De la complejidad…

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Por el Mtro. Rodrigo Juárez Ortiz

Los medios inciden en la información que rebasa el límite tradicional de la nota roja. Todos los días nos encontramos con información sobre asaltos bancarios realizados por individuos solitarios que después de su fechoría, desaparecen caminando; sobre irrupción de las fuerzas federales en las llamadas casas de seguridad, en donde encuentran verdaderos arsenales como para armar a un ejército, la más de las veces cuando andan patrullando la zona y al verlos dos transeúntes (por decir un número), éstos se asustan y corren a refugiarse en dichas casas y, como consecuencia de su allanamiento, encuentran todos estos arsenales, drogas en cantidades industriales, así como millones de dólares en efectivo; sobre cadáveres entambados, decapitados, incinerados con la llamada “corbata de fuego”, de seres que fueron torturados, esposados y maniatados con cinta canela; de “levantados”, los últimos de los cuales, se trata de 27 jornaleros del campo en Sinaloa, perpetrado por un comando armado y hasta el momento no se sabe nada de su paradero, en fin, que el listado es muy largo y prolífico según lo exhiben los medios, que es la única forma por la cual la población nos informamos; sobre trata de personas para su explotación sexual, sobre secuestros, sobre asaltos con violencia a transeúntes, automovilistas, camioneros, urbaneros, taxistas y en casas habitación, en cualquier hora de la mañana, tarde, noche y madrugada; en todas las áreas y a todos.

También se nos informa que las autoridades de los tres órdenes de gobierno están en una franca y declarada guerra en contra de la delincuencia organizada, para lo cual se ha dotado de nuevas patrullas, uniformes, armas y todo lo concerniente al equipamiento de las fuerzas del orden para que puedan enfrentar, con eficacia, a quienes delinquen en forma tan violenta.

Se ha dicho que se trata de batallas entre las diferentes organizaciones delictivas y hay quienes opinan que si se aniquilan sólo entre ellos se trataría de una profilaxis social, el problema es que también, entre estos encuentros han muerto víctimas inocentes, que no tienen mas involucramiento que el estar en el lugar y el momento menos adecuado. Lo cierto es que hasta el día de ayer, los medios nos reportan 6341 ejecuciones en este sexenio y solo 16 por el día de anteayer. ¡Increíble!

Se trata de enfrentar el gravísimo problema de la inseguridad pública en todos los rincones de México. Salta a la vista el enorme esfuerzo de las autoridades para tratar de resolverlo, sin embargo, los resultados son magros.

La delincuencia, organizada o no, se ha apoderado de nuestros espacios públicos y privados; la zozobra, el temor, la inseguridad, la incertidumbre se han adueñado de nuestra vida cotidiana. Los gobernantes tratan de resolverlo, pero parece que las medidas adoptadas no son las idóneas o no son suficientes.

Pero cómo van a serlo si la delincuencia, con el poder económico que posee, ha penetrado a las autoridades de alto nivel quienes las combaten, como casi a todos los cuerpos policíacos del país, como la última detención de 19 policías en Tijuana o la de altos mandos de la SIEDO por su complicidad con estos cuerpos delictivos; cómo lograrlo si no existe trabajo dedicado y fino de inteligencia para el desmantelamiento de estas bandas, lo cual requiere tiempo y capacidad, como los casos en otros países que después de años de seguimiento y aportación de pruebas, dan golpes efectivos en todo su territorio y desmantelan bandas enteras. En cambio aquí, tal parece que los grandes golpes a estas bandas se dan por casualidad, por denuncias anónimas o por “pitazos” de bandas rivales, como lo han manifestado los medios, a pesar de que algunas autoridades achacan su triunfo a labores de seguimiento y de inteligencia. Se ha visto que sólo se actúa por reacción y casi siempre ésta es tardía e ineficaz. Los grandes pactos nacionales sobre seguridad pública parecen ser de relumbrón, pero no han resuelto nada. La ineficacia e ineficiencia son palpables. El problema ya involucra a la seguridad nacional. ¿Qué hacer entonces? ¿Pedir ayuda a los estadounidenses para que entren hasta la cocina y controlen como quieren a nuestros cuerpos de seguridad? ¿Implantar el toque de queda en toda la nación, lo cual es anticonstitucional? ¿Despedir a todos los policías corruptos y luego qué hacer con ellos en las calles?

El problema es muy complejo y tiene que atacarse desde sus diferentes aristas. Pero habiendo unidad entre las autoridades involucradas, eficacia y eficiencia en los cuerpos de seguridad, preparación y mejoramiento de equipos, honradez y ética en los servidores públicos y, sobre todo, un acendrado patriotismo, es como nos acercaremos a la solución del problema. La nación entera lo exige. O usted, involucrado lector, ¿qué opina?

1 Comentario:

Sergio A. Amaya Santamaría dijo...

Grave el problema de inseguridad que tenemos, los que vivimos en la zona fronteriza creo que lo vivimos con mayor intensidad. En Chihuahua se está dando el caso de que bandas de delincuentes amenacen a las escuelas, dándose ya el caso de una en Ciuda Juárez donde encerraron a Maestros y estudiantes y les despojaron de sus pertenencias y valores.
Realmente se ve difícil la solución, tal vez habría que imponer "tolerancia cero" y como dicen los malos en la guerra "que no haya detenidos". Cómo meterle miedo a estas gentes de tan bajos instintos, ¿pena de muerte?, empezando por los policías que delinquen, pues es traición a la Patria, pues viven de los impuestos que pagamos todos. ¿Los derechos humanos? y qué hay de los derechos de la gente decente que vive aterrorizada. En fin, son pensamientos que nacen de la impotencia.
Un abrazo Maestro Juárez.



El contenido plasmado en este blog es producto de la reflexión de su autor, de sus colaboradores y de los pensadores que en él se citan. Cualquier semejanza con la realidad o alguna ficcón literaria, televisiva, psicótica paranoide o de cualquier otra índole es mera coincidencia

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