los programas académicos se cumplan, porque su labor consiste también en despertar en los estudiantes su interés por su propio proceso de aprendizaje, a autodirigirse y autoregularse, con estrategias que le sean útiles para estudiar, así como aprender a aprender, etc. Generalmente, la operatividad y todo lo que implica para una universidad ofrecer tutorías a sus estudiantes, se encuentra enmarcado en un programa institucional que busca potenciar las capacidades de los alumnos y fortalecer sus debilidades o, como se estila ahora administrativamente llamarles, “áreas de oportunidad” (Ariza y Ocampo, 2005).

Actualmente, una de las estrategias que más se está impulsando para desarrollar el programa de tutorías en la institución en la que trabajo es la tutoría académica (conocida también por el nombre de asesoría académica), en la cual los estudiantes solicitan a través de la oficina de desarrollo estudiantil, la colaboración de un docente (que puede o no ser el mismo maestro que les da clases), para resolver sus dudas sobre alguna materia.

Otras estrategias tutoriales que se han implementado en la universidad donde trabajo (y en las que yo mismo he participado), particularmente para resolver situaciones más o menos especiales, han sido las tutorías individuales y de grupo.

Asesoramiento. Es una forma de intervención que en el ámbito educativo puede resultar útil como apoyo a los procesos que las instituciones escolares generan. En párrafos anteriores, se relacionó este concepto con el counseling por su trasfondo terapéutico. López (2008), refiriéndose a la relación del asesoramiento y su construcción, aporta ideas ilustrativas acerca de las herramientas que pueden implementarse para el ejercicio de esta labor. Una idea fundamental de su propuesta es la importancia que tiene la comunicación para el asesor que atiende el caso de una institución escolar determinada, es decir, el hecho de que ésta sea “…un proceso ineludiblemente social” (López, 2008, p. 5) obliga al asesor a considerar la comunicación como algo más que la idea simplista que todavía, lamentablemente, algunos académicos tienen de que la comunicación es mera “transmisión” de un mensaje, de que éste se mantiene inalterado durante el proceso, de que el significado también se transmite, etc.

La aplicación de tales ideas es importante no sólo en lo que atañe al asesoramiento, sino para cualquier otra actividad que implique comunicarse con alguien más y es que, de acuerdo a López (2008), “…toda conducta humana, cuando es realizada en presencia de otros, produce comunicación”, si a esto se agrega que muchos problemas entre las personas, incluyendo por supuesto a quienes integran una institución escolar, surgen precisamente en este proceso, entonces queda claro que el conocimiento acerca de su complejidad resulta imprescindible y que su aplicación, ya sea asesoramiento, tutoría, counseling o consulta, resulta ineludible.

Después de revisar conceptualmente el modelo de consulta, el counseling (a través de uno de sus enfoques), la tutoría y el asesoramiento, de relacionar su utilidad y aplicación en mi vida laboral, y de hacer algunas anotaciones acerca de su importancia, cabe señalar que:

  • Tales conceptos se refieren a formas distintas de intervenir en el ámbito educativo.
  • Todos ellos tienen un mismo destinatario: los estudiantes, aunque en algunos casos la intervención sea menos directa, como es el caso del modelo de consulta.
  • Para cualquiera de estas formas de intervención, conocer la importancia y complejidad de la comunicación es imprescindible, al margen de las características personales que se consideren convenientes para quien haga esta clase de labor.

En la práctica, después de algunos años de ayudar a los estudiantes a resolver sus dudas, a encontrar su camino en la vida, a ganar tranquilidad y sosiego ante la presión causada por los estudios, por la pareja y por sus familias, después de darle un uso a lo mucho o poco que se aprendió en la universidad, de cursos y diplomados en psicopedagogía, de platicar con alguno que otro colega sobre los fracasos y éxitos tenidos en la profesión hasta el momento, después de todo eso… ¿Qué reflexión aparece en la mente de quien revisa los textos de Bisquerra (2006), Ariza y Ocampo (2005) y López (2008) ahora? A continuación la respuesta:

