Por Alberto Mena Godoy
Terapeuta en Integración Psico-Corporal


“No hay otra realidad que la que tenemos dentro de nosotros.” Herman Hesse


Hoy en día existe una gran difusión, especialmente desde los medios de comunicación en España, sobre la violencia de género que el hombre ejerce hacia la mujer. Son numerosos los casos de muerte que tristemente se dan en las relaciones de pareja.

Según las estadísticas del Ministerio de Igualdad del Gobierno de España, en el 2010 se habían contabilizado 73 mujeres asesinadas por sus maridos, 56 en el 2009, 76 en el 2008,... Por otro lado, el Instituto Nacional de Estadística en España constata que el número de muertes por suicidio ascendía en el 2008 a 3.421 personas: el 77,4% hombres y el 22,6% mujeres. La tasa de muertes en el 2008 por accidentes de tráfico en España es de 3.021, con lo cual el número de muertes por suicidio es incluso superior al número de muertes por accidentes de tráfico. Las cifras hablan por sí solas. Vale la pena observarlas con detenimiento. Con estos datos en la mano, surgen varias cuestiones: ¿por qué se dan tantas muertes por suicidio?, ¿qué causas se esconden detrás de la decisión de suicidarse?, ¡¿por qué nadie habla claramente sobre ello?!...

En lo que respecta a los hombres, sabemos que a nivel emocional tienen gran dificultad para mostrarse y expresarse. Ante la debilidad, el hombre en general no se expresa, no se comunica ni busca ayuda. Si a la dificultad de mostrar el miedo, la agresión y la tristeza, sumamos el imperativo masculino que dice que “los hombres tienen que ser fuertes”, tenemos ante nosotros una de las salidas por la que más optan muchos hombres: la destrucción. Ésta, puede ir en 2 direcciones: o hacia fuera, violentando y destruyendo al otro; o hacia dentro, maltratándose a sí mismo mediante la adicción, el suicidio y otras actividades autodestructivas. Teniendo en cuenta que más de las tres cuartas partes de muertes por suicidio en España son masculinas, ¿qué relación existe entre la popularizada violencia de género y las muertes por suicidio masculinas?, ¿cuántos hombres optan por el suicidio ante lo que les sucede en sus relaciones de pareja, y ante la dificultad de manejarse a nivel emocional profundo?, ¿cómo se contabiliza todo esto?, ¿por qué no se habla con claridad sobre ello?...

Más allá de las estadísticas, reflexionemos sobre lo que sucede en las relaciones de pareja. Para que se produzca el enfrentamiento y la discusión conyugal pueden intervenir muchos factores. Está claro que el hombre tiene una forma de agresión que puede llegar a ser destructiva. Desde la desesperación de verse abandonado, o desde el dolor que siente pero que no puede sentir, entre otras causas, realmente puede llegar a matar. O como señalan las cifras, se mata. Internamente nos gobiernan aspectos emocionales que a veces no nos permiten establecer la comunicación y el diálogo necesarios. En las relaciones de pareja se producen luchas de poder que muchas veces se convierten en auténticas batallas. El modelo familiar en que el hombre ejerce el ordeno y mando mientras la mujer acata las órdenes del marido, está desfasado. En la actualidad, no sólo el hombre aporta dinero a la unidad familiar, también lo hace la mujer, que ni quiere someterse a los dictados del hombre ni le quiere obedecer. Las relaciones de pareja actuales se establecen de igual a igual, el diálogo y el respeto muestran el camino a seguir.

