Estertor

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Por Guillermo Exequiel Tibaldo


Las olas llegaron luego del canto de las gaviotas. Humedecieron sus pies como lo hacen sobre una hoja de papel las lágrimas de una niña ante una desdicha infantil. Miró en la lejanía del mar y se dispuso preparado para perderse en las profundidades del océano, que aunque sin añoranzas, estaba predestinado a recorrer.

Sus ojos se limitaron a parpadear lo mínimo, para no perder la oportunidad de aquella magnitud solar que se perdía en el horizonte, y se preguntó si acaso algún día volvería a ver un ocaso de semejante belleza. Era inevitable que el también se emocionara y un surco se dibujara en su pálido, aunque sonriente rostro.

Intentó correr unos pasos atrás para disfrutar aquella agonía unos segundos más, cuando la última ola lo arrastró consigo.

Cuando todos aquellos granos de arena dejaron de ser la ilusión de un muchacho, sobre la playa desnuda.

8 Comentarios:

fdoreyesb dijo...

Mi estimado Guillermo: Fue una sorpresa grata encontrarme con un cuento tuyo que, como todos los anteriores, resulta una experiencia sublime. Ojalá que no te pierdas tanto y pronto tengamos otra obra tuya. ¡Saludos cordiales desde México!

Mª Ascensión dijo...

Hola Guillermo.. me gusta muchísimo tu relato. Entiendo que el protagonista de esta historia deja que el mar le arrastre, estaba decidido a hundirse en él. Muy buena tu prosa. Un abrazo y un placer leerte.

Guillermo E. TibaldO dijo...

Muchas gracias a los dos por sus elogios, me alegro que les haya gustado el cuentito

Saludos y gracias de nuevo

Pablo Javier Resa dijo...

El mar, ese interminable regazo. Saludos, Guillermo, de uno que no puede sino volver y volver al mar.

marta goddio dijo...

Es un placer leerte, un orgullo... Admiro tu pluma narrativa, delicada, sublime, precisa, preciosa... anunciando sin estridencias cada tempo, como lo hacen las gaviotas en ese instante único, en ese paréntesis entre flujo y reflujo de la mar, antes que llegue la marea y sus oleajes definitivos. Gracias desde lo más entrañable de mi ser.

Amaranta dijo...

Hola Guillermo. Acabo de leer tu obra y me pareció una joyita. Un relato delicado, suave. Una bellísima forma de tomar la imagen del mar y todos sus componenetes: las gaviotas, las olas, la arena...Qué decisión la del joven no? Qué buena la forma en que capturaste su mirada, esos pasos hacia atrás para alargar un poco la agonía. Me encantó!!! Un abrazo!!!
AMARANTA GUEVARA

Guillermo E. TibaldO dijo...

Jeje, me alegro que haya provocado un efecto más allá de mis expectativas. Es la idea que uno trata de alcanzar al intentar cumplir con el lector, y ofrecerle ese "algo más" que queda de sensación.

Muchas gracias por sus comentarios!

Sofía dijo...

Así sucede a veces en a vida, nos dejamos arrastras por las circunstancias... Me alegra que sigas escribiendo. Un abrazo con cariño.



El contenido plasmado en este blog es producto de la reflexión de su autor, de sus colaboradores y de los pensadores que en él se citan. Cualquier semejanza con la realidad o alguna ficcón literaria, televisiva, psicótica paranoide o de cualquier otra índole es mera coincidencia

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