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Y así partimos

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Por Fernando Reyes Baños


"En algún lugar hay un competidor, desconocido o por nacer, que hará obsoleta tu empresa. No puedes detener la bala, tienes que disparar primero. Tienes que innovar más rápido que los innovadores."

Dr. Gary Hamel, experto mundial en innovación



Hoy me levanté optimista. Un nuevo día, una aventura que retomar, una historia cuya trama se teje poco a poco, siempre en un camino ascendente, no exento de dificultades (aunque yo, en lo personal, prefiero llamarles desafíos), pero siempre un camino que representa un aliciente transitar, porque está concurrido por personas nuevas y personas ya conocidas, puntos de luz que convergen en un mismo punto más luminoso que cualquiera de las luminiscencias que lo integran.

Me levanto, libro la dura faena de ponerme presentable (bañándome y vistiéndome para salir), desayuno y, guardando en la cajuela las cosas que habitualmente llevo para trabajar y entrenar a la hora de la comida, me dispongo a manejar rumbo a la universidad.

Mientras circulo por calles que pululan de autos, peatones y uno que otro can, pienso en los desafíos que antaño tuvimos que sortear con tal de lograr lo que ahora tenemos: la incertidumbre, el desconocimiento y el miedo, fantasmas todos ellos completamente comprensibles a la luz de lo nuevo, lo que está más allá del área conocida y de lo que parece manifestarse, casi, como el intento de caminar en el agua cuando todas las ataduras con el pasado parecen apuntar, justamente, en la dirección contraria: “¡No des ese paso! Te caerás. Recuerda: mejor viejo por conocido, que nuevo por conocer”. Si, todo principio es difícil y éste no fue la excepción.

Recuerdo el principal detonante para que todo esto fuera posible: aquel diplomado de marketing digital que cursamos hace casi dos años, por cuyos requisitos de acreditación, nos esforzamos por presentar un proyecto que fuera innovador, rentable, socialmente útil y, sobre todo, viable. Frases como "el cerebro evita pensar, prefiere repetir", "una mente programada para sobrevivir rechaza el cambio" y "una mente que no cambia rechaza el riesgo", procedentes del primer módulo del diplomado en cuestión, resuenan en mi cabeza como el eco perpetuo de aquello que hay que evitar junto con un axioma ineludible: lo único seguro en este mundo es que no hay nada seguro o, dicho de otra manera, la única constante con la que podemos contar, aunque parezca paradójico, es el cambio mismo. Así pues, conceptos como CMS, CTR, benchmark, KPI´s, SMART, UTM, keyword, adwords, CRM, landing page, pixel, branding, user experience, E-business E-commers, E-Selling, impromtu, engagement, brief y un largo etcétera desfilaron para quienes tuvimos la fortuna de ser parte de un proceso académico que duró algunos meses hasta que llegó el día de presentar nuestro proyecto. ¿Cómo olvidar ese viernes por la tarde cuando mi equipo de trabajo y un servidor estábamos por pasar? Éramos, como se dice en corto, un manojo de nervios. Afortunadamente, todo salió bien. Pudimos hacer una presentación de altura y libramos, decentemente, la sesión de preguntas y respuestas de parte del jurado. Al final, con diploma en mano, nos fuimos a celebrar y, por segunda vez esa semana, rompí mi dieta comiendo tacos grasosos, pero sabrosos. ¡Qué remedio! Si pusimos parte de nuestro corazón y cerebro en ese proyecto, ¿por qué no recompensarnos con algo rico y una celebración que hiciera de ese momento algo inolvidable?





Lo demás, como dicen, es historia. Hacer realidad lo proyectado fue complicado, estresante y sumamente agotador. Tuvieron que resolverse muchos detalles que, en principio, el equipo solo podía entrever, pero que a la hora de implementar el proyecto, resultaba necesario solucionar. Hubo un momento en que todo parecía perdido, pero afortunadamente, conforme se iban superado los desafíos y las piezas del rompecabezas se iban acomodando una tras otra, el proyecto se puso en marcha y lo que hasta entonces solo existía en nuestras cabezas, primero con lentitud y después con mayor rapidez, comenzó a funcionar y a generar resultados.

Interrumpo mis recuerdos ahora: he llegado a la universidad, por lo que resuelvo estacionarme y dirigirme al lugar donde se encuentra ubicado lo que hace casi dos años existía solamente como una serie de diapositivas en PowerPoint. Abro una puerta de cristal y ahí está, frente a mis ojos, el proyecto de mi equipo y un servidor hecho realidad. La recepcionista me saluda amistosamente y me pregunta cómo me encuentro hoy y, al comentarle que me sentía de maravilla, ella sonríe y me invita a pasar. Me comenta que una de mis colaboradoras llegó desde temprano y que, quizá, sería una buena idea acompañarla con una taza de café, porque parece que anda con una nueva idea en la cabeza que desea presentar ante el equipo para su posible implementación. Le contesto que con gusto y me dirijo al área donde se encuentran las máquinas dispensadoras de café, té y agua. Mientras me sirvo, miro alrededor y veo que, siendo apenas las 9 de la mañana, ya hay mucha actividad: dos jóvenes, sentados en el área común, trabajan en sus computadoras mientras discuten sobre sus próximos movimientos empresariales; un grupo de 4 profesionistas están ubicados en el área de juntas mientras uno de ellos les presenta estadísticas en una diapositiva y, finalmente, un egresado se encuentra con su asesor en el área recreativa, tomándose un break, por mientras se ponen a trabajar otra vez. Falta todavía para “la hora pico”, así que me siento satisfecho porque las cosas vayan, como dicen, viento en popa.