La violencia doméstica, a menudo se destapa dentro de un esfuerzo masculino por mantener intactas ciertas posiciones de privilegio y poder. Los hombres son cuestionados, tanto fuera como dentro del núcleo familiar. Está bien que los hombres luchen por su espacio, la cuestión es cómo. La vulnerabilidad produce mucho temor, tanto en hombres como en mujeres. Para defendernos de ella, recurrimos al orgullo y la dureza que nos mantienen a distancia de lo que sentimos, y a distancia del encuentro real con el otro. En el hombre, el recurso fácil es la violencia, concebida como medida extrema de defensa y protección, ante el temor de dejar de ser hombre ante la mujer y ante sí mismo. La violencia es una salida rígida y disfrazada, que oculta el dolor y el miedo profundos. Como hombres, es importante atender a nuestros miedos y vulnerabilidades, necesitamos encontrar a alguien que nos reconozca ahí para encontrar el apoyo y la presencia que profundamente hemos necesitado y necesitamos.

La violencia que ejerce el hombre hacia la mujer es evidente. El matar, más propio del hombre, es el grado más alto de maltrato que se puede infringir a una persona. A partir de ahí no hay vuelta atrás. Pero, ¿qué sucede con la agresión y la violencia femenina?, ¿cómo se manifiesta?... La mujer tiene una forma mucho más sutil de agredir que el hombre, mucho menos directa y reconocida. Socialmente es como si se negara, se desconociera, o se obviara este tipo de agresión, como si no existiera. Así como los hombres destacan en la agresión física, las mujeres destacan en la agresión verbal. La mujer puede enviar dobles mensajes al hombre que le desorientan y lo lían hasta confundirlo por completo. Ahora blanco, ahora negro... ahora sí, ahora no... Quiere conseguir algo pero no sabe cómo. Para ello dispone del arma de la perversión emocional que crea confusión. Agrede primero para a continuación adoptar el rol de víctima cuando el hombre se enfada. El hombre puede llegar a matar a la mujer, la mujer puede llegar a volver loco al hombre. La mujer puede iniciar una agresión de forma sutil, pronunciando la frase de queja o lamento que toca donde más duele. La mujer puede despreciar, desvalorar, culpabilizar, invadir... No somos conscientes de la agresión más o menos sutil que se infringe desde ahí. Una mujer no puede medirse físicamente a un hombre, por eso no ataca directamente: teme que el hombre se enfade. Así como el hombre ha desarrollado su mano derecha, la mujer ha desarrollado su mano izquierda: sin que se dé cuenta, dando un rodeo, manipulando al fin y al cabo. Todo ello con el poder que le otorga el dar o no dar afecto, cuidado y amor. Es decir, “si te enfadas conmigo o no haces lo que yo quiero, no te hablo, te retiro mi amor, estoy enfadada contigo y no quiero saber nada de ti”. Este es el mensaje subterráneo al que se suma otro poder: el dar o no dar sexo. La mujer maneja las relaciones sexuales y la posibilidad de que éstas se den.

En los casos evidentes de violencia física del hombre hacia la mujer, ¿qué hace una mujer con un hombre que la amenaza con pegarla o matarla?, ¿por qué permanece en relación con un hombre de ese tipo?, ¿cuáles son los patrones que nos llevan a elegir y estar con una persona que nos maltrata?, ¿qué historia personal tiene la mujer maltratada con las figuras familiares de referencia?... Los patrones de relación establecidos desde la infancia nos gobiernan a nivel profundo. Desde ahí habría que abordar las violencias de género, desde el fondo de la problemática.

¿Qué nos está pasando a nivel de pareja?, ¿cómo nos relacionamos?, ¿por qué llegamos a situaciones tan límite?... Éstas son cuestiones importantes que hombres y mujeres, ambos víctimas y verdugos, debiéramos tener el valor de plantearnos desde la responsabilidad que tenemos sobre nosotros mismos y sobre nuestra historia personal. En primer lugar, para dejar de buscar víctimas y culpables. En segundo lugar, para tener la valentía y el coraje de ver el dolor que cada uno lleva dentro, desde antes de estar en pareja.


Éste fragmento que acabas de leer forma parte de uno de los capítulos del libro: “SER O NO SER HOMBRE. Viaje a la esencia de la identidad masculina”, cuyo autor es Alberto Mena Godoy.

