Un llamado al patriotismo

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Por el C. P. Ricardo Martínez Quevedo


Desde que cursé el primer año de primaria y hasta completar el sexto de esa etapa elemental, el ritual de los lunes en la escuela era variado: con honores a la Bandera Nacional, a nuestra patria, a todos los héroes mexicanos (dependiendo de las fechas en que estuviéramos viviendo), a los próceres y a todos aquellos individuos (grandes personajes hoy en día de nuestra historia patria) que tomaron parte, de una o de otra forma, en la conformación de nuestra tierra como nación.

Estos honores de los lunes, relataban desde los primeros habitantes que poblaron nuestra tierra hasta la organización de cada cultura que ha radicado en diferentes regiones de México, desde Axayactl hasta Porfirio Díaz, desde los chichimecas, toltecas, aztecas, tarascos, zapotecas, otomíes, mayas, mixtecos, etc. hasta la Reforma; sin dejar de mencionar todas aquellas vicisitudes que tuvieron los habitantes de la época, sus crudezas, sus sufrimientos y toda clase de penurias, después de la violación y el asesinato de varias y grandiosas culturas mexicanas.

Recordar con honor y justicia a todos aquellos que aportaron con sus ideas, luchas y obras un enorme beneficio a este país y sus habitantes era muy importante. Cabe mencionar también la intervención podrida y perversa de aquellos que fueron nocivos a los mexicanos de la época pues su parte de hacer el mal contribuyó para que, de forma indirecta, algunas obras buenas se realizaran. Quiero mencionar que mucho nos ayudaba, a nuestra corta edad y con la ayuda y supervisión de nuestros maestros, elaborar trabajos en la escuela sobre nuestra historia. Habían dos materias que, de manera especial, nos aportaban mucho material: civismo e historia patria. Todo esto hacía que nos formáramos una mentalidad de aprecio y cariño a México, a la vez que nos inculcaba subliminalmente una identidad nacional propia y el orgullo de pertenecer a este hermoso país, de haber nacido en él y de formar parte de culturas dignas de perpetuo elogio por la prueba visible de la grandeza que ellos dieron a esta tierra, como lo fueron: los toltecas, insuperables constructores; los misteriosos mayas, productores de conocimientos que hoy en día se desentrañan, ellos y el tiempo, su principal obsesión; las matemáticas, la astrología, la astronomía y la medicina, su principal fuerte (hay vestigios y rastros de que quizá efectuaban ya trepanaciones). En fin, la enumeración de todas las virtudes, habilidades, facultades y beneficios que tales culturas aportaron no cabría para el espacio que tengo que ocupar.

Nuestros maestros de primaria y secundaria, en mis tiempos, no sólo nos formaron en torno a los conocimientos propios de aquellos grados, sino también lo hicieron para lograr un objetivo más: hacernos sentir a cada uno de nosotros como un patriota. ¿Y que es un patriota? Patriota es la persona que “(…) tiene amor a su patria, a su país y procura todo su bien”. Ojalá que todos estuviéramos sintonizados firmemente con este concepto.

Han pasado muchos años y veo a mi alrededor cosas que no van de acuerdo a la formación que recibimos de muchachos. Todo es enteramente al revés. Imperan la ignorancia, la indiferencia, la falta total de valores familiares y morales, la falta de respeto para todos y para todo, la carencia de ética, honor, integridad y lealtad, sobre todo, para México. Los que lean esto entenderán lo que digo.

Pues bien, la palabra “patriota” nos lleva a referirnos a la palabra “patriotismo”, que significa: amor a la patria.

Un maestro muy inteligente y avezado en temas sociales, cuando hablábamos de patriotismo e identidad nacional, inocentemente me preguntó: “¿Y sería necesario el patriotismo en la actualidad?”. A lo que respondí: “¡Ahora mas que nunca!”. Él, simplemente, comentó: “Se tomará mucho tiempo implementar ese sentimiento”.

Después de esa respuesta, mencionó que ni nuestros nietos verían tal cambio, lo cual me hizo pensar y recordar, cuánto daño nos han hecho los gobiernos con tantos cambios en la educación elemental y secundaria, pensando más en partidismos, que en el bienestar del pueblo y la ideología mexicana.

