Una tarde en el museo

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Por Sergio A. Amaya Santamaría


Una tarde de otoño, cuando el viento abusivo deja en huesos a los árboles, me refugié en la tibia soledad de un museo pictórico, tal vez por la hora, casi la hora del almuerzo, las salas estaban desiertas; los vigilantes reposaban en algún rincón. Yo me fui a sentar en una banca, frente a una gran pintura de Velasco, la “Vista del Valle de México, desde el cerro del Tepeyac”. El contemplar esa magna obra siempre me ha parecido relajante. Mi vista se perdió en la lejana ciudad y yo perdí la noción del tiempo.

De pronto miré desconcertado a mi alrededor, pues me encontraba sentado en una vieja banca de un templo desconocido para mi. Eran unas cuantas bancas las que amueblaban la nave, en los muros, algunos frescos desteñidos. Me pareció curioso que el altar estuviese adosado al muro del retablo, pues esta costumbre había cambiado a partir de los 60’s, para que el oficiante estuviera de frente a la asamblea. En el retablo, una imagen de la Virgen de Guadalupe, pero era un cuadro medio ahumado, descolorido, las velas encendidas llenaban de humo y penumbra la casi vacía nave. A un costado, en el muro de la derecha, viendo de frente hacia el altar, un púlpito tallado en madera. Sentados en el suelo, grupos de indígenas de calzón blanco y huaraches, los hombres y niños; las mujeres con faldas de franjas de colores y blusas de manta con bordados rústicos, los rebozos ocultaban los implorantes rostros y los sombreros de palma de los hombres estaban esparcidos a su alrededor. Buscando algún sentido a la situación, salí del templo y miré a lo lejos un extraño paisaje. En un primer plano, una breve arboleda y un caserío, mas bien era como una vieja hacienda, en un segundo plano, un pequeño cuerpo de agua; en un plano intermedio, una ciudad grande donde se podían apreciar las torres de una iglesia; luego de la ciudad el brillo del agua de lo que parecía un gran lago; mas al fondo una serranía y en el horizonte lejano, los volcanes del Valle de México, el Popocatepetl y el Ixtaccihuatl. Entonces reconocí el paisaje, era el mismo que pintó José María Velasco, pero, ¿cómo era posible?

Entonces miré hacia un lado y vi al pintor haciendo bocetos del mismo paisaje, era un hombre de mas de cuarenta años, con una noble barba que le llegaba al pecho, intenté hablarle, pero parecía no mirarme, totalmente concentrado en el paisaje y en su cuaderno de bocetos. El viento tibio acariciaba mi rostro y jugaba con el cabello del maestro. A lo lejos, unas columnas de humo blanco se desprendían, tal vez, de unas ladrilleras ubicadas en las orillas de la ciudad, algunas personas caminaban por el sinuoso camino real con rumbo al cerro de La Villa. Una honda emoción me envolvió al contemplar la ciudad y el famoso Lago de Texcoco. Caminé un poco rumbo al caserío a fin de encontrarme con los caminantes, pero pasaron sin mirarme. El sol del atardecer alargaba las sombras y yo me senté a la sombra de una gran nopalera, pensaba en la locura que estaba viviendo, ¿cómo era posible estar dentro del cuadro?

De alguna manera no sentía miedo, pues la maravillosa vista del Valle ocupaba todo mi entendimiento, levanté la vista hacia el maestro, quien continuaba dibujando en su gran cuaderno. La brisa en el rostro me hizo abrir los ojos y contemplé un ventilador que alguien había encendido. Un guardia pasó enfrente de mi y me lanzó una mirada escrutadora, miré la esfera de mi reloj y vi que iban a dar las cuatro de la tarde; de alguna forma se me habían ido mas de tres horas frente al cuadro de Velasco, me levanté medio entumido y salí del museo. La calle empezaba a tomar el ritmo de actividad vespertino y el viento jugueteaba con las hojas, formando remolinos. Abordé un autobús y me dirigí a mi casa. Nadie me creería esta historia. Era solamente mía.

Julio 11 de 2011 - Ciudad Juárez, Chih.

1 Comentario:

fdoreyesb dijo...

¿Dos publicaciones en un solo día en el blog? ¡Wow! Creo que me daré prisa para publicar el siguiente texto (Je). Muchas gracias Sergio por tu aportación. ¡Saludos desde un apaleado Acapulco!



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