Miro mi café recién preparado y me es imposible pensar: “¡Cielos! Ya sé que, por ahora, solo es el relato de un sueño, de una posibilidad que podría ocurrir (o no) en un futuro próximo… así que, si hay momentos para pensar que con esfuerzo, dedicación, inteligencia, creatividad y trabajo colaborativo todo es posible, me gustaría pensar que aquí es el mejor lugar y ahora es el mejor momento para hacerlo”.





Pensando que, llegado a este punto, lo que realmente estoy haciendo es viajar en el tiempo para vivir virtualmente lo que, en años venideros, viviré en la realidad, me dirijo a buscar a mi colaboradora para saber de qué se trata esa idea que, desde ya, me tiene sumamente intrigado.

Narraciones que dejan huella

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Por Fernando Reyes Baños




Recuerdo que hace muchos años, buscando información para una clase que impartiría dentro de poco en el IPN, me topé en la Biblioteca de México con un pequeño libro que, ocupándose del tema que estaba buscando (lógica matemática), comenzaba con una anécdota que captó inmediatamente mi atención, tanto así que, buscando un lugar donde sentame, me dispuse a leer para saber de qué iba la cosa.

El autor describía una situación planteada por Miguel de Cervantes (capítulo LI de la segunda parte del Quijote) en la que sancho Panza, siendo gobernante de la Ínsula Barataria, debía tomar una decisión sobre un problema que le fue planteado por un forastero cuya resolución implicaba, inevitablemente, un juicio de vida o muerte.

La situación es la siguiente:

"Un caudaloso río dividía dos términos de un mismo señorío… sobre este río había un puente y a cada lado del puente estaban instaladas una horca y una especie de Audiencia, en la cual, habitualmente, había cuatro jueces que juzgaban el cumplimiento de la ley que dispuso el dueño del río, de la puente y del señorío. La ley decía:

Si alguno pasare por esta puente de una parte a otra, ha de jurar primero adónde y a qué va; y si jurare verdad, déjenle pasar, y si dijere mentira, muera por ello ahorcado en la horca sin remisión alguna.

Sucedió un día, que tomaron juramento a un hombre sobre a dónde se dirigía y que es lo que iba a hacer al otro lado del puente, el hombre juró y dijo que lo que había venido a hacer era morir en la horca que allí había y no a otra cosa.

Los jueces analizaron el juramento y observaron que aplicando la ley no podían decidir qué hacer con el forastero, ya que consideraron que:

Si a ese hombre lo dejaban pasa libremente, había mentido en su juramento y, conforme a la ley, debía morir ahorcado; pero, si lo mandaban ahorcar, entonces, como él había jurado que iba a morir en aquella horca, y, había jurado la verdad, por la misma ley debía ser puesto en libertad."

Obviamente, la intención de los jueces que enviaron al forastero ante el gobernador de la Ínsula Barataria era la de ver cómo demonios le haría Sancho Panza para resolver este dilema que, por lo que implicaba, rebasaba la cuestión meramente legal.

Sancho Panza, primero, verificó si había comprendido bien el problema y, cuando entendió por qué no podía ser resuelto según la ley dispuesta por el mismo dueño del río, de la puente y del señorío, propuso una sentencia salomónica:

“Digo yo, pues, … que aquella parte del hombre que juró verdad la dejen pasar, y la que dijo mentira la ahorquen, y de esta manera se cumplirá al pie de la letra la condición del pasaje… —y replicó el preguntador— será necesario que el tal hombre se divida en partes, mentirosa y verdadera; y, si se divide, por fuerza ha de morir, y de ese modo no se consigue …lo que la ley pide, y es de necesidad expresa que se cumpla con ella”.

Fue entonces, ante la imposibilidad de recurrir al auxilio de la lógica, cuando Sancho Panza, haciendo acopio de las enseñanzas de su amo, propuso la que podría ser, a todas luces, una forma de desatorar este escollo, ya que dijo al forastero.

“… este pasajero que decís, o yo soy un porro o él tiene la misma razón para morir que para vivir y pasar la puente, porque si la verdad le salva, la mentira le condena igualmente; y siendo esto así, como lo es, soy de parecer que…, pues están en un fil las razones de condenarle o absolverlo, que le dejen pasar libremente, pues siempre es alabado más el hacer bien que mal."

La situación planteada se trataba de lo que, comúnmente, llamamos paradoja y la "solución" propuesta por Sancho Panza no fue ni legal ni lógica, sino ética: "pues siempre es alabado más el hacer bien que mal".

¿Cómo se llamaba el libro? ¿Quién era su autor? ¡Ah como quisiera recordar tales datos! Sin duda, el resto del libro debía ser muy interesante, pero... ¿saben qué? No lo recuerdo o, con mayor precisión, no recuerdo que otros pasajes llamaran tanto mi atención como ese pasaje que acabo de describir. De lo anterior se infiere que: lo que no capta nuestra atención difícilmente logrará pervivir mucho tiempo en nuestra memoria. ¿Cómo podría darse ese recuerdo si el resto de su contenido, que seguramente debía ser más importante que la anécdota narrada por el autor al principio, no tenía el gancho narrativo que pescara la atención del lector? Pero, ¿saben?, lo anterior no es tan malo tampoco. Al menos recuerdo un libro escrito por alguien que empezó un tema tan complicado como es la lógica matemática con una anécdota del Quijote. Es un referente y también una pista para que, quizá, con voluntad, paciencia y mucha pericia computacional, pueda rastrearse el título de ese texto y su contenido rescatado del pasado (o encontrado solamente, porque no hay una evidencia fehaciente, a priori, de que éste pueda encontrarse olvidado). De ahí la importancia de las narraciones, de saber contar la historia de algo, pudiendo ser éste un libro, una marca o una empresa.

Recuerdo que un rato después dejé el libro en un estante y sigue mi búsqueda de información.

Coworking Now!

