De la congruencia...

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Por el Mtro. Rodrigo Juárez Ortiz

Cuando hay ilación o conexión de ideas entendemos que hay congruencia, así como entre el pensar y el hacer o realizar fácticamente lo pensado, hay congruencia.

En este sentido como seres humanos no siempre se alcanza la congruencia, a pesar de que es un imperativo categórico insoslayable para muchos que están obligados a serlo, dependiendo de la actividad a la que se dedique, v.gr.: el juez, quien debe ser imparcial y justo; el profesor quien debe ser no solo transmisor de información, sino forjador del carácter, el padre, quien debe ser guía y ejemplo, el ministro religioso, quien debe ser virtuoso, tolerante e impoluto, en fin, cada quien en su ámbito de especialidad e influencia, sobre todo tratándose de guías espirituales o en cualquier otro sentido parecido.

Ello en virtud de que hay seres humanos quienes, con un desprendimiento excepcional, se han dado a los seres humanos en aras de mejorar su calidad de vida tanto en lo material, como especialmente en lo espiritual, que es de donde abrevamos la savia enriquecedora de los principios universales de la generosidad, del altruismo, de la solidaridad, del respeto, de la comprensión, del amor y del perdón.

No olvidemos que el que todo lo comprende, todo lo perdona y por ello, recordamos a grandes hombres, con un espíritu grandioso quienes fueron guías espirituales universales, y de quien hay muchísimo, todavía, que aprender y que al mismo tiempo fueron congruentes con su pensamiento en el ejercicio de sus acciones, siempre tendentes a la traslación del cuidado del prójimo antes que de sí mismos y que predicaron con el ejemplo de sus vidas.

Simplemente, al azar, quién no recuerda la profundidad del pensamiento del letrado y filósofo chino Kong- fou- tseu (Confucio) y su filosofía moral y política vigentes desde el siglo V a.C., y al fundador de la religión predominante en oriente, el dios viviente Buda, así como las grandes enseñanzas que recibimos de un líder político religioso hindú, cuyos pensamientos inspiraron los movimientos pacifistas del mundo: Mohandas Karamchand (Mahatma) Gandhi, quien decía: “Sé el cambio que quieres ser en el mundo”; “Estoy absolutamente convencido de que ningún hombre pierde su libertad sino por su propia debilidad”; “ Lo mas atroz de las cosas malas de la gente mala, es el silencio de la gente buena”; “ La fuerza no proviene de la capacidad física, sino de la libertad indomable” ; así como “He tomado sobre mis espaldas el monopolio de mejorar solo a una persona, esa persona soy yo mismo y sé cuán difícil es conseguirlo” y de Martin Luther King, quien dijo: “Nosotros devolveremos bien por mal. Cristo nos enseñó el camino y Mahatma Gandhi nos demostró que era operativo”. Ello nos enseña que los verdaderos maestros espirituales tienen al menos una cosa en común: su genuina preocupación por los demás y como dice una amiga, “la iluminación empieza y termina ahí en el cultivo de nuestro interés por otros”.

No quisiera olvidar a Rita Levi Montalcini, neuróloga italiana, ganadora del premio Nóbel de medicina 1986, quien descubrió cómo crecen y se renuevan las células del sistema nervioso y sostiene que “no estamos controlados por el componente cognitivo, sino por el componente emotivo, el agresivo en particular. Somos más inteligentes que hace 50 mil años, pero no somos más buenos”.

De esta guisa, nos percatamos de la naturaleza humana y de los intentos múltiples del ser humano para superar esas tendencias y poder elevarnos a planos de espiritualidad y trascendencia que nos haga siempre mejores en aras del desprendimiento y entrega para ayudar a nuestro prójimo en la medida permisible para lograr esos niveles de superación personal .

Así es que el día de hoy lo encontramos propicio porque nos recuerda el ejemplo ecuménico del gran Maestro ascendido que fue Jesús y cuyo sacrificio por el prójimo es un claro ejemplo de congruencia, de espiritualidad y de entrega total para la salvación del prójimo.