Un libro que desde una perspectiva novedosa se enfoca en el hombre, en el niño que lleva dentro, en la construcción de la identidad masculina y en todo lo que tiene que ver con el hombre como hombre.

Si quieres más información sobre el libro, puedes informarte desde este enlace: http://terapiapsico-corporal.blogspot.com.es/2012/09/ser-o-no-ser-hombre-viaje-la-esencia-de.html
Alberto Mena Godoy
Terapeuta en Integración Psico-Corporal
Barcelona (España)
E-mail: albertopsicoterapia@yahoo.es
Blog: http://terapiapsico-corporal.blogspot.com

2 Comentarios:

Anónimo dijo...

Alberto, después de leer este fragmento de tu libro, me gustaría dar un matiz sobre la idea que expresas acerca del control del sexo y la actitud de dar cariño o no por parte de la mujer. Una mujer sana no va a sentir ciertos tipos deseo o de muestras de cariño si se siente decepcionada. No es una venganza o castigo, simplemente es lógico, una consecuencia, no se siente feliz y no proyecta ya esa intimidad con la pareja. Sencillamente, su compañero cada vez se le muestra menos atractivo como persona. Aquella que use el sexo o demostrar cariño como arma de manipulación es que, entiendo yo, no quiere de una manera desinteresada a su pareja. ¿De qué estamos hablando entonces? Igual que tantas veces leo como algunos hombres responsabilizan a la mujer de permanecer con un maltratador, al nivel que sea, aquí podríamos hacer lo mismo, responsabilizar al hombre por relacionarse con este tipo de mujer. Entiendo que todo esto viene del modelo social. ¿Qué buscan realmente algunos hombres cuando se emparejan? ¿Una mujer bella que satisfaga el ego?, ¿una sustituta a los cuidados y comprensión infinita de la madre?, ¿una compañera a la que deberían darle lo mismo que ellos desean recibir? ¿Cuáles son los valores que muchos hombres valoran en la mujer que tienen al lado?. Mi intención es solo apuntar que para entender el motivo del otro hay que conocer su psicología. No siempre la falta de sexo o de muestras de cariño es el arma para conseguir algo, si no que puede muy bien ser el resultado de la decepción, del desenamoramiento. Solo es mi opinión, pero yo no entiendo que la mujer deba ser ese ser que está al lado del hombre para comprenderlo y aceptarlo eternamente, aunque no se dé un maltrato grave. Conviene no caer en meter en el mismo saco a todas las mujeres que se muestren poco amorosas con el hombre, ya que se podría estar cometiendo un doble error, el primero, no reconocer una actitud errónea que puede causar ese efecto en la compañera, y el segundo, acusar a la compañera de manipuladora cuando pueda no serlo y simplemente estar decepcionada por un motivo real y razonable.

Anónimo dijo...

Usted no es inteligente y sin embargo se lo cree.
El hombre mata igual que la mujer, lo que pasa es que ésta l tener menos fuerz no puede matar hombres, se ceba con niños y ancianos. ¿Por qué no tenemos estdísticas de niños, bebés y ancianos asesinados y sí la tenemos de mujeres y hombres en pareja? Porque interesa destacar lo malo que es el hombre y destruir la familia tradicional heterosexual. Si quieres seguir este juego, adelante. Ya te caerás del guindo como hombre estás tirando piedras a tu tejado.



El contenido plasmado en este blog es producto de la reflexión de su autor, de sus colaboradores y de los pensadores que en él se citan. Cualquier semejanza con la realidad o alguna ficcón literaria, televisiva, psicótica paranoide o de cualquier otra índole es mera coincidencia

Periplos en red busca crear espacios intelectuales donde los universitarios y académicos expresen sus inquietudes en torno a diferentes temas, motivo por el cual, las opiniones e ideas que expresan los autores no reflejan necesariamente las de Periplos en red , porque son responsabilidad de quienes colaboran para el blog escribiendo sus artículos.



Periplos en Red

Grab this Headline Animator

 
Ir Abajo Ir Arriba