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Por Fernando Reyes Baños




Los espacios de coworking representan ya un movimiento global que está cambiando el modo de trabajar y la forma de interactuar en los espacios de trabajo. Checa el dato: el número de espacios de este tipo casi se duplica año con año en todo el mundo, siendo ya más de 1,500 sitios en varios países (Zona CoWorking, 2012).

¿Qué es coworking? Un espacio físico en el que se reúnen profesionales, emprendedores y empresarios para trabajar en sus propios proyectos. El prefijo “co” constituye la esencia de este concepto porque la idea es pertenecer a una comunidad de individuos que estén abiertos a intercambiar ideas, proyectos y conocimientos (a colaborar, pues), por lo que este tipo de espacios fomenta las relaciones estables entre personas procedentes de diferentes sectores, ofreciendo una solución para el problema de aislamiento que supone para muchos trabajadores independientes, la experiencia de trabajar en casa o en un café.


Un espacio de coworking, desde luego, ofrece una infraestructura mucho más competitiva que la que tendríamos trabajando en nuestra casa o en un café: área común, opción de oficina fija, sala de juntas, línea telefónica, impresora, lockers, cafetería/cocina, mensajería, domicilio fiscal, etcétera; incluso, se busca que el espacio y la decoración salgan del esquema convencional de una oficina, apostando más bien por un lugar que sea multifuncional como también útil para desarrollar otro tipo de actividades culturales (Fangaloka, 2016).




Es importante hacer notar que un espacio de coworking no es lo mismo que una oficina virtual en renta. Ambos espacios ofrecen servicios similares, pero el enfoque es distinto: el primero apuesta a las pymes, startups, freelancers y emprendedores, que tienen menores ingresos, razón por la cual, busca ganar por volumen; la segunda en cambio, busca ser un espacio de apoyo para empresas de mayores ingresos, que preferentemente tengan una oficina principal ya establecida, por lo que buscan ahorrar costos de traslado a los empleados (Ruiz, 2016). El diseño de espacios hace evidente el contraste descrito: mientras que en el coworking, se adaptan espacios ya existentes (el piso de un edificio de oficinas o casas amplias) en las oficinas virtuales se construyen espacios especialmente diseñados para esa actividad (lo que termina repercutiendo en los costos).

Por todo lo descrito, apostar por los espacios de coworking parece lo de ahora o, como lo dirían los gringos: Coworking Now!


Referencias

Zona CoWorking (2012). ¿Qué es coworking? Recuperado de http://www.zonacoworking.es/que-es-coworking/
Fangaloka (2016). ¿Qué es coworking? Una nueva forma de trabajar. Recuperado de https://fangaloka.es/coworking-que-es-coworking/
Ruiz, A. (2016). Coworking: los 12 mejores espacios en la CDMX. Ciudad de México, México: Entrepreneur. Recuperado de https://www.entrepreneur.com/article/275881

No leas esta historia

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Por Fernando Reyes Baños


Porque es una de tantas… pero al encarnarla desde que tengo memoria, me atañe solamente a mí; quizá empero, desees proseguir, pero te advierto: terminarás como empezaste, es decir, preguntándote: ¡¿Qué carajos leí?!

Cuando niño, entre las trifulcas con hermanos mayores y sobrinos menores, recuerdo como una hermosa incógnita, los versos de Xavier Villaurrutia: “Tengo miedo de mi voz / y busco mi sombra en vano. / ¿Será mía aquella sombra / sin cuerpo que va pasando? / ¿Y mía la voz perdida / que va la calle incendiando?”. ¡Ah, palabras de fuego escritas en la piel de mi espíritu fueron! Y, de algún modo, sigo en la búsqueda, esperando un encuentro y la respuesta a la gran pregunta.


Fugas del que “marcha detrás de las hileras”

Tardes de primavera, montañas y techos de casas, un mundo allá afuera y mis instintos enjaulados dando vueltas, casi como el Ulises de Homero pintado muchos siglos después por James Draper, enmarcaron mi infancia y adolescencia, además de circunstancias que parecían eternas (¡Pobre iluso que después comprendería lo efímero que los minutos y las horas son!), mismas que caracterizarían mi travesía por la escuela. Un “San Juan Bautista de La Salle” y un “Ruega por nosotros” anunciarían, al despuntar el alba, las clases, seguidas por un recreo y después más clases, para después cambiar de rutina a una más hogareña, pero tanto o más formativa que la primera. Por mientras, justo dentro de las hendiduras imposibles de eclipsar por la normalidad que aterra, captaba mi atención la existencia de personajes entrañables plasmados en letra impresa: el “a lo pecho, pecho” de Patricia Highsmith, el wendigo de stephen King, los hombres de gris de Michael Ende, por mencionar algunos de ellos, acompañados por la canción de Limahl, que ahora como entonces, siempre me hace recordar los años que se fueron, el tiempo que transcurre, y lo que por añadidura, quede.




Mis seis nortes y la tierra prometida con sabor agridulce

Salir del yugo familiar representó per se una aventura, pero ay no fue fácil migrar a la jungla interminable de cemento ni tampoco vivir durante algunos años entre huestes de carros, edificios y chilangos, por lo que agradezco mis seis nortes que en aquel momento fueron mi brújula, siendo yo el séptimo elemento de una ecuación insólita que conjuntó personalidades por demás disímbolas: un guerrero, dos princesitas, una del pueblo, un soldado y un embajador del barrio bravo de Tepito. Juntos, pero no revueltos, nuestros pasos recorrieron las aulas y corredores de la UAM hasta que, un día, cada quien comenzó a forjar su camino en la profesión elegida. Así fue que, a escasos días de haber terminado la carrera de psicología, comencé a trabajar en el ipn, y teniendo casi la misma edad que mis alumnos, comencé una carrera en el ámbito educativo. Un par de años después, ante la oportunidad que parecía representar regresar a la tierra que me vio nacer, desande el camino que otrora recorrí, pero entonces aprendí que en este mundo lo único seguro es que no hay nada seguro, por lo que desde cero comencé a trabajar en diferentes colegios, después en varias universidades, mientras seguía preparándome, estudiando primero algunos diplomados y después estudios de maestría.