  • ¡Con Bisquerra (2006) pavor! Tantos conceptos, tantas clasificaciones… sólo después de un tiempo las conexiones que unen a tales elementos se hacen más notorias y entonces es cuando se piensa: “¡Pero eso es lo que yo hago! Sólo que en el diario acontecer no hago reparo si tal intervención pertenece a esta o a otra clasificación”. De tal experiencia aprendí orden.
  • Con Ariza y Ocampo (2005) fue diferente. El “clic” se produjo no por sus señalamientos sobre las tutorías, sino por sus comentarios acerca del contexto universitario en el que se ofrecen las tutorías: “…al interior de una entidad educativa autoritaria, jerárquica y dependiente es imposible formar un sujeto democrático” (Ariza y Ocampo, 2005, p. 37). Lo que esto significa es que no sólo los docentes que sean tutores en el marco de un programa institucional deben convertirse en guías y modelos para sus alumnos, sino que toda la universidad en su conjunto debe aspirar a lo mismo, porque toda la institución educa.
  • Finalmente, con López (2008) reforcé algunas cuestiones que, de tan evidentes, por momentos uno empieza a obviarlas, quizá más allá de lo permisible. La lección con este autor tiene que ver con la importancia, la complejidad y lo delicado que es la comunicación humana, particularmente, si uno se dedica a ayudar a individuos que se encuentran en una fase crucial de su ciclo vital. Afirma el autor: “Cualquier proceso de cambio, cualquier acción que se proponga influir sobre la conducta de los otros, consiste básicamente en actos de comunicación encadenados unos a otros”, lo cual tiene todo que ver con el asesoramiento y, en realidad, con cualquier otra intervención que se haga.


Referencias

Andrés Pueyo, A. (1996). Manual De Psicología Diferencial. España: Mcgraw-Hill / Interamericana De España, S.A.
Ariza, G. I. y Ocampo, H. B. (2005). El acompañamiento tutorial como estrategia de la formación personal y profesional: un estudio basado en la experiencia en una institución de educación superior. Universitas Psychologica, 4,1, pp.31-42. Recuperado el 22 de Mayo de 2010.
Bisquerra, R. (2006). Modelos de orientación e intervención psicopedagógica (5ª. ed.). Bilbao, España: Praxis.
López, J. (2008). Construir la relación de asesoramiento: Un enfoque institucional basado en la comunicación. Profesorado. Revista de Currículum y Formación de Profesorado. Recuperado el 22 de Mayo de 2010.
Santrock, J. W. (2006). Psicología del Desarrollo: El ciclo vital (10 ed.). Madrid, España: McGraw –Hill/Interamericana de España.
Valdés Salmerón, V. (2000). Orientación profesional: un enfoque sistémico. México: Prentice Hall.

* Este trabajo, originalmente, fue un trabajo académico solicitado en un curso de postgrado en el que participó su autor.

Un caso de asesoría en orientación vocacional

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Por el Psic. Fernando Reyes Baños


Una de mis funciones en la universidad en la que actualmente laboro es brindar asesorías de orientación vocacional a los estudiantes, tanto externos como internos, que soliciten ese servicio. Hace un par de años un área de la institución me solicitó atender a una joven que tenía dudas sobre qué carrera estudiar. Anote sus datos y le programé una cita para una tarde de esa misma semana. El día de la cita la estudiante, que en lo sucesivo llamaremos Rocío, llegó temprano a mi oficina y, después de las presentaciones correspondientes y de compartir con ella algunos comentarios para aligerar la tensión inicial, comenzamos a conversar.

Rocío era una estudiante destacada en su colegio. Hasta hace poco estaba segura de que la carrera que elegiría para sus estudios superiores sería administración de empresas, particularmente, porque su hermano mayor estaba terminando esa carrera y, en sus pláticas, éste le hablaba mucho sobre lo que veía en clases; sin embargo en el último año de la preparatoria, Rocío tuvo un curso sobre psicología y la manera en que su maestra daba clases la impresionó de manera tan notoria, que comenzó a interesarse en todo lo que tuviera que ver con esa materia, llegando al punto de que, faltando poco para terminar la educación media superior, comenzó a dudar sobré cuál sería realmente su vocación: ¿administración de empresas o psicología?

Indagué un poco más sobre su historia escolar y familiar, tratando de identificar aspectos que mostraran alguna afinidad con las características inherentes al perfil de ambas carreras y, haciendo una reflexión con ella sobre su contexto y las opciones que estaban a su alcance, exploramos algunas posibilidades en caso de que su elección se inclinara por una u otra carrera. Un punto medular era determinar que este interés reciente por la psicología no fuera algo temporal, algo así como “una moda” para ella, sino que realmente fuera una opción que estuviera en franca competencia con su otro interés. Entre sus planes futuros, de hecho, estaba el de crear una empresa, autoemplearse, por lo que estudiar administración de empresas resultaba conveniente, pero el interés por la psicología, por trabajar esta disciplina con niños que tuvieran problemas de aprendizaje (hasta ese grado había especificado ya su expectativa sobre su futuro en esta profesión) era muy fuerte.