He tenido la oportunidad de conocer personas de diversos países y de formarme una idea, más o menos clara, acerca de sus percepciones, su forma de ser y sus ideologías. En la misma forma como ellos me midieron, yo los medí. Los gringos[1] son patriotas programados. Así los maquila su propio gobierno porque los programas deben completarse de acuerdo a lo estipulado y acordado: time is money, my friend. Sin embargo los europeos, principalmente los alemanes, franceses e ingleses, tienen una forma más metódica de implementar su patriotismo. Tal y como yo lo percibo, ya lo traen en la sangre. Nos llevan una ventaja de 300 años por lo menos en cultura. Lo que nosotros estamos pasando ellos ya lo pasaron, con la única ventaja de que ellos tuvieron a pensadores como J. J. Rousseau, Montesquieu, Kant, Hegel, M. Luther, R. Descartes, hasta ese famoso señor Nicola Maquiavelli, el señor Johann Gensfleisch (Gutenberg), los cuales, dieron a los pueblos sus ideas y sus luchas (gracias a la labor de éste último, particularmente, los escritos pudieron fluir más fácilmente para informar a la gente, haciéndola más culta). El patriotismo, como ejemplo de sus mismos pares nacionales, lo ven, perciben y aprenden en la escuela todos los días. A decir verdad, he visto como profesan con orgullo y satisfacción su nacionalismo y amor a la patria. Desde los portugueses hasta los griegos, desde los noruegos hasta los italianos, sin olvidar a los rusos de todas las rusias.

Una vez platicábamos de intercambio de moneda con un señor desconocido, cuando me “enredé” al ver la conversión de dólares gringos a liras italianas (esto fue antes de que se implantara el uso y curso legal de eurodólares en Europa). El desconocido me explicó todo y terminó dándome una cátedra de finanzas bancarias. Al final le comenté: “Usted debe ser suizo” (lo determiné por su acento alemán), a lo cual él me reviró, cortésmente pero con énfasis también: “¡Soy de Liechtenstein!”. Por su forma de reaccionar, me dio a entender, entre líneas, algo como: “Recuerda que no solo los suizos saben de finanzas bancarias. En mi país, pequeño y poderoso, también tenemos banca y sabemos de finanzas en grande”. Platicamos de nuestros países un buen rato. Al final de la platica me comentó: “México, tu país, es grandioso, además de hermoso. Sus recursos naturales y su clima son propicios y formidables para vivir encantadoramente… No sé que pasa por allá”. Le respondí que, quizá, nuestra herencia genética no se ha consolidado, no nos hemos podido poner de acuerdo, además de que hemos tenido a “los gringos” a un lado por un largo y odioso tiempo desde que México salió de la Colonia y todo era un grotesco caos.

Muchísimos años antes de la Reforma, “los gringos” ya eran una potencia económica y guerrera (tantos años de matar y eliminar a “pieles rojas” les había dado una práctica insuperable). En ese tiempo ya le habían comprado a España la Florida, y en algunas “transacciones” (con “manita de puerco”), ya habían anexado la Louissiana (aproximadamente abarcaba los estados actuales de Louissiana y parte de los estados de Missouri, Oklahoma, Kansas, Arkansas, Nebraska, South Dakota, North Dakota, Wisconsin y Iowa). Sus intenciones y objetivos expansionistas provocaron, en más de una ocasión, la guerra y con ella se anexaron lo que hoy son los estados de Texas, Colorado, Nevada, Utah, Oregon, Washington State, California, Arizona y Nuevo México.

México perdió en una guerra desigual, ¿por qué? Porque México, en ese entonces, estaba muy debilitado por la ignorancia del pueblo, por las traiciones debidas a conveniencias de los poderosos y por la falta de un gobierno firmemente establecido. Recordemos que, en esa época, solo había peninsulares (gachupines[2] nacidos en España ), criollos (hijos de padres gachupines nacidos en México considerados españoles[3] de segunda por el solo hecho de haber nacido en México) y, de acuerdo a cómo el clero clasificó a las personas en diferentes categorías por su mezcla de raza, mestizos de primera, segunda y tercera, mulatos, léperos, sambos, etc.