Como un río: sin principio o fin, solamente presente; antes y después, solo presente

Hermann Hesse, en boca de su personaje Vasudeva (en Siddhartha, escrita en 1922), plasmó una maravillosa reflexión en torno al río, al agua que fluye de su cauce, sobre todo, por el aprendizaje que puede extraerse de él, si se procura comprender que éste no tiene un antes o un después, porque no importa dónde te ubiques a lo largo del río: siempre será el mismo río, es decir, éste, antes o después, es, fue y será el mismo. No es que ahora diga que entienda la profundidad de semejante lección (algunas cosas no basta con solo entenderlas con el raciocinio), solo digo que ahora, justo en este momento y lugar, soy el que soy, así como soy el que fui y lo que seré, en otras palabras, quiero creer, lo intento hacer con todas mis fuerzas, que mi yo de hoy es el mismo que el yo que fui antes y el yo que seré después, como si la vida (al menos en nuestro caso) tuviera la función de integrar, de fusionar, cada uno de los yos que fuimos, cada una de esas piezas de las que habla Torcuato Luca de Tena al referirse a su personaje Sebastián, para hacerlas una sola, para hacernos uno con todo lo demás. Por eso, ahora que trabajo como docente y administrativo en una universidad privada de mi ciudad natal, como guardián directivo de una unidad académica, miro hacia atrás y contemplo el camino que he recorrido, mis aciertos y mis desaciertos, todo en conjunto y lo acepto, sin juzgarme a mí mismo por lo que no he logrado, y diciéndome en cambio que, aquí y ahora, sigo vivo, por lo que tengo la preciosa oportunidad de seguir caminando, de seguir fluyendo, por lo que pienso que debo sentirme agradecido. Así pues, seguiremos adelante, por los que todavía están con nosotros y por los que se han ido, y siguen, de alguna forma, entre nosotros.

¡Hasta la próxima!

Sin dolor no hay paraíso

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Por Fernando Reyes Baños


Por lo general, los psicólogos y las personas abogan por la importancia de ser feliz, y aunque la realidad nos enseña que la vida es un claroscuro, un péndulo entre la felicidad y el dolor, lo cierto es que hablando del entrenamiento en gimnasios, particularmente con aparatos y pesas, si no se experimenta el dolor que se deriva de hacer ejercicio, no se obtienen buenos resultados.


¿Vas al gym? ¡Cool! Pero... ¿para qué vas?

Si eres de los que se inscriben a un gym para socializar, para posar con tus amigos o porque está de moda, mejor haz otra cosa: ahorrarás dinero y quizá te sirva de algo, porque entrenar en un gimnasio significa lograr metas específicas y todas ellas, en mayor o menor grado, implican padecer dolor durante o después del entrenamiento. ¿Por qué? Porque éste, bien llevado, conlleva a superar retos todo el tiempo, y no me refiero exclusivamente a levantar más peso (“para cargar al mercado” dicen los cauches), sino a practicar rutinas diferentes y a mejorar la técnica.




Si te duele es porque trabajaste en serio.

Los que saben dicen: “sin dolor, no hay paraíso” y eso, de un modo u otro, es cierto, porque los músculos, durante o después de entrenarlos de acuerdo a una rutina específica, y cuando se tiene la oportunidad, bajo la supervisión adecuada, duelen… y duelen, no porque te haya faltado calentar lo suficiente al principio, porque hayas tenido una mala postura o porque ejecutaras mal un ejercicio, sino porque es parte natural del entrenamiento, como un duro despertar después de que tu cuerpo ha estado por cierto tiempo aletargado… casi, casi como si éste te dijera: “¡He! Esta es mi forma de procesar el ejercicio, aguántate”.




¿Vale la pena sufrir por lograr tus metas?

Te pregunto: ¿vale la pena sentirse bien y verse bien? Tendrías que estar sumamente trastornado para decir que no, para decir que no te importa gozar de tu bien-estar, porque los beneficios que adquieres son tan grandes que, cuando tengas tiempo de haberte subido al tren del fitness, de los aparatos, del entrenamiento con pesas, de una alimentación regulada y de periodos de descanso correctos, te preguntaras, preocupado: ¡¿cómo era posible que no hubieras empezado antes?! Y tratarás de imaginar, quizá, cómo sería regresar a tu vida anterior… ¿quieres que te diga algo? No podrás, ya no.




¡Hasta la próxima!

Banners: tips para su diseño y uso de colores

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Por Fernando Reyes Baños



Según Wikipedia (2017), un banner (o “banderola” en español) es una forma de publicidad en Internet por la que un anunciante paga para que se incluya, dentro de una página Web, una pieza publicitaria, cuyo objetivo es atraer tráfico hacia un sitio determinado.

En marketing digital, metafóricamente hablando, los banners representan una especie de “anzuelo” con el que se atrae a los posibles consumidores de un producto o servicio al sitio Web donde podrán gestionar su adquisición. Ahora, ¿cómo hacerlos? En Internet existen muchos sitios dónde es posible consultar información útil sobre cómo diseñarlos, qué poner en ellos (y qué no), qué colores usar, etcétera, por lo que a continuación nos ocuparemos en este post de dos cosas: uno, algunos tips que nos sirvan de orientación para diseñar banners atractivos; y dos, las reacciones que _se dice_ podemos provocar por el uso de ciertos colores.


