Sin códigos 13

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Por Zaidena


Aproximadamente a las dos de la mañana, Mario ingresó al despacho principal visiblemente alterado.

__ ¿Qué pasa Mario? Preguntó el jefe.

__ Nada jefe, sólo que constatamos que las dos veces que ocurrieron las muertes por envenenamiento el abogado viajó días previos a Colombia, más específicamente a Caucá, y que en ninguna de las dos oportunidades declaró la carga que ingresaba al país ya que el Laboratorio tiene un sitio privado de descarga y amigos “influyentes” que hacen que algunos empleados miren hacia otro lado.

__ Ajá… es lo que suponía. Pedí refuerzos inmediatamente y me lo traen detenido, ¡Dios quiera que podamos encontrarlo todavía!

__ Volaremos jefe… ¡Volaremos!

En media hora estaban llegando a la casa del abogado, quien justo en ese momento salía con su auto del garaje. Se le ordeno que se detuviera, pero al escucharlos en lugar de parar imprimió más velocidad. Se desencadenó una feroz persecución, que terminó cuando estaba por alcanzar la autopista a Santa Fe Capital.

Lo bajaron del auto, le leyeron sus derechos mientras lo esposaban y le dijeron que estaba acusado de los asesinatos de Pedro Vargas y de Javier Aranda. Todos partieron luego para la agencia. Al llegar, lo estaban esperando para tomarle declaraciones; rechazó la presencia de un abogado pues manifestó que podía hacerlo solo y alegó su absoluta inocencia.

Toda la noche lo tuvieron sin dormir, no admitía su culpabilidad, pero mientras más la negaba más convencidos estaban todos de ella. Por último y cuando el sol ya alumbraba los ventanales, cansado, agotado, cercado por todos lados, terminó admitiendo haber sido el autor intelectual de los dos asesinatos.

__ Bien __dijo Samuel__ antes de escribir su declaración, sólo díganos cuál fue el motivo por el que los mató. Eso no lo podemos entender.

__ Mi temor era quedarme sin trabajo, éste me daba bienestar económico, pero también me daba lo que nunca había tenido… poder, amo el poder, me hace sentir importante, único, puedo mandar sin que nadie opine de mis decisiones y logra que me relacione con personas importantes, ricas.

__ ¡Dios mío! __dijo Luisa, y entre dientes agregó__ ¡Pobre tipo! ¡Qué miserable y ruin!

__ Vargas en su momento iba a declarar confirmando la relación entre Victoria y Federico __continuó el abogado__ esto lo colocaría como el principal sospechoso. Fue simple eliminarlo. Yo sólo traje el veneno. El trabajo sucio lo hicieron unos sicarios, muy bien pagados, por supuesto.

__ Bien, escriba sus nombres y direcciones en este papel. Le ordenó Samuel.

__ Pero… ¿Por qué Aranda? Le preguntó Luisa.

__ Eso fue distinto. La semana pasada yo estaba en el despacho de Federico cuando entró una llamada al teléfono fijo. Como en ese momento él había ido al baño, levanté el tubo e inmediatamente una voz de hombre dijo: ”Yo sé quién mató a Victoria Masó… no te la vas a llevar de arriba, ¡asesino! Está llegando tu hora”, y cortó. Estoy seguro de que la voz era de Javier Aranda, quien pensó que hablaba con Federico. Ese fue el motivo, él iba a delatarlo y nuevamente tuve miedo de perder mi reino.

__ Bien doctor, escriba todo lo que nos contó. Luego lo llevarán a su celda.

Todos salieron, en la sala de declaraciones se quedaron solamente el doctor Manescalvo, custodiado por el agente en turno. Estaba comenzando a escribir.

__ Bueno muchachos __les dijo el jefe__ creo que nos debemos un reparador descanso. Hemos trabajado durísimo, pero lo logramos. Sólo tendremos que tener cuidado al irnos porque la salida está llena de periodistas. Anuncien una conferencia de Prensa para mañana a las 11 horas __el jefe miró a Luisa y agregó__ Pero... ¿Qué es lo que te pasa? No te veo contenta, ¿qué es lo que te preocupa?

__ ¿Sabe? No lo sé jefe, pero me intriga Guindón, su interés por el caso, el legajo meticuloso que tenía, todos los detalles que sabía, su desesperado deseo de justicia. Mañana volveré a citarlo para hablar un rato con él, si me lo permite.