Todos ellos ejemplo de congruencia entre el pensar, el sentir, el querer y el actuar. De ahí que procuremos seguir sus ejemplos y quienes mas obligados están a ser congruentes son aquellos que se dedican profesionalmente a predicar las enseñanzas de los grandes Maestros, en lugar de estar metidos en contiendas políticas, en jaloneos mezquinos por el poder y el dinero, o aprovechando su posición para abusar de menores y creyentes de buena fe.

La propuesta es clara y el reto a ser mejores existe. O usted, creyente lector, ¿qué opina?

3 Comentarios:

FaunO dijo...

Hola como estas??

Tu artículo me ha parecido de lo más interesante pues describes una realidad en el pensamiento de las personas que creo que es muy real; aunque me parece que en muchos casos no lo es, pues hay quienes enmascaran un rostro que luego resulta evidente de un engaño.

Con esto me refiero a asuntos más particulares de la vida cotidiana, tu has nombrado muchas personas célebres que han querido cambiar la humanidad desde la paz, la armonía y la buena voluntad; tal como lo hiciera Teresa de Calcuta, entre otros tantos que has nombrado.

Pero yo creo que en la vida cotidiana, y en los asuntos cotidianos no siempre es asi; creo que muchas personas demuestran ser algo que no son, pues es mediante esta máscara de "buena voluntad y pasion por el amor" que dicen cambiar la realidad del mal pensamiento.. aunque en realidad no es mas que una mentira. Como por ejemplo, los curas que luego uno se entera que abusan niños y roban dinero de las limonsnas de los pobres..

Bueno, te dejo un abrazo y muy buena suerte

Me encanto tu artículo

Espero poder leerte de nuevo

adios

Guillermo E. T.

Fdo. R. Baños dijo...

Afortunadamente Guillermo, el Mtro. Rodrigo Juárez colabora con nosotros todos los jueves, lo cual representa desde luego, todo un honor para este humilde espacio. Concuerdo de lleno contigo y, así como han habido unas pocas personas que con su ejemplo de vida constituyen toda una inspiración para la humanidad, también hay muchas que parecen estar inmersas en un mundo de espejismos, de hipocrecía, de puritanismo, de envidia, prejuicio, egoísmo, etc.; será quizá como el diálogo que cruzan dos personajes de la película 10,000 a. C.: algunas personas están destinadas a amar a quienes están más próximos de sí (pareja, familia), pero hay otras que están destinadas a ampliar ese círculo de amor a un grupo mucho más basto; si en algún momento llegamos a darnos cuenta que nuestro destino (si es así como lo queremos concebir) es amar al prójimo (independientemente de quien sea), quizá entonces debamos hacernos la pregunta más importante de nuestras vidas: ¿qué nos lo impide hacerlo? Comenzaremos a comprender entonces que amar al otro es la forma más pura de amarnos a nosotros también. ¿Qué nos impide llegar a eso? Los espejismos sociales, la hipocrecía, el puritanismo, la envidia, el prejuicio, el egoísmo y todas esas cosas que nos hacen pensar en nosotros mismos primero, antes que en los demás. Saludos y gracias por comentar.

Anónimo dijo...

Tal cual, tienes toda la razón Fernando.. no es dificil..

Solo tenemos que proponernos eso como objetivo, y aunque digan "que uno no alcanza"; supongo que si todos pensaramos que podemos, terminaríamos dando cuenta de que es la unión por el mismo pensamiento la que nos une..

Gracias por tu respuesta, me dejó muy claro algunas cosas

Saludos y muy buena suerte

Guillermo E. T.



El contenido plasmado en este blog es producto de la reflexión de su autor, de sus colaboradores y de los pensadores que en él se citan. Cualquier semejanza con la realidad o alguna ficcón literaria, televisiva, psicótica paranoide o de cualquier otra índole es mera coincidencia

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