Tips para diseñar banners

Según Campuzano (2014), resulta conveniente utilizar los tamaños más usados para diseñar banners, por ejemplo, 300x250px, 336x280px o 728x90px; de hecho, el primero y el último de éstos (a veces denominados “roba páginas” y “megabanner, respectivamente) son los dos formatos más populares. En cualquier caso, según recomienda el experto en marketing digital, Engel Fonseca, no es recomendable casarse con un solo formato.

El propósito de los banners es claro: aumentar la notoriedad de la marca y dirigir tráfico a un destino determinado. Para ello, se recomienda incluir: logotipo, propuesta de valor y llamada de atención. A veces conviene incluir también las promociones del momento.




Cuidar aspectos mercadológicos, por ejemplo, utilizar textos que se lean fácilmente (gracias al uso de fuentes adecuadas) o añadir _cuando sea oportuno_ un sentimiento de urgencia (“solo hasta mañana", "hasta fin de mes", "quedan pocos lugares", etc.); así como aspectos técnicos, siendo un ejemplo de lo anterior: procurar que el tamaño del archivo no supere los 150 kb.

Por lo general, los banners se montan como páginas de aterrizaje, con lo que se logra reducir el número de clics para conseguir cierto resultado, por ejemplo, una venta; de hecho, algunos banners se encuentran integrados a formularios que permiten hacer el registro de los usuarios en línea, convirtiéndose así en páginas de aterrizaje (Bravo, 2012).




Campuzano (2014) recomienda mantener un diseño limpio, ordenado y sencillo. No está de más, aboga, delimitar el contenido del banner por medio de un borde mesurado que haga juego con el contenido del mismo. Bravo (2012), por su parte, recomienda que el diseño del banner concuerde con la página a la que se dirige el tráfico (relevancia de la página de aterrizaje), aunque cabe agregar que, según Fonseca, también debe cuidarse el contraste entre el banner y el sitio donde se anuncia.


Colores y reacciones

Elegir colores adecuados para diseñar banners requiere, como resultará obvio, cuidar ciertos aspectos: no exagerar su uso, esto es, buscar un balance entre colores cálidos y fríos (sin faltar la conveniencia, claro está, de mantener un equilibrio entre el texto y las imágenes que se incluyan); utilizar colores acordes a la marca, buscar contrastes que faciliten la captación del mensaje y (¡muy importante!) evocar emociones.

Gremillion (2011) nos aporta elementos relevantes sobre los colores y las reacciones que podemos generar con ellos, que conviene tomar en cuenta al momento de diseñar banners:

ROJO.- Suele asociarse con la pasión y el amor, como también con la ira y el peligro. Se utiliza cuando se busca llamar la atención sobre algún elemento del diseño, pero se recomienda algo de moderación, ya que su efecto puede ser abrumador.

NARANJA.- Se asocia con vitalidad y felicidad. Al igual que el rojo, llama la atención, pero su efecto resulta menos abrumador. Refleja energía, pero puede ser acogedor y amistoso. Suele usarse para hacer una llamada a la acción, por ejemplo, una venta.

AMARILLO.- Se asocia con la risa, la esperanza y la luz del sol. Puede generar una sensación de optimismo y alegría, pero demasiado amarillo puede ser abrumador, por lo que se recomienda usarlo con moderación.




VERDE.- Simboliza la salud, los nuevos comienzos y la riqueza. Se usa para relajar y crear cierto equilibrio en el diseño. Es un color conveniente si una empresa desea representar el crecimiento, la seguridad o, incluso, inspirar la posibilidad.

AZUL.- Evoca sentimientos de calma, espiritualidad, seguridad y confianza. El azul oscuro funciona para los diseños corporativos porque ayuda a crear una sensación de profesionalismo, pero demasiado azul oscuro puede crear una sensación de frialdad, el azul claro en cambio, aporta una sensación más relajante y amistosa.

PÚRPURA.- Se asocia con la creatividad, la realeza y la riqueza. Se utiliza, con cierta frecuencia, para calmar a los espectadores. Conviene utilizar un púrpura oscuro para reflejar lujo y riqueza, mientras que un púrpura claro puede denotar romance y misterio.

COLORES CÁLIDOS.- Según FotoNostra (s.f.), son los que van del rojo al amarillo, pasando por naranjas, marrones y dorados. Estos tonos se asocian con fuego, atardecer, hojas de otoño, cercanía y calidez. En diseño suelen emplearse para reflejar entusiasmo, pasión y alegría.




COLORES FRÍOS.- Son los que van del azul al verde pasando por los morados. Se asocian con el invierno, la noche, los mares y lagos, etc. En diseño se utilizan para transmitir tranquilidad, calma, seriedad y profesionalismo (FotoNostra, s.f.).




Referencias

Landing page: sitios en Internet para aterrizar tu negocio

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Por Fernando Reyes Baños




Las páginas de aterrizaje o landing pages son aquellas a las que llegan los usuarios después de hacer clic en un enlace: un banner, un anuncio de texto o, incluso, los resultados generados por buscadores como Google o Bing, y suelen representar en la mayoría de los casos, la continuación de un mensaje promocional, que obviamente no pretenden ampliar solamente la información del mismo, sino cumplir un objetivo determinado: provocar una reacción en los usuarios, que de ordinario consiste en lograr que adquieran un producto o servicio específico a través de Internet; de hecho, los expertos en marketing digital consideran que lo óptimo es que las landing pages se optimicen de manera particular según sea el producto o servicio que se desee promocionar. Si una universidad privada, por ejemplo, tiene una oferta educativa integrada por más de 20 programas diferentes, lo más adecuado sería desarrollar una página de aterrizaje para cada uno de ellos, con sus propios textos, imágenes y keywords (Peisajovich, 2012).