__ Creo que no será necesario Luisa, mirá detrás de ti.

Y sí, efectivamente, ahí estaba. Sus ojos estaban llenos de dolor, se miraron intensamente y fue entonces cuando Guindón se acercó y le dijo:

__ Sí Luisa, yo sé lo que intuye, que lo sospechó siempre, no soy Esteban Guindón, sólo soy Carlos Guidi, el marido de Victoria.

Luisa se sentó, todo esto era demasiado para una sola noche. Su interlocutor continuó:

__ Victoria me contó, arrepentida de su romance con Aumé, me juró que no lo amaba y me rogó que la perdonara, que se había dado cuenta de que yo era el amor de su vida. Yo la amaba demasiado, por eso la perdoné. Habíamos acordado que esa noche lo dejaría para siempre, que le contaría que nos iríamos a Inglaterra por la beca que me habían ofrecido. Cuando las horas pasaron sin que ella llegara, supe instintivamente que algo malo había pasado. Fue entonces cuando llamé a seguridad de la empresa y luego a la policía. Siempre supe que él la había matado, sólo que no tenía pruebas, pero Dios me las puso en las manos cuando guardaron sólo por un rato el semen en nuestro laboratorio. Lo demás lo saben. Pero lo que “no saben” es que luego me fui a Inglaterra, aprovechando la beca. A los pocos meses tuve un accidente que me destruyó prácticamente toda la cara. Reconstruyeron mi rostro y aproveché para que el cirujano plástico me hiciera diferente a como era. Cuando las heridas cicatrizaron, volví. Volví sólo para ver si podía hacer justicia, no podía quedar impune el asesinato de Victoria, era lo mínimo que podía hacer por ella. Y veo que con ustedes, no me equivoqué… ¡Gracias!

Luisa no quiso escuchar más, ya era demasiado. Dejó al ahora Guidi con Mario y Samuel. El panorama era claro. Una vez más la justicia había triunfado. Una vez más había prevalecido la honestidad, la capacidad y la tenacidad de todo el equipo. El caso pasaba a juicio. Para ellos ya era caso cerrado.


EPILOGO

Luisa tuvo que cumplir con la promesa de salir a cenar con Samuel. En realidad la embargaba una emoción inmensa, parecía una adolescente en su primera cita. Además, aunque no quisiera reconocerlo, ella sabía perfectamente que aún lo seguía amando.

La llevó a cenar a uno de los lugares más románticos de Rosario, con el hermoso río de fondo y la Avenida Costanera de marco. El lugar era sencillamente maravilloso.

Mientras cenaban hablaron de cosas intrascendentes, pero a la hora de los postres Samuel le contó el verdadero motivo de su distanciamiento. Luisa se emocionó hasta las lágrimas. Muchas cosas ahora comenzaron a cuadrar en su mente y creyó… creyó profundamente todo lo que él le decía. Sintió como su vida había comenzado a florecer nuevamente.

Samuel le dijo:

__ Sólo dame una oportunidad Luisa y te darás cuenta, en verdad, de cuán grande es este amor que siento por vos.

Ella sólo extendió su mano y la puso sobre la de él.

__ Sí Samuel, nos daremos una segunda oportunidad __y agregó, riendo suavemente__ El café lo tomaremos en casa, ¿verdad?

__ ¡Por supuesto! No me perdería ese café por nada del mundo. Le contestó Samuel también riendo.

Se levantó, le corrió la silla y, poniéndole el brazo sobre los hombros, salieron felices del restaurant.

Ambos sabían que un exquisito café los estaba esperando, ¡cómo no apurarse entonces para ir a saborearlo!



Mientras salían, oyeron una bellísima canción que decía: ”Siéntate a mi lado, tómame las manos, entra por mis ojos hasta mi escondrijo y te diré ‘¡se puede!’, e insistiré, ‘¡se puede!’, hasta que yo entienda que puedes lo mismo".

Se miraron a los ojos y sus manos se apretaron fuertemente, un nuevo día estaba naciendo para ellos… también, como en la canción, se habían dado cuenta de que, ¡se puede!


Diciembre 19, 2008

2 Comentarios:

Anónimo dijo...

Hemos llegado a la final de esta novela policial intrincada y con un amor en sus lineas
gracias a los que me han leído, gracias al Dr. Fernando _Reyes Baño por la oportunidad que me dio y gracias a mi entrañable amigo Sr. Sergio Amaya por la fuerza espiritual que me da, a todos muchisimas gracias
zaidena

Fdo. R. Baños dijo...

Al contrario Zaidena, gracias a ti por confiarnos la publicación de tus obras. Todo un honor. Saludos :)



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