Este espacio de reflexión sirvió, un tanto para ella y un tanto más para mí, para entrever qué aspectos podrían ser considerados al momento de tomar una decisión; sin embargo, estábamos muy lejos todavía de acercarnos a ese momento: le expliqué que el proceso para elegir cuál de las dos carreras sería su primera opción no se resolvería en una sola sesión, por lo que sería necesario que acudiera conmigo algunas veces más. Rocío, al contrario de otros jóvenes que a veces llegan con la idea de que “fácil y rápido” resolverán un dilema que debieron trabajar desde que comenzaron el bachillerato (si no es que antes), aceptó presentarse a otras sesiones.

En la siguiente sesión, apliqué varios cuestionarios a Rocío con la intención de lograr una estimación de algunas características suyas que fueran relevantes para este proceso: intereses, aptitudes, habilidades intelectuales, valores, personalidad, estilos de aprendizaje, etc. La intención de aplicar estas pruebas era reunir información, de manera sistemática, que fuera útil para elaborar un perfil profesiográfico. Cabe aclarar que antes de aplicar estas pruebas, explico a los estudiantes con que actitud es prudente tomar los resultados que surjan de ellas, es decir, que no los tomen en términos absolutos, sino como una estimación de sus características personales, sobre la cual, lo que de veras importa es reflexionar e informarse para tomar la decisión más adecuada.

En la tercera sesión platiqué con Rocío sobre sus resultados. Aparentemente, la estudiante tenía características que la convertían en la candidata ideal tanto para la carrera de psicología como para la carrera de administración de empresas, presentándose algunas variaciones que no obstante, resultaban poco significativas para considerarlas confirmatorias de alguna tendencia. Durante la conversación que siguió a la exposición de tales resultados, comencé a trabajar con ella la posibilidad de no descartar, necesariamente, la carrera que dejara fuera de su elección al momento de elegir entre psicología y administración de empresas, es decir, que considerara los puntos en común entre ambas disciplinas y que vislumbrara opciones, para el ejercicio futuro de su profesión, que le sirvieran para vincular ambas carreras en un solo proyecto de vida, un proyecto que le permitiera crear algo propio y que tuviera como “giro” trabajar aspectos particulares de la psicología educativa con niños. Le propuse entonces conocer, de manera más profunda, lo que cada una de estas disciplinas podía ofrecerle para alcanzar esta meta. Con la aceptación de Rocío, le programé citas para entrevistarse tanto con el director de la carrera de administración de empresas como con el director de la carrera de psicología, quedando con ella de vernos, nuevamente, después de que tuviera ambas entrevistas. Como la intención era, obviamente, que despejara todas las dudas que pudiera tener sobre el estudio y ejercicio de una o de otra carrera, le propuse además una serie de preguntas que le sirvieran como guía, para obtener el mayor provecho de cada una de las entrevistas.

Cuando Rocío se presentó a la siguiente sesión, se sentó frente a mí y me dijo muy seriamente: “Profesor, tengo algo muy importante que decirle…”, se le veía emocionada, pero decidida a convertir ese momento en algo solemne. Cuando le pregunté de qué se trataba, me dijo: “Ya sé qué voy a estudiar… ¡Psicología!”. La felicité y, en mi fuero interno, me alegré de que la entrevista con ambos directores ayudara a crear en ella la disonancia cognoscitiva que hacía falta para que se decidiera por alguna de las dos carreras. Le hice algunas recomendaciones finales, sólo para que estuviera segura de su decisión, y en la despedida le dije: “Nos veremos en clases. Yo imparto una materia en el primer semestre”, a lo que Rocío asintió, retirándose.