Habiendo definido qué son las landing pages, cabría preguntarse por qué usar páginas de aterrizaje para vender cada uno de los productos o servicios que se ofertan y no enviar a los usuarios, directamente, a la home page, y la respuesta es muy simple: las páginas de inicio están diseñadas para mostrar a quienes las visitan una visión más general del negocio que se anuncia online, por lo que el usuario que fuera direccionado a la home page, probablemente, tendría que hacer varios clic en ella antes de encontrar lo que le habíamos propuesto desde otro enlace. Aparte de evitarle al posible cliente la incomodidad referida aquí, las landing pages son útiles para determinar aspectos específicos de la métrica digital correspondiente a la venta de tales productos y servicios, como por ejemplo, determinar de dónde provienen los usuarios, qué mensaje fue el que propicio su visita y, con el apoyo de un formulario en línea, recopilar sus datos de contacto.

En suma, las landing pages son útiles para aumentar el retorno de la inversión (ROI), como también para justificar las tácticas que el empresario haga en torno al marketing digital de su negocio. Sobra decir que cualquier negocio que en la actualidad no cuente con una plataforma en Internet es, prácticamente, inexistente.





Por lo general, según Benito (2013), algunos de los elementos que forman parte de una landing page son los siguientes:

  • Propuesta de valor único (UVP ).
  • Imágenes o vídeos alusivos al escenario o contexto de uso del producto o servicio.
  • Beneficios de la oferta y de dos a tres argumentos sociales (testimonios, opiniones, clientes usando el producto, etc.).
  • Un objetivo único de conversión por cada producto o servicio que se anuncie.

Revisaremos a continuación algunos tipos de landing pages que actualmente se están utilizando.

De compra (describen un producto o servicio, con detalles suficientes, para generar la compra o decisión de compra del usuario).




Generadores de leads (su objetivo es capturar los datos de contacto del usuario, para conectarse posteriormente con él; comúnmente, suelen acompañarse de un formulario y una descripción de lo que el usuario obtendrá a cambio de facilitar sus datos (white paper, webbinar, consulta gratuita, descuento, prueba gratuita, etc.).



Finalmente, compartiré a continuación algunas landing pages que han demostrado ser casos de éxito (Duque, 2016).












Referencias


  • Peisajovich, M. (2012). ¿Que es una Landing Page? [Mensaje en un blog]. Gaplogic Web Solutions. Recuperado de http://seoseo7.es/2012/01/30/que-es-una-landing-page/
  • Benito, M. (2013). ¿Qué es una landing page? [Mensaje en un blog]. Admetricks Blog. Recuperado de http://blog.admetricks.com/que-es-una-landing-page/
  • Duque, E. (2016). 50 ejemplos de Landing Page geniales en los que deberías inspirarte [Mensaje en un blog]. Eduardo Duque. Recuperado de http://eduardoduque.com/ejemplos-de-landing-page/

Todo cambia, pero no siempre al mismo tiempo

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Por Fernando Reyes Baños


A finales del siglo pasado, en el ámbito del entretenimiento, la televisión era la reyna, por lo que en términos mercadológicos, resultaba importante establecer un perfil no solo de quienes adquirían televisores, sino también de quienes consumían los contenidos proyectados por el “cíclope electrónico” (como, en su tiempo, lo expresara Lisa Simpson), incluyendo los productos o servicios que se anunciaban como parte de su programación, lo que era posible atendiendo a ciertas características que sirvieran para identificar los factores afectantes del comportamiento del consumidor. Seguir algún modelo teórico, por ejemplo el de O’shaughnessy, podía ayudar en esta labor, ya que los factores externos (demográficos, socioeconómicos y familiares) e internos (motivacionales, de aprendizaje y necesarios) representan parámetros a considerar en función de la satisfacción emocional de los consumidores antes que una necesidad real o a una decisión tomada racionalmente. Ahora como entonces, el producto o servicio ofertado casi nunca coincide con todas las expectativas del consumidor, pero como la mayoría de las veces poco tiene que ver con una necesidad real, esta circunstancia lo exime de la frustración de no poder aspirar a más y la disonancia cognoscitiva se resuelve, cuando el consumidor experimenta conformidad, ocurriendo lo anterior en el caso particular de la televisión y los televisores (ahora pantallas) cuando el cliente o telespectador siente que es parte de una comunidad que está todo el tiempo “comunicada” con lo que está sucediendo en el mundo o con los últimos acontecimientos de la moda, el deporte, el cine, etcétera.




Pero, ¿qué pasa en este siglo? Ocurre que la televisión, lenta pero inexorablemente, está perdiendo su poder como medio de entretenimiento, además de que el papel que alguna vez se le adjudicara como aparato de reproducción ideológica al servicio de un sistema otrora hegemónico cada vez está más en entredicho, cediendo su lugar ante la inminente entronización de la Internet, que no solo entretiene al usuario, sino que también se erige para éste en un espacio virtual para la comunicación, la gestión de contenidos y la oportunidad de hacer numerosas transacciones entre quienes navegan cotidianamente en la red, los que a su vez son cada vez más numerosos, siendo una de las características más importantes que identifican su evolución la velocidad con la que ocurren las interacciones entre usuarios y administradores, distinción que también cada vez resulta más difícil de establecer.

En vista de lo anterior, parecería tentador señalar a la red de redes como la causa de cambios como éste, el cual obviamente no ocurre de manera aislada, ya que un tanto se puede decir también de otras dicotomías que últimamente han venido presentándose ante el auge de la digitalización y de la tan traída sociedad de la información y, dícese también, del conocimiento; por citar algunos ejemplos, se puede mencionar la relación libros de papel versus libros digitales, compras y trámites en ventanilla versus compras y trámites en línea, e incluso las que están ocurriendo justo en estos momentos dentro de la misma Internet, como podría ser el caso del correo electrónico versus mensajes instantáneos en las redes sociales o de Facebook versus Google (dicotomía extraña si se consideran los fines y dimensiones de ambas instancias, pero que muchos usuarios y algunos administradores insisten en emparejar)… no, no se trata de un estado de cosas que se puedan explicar con simplicidad, lo cierto es que el mundo está cambiando, para las personas y también para las instituciones y organizaciones que enmarcan las actividades de aquellas, por lo que todos, nos guste o no, tendremos que transitar físicamente, como siempre lo hemos hecho desde que el hombre comenzó a transformar la naturaleza para poner encima de ella un mundo social, al mismo tiempo que navegar en un mundo que, aun cuando no ocupe un espacio físico (por encontrarse alojado en máquinas que permiten su funcionamiento _ubicadas en un punto geográfico casi siempre indefinido para nosotros_), cada vez es más rico en sitios, en usuarios, en recursos y en posibilidades que, hasta hace poco, eran difíciles de imaginar para la mayoría de nosotros.