México perdió ésta y varias guerras más. Asimismo, los hijos del tío Sam, previendo que pudiéramos progresar de algún modo más adelante, nos impusieron el humillante e ignominioso Tratado de Bucareli. México podría producir, teniendo como base el metal, bandejas, cucharas, palanganas, utensilios de cocina, utensilios y herramientas para la agricultura; no podría producir en cambio, rifles, balas, cañones o cualquier clase de herramientas guerreras o militares, ni barcos de mediano calado (a menos que fueran para la pesca). Así las cosas con el Tratado de Bucareli. Hoy en día este tratado, me parece, sigue todavía vigente. Armas, aviones, cañones, rifles y balas se las tenemos que comprar a los U. S. A. Me pongo a pensar por qué solo ellos quieren tener producción de gran armamento y, en contraste, ponen el grito en el cielo queriendo invadir países que buscan producir sus propias bombas nucleares y cohetes espaciales. No hay que ser un genio para discurrir acerca de semejantes intenciones.

Más tarde, Estados Unidos aprovechó una forma más sutil para someter a México al comenzar éste ha consolidarse en una estructura que el presidente Plutarco Elías Calles forjó cuando hizo prometer a varios generales, que aspiraban a dictadores, a no intervenir en política y formar, en cambio, partidos políticos para que de esta forma hubiera más orden y se pusiera fin a tantas luchas intestinas, que únicamente conseguían debilitar al país. De hecho, la lección aprendida por Estados Unidos es que no necesitaba intervenir militarmente en México, sino que bastaba con adoctrinar a las clases en el poder.

Así lo dijo Richard Lansing, secretario de Estado del gobierno gringo, en 1924:

“México es un país extraordinariamente fácil de dominar porque basta controlar a un solo hombre: el Presidente. Tenemos que abandonar la idea de poner en la Presidencia mexicana a un ciudadano americano, ya que eso llevaría otra vez a la guerra. La solución necesita más tiempo: debemos abrir a los jóvenes ambiciosos las puertas de nuestras universidades y hacer el esfuerzo de educarlos en el modo de vida americano, en nuestros valores y en el respeto al liderazgo de Estados Unidos.”[4]

¿Podemos hacer un recuento de cuantos altos, medianos y menores funcionarios públicos mexicanos han pasado por las aulas universitarias gringas? ¿Qué conclusiones resultarían? ¿Necesitamos el Patriotismo y conocer nuestra Identidad Nacional? ¡Ahora mas que nunca! “El que es perico donde quiera es verde”. Estoy seguro que nunca necesitaremos pisar aulas universitarias gringas. Podemos ser mejores y podemos prosperar con nuestros propios medios. Tenemos que tener lealtad, integridad, honor y ética, y sobre todo, el más grande aprecio por nuestros valores, por nuestras tradiciones y por nuestra patria. Que Dios nos ampare.


Notas

[1] "Gringo es un término usado en español y portugués, con diversos significados, a menudo mal interpretado por las personas angloparlantes. / En forma general el término se aplica a extranjeros que hablan en un idioma que no se entiende por personas que hablan español. El término ha sido aplicado según las épocas y regiones a ingleses, alemanes, franceses, italianos y, especialmente, a los estadounidenses. / En ciertos países latinoamericanos, como México, Ecuador, Perú, Colombia, Venezuela o Chile el término se aplica exclusivamente para los ciudadanos estadounidenses." Gringo. (2007, 21) de septiembre. Wikipedia, La enciclopedia libre. Fecha de consulta: 19:00, septiembre 24, 2007 en
http://es.wikipedia.org/wiki/Gringo (Consúltese también en esta dirección el debate en torno al origen y al significado de este término).
[2] Durante la guerra de Independencia de México, las huestes de Hidalgo y Morelos llamaban “gachupines” a los españoles peninsulares (españoles nacidos en España).
[3] Es interesante mencionar que, los españoles no eran precisamente de raza pura, pues provienen de la gran mezcla de godos, visigodos, ostrogodos, vándalos, cantábricos, celtas, moros y cristianos.
[4] Citado en La Jornada, México, D.F., 22 de marzo de 2002.

2 Comentarios:

Anónimo dijo...

agradecido por tan grata ilustracion del patriotismo.

Fdo. R. Baños dijo...

Si, lo mismo pensé cuando, hace dos años, publicamos el artículo del C. P. y Mtro. Ricardo Martínez. Todavía no pierdo las esperanzas de que, un día de estos, nos sorprenda con un artículo más. Gracias por tu comentario. ¡Saludos!



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