Hasta el día de hoy, Rocío sigue estudiando psicología en la universidad en la que laboro. Desde un inicio ha sido una estudiante becada, manteniendo semestre a semestre un promedio académico excelente; por si fuera poco, trabaja durante el semestre colaborando con sus papás en el negocio familiar y, en los periodos vacacionales, trabaja de manera independiente. Como estudiante es un miembro activo de su grupo. Regularmente participativa, aporta comentarios que se caracterizan por la criticidad que expresan sobre los temas que se revisan en clase. No ha sido jefe de grupo hasta el momento, pero ninguno de sus compañeros podría negar el papel de líder que ocupa entre ellos. Tutora voluntaria de los compañeros que le piden su asesoría, Rocío se toma algunas horas en los periodos de exámenes para explicarles a sus compañeros los temas más difíciles, asesorándose al mismo tiempo con algunos de sus profesores para reforzar sus propios conocimientos al respecto. Como becaria colabora con la oficina de desarrollo estudiantil no sólo por su compromiso con la universidad, sino porque las actividades que realiza para dicha oficina están estrechamente vinculadas con los temas que en su carrera, a veces, ve solamente de manera teórica.

En mi opinión personal, Rocío ha crecido en muchos sentidos: por un lado, como estudiante de psicología procura poner en práctica sus conocimientos en la vida cotidiana, traduciéndose sus esfuerzos en la ayuda que desinteresadamente presta a sus compañeros; por otro lado, como persona se ha desarrollado no sólo a través de las lecciones académicas que recibe en los salones de clase, sino a través de lo que pasa en los pasillos, en los patios, con sus compañeros, con la gente que la rodea, etc.

Concluiría diciendo que, el hecho de que Rocío se esté desenvolviendo tan bien en esta carrera parte de una base, cuya estructura resumió de manera muy simple ella misma al decir: “Ya sé qué voy a estudiar…”, que es, en otras palabras, equivalente a decir: “empiezo a entender quién soy y lo que quiero ser”. En algún grado, yo participé en la estructuración de esa base y, en la medida en que Rocío (o cualquier otro estudiante que pase por una experiencia parecida) salga adelante, tal será el gusto que yo sienta por ser parte de ello.

Crónicas Universitarias V: La graduación se me agüitó por un Limón

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Por la Lic. Irma Verónica Gutiérrez Avella
Catedrática del Tec de Monterrey Campus Zacatecas y Estudiante de Posgrado (MAD-AE)



Sucedió en el último semestre de la carrera. Llevábamos la materia de Sociología con un profesor al que solo recuerdo como Limones. Era el típico profesor que le gusta vestir de jeans, playera negra, tenis y saco, con una tupida barba negra que solo se afeita cada año bisiesto.

La dinámica de la clase era prácticamente solo dictar y dictar. A toda costa evitaba las confrontaciones o las explicaciones de las teorías por lo que nuestra formación, a esas alturas de la carrera, no era la más adecuada. Siempre le solicitábamos material para leer antes de la clase y comprender mejor los términos. Su respuesta era que nos dejaría el material con la secretaria del director, que como ya sabíamos, nunca sucedía.

Era yo de las primeras que al terminar la clase, le pedía que me proporcionara material para leerlo pues se me dificultaba llevar su ritmo, el profesor solo sonreía diciendo que sí, que era seguro que para la siguiente sesión los tendría completos.

Cuando íbamos a mitad del semestre, empezó a faltar a sus clases, cuando por fin regresaba, nos mencionaba que había estado enfermo. Nos organizamos como grupo y nos presentamos con el director para solicitarle que nos cambiara de profesor porque considerábamos que no estábamos aprendiendo. Inmediatamente el director lo mandó llamar para establecer compromiso con nosotros y con la dirección. Efectivamente no volvió a faltar sin embargo su estilo seguía siendo el mismo, llegaba, tomaba lista y se ponía a dictar.

Pronto comprendí que no iba a modificar su método, por lo que me di a la tarea de investigar algunos de los términos que él nos mencionaba en los dictados, y en las siguientes clases, empecé a preguntar sobre los conceptos, pronto el grupo empezó a hacer lo mismo, en especial una compañera a la que llamábamos Mares. Ella era muy abierta y le gustaba confrontar a los profesores por cualquier motivo. Por lo que varias veces hubo discusiones fuertes entre ellos.

Me empecé a sentir presionada, pues me había propuesto graduarme con mejor promedio y sentía que no estaba aprendiendo. Ocurrió que, cuando se acercaba el examen final, finalmente nos dio el material que tanto le habíamos pedido y nos anunció que el examen sería en dos días. Esos días casi no dormí por leer todo lo que nos había dado, me presenté al examen sintiendo que era mi día, pues mejor preparada no podía estar. Contesté el examen y lo entregué, y al dárselo en la mano me pregunta: “Fácil, ¿no? Ya ves tanto que te preocupaste, ahora solo falta ver que calificación te quiero poner”. Lo tomé a broma, pues nunca había tenido un solo problema con los profesores.

