El ciudadano y su voto

1

Por el Ing. Sergio Amaya Santamaría

Estamos a pocos días de que los ciudadanos vayamos a las urnas a emitir nuestro voto por el partido o candidato que hayamos elegido. Habrá quien ya tenga hecha su elección, ya sea por convencimiento propio o por solidaridad partidista, pero existe un amplio sector de la población en edad de votar, entre los que me incluyo, que todavía no puede decidirse por quién votar; y no puede hacerlo porque a diario vemos en los medios masivos de comunicación unas campañas electorales tontas o mentirosas, campañas que nos ofrecen beneficios que no tienen posibilidades de cumplir. Esas campañas sólo nos demuestran que los candidatos a puestos de elección popular, no tienen ni idea de lo que es un legislador. Si partimos de la consideración de que los candidatos a una diputación, en algunos casos son de extracción deportiva, más por su popularidad que por su preparación política, ya empezamos mal. Esos ciudadanos, por demás muy respetables como personas y dignas de aplauso por sus logros deportivos, harán solamente el papel de comparsas en el escenario político.

Por eso vemos los desfiguros que hacen nuestros “representantes populares” en la cámara de diputados, empezando porque la gran mayoría de los quinientos elegidos a nivel federal y los más de trescientos estatales, nunca tendrán acceso a la tribuna, pues poco o nada podrían hacer, ya no por sus representados, ni siquiera por su partido, pues este tiene muy claro el camino que los debe llevar a conseguir lo que se tengan propuesto; en el caso de las pequeñas comparsas, mantener su registro y participar del suculento pastel presupuestario, así vemos partidos familiares que han ido creciendo, no mucho, pero sí lo suficiente para que varias generaciones de esa familia vivan sin apremios económicos. Otros, los “grandes”, aspiran al poder, pero al poder para servirse ellos mismos, dejando muy atrás de sus programas al pueblo que los ha encumbrado, en este grupo selecto están los tres grandes partidos.

Esa es una de las razones por las que los candidatos deambulan por sus distritos electorales sin pena ni gloria, tal vez sólo con pena, pues una vez electos, quizá nunca se vuelvan a acercar a ese comerciante al que ofrecieron que con ellos habría más seguridad; o a aquella ama de casa que le prometieron que si votaban por él o ella, su colonia nunca se volvería a inundar; o, colmo de la tontería, que con ellos en el poder, se podrían bajar los precios de los productos básicos, se aumentarían los salarios y se podría bajar el precio de la gasolina y la electricidad.

Esos ofrecimientos podrían haberlos hecho sus partidos, pero esos mismos partidos se han convertido en una rueda de molino atada al cuello del pueblo que los sostiene, pues al momento de proponer o discutir leyes propuestas, solamente ven sus intereses de grupo, utilizándolas como forma de chantaje para torcerle el brazo al gobierno en turno. Aquí no importa el interés del pueblo: ya sea una reforma económica completa, la reforma energética que ayudará a fortalecer las empresas públicas, supuestamente de todos los mexicanos. Pensar en hacer una reforma laboral o educativa, imposible, pues atentaría contra los intereses de esos grupos que aportan el “voto duro” de ciertos partidos. Desafortunadamente, el sistema político mexicano, cuando no está en campaña, está preparando la siguiente, pues cada tres años tenemos elecciones federales y, dentro de ese lapso de tres años, siempre se intercalan elecciones locales en uno o varios estados y nadie está dispuesto a arrostrar el riesgo político que tal o cual reforma pudiese tener.

En términos generales y mediante una dieta de mas de cien mil pesos mensuales, esos mal llamados “representantes populares”, tendrán la obligación de votar a favor o en contra de las leyes que se discutan y aprueben en el congreso de la unión, siempre de acuerdo a directrices emanadas de la cúpula partidaria; y lo mismo ocurre en los congresos estatales.

Ante tal panorama, el pueblo sin rostro se pregunta: ¿qué puedo hacer en esos breves segundos en que intervengo en las decisiones nacionales? Emitir mi voto por tal o cual candidato, ¿será la solución a mis problemas de inseguridad en mi colonia?, ¿será cierto que entonces sí podré conseguir un trabajo para mantener a mi familia? O aquel otro señor o señora, que me dice que “si el gobierno no tiene la medicina que necesito, entonces que me la pague”, ¿será posible ello? Si voto por el que me dice que mi voto se requiere para seguir apoyando al presidente, si lo hago… ¿Podrán salir mis hijos con seguridad a la calle?, ¿ya no verán mis niños esas terribles ejecuciones que se dan en todo el país?, ¿ya no se asustarán cuando un grupo de militares nos detengan para revisar nuestro vehículo, mientras en otro rumbo de la ciudad, otras autoridades derriban las puertas de una vivienda, sin orden judicial? O aquel de más allá, que ofrece salvar a México, ¿de quien o de qué?, ¿de ellos mismos?

