Candor

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Por Guillermo Exequiel Tibaldo


Nos obligan a dejarlo sobre el banco de estudio apenas entramos al aula.

Sin embargo, nosotros solo nos limitamos a mirar cómo los examinan, ya que no tenemos otra alternativa. Les quitan las manchas y los califican, según sus normas, para luego darnos los resultados de la evaluación, aunque lamentablemente siempre son pocos los que logran eximirse, los que terminan aceptando la forma de pensamiento, limitada por ciertas variables.

Sin indagar, cambian las piezas de lugar y las reordenan a su gusto como si fuera un puzle delicado o casi imposible de armar. A veces deciden tirar ciertos fragmentos que consideran problemáticos y colocan en su lugar piezas nuevas, determinantes de nuestro futuro. Todo esto les quita el poco humor que traían al principio; se ponen serios y hasta nos castigan. ¿Somos conejitos?

Todavía no podemos hacer nada, o quizás nunca lleguemos a hacerlo; pues son nuestros padres quienes nos obligan día a día a concurrir a esta fábrica de ideas, a esta cárcel de la vida. Y lo peor es que están seguros de lo que quieren de nosotros, pues también ellos fueron moldeados en la misma escuela, con el mismo sistema educativo; retoños todos del mismo árbol.

Es una lástima, que luego de esta clase, mi cerebro ya piense distinto.

2 Comentarios:

fernando reyes baños dijo...

Estimado Guillermo:

Atendiendo a tus comentarios sobre la crítica que ha recibido este microcuento en otros sitios de la red, que por alguna razón nunca pude encontrar por más que los busqué a través de Google, te diría lo siguiente: ciertamente, esté cuento parece distinto a otros que te he leído... de alguna manera, y según mi humilde opinión, carece del sello que te ha caracterizado hasta ahora, es decir, aquel que demanda al lector interpretar lo que escribes, para vislumbrar alguna de las alternativas a las que das cabida; sin embargo, el sacrificio que haces de lo metafórico y lo hermenéutico, lo sustituyes en este caso por una crítica al aspecto más nefasto del sistema educativo de muchos países, que tiene que ver con la función reproductora de la escuela en su papel de aparato ideológico de la sociedad, lo cual ha sido estudiado por años por la sociología y la psicología social, como parte de un análisis social no siempre bien recibido por los grupos hegemónicos ni tampoco por los protagonistas de la reproducción social, a quienes les gusta pensar que están innovando y que, gracias a herramientas proporcionadas por el constructivismo, el paradigma cognitivo y la aplicación de las TIC's al ámbito educativo, hoy, más que nunca, educan en términos de formación y no sólo de información. ¿En qué grado realmente lo están haciendo? ¿Cuán desfasada podríamos concebir que resulta la crítica implicada en tu "microcuento" a la luz de ese avance? Son preguntas que, por lo pronto, en mi comentario rebasan los límites de lo permitido.

Lo que sí sé es lo siguiente: la crítica nos ayuda a crecer, sobretodo, la que nos dice en qué fallamos o la que nos ilustra sobre nuevas posibilidades para mejorar. De nada serviría, por ejemplo, que en un taller literario todos los miembros siempre dijeran cosas como: "¡Pero qué bonito escribes!", "¡Eres lo máximo!", "¡Está divino!", bla, bla y bla, porque muy poco de eso nos ayudaría a crecer. Claro, hay que saber recibir la crítica, entenderla, quedarnos con lo que nos nutra y siempre, siempre, siempre agradecerla; y todo eso empieza con algo bien simple (aunque nada sencillo de hacer): la autocrítica, ser capaces de ver hacía nosotros mismos y reconocer nuestros alcances, pero también nuestras limitaciones. ¿Qué implica todo lo que acabo de mencionarte? Implica aprendizaje, implica reconocernos y reconocer lo que hacemos como aspectos PERFECTIBLES, jamás perfectos, porque el día que lo pensemos así, ese día más valdría decir: "hasta aquí llegué, ya no tengo por qué seguir creciendo, aprendiendo, avanzando, produciendo, etc.".

Sólo resta esperar qué tal es la crítica aquí, ¿verdad?, y si alguna menosprecia tu trabajo, bueno... como ya lo dije antes: nútrete de lo que la crítica te ayude a crecer, a seguir aprendiendo, identifica qué de ella te será útil, lo demás... ponlo en la bandeja de reciclaje (a ver qué sucede).

¡Saludos!

Guillermo E. TibaldO dijo...

Muchísimas Gracias Fernando, me alegra que hayas dejado tan dichosa opinión sobre mi microcuento..

Es cierto, quizas no tiene aquel sello que lo caracteriza normalmente, pero para cambiar un poco de rumbos jeje

Saludos!! y graciass de nuevo:)

Guillermo E: Tibaldo



El contenido plasmado en este blog es producto de la reflexión de su autor, de sus colaboradores y de los pensadores que en él se citan. Cualquier semejanza con la realidad o alguna ficcón literaria, televisiva, psicótica paranoide o de cualquier otra índole es mera coincidencia

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