Pasó una semana y la calificaciones no aparecían en las vitrinas de la escuela. A mí me estaban solicitando mis documentos en una institución de gobierno donde estaba haciendo el servicio profesional, y que ahora que graduaba, me querían ofrecer un empleo. Habían pasado ya tres semanas cuando fui a ver si ya estaban las calificaciones y… ¡Oh sorpresa! Estaban ya puestas las calificaciones, pero el cuadrito donde debía aparecer el numerito mágico de mi calificación estaba en blanco junto con el de la compañera Mares y otros tres compañeros. Pensé que aún no terminaba de revisar los exámenes por lo que me dirigí a la dirección para ver cuando tendría mi calificación.

Le pregunté a la secretaria donde estaba el profesor y me dijo: “el profe Limones ya está de vacaciones, viene hasta dentro de un mes” Le rogué que me dijera dónde podía localizarlo pero no, ahí se tenía la política de que los profesores tenían vida particular. Durante el siguiente mes, estuve yendo prácticamente diario para ver si el profesor venía a poner las calificaciones. Estaba yo molesta, triste y frustrada pues el empleo que me habían ofrecido se lo dieron a otra compañera, la cual había expresado que no le interesaba mucho, pero que lo tomaba hasta ver que otro trabajo le salía (a la fecha mi amiga sigue trabajando ahí), en cambio a mí me interesaba mucho pues era uno de los lugares donde yo había hecho practicas y sabía perfectamente que era lo que debía hacer, me gustaba ese trabajo.

A una semana de empezar el nuevo semestre, se apareció el profesor y, tratando de mostrarme lo más tranquila y educada posible, le pregunto qué había pasado con mi calificación y me dijo: “¿Tu calificación?, no recuerdo, ven mañana para ver que pasó”. Al día siguiente, me presenté a la hora que me dijo, sólo para que me dijera: “tu examen lo perdí, y tienes hasta hoy para presentar el examen a título (Es la última oportunidad de pasar la materia. Se presenta ordinario, extraordinario y a titulo)”. Le dije que por qué, que él era el responsable de mi examen y que quería ver mi examen, lo cual se negó y se limitaba a decirme: “Tienes hasta las 2 de la tarde para solicitar tu examen y aplicarlo antes de las 3. Tú decides”. Corrí a buscar al director, el cual no estaba, andaba de vacaciones y regresaba hasta el primer día de clases. Lloré de coraje y, en ese momento no encontré otra solución, presenté mi examen, ni siquiera llevaba lápiz, lo aprobé con un desgraciado 8 que me supo a gloria, me quedé presente hasta ver que él hacía el acta y se la entregaba a la secretaria.

Antes de irme, fui a su oficina, acompañada de mi amiga y solo recuerdo que le dije que yo sabía que en la vida me iba a encontrar con situaciones más fuertes que un profesor injusto y que le deseaba que siempre saliera adelante de cualquier situación para que no tuviera que desquitarse con las demás personas. Le di las gracias porque me había enseñado a identificar a un mal profesor.

Después de este suceso, me sentí tranquila pues me di cuenta de que con su actitud me estimuló a ser proactiva y a no quedarme solamente con lo que él quiso enseñarme. A la fecha me lo encuentro, pero él evita verme.

Aunque esta situación la llegué a catalogar como negativa en su momento, por lo mal que me sentí, por lo injusto que se portó el profesor y por la frustración tan grande que experimenté al ver que la única persona que me podía ayudar, el director, no estaba, al pasar el tiempo comprendí que también aprendí a valorar a mis profesores que de alguna manera siempre se habían comprometido con nuestra formación.

Terminé los estudios con un promedio de 9, y aunque entré a la carrera por influencia de mí mamá, ahora considero que fue la mejor decisión que pude haber tomado, ya que no puedo imaginarme siendo otra cosa, además de que fue una etapa maravillosa: me enamoré durante la carrera, tuve excelentes amigos, increíbles profesores, largas, largas caminatas en las que me divertí de lo lindo, conocí personas extraordinarias que aportaron a mi formación, tuve largas desveladas haciendo reportes y propuestas para las instituciones, tareas y proyectos, pero lo mejor de todo, aprendí a escuchar a las personas y de alguna manera, a sentirse acompañadas.

 
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