Pues vaya que esos segundos a solas en un recinto de sesenta por sesenta centímetros, pueden ser la diferencia. Pero también se preguntan: si nosotros, pueblo común, los elegimos, ¿quién los puede remover cuando no cumplan?, ¿es válido que ante tan grises actuaciones sigan gozando de un fuero constitucional? ¿Es razonable que ellos se aprueben salarios de más de cien mil pesos mensuales y acepten un salario mínimo de poco más de mil quinientos pesos mensuales, para un trabajador que tiene qué mantener una familia de cinco personas?

Pues a estas interrogantes, que se hace el ciudadano de a pie: usted, yo, mis vecinos, sólo tenemos una respuesta: nuestro voto. Votar o no votar, parafraseando al dramaturgo, ¡he ahí el dilema! Algunos grupos están promoviendo el voto en blanco, es decir, que asistamos a las urnas pero que anulemos nuestro voto de alguna manera, ya sea dejándolo en blanco (no recomendable, pues puede ser mal utilizado por alguien) o sin elegir a ningún partido, cruzarlo en su totalidad o escribir alguna leyenda que indique nuestra forma de pensar. Proponen también no asistir a las urnas. Ambas posiciones son válidas, pero habría qué preguntarse: ¿a quién benefician? La respuesta no tarda: a quienes disponen de una amplia base del llamado “voto duro”. ¿Quienes son ellos?, pues aquellos partidos o grupos de poder que tradicionalmente han manejado y conducido a un grupo de trabajadores, ya sea de la educación, de las empresas públicas, de las centrales obreras y campesinas y de las cúpulas empresariales. A todos les conviene, a unos más que a otros.

Pero, ¿cómo se reflejará ello en las estadísticas de participación ciudadana? Si hay abstencionismo, se verá que un porcentaje de los electores no están de acuerdo con el sistema de gobierno en que vivimos. Si dejas el voto en blanco, la asistencia a las urnas será mayor, aunque no elijas un partido, pero como no se cuentan los votos anulados, solamente aparecerá con un porcentaje de asistencia a las urnas y la leyenda que hubieses escrito, quedará en lo anecdótico en tu casilla.

Esas son nuestras únicas armas democráticas para castigar o apoyar a los partidos que detentan el poder en México. La otra solución no es recomendable, pero no olvidemos que el pueblo aguanta hasta que el hambre y la injusticia le aprietan demasiado y no olvidemos que el adverbio “demasiado” es en exceso y lo que es en exceso puede ser dañino, molesto, exasperante.

Pero usted, estimado lector, tiene la mejor decisión. Solamente quisiera hacer un llamado a los jóvenes, muchos de los cuales tal vez vayan por primera vez a las urnas: entérense de los candidatos y sus partidos, analicen sus propuestas. Interésense en la política, pues su vida será regida por las leyes que emanen de esos congresos. Una vez hecho el análisis, con plena consciencia hagan lo que mejor les convenga.


Junio 7, 2009 - Ciudad Juárez, Chihuahua

1 Comentario:

Guillermo E. TibaldO dijo...

Hola Sergio!

Me alegro que te hayan publicado este articulo, porque está demás claro que tu intención es hacer entender al lector que irá a la urna como debe pensar antes de desperdiciar un voto..

Muy bueno!!

Saludos y muy buena suerte

Guillermo E. Tibaldo



El contenido plasmado en este blog es producto de la reflexión de su autor, de sus colaboradores y de los pensadores que en él se citan. Cualquier semejanza con la realidad o alguna ficcón literaria, televisiva, psicótica paranoide o de cualquier otra índole es mera coincidencia

Periplos en red busca crear espacios intelectuales donde los universitarios y académicos expresen sus inquietudes en torno a diferentes temas, motivo por el cual, las opiniones e ideas que expresan los autores no reflejan necesariamente las de Periplos en red , porque son responsabilidad de quienes colaboran para el blog escribiendo sus artículos.



Periplos en Red

Grab this Headline Animator

 
Ir Abajo Ir Arriba