Todo lo anterior, desde luego, afecta la forma en que las organizaciones de ahora buscan hacerse de clientes para vender sus productos y servicios. Actualmente, por ejemplo, constituye una lección de historia referirse a la mezcla mercadológica propuesta por el Dr. Jerome McCarthy en los años 60 del siglo pasado. No es que el concepto de las 4 P's ya no se use o que su aplicación sea inútil en el ámbito de la mercadotecnia, sino que ya no resulta suficiente para una sociedad que, como lo explicamos antes, se mueve a la par en diferentes niveles: el real y el virtual, razón por la cual, el marketing digital entra al escenario de cualquier empresa u organización, si no con un papel protagónico, sí como un actor de peso, que tendrá mucho que ver con el éxito de cualquier estrategia que busque vender productos o servicios a un consumidor (este objetivo, exento de todo romanticismo, es, a mi parecer, la forma más sincera de referirse a los fines que toda empresa pretende conseguir).




¿Televisión versus Internet? Quizá, pero creo que actualmente somos testigos de una fusión entre estos medios, es decir, actualmente quienes todavía no cuentan con una smart tv optan por televisión abierta, televisión por cable o televisión satelital, depende de los recursos financieros que cada quien tenga a su alcance, pero quienes sí cuentan con la fortuna de poder ver Internet desde su televisor pueden optar por ver la televisión normal (entiéndase, en este caso, por “normal” cualquiera de las opciones anteriores) o la programación que pueda encontrar a través de la señal de Internet… es más: ¿quién necesita de una smart tv cuando puede ver casi lo mismo o incluso contenido más variado, valiéndose de una Tablet o de un Smartphone?

Valiéndome de una experiencia personal, como parte final de este texto, relataré a continuación la última compra que hice de un libro, misma que hice físicamente, pero la traigo a colación por las implicaciones que dicha anécdota tiene con todo lo que hemos tratado aquí:

“Cuando supe que en el último piso de "Fábricas de Francia" habían dos mesas donde uno podía encontrar libros a precios económicos tuve mis reservas: ¿en Fabricas de Francia (¡O sea!)? Mi colega me dijo: "no esperes encontrar gran cosa, lo que sorprende es que hayan libros voluminosos a precios verdaderamente accesibles (¡Vees!). En fin, tenía que verlo por mí mismo. Fui y comprobé que, efectivamente, habían pocos libros en las dos mesas acomodadas (como no queriendo la cosa) muy cerca de las vitrinas donde estaban los celulares. La mayoría de los libros en exhibición eran poco conocidos, y aunque estuve a punto de tomar partido por Drácula de Bram Stoker, me topé con uno que llamó poderosamente mi atención. Rápidamente, consulté algunos datos en Internet sobre este texto en cuestión: reseñas y críticas sobre la obra, así como referencias sobre su autor (sin olvidar, desde luego, su precio en algunas librerías en línea) y, sin pensarlo más, lo compré. La señorita que me atendió sonreía ampliamente, como pensando "¡Al fin vamos a sacar esa mercancía!". Yo le devolví la sonrisa, pensando "No sabes qué libro me acabas de vender ni a qué precio se encuentra actualmente en las librerías ¿verdad?"

Moraleja: los clientes o consumidores de hoy no son iguales a los de ayer, han cambiado (y siguen cambiando, dirigiéndose a un punto cuya definición todavía no resulta del todo claro) y su comportamiento, tanto en el mundo real como en el virtual, marca tendencias que, afortunadamente, son susceptibles de medición y análisis... si esto es así, les toca a las organizaciones y empresas escuchar y/o leer lo que sus posibles clientes o consumidores quieren, tomar como punto de partida sus conversaciones, sus comentarios y lo que plasman, gráficamente, en las redes sociales, en los foros en línea, en los correos electrónicos, en cualquier otro medio, canal o dispositivo, con tal de saber qué es lo que cada segmento busca.

Humanos vs. Máquinas

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Por Fernando Reyes Baños




The Imitation Game, conocida en Hispanoamérica como “El código enigma”, es una película del año 2014, dirigida por Morten Tyldum, cuyo guion estuvo basado en la biografía que Andrew Hodges escribió sobre el matemático y criptoanalista Alan Turing, considerado como un pionero en el área de la computación y la inteligencia artificial. La película en cuestión narra la historia de cómo Turing logró descifrar los códigos de la máquina enigma, que los nazis habían construido para encriptar la transmisión de sus mensajes, lo que facilitó la victoria de los aliados durante la 2da. Guerra Mundial.




En principio, la propuesta cinematográfica de Tyldum implica al espectador en un contexto que sirve de marco para presentarle una problemática particular: lo sitúa en Manchester, alrededor del año 1951, cuando Alan Turing, matemático de Cambridge, es contratado por una agencia del gobierno inglés para descifrar los mensajes transmitidos por sus enemigos durante la 2da. Guerra Mundial, comisión que representa un desafío notable: resolver un acertijo escondido en más de ciento cincuenta y nueve millones de millones de combinaciones posibles.




