Por el Psic. Fernando Reyes Baños


Alonso, Gallego y Honey (1995) hacen suya la definición que Keefe propone en 1988 acerca de los estilos de aprendizaje: éstos son rasgos cognitivos, afectivos y fisiológicos, con relativa estabilidad temporal, que indican cómo perciben, interaccionan y responden a sus ambientes quienes aprenden, por ejemplo, los estudiantes de una universidad, quienes participan en algún proceso de capacitación o los niños en una escuela primaria. Una manera más simple de decirlo es que los estilos de aprendizaje son preferencias y tendencias altamente individualizadas, que influyen en la manera de aprender de las personas.

Lo anterior podría dar la impresión de que el conocimiento de tales preferencias concerniría únicamente a quienes aprenden, pero según Alonso, Gallego y Honey (1995) dicha impresión sería erronea, porque su conocimiento (y su consideración práctica en la cotidianeidad) resulta muy importante para quienes han asumido en nuestra sociedad la función de enseñar a otros. Los docentes tienden a enseñar cómo les gustaría que a ellos les enseñaran, es decir, enseñan cómo a ellos les gustaría aprender, por lo que su enseñanza gira en torno al estilo de aprendizaje de su predilección. Este proceso interno, inconsciente para la mayoría de los profesores, puede ser objeto de su análisis si se hacen conscientes de éste a través del estudio y medición de sus preferencias para aprender, lo cual se espera que repercuta en algún grado, en sus estilos de enseñanza.

Alonso, Gallego y Honey (1995, pp. 44 y 45) comentan:

La auténtica igualdad de oportunidades educativas para los alumnos no significa que tengan el mismo libro, el mismo horario, las mismas actividades, los mismos exámenes... El estilo de enseñar preferido por el profesor puede significar un favoritismo inconsciente para los alumnos con el mismo estilo de aprendizaje, los mismos sistemas de pensamiento y cualidades mentales.

Por lo anterior, resulta claro que saber más sobre los estilos de aprendizaje y cuál de éstos define nuestra forma predilecta de aprender es importante no solo para los que se supone que aprenden, sino también para los que han asumido la función de enseñar, pues ambos extremos se encuentran conectados de tal forma que es posible aseverar que ningún enseñante, por el simple hecho de asumirse como tal, deja de ser un aprendiz (y probablemente pudiera decirse también, que ningún aprendiz está exento de ser un enseñante potencial capaz de erigirse, tarde o temprano, en un digno sucesor de aquél).

Según los autores anteriormente citados, cuatro son los estilos de aprendizaje (documentados por su investigación empírica):
  • Activos: Gustan de nuevas experiencias. Son de mente abierta, no escépticos y les agrada emprender nuevas tareas. Son personas que viven en el aquí y el ahora.
  • Reflexivos: Gustan observar las experiencias desde diferentes perspectivas. Reúnen datos para analizarlos con detenimiento antes de llegar a alguna conclusión. Prefieren ser prudentes y mirar bien antes de actuar.
  • Teóricos: Suelen ser perfeccionistas. Por lo general, buscan integrar los hechos en teorías coherentes. Gustan de analizar y sintetizar. Para ellos, la racionalidad y la objetividad son aspectos prioritarios.
  • Pragmáticos: Su principal característica se relaciona con la aplicación práctica de las ideas. Son relistas cuando se trata de tomar una decisión o resolver un problema. Su filosofía es: si funciona, es bueno
El Cuestionario Honey-Alonso de Estilos de Aprendizaje (CHAEA), según la propuesta de tales autores, es un instrumento adecuado para el diagnóstico de las preferencias que la gente presenta a la hora de aprender. Consta de 80 reactivos breves, estructurados en cuatro secciones de 20 reactivos correspondientes a los cuatro estilos de aprendizaje, que se distribuyen aleatoriamente a lo largo del cuestionario como un solo conjunto. Los resultados obtenidos por el CHAEA en pruebas de fiabilidad (como el coeficiente Alfa de Cronbach) y en indicadores de validez (como el Análisis de Ítems y diferentes tipos de análisis factoriales) han sido calificados por sus autores como adecuados

A continuación, se presenta un video sobre los cuatro estilos de aprendizaje que pueden ser evaluados por el CHAEA:




Otras fuentes que pueden consultarse sobre este tema son las siguientes:


Referencia

Alonso, c. M.; Gallego, D. J.; Honey, P. (1995). Los estilos de aprendizaje. Procedimientos de diagnóstico y mejora (6° ed.). Bilbao: Ediciones Mensajero.

2 Comentarios:

Francisco Reyes Baños dijo...

Me dejaste reflexionando: ¿será cuantificable (¿en horas o desaciertos?, no sé)cuánto hemos perdido por no identificar nuestro propio estilo de aprendizaje?; ¿será posible considerar el costo (en horas de esfuerzo, en rendimiento, no sé...) solo porque el académico no ha logrado una identificación adecuada entre "su estilo" y el estilo que demandan (en promedio) sus alumnos?, o lo que podría ser aun más relevantes ¿nosotros como padres logramos alguna vez de manera consciente identificar el estilo de aprendizaje de nuestros hijos? Muy interesante. Saludos

fdoreyesb dijo...

Hermano: La mayoría de quienes tenemos ahora alrededor de 40 años de edad crecimos con una idea general acerca del aprendizaje, es decir, que solo se aprende de un modo, razón por la cual, si alguno de nosotros no aprendíamos las cosas como los demás (o con la misma rapidez que otros), lógicamente significaba que no aprendíamos, o por lo menos así podía ser percibido, descartando la posibilidad de que todos podemos aprender, pero de diversas formas y que tales estilos, si son del conocimiento de quienes enseñan, pueden ser aprovechados en beneficio del aprendizaje (y de la enseñanza) de todos los involucrados; por supuesto que entender a cabalidad tales situaciones puede ser más complejo de lo que parece, pues siempre habría otros factores que considerar, por lo que más que preguntarse por lo perdido hasta ahora debido a la incompatibilidad que hayan tenido los estilos de aprendizaje y de enseñanza entre discentes y docentes (sobre todo por la dificultad metodológica que semejante empresa implicaría), lo interesante sería investigar cuánto se está perdiendo todavía por no acoplar de manera satisfactoria tales estilos en los procesos que se generan en las aulas escolares de nuestras instituciones educativas o, por otra parte, cuánto se está ganando por tomar en cuenta en tales instituciones estos estudios de frontera, que abogan por semejantes predilecciones en las formas de aprender (y enseñar); al respecto hay varios estudios, la mayoría de ellos correlacionales, que tratan de dar cuenta estadísticamente de los beneficios que se han logrado hasta ahora, por ejemplo, está el estudio de Durán y Costaguta (http://www.rieoei.org/deloslectores/1674Duran.pdf) y el de Carvajal, Trejos y Barros (http://www.utp.edu.co/php/revistas/ScientiaEtTechnica/docsFTP/145645325-330.pdf). Donde probablemente deba investigar más todavía es en el ámbito de la educación informal, como el de la familia por ejemplo, donde el aprendizaje que se genera es de vital importancia, pues es la base de todo lo que vendrá después. Gracias por comentar. ¡Saludos!



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