De la paz...

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Por el Mtro. Rodrigo Juárez Ortiz


El concepto, la idea de la paz no debe ser considerado solo desde un punto de vista simplista entendida como la ausencia de guerra, (como el concepto de salud que no es la ausencia de enfermedad, sino un estado de bienestar ), sino con una perspectiva positiva, es decir, como un estado de concordia, una situación de acuerdo dentro de un grupo, así como su concomitante sensación de sosiego, como el estado de la persona no agitada, en suma, como una situación de calma, de silencio y de reposo.

La paz es, ha sido y será un fin inveterado, constante y permanente de la humanidad, toda vez que deviene en un requisito sine qua non para que los seres humanos realicemos nuestros fines, nuestro desiderátum, nuestra felicidad, que solamente en un entorno de paz, se puede lograr de una manera óptima, con pretensiones de plenitud.

Desde que aparece el hombre sobre la tierra, las necesidades prístinas de la alimentación, la seguridad, la supervivencia han sido actividades indispensables y logradas, en mayor o menor medida, merced a la creación de normas de conducta que regulan, canalizan, delimitan todo el aspecto volitivo del hombre el cual, al exteriorizarse se convierte en conducta y se trata precisamente de regular esa conducta; así, crea normas religiosas, normas del trato social, normas morales (que resultan totalmente subjetivas, ya que si el individuo las acata o no, está en su conciencia la consecuencia; no pasa nada) y por sobre todas ellas, las normas jurídicas, las únicas que por su carácter coactivo, son impuestas por el órgano estadual, aun en contra de la voluntad del destinatario de la misma norma, por el hecho de que al realizarse el supuesto normativo, el supuesto jurídico (hecho mencionado por la norma de cuya realización depende el nacimiento de las consecuencias jurídicas, que pueden ser un premio o un castigo), siempre trae aparejada una consecuencia o sea, una sanción.

Y esa paz, tan deseada por la humanidad para realizar su destino positivo, siempre se ha visto amenazada o vilipendiada por los mas fuertes, por los bravucones del barrio, ya sea por su superioridad física, como por su poderío bélico, económico o político, en su caso.

Las guerras de conquista (siempre crueles y devastadoras), por los mercados, por el vasallaje, por la expansión de territorios, por diferencias raciales, por el saqueo de los recursos naturales, por ideologías políticas, y un largo etcétera, las guerras comerciales, las religiosas, todas ellas también son una constante en el género humano, lo que provoca resentimientos, destrucción, hambre, miseria, crueldad desmedida, insensatez, abuso, violación de los derechos mas elementales del hombre. Así se crean los imperios, pero también se destruyen los avances de la humanidad.

Un ejemplo de la crueldad humana lo tenemos en la decisión de los E.U.A. de hacer explotar dos bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki, respectivamente, en 1945, que al ser diferentes cada una, evidenció el interés por su experimentación, así como el pretexto oficial para acabar la guerra con Japón. Como recuerdo doliente de ello, antier se recordó en ambas ciudades tan nefasto y siniestro acontecimiento.

En la actualidad y en nuestro propio país, en donde el crimen organizado, así como el de siempre y los primo- delincuentes (estimulados por la impunidad evidente con la que se conducen todos estos criminales), la paz, el imperio de la ley, se han convertido en un clamor vehemente, en un grito desesperado, ya no digamos en nuestra colectividad, en donde los hechos de sangre son cotidianos. Y lo lamentable es que se cuenta con el silencio de los espectadores (que deviene en cómplice involuntario) que se vuelven pasivos ante el temor de denunciar, por las represalias consecuentes o por la complicidad con que cuentan los malos de la película, entre algunas de las dependencias encargadas de su combate, como nos lo reportan los medios.

El clamor por la paz es perfectamente justificado. Nuestra tarea consiste en hacer, cada quien en la esfera de su competencia, en lo individual y en auténtica cohesión social y unidad en lo colectivo, el mayor y mejor esfuerzo para que, desde todos los ángulos posibles de estas aristas, se pueda combatir la violencia, el desaguisado, el crimen, la corrupción y la impunidad. ¡Viva la paz! O usted, pacifista lector, ¿qué opina?

2 Comentarios:

Mª Ascensión dijo...

La paz es tan necesaria en este mundo del que se ha apoderado la locura, como el alimentarse o el respirar incluso. Pero siempre desde la conciencia del respeto hacia el otro y desde la solidaridad en la lucha por conseguirla. Gracias por esta entrada y un saludo.

fdoreyesb dijo...

¿Paz Mtro. Rodrigo? Cada vez resulta más difícil creer que ésta pueda ser posible, al menos para ciertos sectores de la sociedad en los países en desarrollo. Veamos el caso de Acapulco, por ejemplo, donde los comerciantes tienen que pagar regularmente una cuota a los que todos se refieren como "la maña" so pena de morir acribillados si se niegan, donde existen esquinas y establecimientos conocidos por muchos en los que se venden drogas a ciertas horas del día, donde la policia vial extorciona, roba y chantajea a taxistas, transportistas y turistas, donde el transporte público (y a veces también los particulares) hacen de las suyas todo el tiempo a costa de la vida de los transeuntes y un largo etcétera que ameritaría una lista enorme de actos de corrupción, de violencia, de irracionalidad y estupidez. ¿Qué decir de todo lo que está en contra de la paz? ¿Qué es mejor hablar de lo positivo porque de lo negativo son muchos ya los que hablan? Solo me pregunto: ¿de qué ha servido hasta ahora hablar de lo uno o de lo otro? ¿Cuánto ha podido lograr la palabra hablada o escrita en contra de una bala o de un cuchillo en estos días? ¿Qué se necesita para igualar ambas fuerzas y encontrar un equilibrio?... Una palmadita para llamar la atención a un niño travieso es una cosa, pero cuando la paz de todos peligra... ¿Bastará con eso para sancionar un acto que refleja la máxima de las injusticias? ¡Saludos!



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