El primer derrotero que se deriva de semejantes circunstancias es que, cualquiera que sea el proyecto que demande de una metodología para su consecución, siempre resultará necesario identificar una problemática a resolver. Turing, inmerso en un ambiente bélico de tensiones, espías y prejuicios, pero poniendo a prueba su imaginación, escepticismo, y sobre todo, distinguiendo entre especulación y hechos, logró discernir un problema: ¿cómo un ser humano podría competir contra una máquina cuando el enigma a resolver parecía ser solamente competencia de la segunda no así del primero? Convencido de la solidez de su planteamiento, Turing propone una solución que contraviene la forma en que sus compañeros de trabajo trataban de resolver el enigma: un ser humano no puede ganarle a una máquina en su juego, pero otra máquina si puede hacerlo (Christopher). Su idea resulta revolucionaria con relación a lo que el resto hacía. Casi todo el tiempo tiene que moverse en una dirección opuesta a la convencional, pero… justamente, de eso se trata la innovación ¿no?, de experimentar con algo diferente a lo que se ha hecho en el pasado (lo que no por mucho hacerse, probará algún día ser mejor).




Estableciendo como hipótesis que solo una máquina le ganará a otra máquina, Turing se juega el todo por el todo a favor de Christopher, razón por la cual, convence al superior de su superior para que lo apoye en la creación de una máquina británica que no duda le ganará a la máquina alemana en su propio juego. Asimismo, busca talento nuevo en quienes pueda repartir su carga de trabajo, así como nuevas fuentes de financiamiento.




En suma, Turing se nos presenta como un personaje comprometido con su trabajo, como alguien capaz de hacer casi cualquier cosa con tal de seguir adelante con su investigación. Es, pues, un ejemplo de perseverancia, innovación, rigor, espíritu colaborativo y, sobre todo, de pasión por su trabajo. Es, justamente, por esta pasión de lograr que Christopher lograra descifrar los mensajes de sus enemigos que, estando en un bar, tiene un insight que le permite ordenar, en un silencioso eureka, las piezas que necesitaba juntar y acomodar para descifrar el código nazi, tal y como también le pasó a Newton en la anécdota de la manzana: no es que a cualquiera que se le hubiera caído entonces una manzana en la cabeza le hubiera dado por hacer una declaración reveladora… la cuestión es que el proyecto que los apasionaba, lo traían en la cabeza en ese momento, venían pensando en ello desde tiempo atrás, solo faltaba algo, un detonante para que su espíritu científico e intuición hicieran el resto del trabajo.




Lo anterior implica que esa curiosidad, esa lente sobrepuesta en un objetivo específico que arroja una lectura enriquecida sobre la realidad, marca una diferencia tal que anima la formulación de un camino ordenado, cuyo objetivo sería descifrar un problema en particular y aportar soluciones que puedan optimizar procesos, mejorar condiciones de vida o hacer, simplemente, nuestra vida más sencilla… en el caso de Turing, su perseverancia y rigor científico hacia su proyecto acortó la 2da. Guerra Mundial y salvó más de catorce millones de vidas.





Referencias

Una reflexión inicial: sobre gigantes y tecnología

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Por Fernando Reyes Baños


Nora Bär, una periodista argentina, escribió en el diario La Nación, en el año 2013, las siguientes palabras (citado de Esteves y Piccolini, 2017):




“Hace más de 2,200 años, el matemático, astrónomo y geógrafo griego, Eratóstenes logró calcular las dimensiones de la Tierra con un mínimo error. Para llegar a su resultado se basó en la longitud de la sombra proyectada por una vara el mismo día y a la misma hora en dos ciudades diferentes. Sin calculadora ni iPad, la mayoría de los “gigantes” que nos precedieron, desde Newton hasta Copérnico o Einstein, no necesitaron mucho más que lápiz y papel para realizar aportes monumentales al conocimiento humano” (p. 123).

Al respecto, podríamos preguntarnos si realmente necesitamos de la tecnología que actualmente tenemos para ser los gigantes de hoy, pero… ¿y si mejor nos preguntamos que habrían hecho los gigantes de antaño si hubieran contado con la tecnología que tenemos ahora? La verdad es que nunca lo sabremos, pero ante la persistencia de nuestra curiosidad en torno a esta interrogante cabría suponer una obviedad: ni los gigantes del pasado son iguales a los gigantes que pueda haber hoy como tampoco las circunstancias actuales son como las circunstancias que hubo en el pasado. Heraclito, hace más de dos mil años, expresaba muy bien la esencia que tras bambalinas explica, de algún modo, lo anterior: “Todo fluye, todo está en movimiento y nada dura eternamente. Por eso no podemos descender dos veces al mismo río pues cuando desciendo al río por segunda vez, ni el río ni yo somos los mismos”




¿Entonces? La tecnología por sí sola no generará gigantes. En el ámbito educativo, por ejemplo, se requiere mucho más que solo dotar a los alumnos de tabletas y facilitarles el acceso a bibliotecas virtuales y bases de datos, ya que su pertinencia depende de que las escuelas y universidades cuenten con un modelo educativo consistente, entornos propicios y, sobre todo, docentes competentes y actualizados. Pero, habrá que decirlo, la tecnología es la tendencia que caracteriza el mundo de hoy y, ciertamente, habría que tomar esta circunstancia con la actitud correcta, es decir, si bien la tecnología no resolverá todos nuestros problemas, seguramente, si la consideramos nuestra aliada, podría facilitar nuestra búsqueda de soluciones y, con suerte, como lo expresara alguna vez Isaac Newton, con ella “subirnos a hombros de gigantes” para aspirar, quizá, algún día ser uno de ellos.





Referencia

Esteves, F. y Piccolini, P. (2017). La edición de libros en tiempos de cambio. Ciudad de México: Paidós.

 
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